All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 731
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Capítulo 731
Luciana se sintió abrumada por la intensidad.—¿Por qué tanta prisa? —protestó, algo divertida.—Porque sí —contestó él, sin dejar de besarla—. Llevo toda la noche ansiándolo.Luciana soltó un suspiro a medio camino entre la risa y el desconcierto.—Me pregunto cómo habrán aguantado tus novias anteriores —soltó de pronto, a modo de broma.Porque, en el tiempo que llevaba con él, había notado lo mucho que Alejandro buscaba el contacto físico. Aunque ella no podía tener intimidad plena por su embarazo, a él le bastaba con besos, caricias y abrazos… y seguía con ganas.Sin embargo, al instante comprendió que aquella referencia a su vida pasada aludía inevitablemente a Mónica. Su rostro se ensombreció y su cuerpo, que segundos antes se rendía a las caricias, quedó tenso.—¿Qué pasa? —preguntó Alejandro, percibiendo su incomodidad. Entendió de inmediato lo que rondaba su cabeza. La atrajo contra su pecho con calidez—. No te tortures pensando en eso.Como hombre, le era imposible negar lo qu
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Capítulo 732
De pronto se preguntó si Luciana sentía presión de tener un varón.—No creas que por ser hijo único en la familia Guzmán hay alguna preferencia. Aquí no discriminamos, una niña puede heredar y perpetuar el apellido…—¿Eh? —Luciana lo miró sorprendida por la seguridad con que hablaba. Él ni siquiera “sabía” que el niño fuera suyo, y sin embargo, ya consideraba concederle todos los derechos de un heredero.Le vino a la mente aquella frase de Martina: “Que no le importe tu hijo solo puede significar verdadero amor”. El corazón de Luciana dio un vuelco.—Alejandro… —susurró, con el pulso acelerándose.“Este es el momento” pensó. “Puedo decírselo…”.—Nuestro bebé… yo…—¿Sí? ¿Qué pasa con él? —Alejandro la miró expectante. Un ligero temblor, como un presentimiento, flotó en el ambiente.Parecía que iba a revelarse la verdad, hasta que un escándalo interrumpió:—¡Apártense! ¡Quítense de mi camino! ¿Por qué no me dejan pasar?Esa voz femenina, estridente y familiar, resonó por el pasillo de la
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Capítulo 733
—Mo-Mónica… —Clara, al ver a su hija, de pronto sintió un deje de culpa.La reacción de Mónica confirmó que esas palabras eran más que un simple arrebato. Se quedó sin aire, abrumada por la revelación. Se incorporó de la silla, apuntando a su madre con el dedo.—Tú… —Mónica dirigió la mirada a Luciana, sintiéndose ridícula ante ella. “Seguro en su interior se burla de mí; debe estar disfrutando al verme así”, pensó con amargura.Su “verdadero amor” de sus padres, el que siempre presumía, ahora era solo una farsa. Con el enojo, el dolor y la vergüenza, sintió un mareo repentino, idéntico al de Ricardo, y perdió el conocimiento. Cayó al suelo inconsciente.—¡Mónica!—¡Mónica!Alejandro soltó de inmediato la mano de Luciana y se lanzó hacia Mónica, recogiéndola en brazos.—¡Doctor! ¡Necesito un médico! —gritó, saliendo con prisa, sin voltear a ver a Luciana.Ella permaneció inmóvil durante un largo instante, hasta que curvó suavemente sus labios en una sonrisa irónica. Dentro de la habita
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Capítulo 734
