All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 1201
- Chapter 1210
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Capítulo 1201
Estella la observó sin dejar rastro; pero esa mirada, sin querer, fue atrapada por Martina. Sonrió para disimular.—Salva, tienes buen ojo. A ver… ¿cómo decirlo? Su vibra es muy especial.¿Especial?Martina pensó: seguro es porque se parece a ella.—Claro. —Salvador, como si no hubiera oído la indirecta, miró a Martina con un punto de orgullo—. Mi Marti es doctora en medicina; inteligentísima.—¿De veras? —Estella no pudo evitar admirarse—. Con razón… —Le lanzó a Salvador una mirada juguetona—. Te sacaste la lotería.—El que sale ganando soy yo.Escuchando esas cortesías, Martina ni siquiera tuvo ganas de fingir modestia; se quedó en silencio.—Salva.Estella fue la primera en notarlo y, con los ojos, le hizo una seña a Salvador.Salvador bajó la cabeza y le susurró:—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?—No. —Martina forzó una sonrisa y negó.—Ah, ya entendí. —Salvador le apretó la mano—. ¿Con hambre, no?Luego miró a Estella con disculpa.—Marti tiene un poco de hambre; la llevo a comer algo.
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Capítulo 1202
—¿Y eso? —Martina alzó una ceja—. ¿Te da tanto miedo que me enoje?—Claro. ¿Nunca escuchaste eso de “Esposa feliz, vida feliz”?—¿Y quién se supone que es tu esposa?—Ya casi… de hecho, ya es mi prometida…De pronto, a Salvador se le detuvo la mirada.En su campo de visión, Estella venía a paso apurado hacia la salida, como si algo hubiera pasado. Y venía directo hacia ellos.—¡Salva!—¿Estella?Estella tenía los ojos enrojecidos: claramente algo andaba mal.—¿Qué pasó? —Salvador se puso de pie, tomó unas servilletas y se las alcanzó—. No llores. ¿Qué ocurrió?Estella tomó las servilletas y asintió.—Es Renato. Creo que le pasó algo.Al oír ese nombre, Salvador frunció el entrecejo; la expresión se le ensombreció al instante.Aun así, preguntó: —¿Qué exactamente?—Es que…Estos días, Renato Smith no estaba en Ciudad Muonio; de lo contrario, Estella no habría venido sola al cumpleaños.Renato se había ido a Los Ángeles. Recién, Estella recibió la noticia de que hubo disturbios por la zo
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Capítulo 1203
Pero Martina no esperó a que llegara el gerente; apenas el auto de Salvador se fue, ella salió del club.En la esquina pidió un auto y regresó a su departamento de Calle Sakura.El departamento, que en días normales le parecía algo estrecho, hoy se sentía inesperadamente vacío.Martina lo sabía: lo vacío era su corazón.—Ja… jaja.Sentada en el sofá, Martina soltó una risa sin poder evitarlo.Era risa, no llanto.Vaya ojo para los hombres: pésimo. En eso, no le llegaba ni a los talones a Luci.Aún no sanaba la herida que le dejó Vicente Mayo, y ya había aparecido Salvador Morán.Con razón dice el refrán: cuando una relación termina, no conviene arrancar otra de inmediato.Porque cuando una está frágil, muchas cosas se ven borrosas.El refrán se le estaba cumpliendo…Esta vez, Martina ni siquiera podía llorar.—Uf…Soltó el aire y se puso de pie.No había alcanzado a comer: Salvador la había sacado de allí. Después de un día largo, con el estómago vacío no iba a poder dormir.Abrió el r
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Capítulo 1204
