All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 821
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Capítulo 821
Esa voz dulzona resonó otra vez desde el piso de arriba, llena de un afecto empalagoso que hizo que a Luciana se le erizara la piel. Lo mismo le pasó a Alejandro, cuyo semblante se contrajo de inmediato.Ambos alzaron la vista hacia la escalera. Juana bajaba después de haberse bañado, el cabello aún húmedo y… vistiendo nada más que una camiseta masculina. Claramente, era la de Alejandro. Al ser más baja que él, la prenda apenas le cubría la parte alta de los muslos, dejando a la vista sus piernas delgadas.Se acercó contoneándose, con una mirada risueña, y al ver a Luciana, sonrió.—Alex, ¿es tu amiga? Sí escuché que hablabas con alguien. ¿Era ella? —Ni esperó respuesta. Extendió su mano hacia Luciana—. Hola, mucho gusto. Soy Juana.—Eh… hola. —Luciana se puso de pie rápidamente para estrecharle la mano—. Luciana.—¡Vaya, eres muy bonita! —exclamó Juana, mirándola de pies a cabeza—. Incluso más guapa que yo… Oye, Alex… —se volvió hacia él—. ¿Quién de las dos es más linda?—¡Juana! —Ale
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Capítulo 822
—Oye, ¿y a ti qué te pasa? —preguntó, acomodando a Alba en su regazo.—Uf —suspiró Martina, apoyando el mentón en las manos—. ¿Sabes quién? ¡Mi mamá!Luciana comprendió de inmediato.—¿Está presionándote otra vez para que tengas citas a ciegas?—¡Sí! —respondió Martina, asintiendo con desesperación—. Es una tras otra y me tiene harta. Dice que ya estoy “grande” y que luego será más difícil. ¿Tú crees que soy tan vieja?Por supuesto que no. Martina era incluso un poco menor que Luciana; no llegaba ni a los 25. En los tiempos actuales, cuando las mujeres aspiraban a crecer profesionalmente, no era nada “tarde”.—¿Por qué tanta prisa? —dijo Luciana con una leve sonrisa.—¡Exacto! —Martina hizo un puchero—. Se empeña en forzarme y todavía me reclama el no haber salido con nadie en la universidad. Como si enamorarse fuera igual que ir al mercado y escoger verduras. ¡Encontrar a un hombre es más difícil que elegir zanahorias!En realidad, el principal problema era que ella ya tenía a alguien
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Capítulo 823
Pero todo salió mejor de lo que esperaba. Cerca de las ocho, el supervisor se acercó con un papel en mano.—Luciana, en la habitación número 8 te requieren específicamente. —Le lanzó una mirada significativa—. Ya sabes quién es.Luciana comprendió al instante y tomó la nota con serenidad.—Oye, ten cuidado —advirtió el supervisor con cierta preocupación—. Nunca había pedido a nadie en especial. No vaya a ser que quiera otra cosa…—Tranquilo —respondió Luciana con una sonrisa—. Dudo mucho que sea nada indebido.Reunió sus instrumentos y se dirigió a la habitación 8. Al entrar, Adrián le sonrió.—Qué bueno que estás aquí. Me preocupé pensando que tal vez hoy no trabajarías.—¿Usted vino a buscarme en específico? —preguntó ella con amabilidad—. Si quiere asegurarse, puede llamar a la recepción antes de venir. O, si tiene un día fijo para venir, puedo organizar mis turnos de acuerdo a su horario.—Me parece perfecto —aceptó Adrián con un gesto de alivio—. Generalmente paso los miércoles.L
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Capítulo 824
