All Chapters of Prefieres A Tu Amor Ideal, No Seré La Madrastra De Esta Familia Rica: Chapter 81
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Capítulo 81
Los recuerdos de estos últimos años pasaban por su mente como una película. La familia Jiménez no podía estar sin Valeria, y él tampoco.Patricio llegó corriendo, pero al ver a Sebastián en ese estado, se quedó sin saber qué decirle.—Sebastián, no puedes andar siempre cubriéndola a Carolina. Ponte en los zapatos de Valeria, ¿cómo te sentirías?Sebastián pensó en Eduardo. Valeria y él solo estaban en una etapa de incertidumbre, y él no podía aceptarlo.Sebastián levantó la cabeza:—¿Por qué permitiste que se hiciera eso?—¡Yo qué voy a hacer con sus decisiones!Patricio se sintió frustrado, luego añadió:—Aún no es demasiado tarde. Si acabas de una vez por todas con Carolina, Valeria te va a perdonar. Te ama tanto que está dispuesta a ser madrastra de los niños por amor a ti. ¿Cómo puedes negar eso? Sebastián miró hacia el quirófano mientras los nervios lo tenían destrozado. De verdad parecía tener miedo.***Cuando Valeria despertó, se dio cuenta de que no estaba en el hospital, sin
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Capítulo 82
Sebastián fue empujado fuera de la habitación.Su mirada estaba helada, llena de una decepción y desprecio absolutos. Por fin lo había confesado. Le había dado la espalda y traicionado a esta familia. ¿Todo lo que había pasado últimamente no eran más que excusas para irse?***Al cabo de unos minutos, Valeria escuchó pasos otra vez. Abrió los ojos fastidiada:—¿No te fuiste...?Se quedó sin palabras al ver a Eduardo Castro.Vestía un traje impecable, con una figura alta y erguida. Su cabello bien cortado resultaba una pizca de rebeldíaque no encajaba del todo con su aire de hombre de poder.Eduardo la miró con calma:—¿Tan rápido fue todo?Detrás de él apareció Vicente. A Valeria se le encogió el corazón.—Hermano...Vicente se acercó y la abrazó junto a la cama. Valeria rompió en llanto, con los hombros temblándole por la angustia.—¿No dijiste que no ibas a llorar? —suspiró Vicente.Después de dejarla desahogarse un rato, Valeria alzó la cabeza:—¿Cómo es que vinieron?Cuando llegar
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Capítulo 83
Eso bastaba para confirmer que lo había escuchado todo.Valeria, débil, bajó la voz:—Perdón, solo estaba...lo que antes fue solo un impulse…Eduardo sonrió levemente.—Sí, lo sé.No era fácil sacar el tema. Valeria le dijo:—Si tienes trabajo, puedes irte. Aquí hay quien me cuide.Tenía trabajo, pero ya estando ahí se iba a quedar.Pronto llegó Vicente acompañado de sus guardaespaldas, con un montón de vitaminas y remedios.—Tenemos otros asuntos que atender. Te voy a dejar dos guardaespaldas.Dos de sus hombres se quedaron ahí.—No es necesario, el centro de maternidad tiene personal. —respondió Valeria.—No te hagas la fuerte. Si no te cuidas ahora, después vas a ser tú la que llore. —dijo Vicente,lazándole una mirada de advertencia.Valeria sonrió.—Gracias, hermano.—Me voy.Eduardo se levantó y antes de irse la miró.—Toma los medicamentos a tiempo.Valeria asintió obedientemente.—Sí, sí.Después de salir de la habitación, una empleada del centro de maternidad se acercó a Vicent
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Capítulo 84
