All Chapters of ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!: Chapter 101
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C101-VERDADES REVELADAS.
C101-VERDADES REVELADAS.El muelle estaba casi desierto. El viento frío del mar agitaba el cabello de Aurora mientras caminaba hacia el final de la plataforma de madera. El hombre ya estaba allí, mirando el horizonte, su figura encorvada por los años y el peso de lo que sabía. —Gracias por venir —dijo ella, deteniéndose a su lado. Aurora lo miró. Su corazón latía con fuerza. Dentro de ella, el miedo y la valentía se mezclaban como el agua y el aceite. Quería correr, pero también necesitaba saber. Dio un paso adelante. El hombre no la miró. Sus ojos seguían fijos en el mar mientras comenzaba a hablar. —Yo era el chófer personal de Adelina hace quince años —su voz sonaba gastada, como si hubiera contado esta historia mil veces en su cabeza—. La noche de la gala... sus padres estaban furiosos, su madre había confrontado a Adelina. Y, a decir verdad, nunca había visto a la señora tan alterada. Aurora se tensó, mientras el viento parecía más frío ahora. —¿La… la abuela? —Sí,
C102-UNA VELA QUE SE APAGA.
C102-UNA VELA QUE SE APAGA. Aurora condujo de vuelta a casa, pero sus manos temblaban sobre el volante. Cada semáforo en rojo era una tortura, cada minuto un recordatorio de la verdad que acababa de descubrir. Al llegar, vio el auto de Angelo ya estacionado, respiró hondo antes de bajar, necesitaba tiempo para procesar todo, pero no lo tendría. Porque la vida seguía su curso implacable, sin importar cuánto te estés rompiendo por dentro. Entró y el aroma a comida recién hecha la golpeó, en otro momento, esto la habría reconfortado, pero ahora… solo sentía vacío. —¿Aurora? —la voz de Angelo llegó desde la cocina—. Estamos aquí, amor. Dejó el bolso en el recibidor y caminó hacia la cocina. Angelo preparaba pasta mientras Angela coloreaba en la mesa. —¡Mami! —exclamó la niña corriendo a abrazarla—. ¿Dónde estabas? Papá dijo que tenías que hacer algo importante. Aurora abrazó a su hija, apretándola más fuerte de lo habitual. Ese simple contacto le recordaba todo lo que estaba
C103- MI NIÑA...
C103- MI NIÑA...La sonrisa de Adelina se desvaneció lentamente, su rostro envejecido palideció y sus manos arrugadas se aferraron a la manta sobre sus piernas. —¿Quién... quién te ha dicho...? —balbuceó. —Eso no importa. Aurora dio un paso hacia ella, sosteniendo el sobre como un arma. Y sus ojos, idénticos a los de su madre, brillaban con una mezcla de dolor y furia. —Lo que importa es que me mentiste. Me engañaste todos estos años. Me ocultaste la verdad a tu conveniencia y me vendiste una imagen de ti que no existe. —No, Aurora, no... yo... yo te quiero... yo... —¿Me quieres? ¿Tú? ¿La asesina de mis padres? ¿Me quieres? ¡No! Lo que tú sentiste fue miedo. ¡Y actuaste a tu conveniencia! El rostro de Adelina se rompió. Sus ojos llorosos dejaron caer lágrimas que corrieron por sus mejillas arrugadas, marcando surcos de dolor en su piel. —No, mi niña... yo te amo... tú eres... —¿Qué pasó? —la cortó Aurora, no queriendo que ella fuera a ese sentimiento, no quería que
C104-HACE UNOS MINUTOS.
C104-HACE UNOS MINUTOS.En un rincón apartado de un lujoso restaurante, Jimena golpeó la mesa con el puño; su copa de vino tinto se tambaleó peligrosamente cerca del borde. —¿Cómo pudiste fallar así? Teníamos todo calculado al milímetro —siseó entre dientes, inclinándose hacia adelante. Su cabello enmarcaba un rostro que ahora reflejaba pura frustración. El hombre frente a ella, en lugar de mostrar preocupación, dejó escapar una risa suave mientras cortaba con precisión un trozo de filete. Sus gemelos de platino brillaron cuando movió las manos. —¿Fallar? Mi querida Jimena, tu definición de fracaso necesita ajustes —respondió con calma—. A veces el camino más largo resulta ser el más seguro. —¿Seguro? Cualquiera pudo habernos descubierto. El hombre bebió un sorbo de su vino, saboreándolo antes de responder. —Pero nadie lo hizo y ahora tenemos algo mucho mejor que lo planeado inicialmente. Jimena hizo una mueca de disgusto. —Lo sé, ya tienes el paquete de acciones de
C105-¿LO HIZO POR MI CULPA?
C105-¿LO HIZO POR MI CULPA?Angelo se quedó sentado en la cama con el teléfono aún en la mano, pero no lo miraba, tenía la vista perdida, como si algo se hubiera apagado por dentro. Adelina no era solo su abuela. Había sido quien lo levantó cuando su madre murió desangrada al traerlo al mundo. Quien lo sostuvo cuando su padre no soportó la pérdida y se quitó la vida. Quien tomó a dos niños rotos —él y Alan— y los mantuvo de pie cuando todo lo demás se había caído. Adelina fue su madre cuando no hubo madre. Fue su casa. Su límite y su único punto firme. —Voy para allá —dijo al teléfono, con la voz baja—. Sí… ahora mismo. Colgó despacio. Y durante unos segundos no se movió, respiró hondo una vez, luego otra, pero nada funcionó. Detrás de él, las sábanas se movieron; Aurora se giró al escuchar su voz y se incorporó un poco. —¿Qué pasó? —preguntó. Entonces lo vio. La luz de la lámpara le dio de lleno al rostro y las lágrimas no caían aún, pero estaban ahí, contenidas
C106-AMOR CONTAMINADO.
