All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 1271
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Capítulo 1271
—Luci…Por un instante, Lucy sintió como si un cuchillo le atravesara el pecho. Apenas pudo mantenerse en pie. Esa escena la había perseguido en sueños: su hija mirándola como a una enemiga. Soñarlo dolía; vivirlo arrancaba la carne.—Tch —Luciana soltó una risa seca, conteniendo a la fuerza las lágrimas—. ¿Por qué eres tan egoísta? Te pedí que no hablaras y aún así lo haces. ¿No escuchaste? No quiero oírlo.—Yo… —Lucy perdió el suelo. Ya no pensaba con claridad—. Perdóname, no quise… —se aferró al brazo de Luciana, asustada—. Lo siento. Fue culpa mía. Pero, Luci… te extraño. Te extraño tanto…—Suéltame.Luciana intentó zafarse.—No… no —insistió Lucy, negándose a soltarla.—¿Que me extrañas? —Luciana rió entre llanto—. ¿En serio? ¿Tanto me extrañabas que me dejaste más de diez años sin una sola noticia?—Luci… —Lucy ya no podía articular.—¿Y Pedro? —la voz de Luciana tembló por la rabia—. Tenía un año. ¿Cómo pudiste dejarlo?—Perdóname… —ante el juicio de su hija, a Lucy no le alcanz
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Capítulo 1272
—¿Qué te pasa? —Enzo se sentó a su lado y le tocó la cara.Lucy abrió los ojos de golpe. No había estado dormida. Al verlo, le aferró el brazo con rabia.—¡Es por tu culpa! ¡Todo esto es por ti! ¿Qué hice tan mal para que me hicieras esto? ¡Me hiciste abandonar a mi hija más de diez años, y ahora ni siquiera podemos mirarnos como madre e hija!Enzo lo entendió al instante: era por Luciana.Frunció el ceño.—¿La… viste?No solo la había visto. Por cómo hablaba, probablemente Luciana ya sabía la verdad.—Te dije que no…—¿Que no la viera? —Lucy soltó una risa rota—. ¿Crees que por no vernos no se entera? ¡No se puede tapar el sol con un dedo! Señor Anderson, por muy listo, por muy hábil que seas, el fuego igual termina alcanzándolo todo.Sí, Luciana lo sabía.Enzo cerró los ojos. No sentía fastidio; más bien, una rara descarga. Vivir con una espada colgando sobre la cabeza no era vida. De no ser por cuidar a Lucy y a Luciana, habría contado todo cuando volvió a Ciudad Muonio.—Es mi culp
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Capítulo 1273
Bajo la luz de la farola, Luciana vio a Enzo y apartó la mirada en seguida. Caminó directo hasta el portón de la villa como si no lo conociera.—Luciana.La sonrisa de Enzo se desarmó. Aceleró el paso y se plantó frente a ella.—Luciana, tú…Vaciló un segundo y preguntó:—¿Tu mamá… te buscó?“Mamá.” Luciana lo miró de golpe, pero habló con una calma que sonó a recordatorio:—Mi mamá murió hace muchos años.Enzo se tensó; la cara se le ensombreció. Entendió de golpe por qué Lucy había caído así al volver a casa.—No puedes hablar así de tu madre —frunció el ceño—. Ella…—Qué fastidio —Luciana negó con la cabeza—. ¿No lo dejé claro hoy? Les pedí que no me buscaran. ¿Y el resultado? Primero uno, luego el otro… ¿por qué insisten en meterse en mi vida?Aun rechazándolo, había algo raro: estaba demasiado tranquila. Enzo la observó, dudoso.—¿No quieres saber la verdad?—No —respondió sin pensarlo—. Si la verdad es sucia y miserable, ¿para qué habría de saberla?Enzo comprendió: estaba huyend
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Capítulo 1274