—¿Qué te pasa? —preguntó Sebastián.—Yo... —Carolina intentó decir algo.Sofía se le adelantó: —Mi hermano y yo no podemos comer tantos dulces, pero nos obligó. Luego, cuando apenas estábamos empezando, ya se quería ir. Hasta la niñera le dijo que no habíamos terminado, y ella dijo que de todas formas no íbamos a morir de hambre.Sofía demostró tener un talento especial para repetir todo lo que escuchó. Por suerte fue honesta, no le echó más culpas de las que tenía a Carolina.Carolina se puso pálida: —Sebastián, no me malinterpretes. Solo me preocupaba que se fueran a enfermar del estómago; ya sabes que no pueden comer muchos dulces, con un poquito bastaba.Sebastián abrazó a su hija: —Sofía, entendiste mal lo que quiso decir mamá. Jamás diría algo así de ustedes.—Por supuesto que no. Yo los quiero muchísimo, los llevo al colegio todos los días y les compro sus cositas. —añadió Carolina.Sofía recordó lo que había dicho Rosa: —¿Y eso no es lo que te toca hacer?—¡Sofía, cómo hab
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Capítulo 85
Ella era cariñosa y dedicada , siempre pensando en ayudarlo a triunfar, además de ser la madre biológica de los niños. Sebastián comenzó a considerarlo en serio. Tal vez reconciliarse con Carolina no sería mala idea. Al menos todo sería legítimo y en orden.Carolina aprovechó el momento:—Si vamos a invitar a los socios de Costa Norte, mejor arreglamos bien la casa, ¿no?—Tú encárgate de eso.Carolina asintió: —¡Perfecto!Sebastián subió al estudio. En cuanto se fue, Carolina cambió por completo: —Vengan acá. Saquen todas esas fotos y pongan cuadros.¿Qué fotos? Obviamente se refería a las de la boda y los retratos familiares.Raúl frunció el ceño:—¿En serio hace falta?Carolina alzó la vista lentamente: —¿No me estás escuchando? Cambien todo por pinturas. Una casa llena de fotos familiares resulta demasiado sentimental.Raúl se dio cuenta de que Carolina mostraba cada vez más su verdadera cara. Hace un momento actuaba toda dulce y comprensiva, pero ahora lo miraba con una hostili
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Capítulo 86
Sebastián se quedó helado.¿Cómo pudo Valeria ser tan desalmada como para mandar esto por correo a su casa? ¡Qué asco!Al ver su expresión, el guardaespaldas comentó: —¿Qué le pasa, Sr. Jiménez? ¿No era usted el que exigía que la Sra. Herrera pariera y le diera el bebé? Ya le cumplió, ¿por qué esa cara?Sebastián explotó: —¡Están locos! ¡Todos perdieron la cabeza!Valeria se había vuelto loca perdida, ¡y Vicente le hacía el juego! Entre esos dos había algo raro. Había subestimado qué tan hábil era Valeria para manejar hombres: ¡los tenía a esos dos como títeres!—¡Ugh...!Carolina no paraba de vomitar.El guardaespaldas la miró con frialdad: —Si en seis meses el "bebé" desaparece, el Sr. Vicente va a tener que arreglar cuentas con ustedes.Dicho esto, se marchó.—¿Se encuentra bien, señorita? —Rosa se apresuró a ayudarla frotándole la espalda.Sebastián apartó la mirada con repugnancia: —¡Sáquenlo de aquí! ¡Lo más lejos posible!Al enterarse de que era el hijo de Valeria, Raúl se h
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Capítulo 87
Carolina seguía arrodillada en soledad, con las rodillas ardiendo de dolor y los ojos hinchados por el llanto.Veinte minutos después, una figura cargada de furia irrumpió como un vendaval.—¡Lárgate!El guardaespaldas se quitó justo a tiempo y evitó el golpe de Sebastián.Al llegar, Sebastián ayudó inmediatamente a Carolina a levantarse:—¿Para qué viniste a arrodillarte aquí?Carolina negó suavemente con la cabeza, hecha un mar de lágrimas:—Quería pedirle que te deje en paz.Me parte el alma verte sufrir. Sé que está enojada conmigo, y si humillarme así la calma, lo voy a hacer.Apenas podía mantenerse en pie.A Sebastián se le encogió el corazón del dolor:—No se merece que te rebajes así. Si perdió al bebé, se lo buscó ella misma. Con lo mala que es, tarde o temprano todos la van a dejar.Valeria sintió una punzada en las sienes y abrió los ojos.Lo primero que vio fue a Sebastián consolando a Carolina entre sus brazos, secándole las lágrimas personalmente, como si cuidara a su se
