All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 1421
- Chapter 1430
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Capítulo 1421
Luciana avanzaba casi doblada en dos; cada paso era una hazaña. Tenía la atención clavada en el piso y hasta contenía el aire para no descompensarse.—¡Hey!De pronto, alguien saltó frente a ellos.Luciana se sobresaltó; trastabilló y, por un pelo, no se fue de bruces. Apretó los dientes y logró mantener el equilibrio. Respiró hondo, miró al desconocido con recelo.—Ja, ja…Era un hombre de rasgos caucásicos, melena castaña, tan sucia y enmarañada que hacía nudos. La ropa, hecha harapos. El olor que despedía le golpeó a Luciana la nariz; frunció el ceño. Una mala espina le trepó por la nuca.—¿Eres mexicana? —al verla bien, el tipo se excitó de golpe—. ¿Eres mexicana, sí?Por la sangre mezclada de Enzo y de Lucy, en ella predominaban las facciones latinas; el pómulo marcado, los ojos oscuros. A cualquiera le habría parecido mexicana de un vistazo.Pero Luciana no tenía cabeza para aclararlo. Algo en la mirada del hombre estaba… mal. Dio dos pasos hacia atrás por puro instinto.—¡Quiete
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Capítulo 1422
Apretó los dientes y soltó, casi en un gruñido:—Ya estamos metidos hasta el fondo… que sea lo que tenga que ser. Hoy, si vivimos, vivimos juntos; si nos toca morir… morimos juntos. ¡Ah…!Detrás, el hombre volvió a acortarles distancia.No era más que un demente. Podía alcanzarla cuando quisiera: era hombre, fornido, con ese cuerpo robusto de europeo, y Luciana cargaba a Alejandro a la espalda. Pero él se deleitaba con la persecución, saboreando el miedo.—¡Corran, ja, ja…! —se carcajeó—. ¡Pacientes desobedientes! ¡Vengan con el doctor para su inyección…!—¡Uh!Al fin, el cuerpo de Luciana dijo basta; la rodilla se le dobló y cayó de bruces.—¡Ale!Su primer reflejo fue girarse para amortiguar la caída de Alejandro; con manos torpes y urgidas lo envolvió y lo protegió con su propio cuerpo. Con él así de herido, otro golpe podía ser fatal.—Estás bien… estás bien… —murmuró, con la cara crispada por el dolor, pero sin soltar un quejido.Apenas consiguió sentarlo, el loco llegó alzando la
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Capítulo 1423
El loco cayó a un lado y de inmediato varios hombres se le fueron encima para reducirlo. No solo había llegado Juan Muriel: también irrumpieron los hombres de Enzo Hernández.—¡Jefe! —Juan se agachó y levantó a Alejandro; al verlo así, aquel grandulón no pudo evitar que se le humedecieran los ojos—. ¡Maldito animal, Domingo Guzmán!—¡Luci! —Enzo llegó un paso después y alzó a su hija en brazos. Al padre se le desbordaron las lágrimas. ¿Qué desgraciado había dejado a su niña en ese estado?Clavó la mirada en el demente, con los ojos encendidos.—¡Denle! ¡Háganlo pedazos!—Sí, señor.Los guardaespaldas cerraron un círculo; los alaridos de dolor estallaron de inmediato.Enzo cargó a Luciana como si fuera de cristal.—Perdóname… papá llegó tarde.Luciana se apoyó en su pecho. Entre el agotamiento de esos días, la comisura rota y la mejilla hinchada, ya casi no podía hablar. Aun así, le aferró el antebrazo y lo miró, suplicante.—¿Alejandro? —Enzo entendió—. Tranquila. Los llevo a casa. Se
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Capítulo 1424