Y, al mismo tiempo, este mismo hombre había encendido su sufrimiento."No quiero quedarme aquí. No quiero verlo."Luciana se dio vuelta con apuro y buscó las llaves en el bolso. Las manos le temblaban; no encontraba nada.—Luciana… —Enzo la miró con una mezcla de dolor y preocupación. Sabía que el golpe era enorme, pero la verdad ya se había asomado; tarde o temprano tendría que mirarla de frente—. ¿Qué buscas? Pa… déjame encontrarlo por ti.—¡Cállate! —Luciana alzó la cabeza de golpe y lo fulminó—. ¡No digas tonterías! Yo ya tengo papá. Mi papá murió hace años. Él… él… —la voz se le quebró—. Él lo hizo por mí…La frase se le ahogó en el pecho. Luciana apretó la mano contra el esternón. Dolía. Dolía hasta el hueso.Si algo la destrozaba en esa verdad, era precisamente Ricardo. Al hombre al que odió durante más de una década —con motivos que creyó justos—, al final le había costado la vida protegerla. Y ahora la verdad le gritaba que hasta su odio había estado mal dirigido.Se le fue el
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Capítulo 1275
Aun así, las lágrimas no obedecieron.Antes creía que su vida ya era bastante dura. Pero, comparada con la de Ricardo Herrera, ¿qué tanto pesaba? Él vivió entero entre engaños y traiciones: Lucy Pinto, Clara Soler… Siempre solo. Siempre a la intemperie."Ah…"El corazón se le hizo un nudo. Le dolía tanto que no podía mantenerse erguida.—Luciana —Enzo la sostuvo—. Hazme caso, vamos con un médico.No le dio margen para negarse: la tomó en brazos y la acomodó en el asiento del auto.—No voy al hospital —dijo ella, recostándose; débil, pero firme.No era algo que un hospital pudiera arreglar. Tampoco podía entrar así a casa: podría asustar a Alba.Enzo, atado de manos ante su negativa, sacó un pañuelo para secarle el sudor. Luciana giró el rostro; él terminó por dejarle el pañuelo. Ella no lo tomó. Probó con una botella de agua; la destapó y se la ofreció.Nada. Luciana cerró los ojos y se quedó en silencio. Solo necesitaba un rato. Cuando el aire regresara al cuerpo, bajaría y entraría.
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Capítulo 1276
—Luciana… —Enzo se tensó.Su voz, limpia de emoción, traía una grieta de desesperanza."¿Cómo no desesperarme?"Desde niña había detestado a Mónica Soler; ahora esa misma aversión la sentía por sí misma. "Los hijos nacidos de una traición llevan la marca en la sangre. Son una sombra."—Tú… —Luciana por fin lo miró—. En el fondo lo sabías. Por eso lo ocultaste, ¿no? Mi nacimiento fue una vergüenza.—No —Enzo negó de inmediato—. No lo supe.Él había vivido a su antojo casi toda la vida; salvo una cosa: cuando la familia Anderson lo obligó a apartarse de Lucy Pinto, fue lo único que lo derrotó. De lo demás, nunca se arrepintió.—No sabía que eras mi hija —continuó—. Tu mamá tuvo un accidente. Grave, muy grave. Si yo no me la llevo, quizá muere.La imagen le atravesó todavía la memoria. Se la llevó a Toronto y le consiguió el mejor equipo médico. Ricardo no podía darle eso. Puso dinero, tiempo y gente. Aun así, tardó.—Al principio estuvo consciente, pero no podía moverse ni hablar. Yo me
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Capítulo 1277
Enzo también bajó del auto. Como Luciana no le permitió ayudarla, no se acercó; solo la siguió con la mirada, preocupado.—Luciana, tu mamá… no la tuvo fácil —dijo en voz baja.El subtexto era claro: si había que odiar a alguien, que fuera a él.Luciana no respondió ni se volvió. Abrió el portón y cruzó hacia la villa.—¡Luciana! —apremió Enzo—. Y escucha… si necesitas algo, lo que sea, ven a buscarme. Yo…Se trabó un instante y corrigió:—Papá va a estar aquí. Siempre.El clic del portón al cerrarse fue su única respuesta.***Unos días después.Al salir del hospital, Luciana tomó a prisa un taxi hacia la dirección que Fernando le había mandado. A mitad de camino, el auto se descompuso.—Perdóneme —se disculpó el chofer—. Va a tener que pedir otro. La estoy retrasando.Luciana bajó. El punto no era bueno para conseguir transporte; pidió otro en la app, pero ningún conductor aceptaba.Justo cuando la ansiedad empezaba a apretar, un auto se detuvo junto a ella: un Bentley Mulsanne. El d