Cuando sus ojos se cruzaron con los de Luciana, actuó como si no la conociera, quedándose allí con una actitud fría y erguida.Sergio, un poco incómodo, le sonrió a Luciana.—Luciana… —saludó con cortesía.—Sergio —respondió ella con un ademán leve.Alejandro, por su parte, hizo un sonido de disgusto, o tal vez de malestar, y de pronto se llevó una mano al estómago. Aquello puso en alerta a Luciana. Recordó que, hacía un par de días, en la villa Trébol, él había hecho lo mismo…Esta vez parecía estar peor, pues señaló la puerta del ascensor con urgencia.—Alejandro, ¿qué te sucede? —se alarmó Sergio.—Debe tener ganas de vomitar —intervino Luciana, sin dudar, y presionó el botón para bajar al siguiente piso—. ¡Rápido, vamos a salir para que pueda ir al baño!En cuanto las puertas se abrieron, Alejandro salió disparado del ascensor.Sergio y Luciana se miraron y fueron tras él. Tal como Luciana sospechaba, Alejandro corrió al baño y se puso a vomitar con fuerza. Sergio entró para sosten
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Capítulo 825
Tomó la camisa de sus manos y primero le ayudó a meter el brazo izquierdo; luego se la acomodó con cuidado, pidiéndole que extendiera la mano derecha para pasarla por la manga.—Tranquilo, despacio —dijo, reconociendo que había diferencias naturales entre la fuerza y el cuidado de un hombre y de una mujer.—Listo —anunció ella al terminar. Dudó si debía preguntarle si también necesitaba ayuda con los botones, pero la mirada altiva de Alejandro dejaba claro que no haría nada por sí mismo. Así que, con discreción, empezó a abotonar la prenda de arriba abajo.—¿Te parece bien dejar abiertas las dos de arriba? —le consultó, sin levantar mucho la voz.—… Ajá —respondió él con un ligero gruñido.Luciana presionó los labios para no sonreír. Al llegar al último botón, se atrevió a hablar con cuidado:—Señor Guzmán, si consigo curar tu problema de estómago, ¿podrías ayudarme a tramitar la constancia que debo presentar en la oficina de migración… la de nuestro matrimonio?Al terminar de decirlo,
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Capítulo 826
—No, para nada —respondió Luciana, sacudiendo la cabeza con rapidez—. Claro que acepto.Parecía tan ansiosa por sellar el trato que Alejandro se sintió complacido. Su semblante se relajó un poco, tanto que hasta los retortijones del estómago disminuyeron.—Entonces, queda oficializado: estás contratada.En un abrir y cerrar de ojos, Luciana ya iba sentada en la parte trasera del auto de Alejandro, con el chofer conduciendo. Sergio no los acompañó. Él había insistido en llevarla a casa y, al final, no encontró forma de negarse.La atmósfera en el coche se le hacía un tanto incómoda. Luciana tosió levemente para romper el silencio.Alejandro volteó a verla, ladeando la cabeza:—¿Te sientes mal?—No, solo tengo la garganta un poco seca —dijo ella, forzando una sonrisa y buscando una excusa.—Ya veo —murmuró Alejandro, inclinándose para abrir el pequeño refrigerador a sus pies. Sacó una botella de agua, desenroscó la tapa y se disponía a pasársela. Pero, de pronto, recordó algo: tres años
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Capítulo 827
Gracias a su conocimiento de los procesos hospitalarios, Luciana logró programar de inmediato los exámenes médicos de Alejandro. Lo llamó para confirmar:—Señor Guzmán, solo me falta saber qué día te acomoda. Ya está todo preparado, apenas falto por confirmar la fecha.Alejandro revisó su agenda:—Elige la fecha que desees. Yo ajusto mi horario.—Entonces, ¿qué tal este viernes en la mañana? —propuso Luciana—. El fin de semana no hacen ciertos estudios en el hospital.—Perfecto.Tras colgar, Alejandro tachó sus compromisos del viernes por la mañana y se lo comunicó a Sergio, quien respiró con alivio. “Al menos Luciana está de vuelta y alguien puede ‘controlar’ un poco a Alejandro”, pensó.Mientras tanto, Luciana completó la reservación y volvió a marcarle:—Señor Guzmán, ¿irás por tu cuenta al hospital o prefieres que pase por ti?Alejandro guardó un prolongado silencio y luego contestó, con un dejo de indiferencia:—Eres la doctora, decide tú.Luciana se quedó perpleja. “¿Está esperan
