All Chapters of El Rey Lycan y su Oscura Tentación: Chapter 671
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188. UN REINO EN DECADENCIA
VICTORIA—Podemos hablar con calma en el salón —la voz de mi compañero interrumpió de manera apropiada.Al acercarse a mi madre, bajó un poco más su postura.Quizás porque la confundió con una loba, sin darse cuenta de los colmillos de vampira que escondía Celine.—Eres el mate de Victoria —enseguida lo identificó.Cómo no hacerlo si nuestros olores estaban más que mezclados.—Lo soy…—Eso está por verse —papá agregó entre dientes.Las uñas de los no muertos casi asomaban entre las piedras del lugar, aguardaban solo su comando.Sumergidos en su dimensión mágica, a la espera del ataque.—Amor…—No te imaginas lo cómoda que estaba tu hijita. Tú muriéndote de la angustia, poniendo en riesgo al b…—¡Ya basta, Zarek!El rugido de mi madre me hizo estremecer.Cuando se enojaba, la verdad es que daba más miedito que papá.Sus pupilas destellaron con un tono rojizo peligroso, y eso que mami Camilla era la más tranquilita de sus personalidades.La Alfa Mía resultaba un poco más peligrosa.—¿Er
189. CONOCIENDO AL LORD DE LOS LOBOS
VICTORIA—Rousse, ¿estás bien?Me levanté del suelo, aún desorientada.Fue horrible esa sensación de caer y dar vueltas sin parar.—Sí, señorita Victoria.Su voz ronca me respondió.Se levantó del suelo sobre sus dos metros, cubriéndome con su sombra intimidante, como todo en él.Se le había caído hacia atrás la capucha negra que siempre usaba sobre el cabello grisáceo.Sus ojos, igual en una tonalidad de gris, casi blancos, me miraron fijamente.Estoy más que acostumbrada a los no muertos, pero Rousse sigue siendo imponente, incluso para mí.Siempre vestido de negro, fuerte, tan serio, con esas cicatrices profundas que atravesaban su cuerpo pálido.—¿Dónde crees que estamos?Le pregunté, examinando el callejón en el que habíamos caído.La basura maloliente se acumulaba en pequeñas montañas.Flanqueados por paredes negras y sucias.—Nunca he visitado un lugar así en nuestro reino.—Creo que no estamos en casa, Rousse —le dije frunciendo el ceño—. Vamos a explorar.Decidí, subiéndose t
190. ESCAPANDO POR LOS PELOS
VICTORIASin esperar su asentimiento, comencé a correr por encima de los tejadillos que soltaban tejas por tramos.Siempre en la distancia segura de los jinetes.Nos detuvimos sobre un edificio y pude ver a dónde se dirigían.Unas macizas y gruesas murallas negras dividían esta zona decadente de otra.No podía ver más allá, pero cuando las enormes y opresivas rejas se abrieron para esos lobos, el aroma que me llegó del otro lado en nada se parecía al tufo de aquí.Descubrí algunas casas dentro de esas murallas, una ciudad próspera que se asentaba, protegida entre altas paredes.Mientras aquí morían en la inmundicia, se notaba la buena vida del otro lado.Las divisiones eran obvias, entre vampiros y hombres lobos.¿Qué diantres estaba pasando aquí?—Parece que distribuyen la comida por allí - Rousse me señaló en una dirección donde la gente se abarrotaba en una fila interminable.En efecto, estaban dando algo de carne vieja a los vampiros que miraban con ojos codiciosos los trozos de c
191. EN EL MUNDO SUBTERRÁNEO
