All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 1451
- Chapter 1460
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Capítulo 1451
A Salvador se le quebró la mirada de golpe. En el camino de regreso ya lo sospechaba, pero escucharlo de su boca dolía mil veces más.Se puso de pie, cruzó la sala en dos zancadas y se agachó frente a ella.—En ese momento Estella se cayó. Tenía un dolor en el vientre, no podía moverse.—Ajá. —Martina dejó que él le tomara la mano, pero el gesto no le movió un músculo—. Ya me lo dijiste. Fuiste a cuidarla. No tengo problema en entenderlo.Cuanto más tranquila estaba ella, más pánico le entraba a él.—Si lo entiendes… ¿podrías…?—No. —Las pestañas de Martina temblaron apenas; negó con la cabeza, suave pero inamovible—. Desde tu lado, te comprendo. Que yo comprenda no significa que pueda aceptar ni acompañarte en eso.Salvador la miró desde abajo. La voz simplemente se le quebró.Había roto el acuerdo.Ninguna palabra cubría el hueco que dejan los actos.El miedo se le desparramó por el pecho. La rodeó con los brazos y la apretó contra él.—Marti, por favor… dame otra oportunidad.Ella l
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Capítulo 1452
Salvador se acercó y, de un vistazo, entendió: Martina había empacado todo lo que podía llevarse. No pensaba volver.—No exageres, Marc —Martina sonrió—. No es para tanto. Alba tiene mil cosas… con una niña hay que dedicarle una maleta solo a juguetes.—¿Sí? —Marc soltó una risa sin sospecha.Al alzar la vista, vio a Salvador—. Qué bueno que estás aquí. Marti a veces se pone terca. Perdón por las molestias.—No pasa nada —dijo Salvador, tensando la comisura de los labios para que no se le notara el temblor.Marc suspiró, y enseguida mencionó a Luci:—Luci es como de la familia. Es un momento complicado. Tenle paciencia; cuando ellos regresen, ustedes van a estar bien.—Ajá… —Salvador asintió con la garganta apretada.Quería arrancarle las maletas de las manos a su cuñado, impedirlo, que nadie en la casa Hernández se enterara de lo que estaba pasando. Si lo hacía, solo conseguiría que la familia metiera presión para separarlos. Y eso no.—¿Y tú qué haces parado? —Marc le guiñó un ojo—.
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Capítulo 1453
En la oscuridad, Martina abrió los ojos de golpe.—Salvador, ¿qué haces? —intentó zafarse—. ¿Puedes, por lo menos, respetarme?Lo había dejado quedarse por pura necesidad. ¿Sus palabras le entraron por un oído y le salieron por el otro? ¿Iba a negar lo que había hecho?—Marti. —Él no la soltó; al contrario, la apretó más—. Déjame abrazarte… solo un rato.Sabía que estaba ahí gracias a la buena voluntad de su suegra. Después de esta noche, quién sabía. Martina había dicho que no quería seguir. Solo pensarlo le dolía hasta ahogarlo. El brazo de Salvador se cerró, lento, alrededor de ella.—No quiero separarme de ti —susurró—. No quiero.—Ay… —Martina dejó escapar un suspiro apenas audible—. Salvador, no puedes vivir en dos frentes a la vez. No se puede tenerlo todo: dos amores, dos casas.El hombre que la sujetaba se estremeció. No dijo nada más. Solo se negó a soltarla.***Al amanecer, Salvador ya estaba de pie.Martina estaba despierta, pero no se movió ni abrió los ojos. Él se vistió
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Capítulo 1454