La jeringa del demente ya había sido enviada a laboratorio: confirmaron presencia de VIH, muy probablemente su propia sangre. La aguja alcanzó a penetrar el brazo de Luciana, pero eso no significaba, necesariamente, que estuviera contagiada.Como médica, tras atenderse de urgencia, lo habló con los especialistas que Enzo trajo a la mansión y acordaron un plan: aislamiento con profilaxis postexposición (PEP). Aunque el VIH tiene vías de transmisión específicas, prefería la máxima prudencia. En esa casa vivían su familia de sangre; por más que Enzo y Lucy no se inmutaran, ella tenía que pensar también en Kevin.Enzo y Lucy cedieron: aceptaron el aislamiento. Aun así, todos los días pasaban a verla y a acompañarla. No les importaba desinfectarse al entrar y salir ni pensar en “niveles de exposición”. Estaban allí, y punto.Esta vez, el que llegó fue Alejandro.Cuando cruzó la puerta, encontró a Luciana inclinada sobre un contenedor, vomitando.—¡Luci!Aun desde el marco oyó con claridad l
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Capítulo 1425
De vuelta al cuerpo principal de la mansión.—Señor Anderson.—Ajá —Enzo parpadeó un segundo, asintió y señaló el sofá—. Siéntate.Juan ayudó a Alejandro a acomodarse.—No hace falta tanta formalidad ni rigidez —dijo Enzo—. Llámame Enzo… y relájate. Tú eres el… —vaciló, sin decidir cómo nombrar el vínculo entre él y Luciana—. Eres amigo de Luci. Si ella cruzó medio mundo desde Ciudad Muonio para ayudarte, no tengo motivo para negarme.—Gracias.Ni Enzo ni Alejandro se sentían del todo cómodos. Hasta hacía poco, Alejandro lo había puesto en la categoría de “rival” y le había hablado con frialdad. Y, de pronto, el “rival” resultaba ser el padre de Luciana —aunque en términos complejos—. Aun con ese “aunque”, la vergüenza le ardía.—No hay de qué.El silencio se estiró. Por suerte entró Lucy Pinto, y al verlos uno frente al otro, no pudo evitar reír.—¿Y ustedes qué…? ¿Ensayando teatro mudo?—Señora Anderson —Alejandro intentó incorporarse—. Señora… Lucy.—¡Nada de levantarte! —Lucy le hi
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Capítulo 1426
—Ay… —Enzo dejó escapar un suspiro largo, y luego otro más.Alejandro creía que nadie lo había visto escabullirse. ¿Cómo no? Esa era su casa.No solo él lo notó; Lucy también.—¿Y esos suspiros? —Lucy lo miró divertida y le rodó los ojos—. Fue a acompañar a Luciana, no a hacerle daño a tu hija.—Lo sé… —Enzo asintió, con un gesto enredado de emociones—. Es que… —se quedó atorado y negó con la cabeza—. Olvídalo, no lo vas a entender.—¿Ah, sí? —Lucy alzó la ceja—. Qué raro: ¿desde cuándo me hablas así? ¿Te crecieron alas?—No es eso… —Enzo frunció el ceño, de veras inquieto, con una mano en el pecho—. ¡Ser papá no es lo mismo que ser mamá! Y cuando se trata de una hija… Lucy, no entiendes lo que siente un padre viejo cuando ve a un hombre entrando de noche al cuarto de su niña…—¿Y qué siente? —A Lucy casi se le escapa la risa—. Recuerda esto: que Luciana haya querido venir a buscarnos y aceptar nuestra ayuda ya es un milagro. Y te aviso: a este yerno tú y yo no tenemos derecho a “escog
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Capítulo 1427
—Entonces yo tampoco me voy.Aunque lo hubiera “corrido”, Alejandro le sujetó la mano y no la soltó. Con esa fiebre ardiéndole la piel, ¿cómo iba a dejarla sola? Miró a la enfermera: traía una bolsa de hielo y un cuenco con alcohol, dentro dos gasas ya listas.—Déjalo aquí. Yo me encargo.—Pero…—¡No! —Luciana frunció el ceño y lo fulminó—. ¿No piensas hacer caso a la doctora? Puedo estar contagiada y apenas en periodo de ventana.—Por eso yo…—¡Alejandro Guzmán! —lo cortó, tajante—. ¿Puedes escuchar a la profesional, por favor? Estás lleno de heridas. Tu riesgo de exposición es mil veces mayor que el de una persona sana.—¡Me vendé todo! —se remangó, casi con ganas de arrancarse la ropa—. Mira, me cubrí bien.En el fondo no quería irse. No podía. En la vida hay poquísimos momentos en que alguien necesita compañía de verdad. Si él no estaba en éste, quizá Luciana igual lo resistiría; pero su ausencia, en una noche como esta, no se remienda jamás.—Luci —se arrodilló sobre una rodilla y