VICTORIAAtrás quedó el peligro y avanzábamos hacia un sitio desconocido.“Rousse, atento a cualquier trampa”.Le susurré en su mente, estrechando mis pupilas en la oscuridad.Aún estaban por verse las intenciones de este buen samaritano.El túnel serpenteó y se dividió en una red que iba a otros sitios desconocidos.Al fin, la brisa abanicó un poco el olor mohoso de las paredes, y el vampiro frente a mí saltó hacia una salida.—Ven, te ayudo —me volvió a extender la mano para ayudarme a dejar el túnel en las alturas.Lo miré por un segundo a sus ojos rojizos.Era un hombre muy apuesto, a pesar de los ángulos demasiado afilados por su delgadez.Estiré la mano y me ayudó a bajar.El impulso me hizo caer sobre su pecho, rozándonos sin querer.Fue solo un instante, pero lo sentí olfateándome el cabello.El olor de la sangre que rugía por sus venas también se filtró en mis sentidos y tenía que reconocer que era muy de mi agrado.—Gracias —me aparté un poco y miré hacia atrás, viendo a mi
192. PARTE DE LOS REBELDES
VICTORIAMarius de nuevo la regañó. Me tenían un poco cansada sus berrinchitos.—¡¿Qué quieres que diga?! ¡Que le agradezco a la Diosa por haberles dado el poder a esos perros para destrozarnos, de tenernos como sus esclavos, de mandarnos a estas cloacas!Gritó levantándose de la baqueta que rodó con un estruendo.Por mucho que Marius intentó persuadirla, salió corriendo y llorando.El silencio incómodo llenó la estancia.—Lo lamento por eso… ella, bueno, solo es más sincera y dice lo que todos pensamos —me dijo avergonzado.—¿Qué está sucediendo aquí entre ustedes y los hombres lobo?—¿De verdad no sabes nada? —el tal Edgar me preguntó, y negué.—Bueno, vengo de otro lugar —le dije escuetamente.Así fue como me enteré de la situación de este reino, dividido entre dos fuerzas principales: los hombres lobo y los vampiros.—¿Y por qué los tratan así? ¿Solo porque pueden?Le pregunté a Marius, y él me miró con ojos complicados, luego vi que intercambió miradas con los demás.¿Qué tanto m
193. EN LAS GARRAS DEL VAMPIRO
VICTORIAMe encontraba lista para destrozarla.De verdad solo buscaba que me diera la excusa perfecta y ella me la dio.Se notaba que estaba colada por Marius, pero yo no tenía culpa de que él ni la mirara.Saqué mis colmillos, siseando amenazante; su mano se movía como en cámara lenta frente a mis ojos.“¡No te metas, Rousse!” le ordené en su mente al ver sus intenciones de pararla.Hoy le daría una lección a esta presuntuosa, que jamás olvidaría.Pero en el último segundo…—¡Sophie, ya basta! —el grito de Edgar sonó como un estruendo.Se interpuso entre nosotras llevándose el ataque de esa histérica y yo casi abro surcos también en su espalda.—Sshh —siseó dolorosamente— ¡Estás loca, maldit4 psiquiátrica! ¡El hambre te tiene el cerebro tupido!—¡¿Cómo te atreves a hablarme así?! ¡Sabes muy bien quién soy, Edgar, no te equivoques! —ella le gritó de vuelta.Noté que los demás comenzaron a intercambiar miradas y a ponerse nerviosos.¿De qué se trataba todo esto?—¡Esa mujercita no me v
194. UN LOBO EN MIS FANTASÍAS
VICTORIAEstábamos a solo un suspiro y lo vi bajar el rostro para besarme en las mejillas.Lamió mis lágrimas con paciencia y se fue acercando a mis labios.No lo detuve y le permití besarme.Su boca se movió sobre la mía, su lengua explorando los contornos, buscando penetrar.Me fue recostando sobre las mantas, su pecho duro pegado al mío, una mano sostenía mi espalda y la otra mi cintura.Sentí su peso masculino dominándome contra el suelo, metiéndose entre mis piernas.Su beso sensual comenzó a tornarse más apasionado, agresivo.Nuestros caninos chocaban y la lujuria circulaba por nuestras venas.Su mano acarició mi falda y la fue subiendo por mis muslos desnudos.En medio de la oscuridad se escuchaban nuestros gemidos ahogados en besos.Mis ansias picaban, deseaba alimentarme, las pupilas se contraían en rojo.Hace mucho que no hacía el amor y me gustaba rudo, duro, que me enloqueciera de placer y me hiciera gritar como una puta.No soy doble cara como Lyra, yo sé muy bien lo que