C106-AMOR CONTAMINADO.El entierro había sido rápido, tal como Adelina lo había pedido. Sin discursos largos. Sin escenas. Solo lo justo. Y ahora, con el peso del día aún encima, Angelo, Aurora y Angela regresaban a la mansión. El abogado les había pedido reunirse en el estudio para acordar la fecha de la lectura del testamento. Lo que una vez fue un ambiente de alegría, ahora se sentía pesado. Aurora sostenía la mano de Angelo, no la soltaba, pero tampoco estaba ahí del todo. En su cabeza todo se mezclaba sin orden. En pocas horas había pasado demasiado. La verdad sobre la muerte de sus padres, la muerte de la mujer que la crió, la culpa clavándosele en el pecho como algo que no sabía cómo sacar. Y, por encima de todo, la pregunta que la estaba devorando: ¿cómo decirle a Angelo que ella había sido lo último que Adelina escuchó antes de morir?, ¿cómo decirle que, sin querer, se había convertido en aquello que más había odiado de ella? Respiró hondo. Afuera, en la esc
C107-¿DIVORCIO? ¡JAMÁS!
C107-¿DIVORCIO? ¡JAMÁS!—Es como si... como si este amor estuviera contaminado. —No. No... Aurora, no digas eso... Ella retrocedió, cerró los ojos con fuerza y luego los abrió. —No sé si después de esto podamos seguir. No sé si es correcto, Angelo —la voz le tembló, pero siguió—. Por eso... por eso... necesito tiempo. Él se quedó quieto y su rostro palideció como si toda la sangre hubiera abandonado su cuerpo. —¡No! ¡No puedes hacer esto! ¡No puedes dejarme por algo que yo no hice! Aurora dio un paso atrás, sorprendida por la intensidad de su reacción. —¡Ella los mató, Angelo! —estalló—. ¡Mató a mis padres y luego me recogió como si fuera un cachorro abandonado! ¡Me crió, me amó, me convirtió en su proyecto de caridad mientras yo la adoraba sin saber que sus manos estaban manchadas con la sangre de mi familia! —¡¿Y yo qué culpa tengo?! —Angelo golpeó la pared con el puño—. ¡Yo también la adoraba! ¡Era mi abuela! ¿Crees que no me está matando descubrir que la mujer que
C108-TE LO ADVIERTO.
C108-TE LO ADVIERTO.Angelo miró a Jimena como si acabara de entrar una serpiente en su oficina. Su rostro pasó de la sorpresa a la frialdad en segundos. —¿Qué haces aquí? —preguntó, cortante, cerrando de golpe la carpeta sobre su escritorio. Jimena fingió no notar su tono; se acercó con pasos medidos, con el rostro vuelto una perfecta máscara de preocupación. —Vine por unos documentos importantes para la reunión del lunes —explicó—. Vi tu auto en el estacionamiento y pensé que no deberías estar solo en un momento así. Angelo no respondió, sus ojos siguieron cada movimiento de Jimena mientras ella entraba y cerraba la puerta tras de sí. Ahora la conocía demasiado bien como para creer en sus buenas intenciones. —Adelina era una mujer extraordinaria —continuó Jimena, acercándose al escritorio—. Una verdadera matriarca, y sé cuánto la amabas, Angelo. Era como una madre para ti. Sus palabras sonaban ensayadas, pero sus ojos mostraban algo más profundo. Ella rodeó el escritorio
C109-PROMESA DE SEAL.
C109-PROMESA DE SEAL.Los días siguientes se convirtieron en una danza de ausencias. Angelo y Aurora comenzaron a vivir en coreografías evasivas, como dos fantasmas que compartían el mismo espacio sin tocarse. Él se levantaba antes del amanecer, cuando la oscuridad aún dominaba el apartamento. Preparaba café en silencio, dejando una taza lista para ella en la encimera, aún caliente cuando Aurora despertaba. Iba a la empresa y luego se encerraba en el estudio. Mientras tanto, Aurora deambulaba por el departamento como un espectro. Tocaba los objetos que él había tocado, pasaba los dedos por los libros que él leía, buscando alguna conexión con el hombre que ahora parecía un extraño. Una tarde, buscando una sudadera para el frío repentino, abrió el cajón de Angelo. El aroma a su colonia la golpeó con tal fuerza que tuvo que apoyarse en la cómoda para no caer. Y, como un reflejo condicionado, tomó una de sus camisas y enterró la nariz en ella, respirando hondo. Un sollozo se le es
C110-CALLEJÓN SIN SALIDA.
C110-CALLEJÓN SIN SALIDA. Angelo condujo a toda velocidad por la autopista, alejándose de Londres. El ex SEAL, Brock, iba en el asiento del copiloto revisando su arma con movimientos precisos.—Starwick queda a una hora. Es un pueblo pequeño, casi fantasma —comentó Brock sin levantar la vista—. La casa está aislada, perfecto para esconderse.Angelo apretó el volante, su mente trabajaba a mil por hora, conectando puntos. Marcos había sido el chofer de su abuela durante años y, por lo tanto, conocía secretos familiares que nadie más sabía y ahora, de repente, aparecía después de tanto tiempo.—¿Qué sabes de este tipo? —preguntó Brock. —Lo suficiente —respondió Angelo, cortante.El resto del viaje transcurrió en silencio. Cuando llegaron a Starwick, el sol comenzaba a ponerse, las calles estaban desiertas y las pocas casas parecían abandonadas. Siguieron por un camino de tierra hasta llegar a una pequeña construcción de ladrillo.—Espera aquí —ordenó Angelo al estacionar.Brock frunci