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Capítulo 1428
Ese “algunos” era Salvador Morán. El señor Morán, cuanto más grande, más carita de niña se le hacía.—¿Tienes fotos? —a Luciana le picó la curiosidad—. Quiero ver qué tan “niñita” se ve.—Ahora no. Están en la Casa Guzmán, en Ciudad Muonio —pensó un segundo y, con orgullo, remató—: ¿Para qué foto? Miras a Alba y listo.—¡Tss! —Luciana no pudo evitar la risa—. Ja, ja…Pero la fiebre la tenía floja de fuerzas. Alejandro tomó un pañuelo y le secó las lágrimas.—Te arden los ojos, ¿verdad? Ciérralos un rato, descansa.—Mm, ok… ¿Y tú?—También debo descansar —señaló la mesa grande—. Hay batas desechables de aislamiento. Me pongo una y me tiro un rato en el sillón.—De acuerdo.Alejandro le rozó la punta de la nariz con el dedo.—Tanto que me “corres”, pero en el fondo no quieres que me vaya, ¿cierto?Se puso la bata, se acomodó en el sofá largo junto a la cama. Luciana cerró los ojos y, al poco, dejó escapar un quejido bajo. Alejandro le cambió la gasa de la frente, renovó la bolsa de hielo
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Capítulo 1429
Alejandro miró a la mujer en sus brazos. En el fondo, ¿cómo no iba a tener miedo? Aunque todo le estuviera pasando a Luciana, el pavor que lo atravesaba no era menor. Solo podía pedirle al cielo que no fuera tan cruel.Con la primera claridad del amanecer, notó que la fiebre de Luciana bajaba un poco. Su respiración sonaba más ligera. Cuando por fin se durmió, él soltó el aire que tenía atorado en el pecho y, abrazándola, también cerró los ojos un rato.Al volver a abrirlos, Luciana estaba de lado, mirándolo.—¿Despierta? —Alejandro sonrió—. ¿Pudiste dormir?—Ajá —asintió—. He estado aquí acostada, entre sueños y vigilias.—Ahora se te ve con mejor cara.Le tocó la frente, apartó con los dedos los pelitos húmedos de la sien.—Traes el cabello empapado. ¿Te lavo la cabeza?—Sí.Alejandro la ayudó a ponerse de pie y la llevó al baño. Luciana se recostó cómoda. Él probó el agua, le mojó el pelo con cuidado.—¿Así está bien la temperatura?—Un poquito más caliente. A mí me gusta casi hirvi
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Capítulo 1430
—Sí, lo sé.Claro que lo sabía. Pero anoche no se atrevió a apartarse de Luciana: aun dormida, cualquier movimiento suyo la hacía gemir. Con todo lo que ella estaba pasando por él, ¿qué importaba su propio cansancio?Tras el cambio de curaciones y de ropa, Alejandro bajó a la cocina.A esa hora, Lucy y Enzo también llegaron. Lucy ya había visto los ingredientes que la enfermera había dejado listos y, aunque Luciana era su hija, no dejaba de sentirse apenada.—Alejandro, de verdad, Luci te está dando mucha lata.—Para nada —sonrió él, negando—. Si tiene antojo de algo, es buena señal. Así nosotros también respiramos un poco, ¿no?—Sí, tienes razón… —concedió Lucy—. ¿Quieres que te ayude?—No…—¡Vámonos! —Enzo la jaló del brazo, con gesto poco amable—. Vamos a ver a Luci. ¿No que le ibas a llevar el caldito para que lo probara?—Bueno, bueno.Subieron. Ya en el pasillo, Lucy chistó:—¿Qué prisa traes? ¿Y si Alejandro necesita ayuda?—No la necesita —bufó Enzo—. Es un hombre. Cocinar algo
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