195. EN EL CAMPAMENTO DEL LORD
VICTORIADejando la ciudad subterránea, las cloacas y los pasadizos tenebrosos, llegamos a una parte alejada del bosque.Subidos en la colina, vimos la impresionante ciudad negra a lo lejos.La fortaleza en lo alto de la ladera de la montaña parecía vigilar todo bajo ella.Nada se escapaba de la vista del Lord.El primer círculo de murallas protegía a la manada de hombres lobo de la capital.El círculo exterior albergaba a los “infames” vampiros.Los tenían más de esclavos que de otra cosa.Haciendo los trabajos más pesados, las tareas asquerosas y duras, solo por unas migajas de comida.Así estaba la situación de este territorio.—Vamos, Rousse.Amparados en la noche que avanzaba, nos sumergimos entre los árboles.Corrimos como dos sombras veloces, esquivando las patrullas ocasionales, alertas todo el tiempo.Sin embargo, a punto de salir del control del feudo, nos encontramos con un problema muy grave.—Hay un campamento de lobos asentado.Subidos en un árbol, mirábamos a lo lejos l
196. ¡ESTAS ME LAS PAGAS!
VICTORIALo vi avanzar lleno de confianza.Parece que había olvidado lo que era un vampiro bien comido, y eso que no estaba en mi mejor forma.El látigo chasqueó, volando hacia mi cuello con un rugido de sus labios.Me moví hacia delante tan rápido que ni siquiera me vio.Su mano estaba arriba por mover el arma; sus ojos se estrecharon al verme aparecer frente a él.—¡¿Pero qué…?! ¡Aaahh, maldit4 zorra!Dio un salto atrás cuando mis uñas afiladas se hundieron en su cara, llevándome un buen trozo.Iba a por sus ojos, pero reaccionó a tiempo para salvarlos.Antes de que contraatacara, le arrebaté el mango del látigo y lo enredé en su cuello.Para esas alturas intentaba sacar a su lobo, propinándome mordidas a lo loco.Pero mis dos manos se cerraban sobre el cuero, apretándolo tan fuerte sobre su garganta que el sonido de ahogo no tardó en llegar.No podía cambiar a su forma animal porque, si no, se estrangularía por completo.—¡Esto es para que aprendas a respetar a las mujeres! —le rug
197. ¡¿CÓMO TE ATREVES A TOCARLA?!
VICTORIAAl fin mi pierna fue liberada.Antes de que se retirara ese lobo por completo, levanté el otro botín y se lo encajé en un ojo.—Eso por la mordidita…Le escupí venenosa, escuchando su aullido de dolor. Me miró rabioso por el ojo sano, pero respetó las órdenes.Entre otros dos me levantaron por los hombros, con fuerza, tomándome prisionera.Esa mole rubia se acercó a mí, dándome una mirada de arriba a abajo.No le rehuí, no le tenía miedo.Esperaba el veredicto, pero lo llevaba bien claro si pensaba que iba a morir aquí.—O eres demasiado temeraria, o demasiado estúpida —me dijo fríamente.—A mí me gusta llamarme, “demasiado valiente” — respondí alzando la barbilla.Fue a abrir la boca y luego la cerró contrariado.Sé que causo ese efecto a veces.—Lleven a la prisionera a la carpa oeste —ordenó al fin, dando un bufido y alejándose.—¡Beta! ¡Se merece un castigo más severo! ¡No sabe lo peligrosa que es esta vampira!El pelinegro seguía berreando.—¿Te busco un pañuelo para qu