A medianoche, tocaron la puerta.Martina, tan dormida que ni abría los ojos, se levantó de mal humor a abrir.—¿Quién es?—Marti, soy yo.La voz masculina, conocida, desde afuera; a Martina se le fue el sueño al instante.Había pensado dejarlo para otro día; pero algunos, claramente, no pueden esperar. Mejor así.Martina abrió; Salvador dio un paso adentro, alzó la mano; ella, por reflejo, se echó un paso atrás y ladeó el cuerpo.—Pasa y hablamos adentro.Es muy tarde; hablar en la puerta molesta a los vecinos.Salvador frunció el ceño, bajó la mano a medio camino.—Bien.Entró y se sentó en el sofá; Martina no. Cruzó los brazos, bostezó.—¿Se resolvió?—Ajá.Salvador no quiso entrar en detalles; le tendió la mano.—Ven, siéntate conmigo.Martina ignoró la invitación.—¿Tan tarde y no te fuiste a dormir? ¿A qué viniste?—¿Eh?¿Qué clase de pregunta es esa? Salvador frunció el ceño.—El gerente dijo que no esperaste el carro que te pidió.—Sí. —Martina asintió—. Me dio flojera esperar;
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Capítulo 1205
—¿Haciendo el descarado?Salvador no cambió el gesto; apenas alzó las cejas. —¿Abrazar a mi novia es “hacerme el descarado”?Martina, con cierta impotencia: —¿No oíste lo que acabo de decir? ¡Quiero terminar contigo! ¿No entiendes lo que significa terminar?—Entiendo.La mano de Salvador le sujetó el mentón; la yema de los dedos la rozó despacio.—Sé que estás enojada, que estás haciendo berrinche. Voy a apapacharte, a compensarte. Así que no bromees con la ruptura, ¿sí?Sus palabras la dejaron pasmada; era como hablarle a la pared.—Salvador, señorito Morán, no estoy haciendo un berrinche. Y “terminamos” no es amenaza. Lo digo en serio.Temiendo que él no la creyera, lo repitió.—Salvador, quiero cortar contigo. Lo de casarnos, hasta aquí. Total, ni has ido a mi casa y los mayores ni saben lo nuestro…Como si le hubieran tocado un nervio, a él se le ensombreció el rostro y la mirada se le volvió fría.—¡Martina! ¡Dije que con eso no se juega!—No estoy jugando.Martina, de veras sin e
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Capítulo 1206
—¿Qué…? —Martina se quedó sorprendida—. ¿Qué significa eso?—Marti. —Salvador la rodeó con un brazo, y con el otro le acarició la mejilla—. Finalmente estamos juntos. Aceptaste mi propuesta, pronto nos casaremos. No quiero que terminemos, ¿está bien?Aunque su tono era suave y sus palabras cargadas de ternura, Martina no pudo evitar sentir un escalofrío.—¿Salvador, estás loco?Martina, aterrada, se empujó contra su pecho, intentando zafarse.Pero no tenía fuerza suficiente para librarse de él, así que no logró su objetivo.—¡Mírame bien! —A pesar de estar en sus brazos, Martina no dejó de luchar—. ¡No soy Estella Moretti! Si te gusta tanto, si la amas tanto que incluso te conformas con una sustituta, ¡entonces vete a buscarla a ella!De repente, se le ocurrió algo. Estella tenía pareja, ¿no?—¡Ja! —Martina soltó una risa amarga—. ¿Es por eso? ¿Porque ella tiene pareja, vas a vengarte de mí? ¿Qué hice yo para merecer esto?Dijo tantas cosas, pero no estaba segura de si Salvador realmen
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Capítulo 1207
—¡Salvador Morán!A Martina se le fue el sueño; el coraje le dejó la cara pálida.¿Qué pretende?Ya estaba todo sobre la mesa; ¿de verdad quería pasar por alto lo de anoche como si nada?—¡Bájame!—Está bien.Al llegar al baño, Salvador la dejó en el suelo, pero igual la mantuvo rodeada entre sus brazos.Martina sintió la rabia subir en oleadas. —¿Qué es lo que quieres?—¿Y ahora qué?Salvador, con cara de inocente: —Me pediste que te bajara, ¿no? Ya te bajé. ¿También me vas a regañar por obedecerte? Doctora Hernández, qué carácter.Se rio por lo bajo. —No hay problema: mientras no terminemos, en lo demás te doy la razón.Martina alzó la cabeza de golpe y lo fulminó con la mirada.—Dicen que en las rupturas se ve la talla de una persona… Salvador Morán, este eres el verdadero tú, ¿no? ¿Qué caballero ni qué niño bien? Un caballero de verdad dejaría ir a su ex sin drama.El aire se quedó mudo dos segundos.—Ajá.Salvador asintió despacio. —No te equivocas, pero eso aplica si hay ruptura.