—¿Y tú qué haces ahí parado? —Ivana le soltó dos manotazos a su hijo—. ¡Pídele perdón a Martina! ¿Qué te dije? ¡No la vas a defraudar!Salvador se quedó inmóvil, aguantando el regaño y los golpes sin defenderse. Miró a Martina.—Marti, lo nuestro… volvamos a casa y lo hablamos, ¿sí?—¿Hablar para resolver qué? —Martina negó con una sonrisa cansada—. Ya te lo dije: como no aceptaste, vine con tu mamá. Confío en que la señora Ivana entiende y no me va a obligar a quedarme.—Soy adulto —Salvador apretó la mandíbula—. Ni mi mamá ni mi papá pueden decidir mi matrimonio.—Entonces… ¿nos vemos en un juzgado? —Martina arqueó las cejas y, tras pensarlo, bajó la voz—. Mejor no. A mí me da igual; soy una mujer común. Tú no. Con lo que pesa la familia Morán en Ciudad Muonio, la prensa no te va a soltar. El hijo menor, recién casado… y ya tramitando divorcio.—Marti…—No quiero un escándalo —dijo con calma—. Si esto se hace público, será “infidelidad dentro del matrimonio” y a ti te hunde la reputa
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Capítulo 1455
Martina no quería aceptar, y no iba a aceptar.Pero, frente a Ivana, se le cerró la garganta. Había sido su imprudencia la que alteró a la suegra. Ella también tenía madre, y la salud de Laura no era la mejor. "Poniéndome en su lugar, hoy no es momento para seguir con este tema."—Levántate —jaló a Salvador del brazo—. ¿Qué haces arrodillado frente a mamá?—…Está bien.Salvador soltó aire. No creía que el problema estuviera resuelto, pero al menos no habían llegado al punto de quiebre.Martina tomó la cajita de medicinas que el médico acababa de recetar.—Ve por agua. Mamá debe tomar su pastilla.—Sí.Ivana suspiró, tomó la mano de Martina.—Esta noche no se regresan. Quédense aquí y me hacen compañía. De paso, dejo que lo regañe a gusto.—Claro, mamá.La suegra estaba indispuesta y, además, ella se sentía responsable. ¿Cómo negarse?Esa misma noche, el padre de Salvador, Benjamín Morán, volvió a casa. Al ver a su esposa recostada, pálida y sin fuerzas, se asustó de verdad.—¿Qué pasó?
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Capítulo 1456
—¿Cómo que “si sé” o “no sé”? —Salvador se adelantó antes de que Ivana respondiera, se sentó en el brazo del sofá, le pasó un brazo por los hombros y, cariñoso, le despeinó el flequillo—. El té se toma para estar a gusto. No hay que “saber” nada.—Eso mismo —Ivana asintió sonriendo y le echó una mirada a su hijo. Míralo, pensó. Con tal de no perderla de vista, amanece pegado a ella.—¿Te levantaste tan temprano? —Salvador, delante de su mamá, ni disimuló: le habló solo a Martina—. ¿Por qué no dormiste un ratito más?—Aquí es como en casa; mamá no es estricta —respondió ella—. Ya descansé.Le lanzó una mirada de advertencia.—Vas a ir a la oficina, ¿no? No nos entretengas. Tu mamá y yo estamos muy ocupadas… en no hacer nada.—Sí, sí —Ivana lo respaldó—. Anda, ve a trabajar. Hoy quiero tener a Marti solo para mí.—Hecho. Diviértanse —Salvador se inclinó y besó a Martina en la frente—. Trataré de volver temprano.—Ajá —asintió ella.“Lo de anoche fue un teatro,” pensó. “Ivana no está enfe
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Capítulo 1457
Pensó en la situación de Estella. Lo que dijo era cierto: cuando eligió a Renato y dejó a Salvador, casi se quedó sin nadie. Y pedir una interrupción del embarazo… eso no se cuenta fácil.Después de darle vueltas, Salvador no fue capaz de ser tajante. Solo esta vez. La última.[Salvador: ¿A qué hora mañana?]Respondió ella enseguida.[Estella: A las diez. Hospital Universitario de la UCM.]La última vez también la había llevado ahí.[Salvador: De acuerdo.]No puso “voy”, pero Estella entendió: iba a estar.***Empujó la puerta con cuidado, temiendo despertarla. Martina estaba sentada en la cama.—¿Te desperté?—No —negó—. Me dio sed y me iba a levantar por agua.—No te levantes —la detuvo—. Yo te traigo.Sirvió el vaso, se lo acercó y se sentó en la orilla.—Toma.—Ajá.Salvador la miró de cerca.—Te estás quedando en los puros huesos. Aprovechando que estos días estás con mamá, le pido que contacte al médico de cabecera para que te vea, ¿sí?Martina bebió sin darle mayor importancia.