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Capítulo 88
Carolina se escondió detrás de Sebastián. —Sebastián...Sebastián miró a Eduardo. —Veo que la va a defender pase lo que pase, Sr. Castro sonrió ligeramente y asintió: —Exacto.Sebastián se controló a duras penas y volteó a ver a Valeria dentro de la habitación."Qué maravilla", pensó con sarcasmo.—Vámonos.En cuestión de minutos el lugar se vació por completo.Eduardo regresó a la habitación, la miró y preguntó en voz baja: —¿Te dio miedo?Valeria negó con la cabeza. —No.Ya había presenciado situaciones mucho más caóticas que esta. Pero ver a Sebastián protegiendo así a Carolina le quemó por dentro, una sensación amarga que no se le quitaba.—¿Por qué no te fuiste? —reaccionó Valeria.Eduardo mantuvo la mirada fija en su rostro. —No podía dejarte sola.Valeria movió los labios.Él añadió: —Tu hermano me lo pidió.—Ya veo.***Camino a casa, Sebastián revisó el video que Rosa le había mandado y se dio cuenta de lo que le habían hecho a Carolina.Valeria se estaba volviendo cada vez m
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Capítulo 89
Los niños se quedaron helados al verla así.Santiago la empujó de inmediato, protegiéndose instintivamente: —¡Eres mala! ¡Aléjate de nosotros!Carolina trastabillópor el empujón y, sin pensarlo, levantó la mano y le soltó una palmada violenta en la espalda a Santiago.No pudo contener su frustración: —¡Ingratos! ¡Yo les di la vida!Santiago cayó al suelo por el golpe, pero no soltó ni una lágrima. Se quedó mirándola con una terquedad feroz.Sofía corrió a ayudar a su hermano, gritando entre sollozos: —¡Papá! ¡Papá!Al escucharla pedir ayuda, Carolina recuperó la cordura. Se agachó desesperada tratando de calmar a los niños.—Mis bebés, no quería hacerlo... perdón...Pero Sofía y Santiago no la escucharon, solo sentían más miedo cuando se acercaba.Al escuchar el escándalo apareció la niñera, y los pequeños corrieron a refugiarse con ella.Carolina apretó los dientes:—Estos niños están completamente echados a perder. Apenas les dije un par de cosas y ya están llorando como si los hu
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Capítulo 90
Además, Valeria podría tener conexiones aún más influyentes, lo que hacía aún más arriesgado ofenderla.Después de colgar la llamada, Valeria miró hacia Eduardo, quien estaba sentado en el sofá manipulando su computadora portátil.No había imaginado que su conflicto con Sebastián terminaría involucrando a Eduardo.—Eduardo, ya no hace falta que te quedes. —le dijo Valeria.Eduardo alzó ligeramente las cejas. —¿Qué?—Voy a volver a mi casa unos días. Si no, esto no se va a calmar nunca. Cuando me haya recuperado, te invitaré a comer.Eduardo había sido su salvación hoy.Eduardo cerró la computadora. —¿Alguien te dijo algo?Se dio cuenta enseguida.Valeria apretó los labios. —No quiero que tengas problemas con Sebastián, y menos que te busque líos por mi culpa.Eduardo cruzó las piernas y apoyó el brazo en el respaldo del sofá. —Te preocupas demasiado.—¿Qué?—¿Y qué me puede hacer? —Eduardo hizo una mueca despectiva.Se levantó y ordenó que entraran a ayudar con el equipaje.Valeria par
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