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Capítulo 828
—Si vamos a revisar tu salud, pensé que sería mejor aprovechar y hacer un examen completo. —Ser su médico particular implicaba algo más que solo tratarle el estómago.—Ajá —asintió Alejandro, sin mirar el papel—. ¿No es barato, supongo?Luciana se quedó un momento pensativa.—Bueno, es cierto que no es tan económico, pero no es nada exagerado —respondió, algo evasiva. Ella había pagado la reserva con su propio dinero, sin intención de reclamárselo a él. Al fin y al cabo, se trataba de un acuerdo: ella lo atendía y él apoyaba su trámite migratorio.Pero Alejandro sacó una tarjeta de su bolsillo y se la ofreció.—Toma. Úsala para cubrir los gastos.—No es necesario —replicó Luciana en seguida—. Lo habíamos acordado de otra manera…—Te digo que la tomes —Alejandro frunció el ceño—. No suelo dejar que una mujer gaste por mí.—…Ah, de acuerdo.Luciana estuvo a punto de tomarla, pero al ver la tarjeta, se detuvo.—Señor Guzmán… mejor dame otra. Esta es tu tarjeta adicional.Recordaba perfect
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Capítulo 829
Aquello tomó a Luciana por sorpresa, pero ella reaccionó con rapidez y una ligera sonrisa.—¿Por qué lo preguntas? ¿Es que a ti te gusta?Viendo que Rosa se expresaba con tal brusquedad, Luciana tampoco planeaba mostrarse condescendiente.Rosa frunció el ceño, dejando ver su desagrado.—¿Podrías contestarme con claridad? “Me gusta” son dos palabras; “No me gusta”, tres. ¿Tenías que darle vueltas?—¿Y ya te enfadaste? —soltó Luciana con una mueca divertida.—¿Te parece gracioso? —se molestó Rosa—. ¿Te estoy resultando cómica?—Sí, —asintió Luciana, cambiando de tono y mirándola sin tapujos—. ¿Con qué derecho me interrogas así? Aunque lo preguntes, ¿por qué razón tendría que responderte? Y, por cierto… —ladeó la cabeza—. ¿Quién te crees para cuestionarme? ¿Acaso eres la señora Guzmán?Rosa quedó en silencio, sintiendo que le hervía la sangre.Luciana había sido muy clara, sin sutilezas. Así que Rosa no encontró motivo para seguir disimulando.—Sí. Yo lo quiero —confesó—. Lo quiero desde
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Capítulo 830
—Ca… —empezó a responder él.—No —lo cortó Luciana de inmediato, preocupada. Segundos después, temiendo que se enojara, le habló con un tono casi conciliador—. No es recomendable para tu estómago. ¿Qué tal un sándwich con leche, un plato de fideos o unos tacos de res?—Me parece excelente —apoyó Sergio—. Alejandro, hazle caso a la doctora. Ahora estás en tratamiento.—Pff —bufó Alejandro, lanzándoles una mirada—. Ustedes dos están de lo más coordinados… ¿Mi opinión cuenta?Aun así, su actitud indicaba que aceptaba. Luciana sonrió y miró a Sergio.—De acuerdo, que sea así.—Perfecto —respondió él.Llegaron al cruce donde se encontraba el edificio de Martina y Luciana se despidió para bajarse; ellos continuarían hacia la empresa. Ella no tenía más pendientes y pensaba ir por Alba temprano.A mediodía, Luciana pasó a buscar a la niña y, de paso, recogió los resultados de los análisis de Alejandro. Al volver a casa, comió con Alba y la acostó a dormir la siesta. Luego, por fin, se sentó a
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