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Capítulo 1458
Salvador, como “familiar”, esperaba afuera.Pasaron unos cuarenta minutos y nadie salía. Se le apretó el pecho con una ansiedad muda. Sacó el celular, pensando en llamarle a Martina.—¿Salvador?Esa voz. La conocía demasiado. Alzó la cabeza: las pupilas se le contrajeron, la cara se le puso lívida, la nuez le subió y bajó; el desorden en los ojos lo delató.—Mamá… Martina… ¿qué… qué hacen aquí?Con la nevada que caía, se suponía que ellas estaban en casa, viendo los copos junto a la calefacción.Ivana frunció el ceño; algo olía mal. A su hijo lo parió ella, ¿cómo no iba a olerle la travesura?Endureció la cara.—Vine con Martina a cerrar unos pendientes del servicio. ¿Y tú? A esta hora, ¿qué haces aquí?—Yo…Salvador se quedó sin palabras. Miró a Martina y sintió el borde del abismo bajo los pies. “Estoy frito.”Martina lo miró en silencio. El miedo y la decepción ya los había pasado; ahora solo esperaba el final. Conocía ese pasillo, esa puerta; no necesitaba explicaciones.Y justo en
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Capítulo 1459
Martina tampoco esperaba vomitar justo ahora; de qué venía, era difícil decirlo.Afuera, Ivana estaba hecha un mar de nervios.—¿Y ahora qué hacemos?En la puerta del baño, Salvador daba vueltas sin rumbo. ¿Qué hacía? Estaban en un hospital, con gente entrando y saliendo; no podía irrumpir así como así.—Salvador.No supo en qué momento Estella se acercó. Acababa de salir de quirófano: pálida, voz frágil. Miró hacia adentro y murmuró, culpable:—Perdón… otra vez te metí en problemas.Salvador quedó suspendido un segundo. ¿Qué podía decir? ¿Reprocharle? Él había aceptado venir; si había error, era suyo. Solo maldecía la “casualidad”: que Martina los encontrara… y con su mamá.—Salvador —Estella se llevó una mano a la cintura—. Te veo ocupado. Me voy sola.Se dio la vuelta. Había bajado de peso estos días; y hoy, recién operada, parecía a punto de desvanecerse.Salvador dudó un instante.—¡Estella!—¿Sí? —ella se paró en seco, temblorosa—. ¿Salvador?—Te pido un carro —dio dos pasos, vac
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Capítulo 1460
Martina le apretó los labios en una sonrisa cortita, sin contestar.—¿Dónde te metiste? —fue Ivana quien lo taladró con la mirada, fría como hielo.—Estella estaba sola —se apresuró Salvador—. Le pedí un carro, la ayudé a subir y regresé de inmediato.Se lo dijo a Martina; era un intento de explicación.—Ajá —Ivana soltó una risita cortante—. ¿Nada más “subirla al carro”? ¿Y por qué no la llevaste hasta su casa? Tan débil como estaba, lo correcto sería quedarte a su lado… ¡sin moverte ni un paso!—¡Mamá! —Salvador se desesperó—. ¿Qué estás haciendo? ¿Todavía quieres que sea peor? ¿No ves que Martina ni me quiere hablar?—¡Basta! —Ivana sabía que el hospital no era lugar para lavar la ropa sucia—. Lo que haya que decir, se dice en casa.***Casa de los Morán.Martina subió directo a bañarse. Había vomitado y necesitaba cambiarse. En la cocina, Ivana pidió un caldito ligero “para asentar el estómago”.—Ven conmigo —ordenó luego, llevándose a Salvador al jardín de invierno. Tocaba hablar
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