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Capítulo 1208
Él la levantó en brazos y salió afuera.En la mesa del comedor, el desayuno ya estaba servido.Salvador la sentó en la silla y empezó a darle de comer con el tenedor, como si fuera una niña incapaz de valerse por sí misma.—A ver, abre la boquita. Eso, come.Martina bajó la mirada; sin verlo, abría la boca de manera mecánica.Al poco, llegó gente.Era Manuel Pérez, con otras dos personas.—Señor.—Ajá. —Salvador asintió y señaló hacia adentro.—Saquen las maletas. Lo demás no lo toquen: todo irá nuevo. En un rato te paso las marcas que suele usar Marti.—Entendido, señorito.Manuel le sonrió a Martina. —Señora, si necesita algo, puede pedírmelo directo.¿Señora?Martina, atónita, le clavó la mirada a Salvador.—Jaja. —Salvador se rio, señaló a Manuel—. Qué rápido cambiaste de trato. Pero no te equivocas: ya casi. Anda, ve.—Sí.Con el ceño fruncido, Martina no pudo hacer nada más que ver cómo se llevaban sus maletas.—¿Ya quedaste llena?Calculando el apetito de Martina, Salvador dio p
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Capítulo 1209
—Marti…—¡Frena, frena!Martina no soportaba más sus excusas; sólo quería bajar del carro. Desesperada, jaló la manija. Para su sorpresa, ¡la puerta no estaba con seguro!Ni lo pensó. El cuerpo le ganó a la cabeza: empujó la puerta y saltó.—¡Marti!Salvador rugió, con los ojos desorbitados.La tenía enfrente; casi alcanzó a agarrarla, pero no llegó.Martina salió disparada del carro, lanzada muy lejos por la inercia. Con el golpe y el raspón contra el asfalto, un dolor punzante le atravesó el cuerpo entero.—¡Uh…!Apenas alcanzó a soltar un quejido ahogado y perdió el conocimiento.—¡Frena! ¡Rápido!—¡Sí!El chofer pisó el freno a fondo; las llantas sacaron chispas y el chirrido fue agudo, insoportable.—¡Marti!Antes de que el carro se detuviera por completo, Salvador ya había saltado y corría hacia ella. La alzó en brazos. —¡Marti!Pero en sus brazos no hubo respuesta.Era una muñeca de trapo: ligera, quieta, inerte.En ese instante, a Salvador se le partió el corazón. ¿Cómo podía s
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Capítulo 1210
Dicho eso, se puso de pie y salió.Martina abrió los ojos de golpe y siguió con la mirada su espalda; un velo de agua le nubló la vista. ¿Todavía estaba ahí?Ya se había lanzado del carro y ni así podía librarse de él.Afuera del cuarto alcanzó a oír la conversación de Salvador con el médico.—¡Le duele mucho!—No han pasado ni veinticuatro horas; sigue en observación. Sobre todo con el golpe en la cabeza, una inyección para el dolor ahora podría encubrir síntomas…—¿Entonces qué propone? Si no se puede inyectar, ¿la dejamos con el dolor?Salvador volvió con las manos vacías.Con el ceño cargado, le tomó la mano a Martina y se la besó.—El doctor dice que no pueden inyectar. Marti, aguanta tantito: cuando pase la observación y veamos que no hay nada raro, les digo que te pongan el analgésico.En el fondo, él también tenía miedo: miedo de que hubiera algo más.Con un resto de fuerza, Martina retiró su mano, cerró los ojos y decidió no verlo ni responderle.Él se quedó un segundo quieto
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