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Capítulo 1278
—No —Fernando sonrió y negó con la cabeza—. Yo también acabo de llegar. Estoy… bien.Pasaba el día en casa, sin mucho que hacer; esperarla un rato no tenía nada de malo.—Vamos —dijo Luciana, tomándolo del brazo—. Aprovecha para descansar ahora. Cuando estés bien, no te van a parar.No exageraba. La empresa que había cofundado con Dante Torres —CreaTech— la sostuvo Dante todos estos años; con la inversión y las acciones de Fernando, él nunca “quedó sin trabajo”. Aun así, Dante, solo contra el mundo, respiró aliviado cuando Fernando despertó: el cerebro técnico de CreaTech siempre fue Fernando. En días recientes, además de la rehabilitación, Victoria le había contado a Luciana que él ya retomaba, en silencio, su especialidad. Iba hacia arriba. Qué bien.Entraron hombro con hombro a una tienda.A unos metros, Alejandro se quedó inmóvil. No avanzó. No por ver a Fernando, sino por el letrero: un atelier nupcial de alta costura. No cruzó la puerta.Adentro.Fernando sacó el teléfono y lo pu
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Capítulo 1279
Como autor del diseño, Fernando le explicó al diseñador cada idea y cada detalle.—Perfecto, señor Domínguez, lo tengo todo. Si surge algo, nos volvemos a hablar.—Gracias.Al salir del atelier, Luciana quiso llevar a Fernando a casa. Sin embargo, ya en el auto él le indicó al chofer la villa Herrera.—¿Fer? —Luciana se sorprendió.—Estás cansada.Comparado con Alejandro, el amor de Fernando por Luciana no era menos. Si Alejandro había notado que ella estaba en los huesos, ¿cómo no iba a verlo él? Aunque Luciana jurara que su agotamiento no era por él, Fernando no se permitió asumirlo con ligereza.Le tomó la mano y le sostuvo la mirada.—Sea por lo que… sea, necesitas descansar.—Yo voy mejorando… No tienes que estar siempre pendiente de mí. Soy tu apoyo… no tu carga.A Luciana se le humedecieron los ojos. "Fer es tan bueno… siempre."—Está bien —cedió—. Te hago caso.El auto se detuvo frente a la villa. Fernando no bajó. Ya en la puerta, a Luciana le hubiera gustado invitarlo a pasar
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Capítulo 1280
—… —Luciana sollozó, sin voz, y al fin logró hilar—: Sí… sí. Voy a casarme.Del otro lado, silencio. Largo.Se cubrió la boca con la mano, con miedo de que, si él decía algo, su propio llanto lo tapara.Por fin, él habló.—Bien. Qué bien.La voz de Alejandro sonó lejana, rara, como si hablara para ella o para convencerse a sí mismo.—Fernando es un caballero. Y capaz. Para ti… alcanza. Está bien.Ni siquiera como rival podía hallarle defectos a Fernando. ¿Alejandro debía alegrarse o odiar?—Luciana Herrera —dijo su nombre completo, grave—. Date la vuelta. Mira hacia la calle, ¿sí?"¿Qué?" Luciana parpadeó, desconcertada. ¿Estaba cerca?Giró de golpe hacia la acera y buscó con la mirada, pero no lo vio.—¿Dónde estás, Ale? —se le escapó.A él le dolió. Los ojos se le humedecieron; la voz le salió rota.—¿Para qué me buscas? Luciana, desde ahora… ya no puedes buscarme.El vacío le hizo un hueco en el pecho.—Está bien. Te dejo ver una última vez.Entonces, por la calle lateral apareció,
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