—Si necesitas hacer algo, no te quedes solo por mí —añadió Fernando, llevándose a los labios la taza de un té especial que Luciana había pedido a Tomás para ayudarlo a dormir un poco, considerando que abusar de pastillas tiene sus consecuencias. Esas infusiones le daban la posibilidad de dormir unas tres o cuatro horas, algo que para él ya era un avance.—No soy un niño… no necesito que estés todo el tiempo al pendiente —dijo Fernando con una pequeña sonrisa—. Total, sé que igual volverás.Luciana se dio la vuelta para mirarlo:—¿Si te digo que no estoy apurada, sino que en realidad temo que el tiempo avance tan rápido?—¿Cómo? —se sorprendió él—. ¿A qué te refieres?—No lo sé… en verdad no sé ni lo que quiero. —Luciana soltó un suspiro frustrado.Fernando intuyó que tenía que ver con Alejandro.—¿Tuvieron algún conflicto? ¿Por mi culpa?—¿De dónde sacas eso? —respondió ella, riendo. Se apresuró a aclarar—: No, de hecho quedamos de vernos para comer. —Señaló el auto estacionado cerca d
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Capítulo 735
Alejandro se alarmó.—¿El balcón? —Recordó la decoración con flores de mariposa, las mismas que…—. Luciana, si no te gustan, ahora mismo pido que las retiren…—¿Quitarlas? —lo interrumpió, echándole una mirada que destilaba cierta ironía—. ¿Para volver a enviárselas a ella al hospital, igual que las de Casa Guzmán?A veces los resentimientos son como minas ocultas: si las pisas, explotan. Aunque uno finja que no existen, siguen ahí.—Luciana… —Alejandro frunció los labios, sin saber cómo rebatir.—¿Por qué te pones tan nervioso? —Ella esbozó una sonrisa—. Solo constato un hecho.Con un tono más serio, añadió:—¿No has pensado que, tal vez, a quien deberías “mover” soy a mí?—¡Luciana! —Alejandro notó que su voz adquiría un tono tenso—. ¿Sigues molesta por lo de anoche? Si estuviste presente, sabes bien que es la única que tiene para apoyarse en mí…—Sí, lo entiendo.—Entonces no digas esas cosas —le suplicó él, apretando el ceño pero tratando de sonar suave—. ¿No te has dado cuenta de
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Capítulo 736
—Entonces olvídalo. Si no me llevas, mejor no vayas.Ante esas palabras tajantes, Alejandro se sintió atrapado. Apretó los dientes:—Bien… pero no saldrás del auto. Y pase lo que pase, tú y el bebé no deben correr ningún riesgo.—De acuerdo.Subieron al vehículo y se dirigieron a la ubicación que Mónica había enviado. Era una construcción abandonada en la periferia oeste de la ciudad. Al llegar, vieron que Mónica, que se había adelantado, les hacía señas mientras descendía de otro auto. Ella ya no necesitaba silla de ruedas, pues sus piernas estaban en mejor estado y, tras cambiar de tratamiento, las quemaduras cicatrizaban deprisa.En cuanto el coche frenó, Alejandro se inclinó y abrazó a Luciana.—Espera aquí. Ese tipo solo busca dinero. Lo arreglaré rápido y volveré por ti.—Bien.—Portáte bien —añadió él, bajando al fin.—¡Alex! —gritó Mónica, corriendo hacia él. Alzó la vista hacia el interior del auto—. ¿Vino Luciana también?—Sí —reconoció Alejandro—. Fuimos a ver la sala de par
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Capítulo 737
—¡No! —saltó Alejandro, negándose de inmediato.—De acuerdo —dijo Mónica, contrariando a Alejandro.—Mónica… —Alejandro frunció el ceño—. Es muy peligroso. ¡No sabes lo que puede hacerte!—¿Qué otra opción hay? —respondió ella, con un suspiro.—Dices que solo quiere dinero…—Sí —replicó ella, con mirada tensa y algo húmeda—. Alex, es mi madre. ¿Te crees que, sabiendo el riesgo, no voy a hacer lo necesario?Era un deber filial: aunque fuera una situación peligrosa, no podía desentenderse. Alejandro no supo cómo rebatir eso. Tomó el maletín de las manos de Sergio y se lo entregó a Mónica.—Por favor, ten cuidado. No te acerques demasiado. Si notas algo raro, corre de vuelta.—Ajá —Mónica esbozó una leve sonrisa.Al ver que su brazo izquierdo seguía en recuperación, Alejandro preguntó:—¿No te pesa mucho? ¿Podrás llevarla?—Estoy bien —contestó Mónica, levantando la maleta con la mano derecha—. Aquí no tengo heridas.—De acuerdo, ve con cuidado —dijo él, soltándola con cierta reticencia.
