Yo seré tu mamá.
Author: Charles
last update2026-02-08 19:03:29

El dolor llegó antes que la conciencia. Fue un latigazo seco que atravesó la frente de Leah y descendió por su cráneo como una ola ardiente. Un gemido escapó de sus labios resecos mientras intentaba moverse por puro reflejo… pero su cuerpo no respondió. Algo la retenía. Abrió los ojos con dificultad. Al principio solo vio oscuridad. Una negrura espesa, pesada, que parecía adherirse a su piel. Parpadeó varias veces, intentando enfocar, y entonces el mundo comenzó a tomar forma de manera fragmen
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  • PENSAR CON LA CABEZA FRIA

    El dolor fue lo primero que ella sintió nuevamente. Un latido profundo en la frente, constante, como si alguien golpeara desde dentro de su cráneo. Leah abrió los ojos lentamente, con cuidado, temiendo que cualquier movimiento empeorara la punzada que la atravesaba. La oscuridad seguía allí. Fría. Densa. Sucia. El aire olía a humedad rancia y metal oxidado. Cada respiración le quemaba la garganta. Intentó moverse y entonces lo recordó: las ataduras en sus muñecas, la presión cruel alrededor de sus tobillos. Cerró los ojos un instante. No para huir. Para pensar. —No entres en pánico, Leah —se dijo en silencio — Debes de mantenerte serena. Sabía que gritar no serviría. Ya lo había intentado antes. Sabía que la ira solo la agotaría más rápido. Y el agotamiento era un lujo que no podía permitirse. Emily. El nombre apareció en su mente como una herida abierta. Su pecho se contrajo con violencia, y esta vez no fue el golpe en la cabeza lo que la hizo jadear, sino el recuerdo de s

  • No hay rastros

    Kevin no recordaba cuánto tiempo llevaba caminando. Solo sabía que sus botas estaban cubiertas de barro, que sus manos temblaban y que su garganta ardía de tanto gritar nombres que nadie respondía. —¡Leah! Su voz se perdía entre los árboles. —¡Emily! El amanecer había llegado sin pedir permiso, tiñendo la granja de tonos pálidos, casi crueles. La neblina matinal se deslizaba sobre el pasto como un sudario, envolviendo cada rincón con una calma que resultaba insultante. Todo estaba demasiado quieto. Kevin corría de un lado a otro, revisando cada cabaña, cada galpón, cada sendero. Abría puertas con violencia, pateaba cajas, levantaba lonas, apartaba ramas. Nada. Ni una sola señal. Su corazón golpeaba contra su pecho como un animal atrapado. —Esto no puede estar pasando… —murmuró, llevándose las manos al cabello. Liliana lloraba apoyada contra una pared, Ana intentaba consolarla sin lograr contener sus propias lágrimas. Isabel, pálida como la ceniza, permanecía sentada en una

  • Yo seré tu mamá.

    El dolor llegó antes que la conciencia. Fue un latigazo seco que atravesó la frente de Leah y descendió por su cráneo como una ola ardiente. Un gemido escapó de sus labios resecos mientras intentaba moverse por puro reflejo… pero su cuerpo no respondió. Algo la retenía. Abrió los ojos con dificultad. Al principio solo vio oscuridad. Una negrura espesa, pesada, que parecía adherirse a su piel. Parpadeó varias veces, intentando enfocar, y entonces el mundo comenzó a tomar forma de manera fragmentada.El techo era bajo, irregular, como si estuviera hecho de cemento viejo mezclado con humedad. Había grietas que parecían venas muertas recorriendo la superficie. Una luz amarillenta, débil y temblorosa, colgaba de un cable expuesto, balanceándose ligeramente, proyectando sombras alargadas que se movían como criaturas vivas por las paredes.-"Que es aquel olor rancio que llena mi nariz acaso es ¿Moho? también es Hierro oxidado, suciedad acumulada" Vega después de susurrar aquellas palabras

  • LA OSCURIDAD LA RODEA

    La noche cayó sobre la granja con una delicadeza engañosa. El cielo se fue oscureciendo lentamente hasta convertirse en un manto profundo, salpicado de estrellas que parecían más brillantes que nunca. La luna, redonda y generosa, iluminaba los campos con una luz plateada que hacía relucir el pasto húmedo. Habían decidido cenar afuera. Una mesa larga fue colocada frente a la casa principal, adornada con algunas velas y flores silvestres. El aire era tibio, agradable, y las luciérnagas comenzaban a aparecer entre los arbustos como pequeños destellos vivos. Emily estaba sentada en su sillita, balbuceando feliz mientras Leah le daba pequeños trozos de comida blanda. Kevin observaba la escena con una calma que pocas veces se permitía sentir. Isabel estaba a su lado, envuelta en un chal ligero. —Estas noches me recuerdan a mi juventud —comentó, mirando el cielo—. Cuando creíamos que el mundo era eterno. Liliana rió suavemente. —Y quizá lo era… solo que no lo sabíamos. Ana sirvió vi

  • Extra Granja.

    El amanecer después de una noche de pasión y dulzura en la habitación de Leah y Kevin llegó despacio. Primero fue una línea pálida en el horizonte, apenas perceptible entre la neblina que abrazaba los campos. Luego, el cielo comenzó a teñirse de tonos suaves: rosados, dorados, azules que se mezclaban como acuarela derramada con cuidado. La granja despertaba lentamente. El canto de los gallos marcó el inicio del día, seguido por el murmullo distante del ganado y el crujir de la madera bajo los pasos tempranos de algún trabajador que ya recorría los corrales. Kevin abrió los ojos antes que Leah. Durante unos segundos permaneció inmóvil, observándola dormir. Ella estaba de costado, el cabello desordenado cayendo sobre su rostro, una mano apoyada cerca de su pecho. Su respiración era tranquila, profunda, como si el mundo no existiera más allá de esa habitación. Kevin sonrió en silencio. Deslizó con cuidado su brazo para no despertarla y se incorporó lentamente. El cuerpo desnudo de

  • La paz de esa noche

    La noche había caído lentamente sobre la granja, como un manto tibio y protector. No era una oscuridad brusca. Era suave. Gradual.El cielo brasileño se teñía de tonos profundos: azul oscuro, violeta, pequeñas pinceladas negras que dejaban espacio para un millón de estrellas. El aire era cálido, con ese aroma particular del campo húmedo, de pasto recién respirado, de madera antigua y tierra viva.Kevin sostenía a Emily entre sus brazos.La pequeña dormía profundamente, con su mejilla apoyada contra el pecho de su padre, su respiración tranquila marcando un ritmo lento y constante. Sus diminutos dedos se aferraban a la camisa de Kevin como si incluso dormida necesitara asegurarse de que él seguía allí.Leah caminaba a su lado. No hablaban. No hacía falta. Disfrutan del silencio y la compañía del otro.Sus pasos crujían suavemente sobre la grava del sendero que rodeaba la casa principal. A lo lejos se escuchaban grillos, alguna rana escondida entre los arbustos, y el murmullo del vien

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Reader Comments

por favor no nos dejes sufrir con esta incertidumbre, gracias

Ojalá Kevin encuentre pronto a Emyli y a Leath, que no pase el tiempo y la niña no esté con sus padres.

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