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Capítulo 738
Ovidio, ofendido, al escuchar a Mónica reprocharle a Clara, alzó la voz:—¿No me vas a reconocer? ¡Bah! ¿Te crees que puedes negarme? ¡Eres mi hija! ¡Hoy mismo vas a admitirlo!Las emociones de Mónica se desbordaron; de pronto, levantó la maleta y la abrazó contra su pecho.—Estás soñando si crees que vas a llevarte este dinero. ¡No permitiré que te quedes con nada!—¡Esto es el colmo! —Ovidio se abalanzó, intentando arrebatarle la maleta—. ¡Suelta! ¡Es mía!—¡Jamás!—¡Suelten! —gritó alguien al fondo. Alejandro, viéndolo todo, levantó la mano para dar instrucciones. Él mismo corrió al frente junto a Sergio y Juan.—¡Mónica!—¡Ah…!—¡Aaaah…!Un instante de caos. Mónica perdió el equilibrio al forcejear y, de pronto, se vio empujada hacia el exterior de la baranda que daba al vacío. En una fracción de segundo, Alejandro saltó sin pensar. Con una mano atrapó la muñeca de Mónica y con la otra logró aferrarse a la baranda.Sergio y Juan, al verlos colgando desde el séptimo piso, se lanzaro
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Capítulo 739
—¡Alex, pensé que moriría! —sollozó, con el corazón desbocado.—Tranquila… ya pasó. —Alejandro intentó calmarla—. Todo está bien… —De pronto soltó un gemido de dolor—. ¡Ah…!—¿Estás herido? —Mónica sintió el tirón en su brazo—. ¿Te lastimaste?—Creo que me he dislocado el hombro —confesó con una mueca.—¡Lo siento, Alex, lo siento tanto! —Mónica lo abrazó con fuerza, llorando aún más.—No pasa nada, es solo una dislocación… —musitó él, restándole importancia.Mónica no paraba de llorar. Alejandro, con el ceño fruncido, levantó la vista y distinguió que Luciana acababa de subir. Intentó apartar a Mónica suavemente, pero con su brazo herido no pudo. Para cuando quiso reaccionar, Luciana ya se había dado la vuelta y se marchaba.—¡Luciana!No obtuvo respuesta. Mónica se desvaneció en sus brazos, perdiendo el conocimiento. Luciana, mientras tanto, continuó en silencio hacia las escaleras, y Simón la seguía, incapaz de oponerse.Llegando abajo, Luciana abrió la puerta del auto:—Llévame a m
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Capítulo 740
—Ay, de veras… —resopló Luciana, dejando las semillas. Al voltear a verlo, soltó un “¡vaya!” al notar que traía un yeso en el brazo—. Te enyesaron, ¿eh? Pues, a pesar de eso, sigues luciendo bien. Se nota que cuando uno es guapo, ni un yeso lo afea.Con una risita despreocupada, parecía que no pasaba nada, pero Alejandro seguía sintiendo una punzada de tristeza.—¿No me vas a preguntar si me duele?—Oh… —Luciana pareció caer en cuenta de la obligación moral de preocuparse por su esposo—. ¿Te duele? —dijo en un tono suave. Incluso se acercó un poco para examinar su brazo—. Menos mal que solo fue una dislocación y pudieron acomodarla. Si hubieran tenido que operarte, dolería más y hasta podrías resentirlo cuando llueva o haga frío.Su actitud era muy tierna, se preocupaba por él con aparente sinceridad, pero Alejandro seguía sintiendo ese vacío en el pecho.—¿En serio no estás enojada conmigo? ¿No me reprochas nada?—Recuerdo… —Luciana no contestó directamente—, la vez anterior también t
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