All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 1351
- Chapter 1360
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Capítulo 1351
Revisó con cuidado la mano de Salvador: una astillita de vidrio le había abierto un corte fino; nada más.—Voy a comprarte una curita y te la pego…—Espera. —La sujetó—. No vayas. O voy contigo.Con esa mirada entre ansiosa y cauta, era claro: después de lo de hace un rato, no quería dejarla sola.—Está bien, me quedo.Llamó a un mesero y pidió una curita. La sacó del envoltorio y se la colocó.—Listo. Nada grave.Salvador flexionó los dedos y sonrió de lado.—La siento medio torpe.“¿Torpe por qué?”, pensó Martina sin entender.—Marti… —palmeó el asiento a su lado—. Ven acá.Estaban frente a frente. Por lo visto, él quería tenerla pegada.—No, así estamos bien. Es solo para comer.—Ven —insistió, con un dejo de fastidio—. Tengo la mano lastimada; me tienes que cuidar.Martina no tuvo remedio.—Ok.Comieron entre mimos, y luego salieron a caminar por la orilla, de la mano.—Marti.Por fin él soltó sus dedos, agarró una ramita.—Te voy a escribir algo.—Va —ella sonrió.Él corrió por la
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Capítulo 1352
Entre la gente alguien soltó una risita.—Señor guardia, hágale el favor —dijo uno—. ¿No ve que está desesperada?—Sí, pobrecita —añadió otro.—Asuntos de pareja no son mi problema —cortó el guardia, harto—. Yo respondo por la seguridad de los residentes. ¡Circule, por favor!Martina estiró el cuello para mirar. Al volver la vista a Salvador, le notó el gesto cambiado.—¿Qué pasa?Ya no necesitó respuesta. Reconoció a la mujer que armaba el alboroto. Salvador, con solo oírla, ya la había identificado. Estella Moretti se dio la vuelta, resignada, justo cuando los vio.—Salva.Salvador frunció apenas el ceño y miró a Martina.—Marti, ¿la dejas pasar un momento? ¿Sí?Martina apretó los labios. ¿Podía decir que no? Él lo pedía con una cortesía impecable… y Estella tenía esa cara de desamparo.—Está bien.—Gracias —Salvador le apretó la mano—. Estella, pasa. Lo hablamos adentro.—Gracias —repitió Estella, y le dirigió a Martina una mirada agradecida—. Gracias a ti.—No hay de qué —pensó Mar
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Capítulo 1353
Estella se quedó helada. “¿Qué quiso decir?” ¿Acaso pretendía que se separaran?—Yo… —titubeó—. Nunca he pensado en dejarlo. Tú lo sabes: nos costó muchísimo estar juntos.Salvador lo sabía. Había sido su novia. En casa de los Moretti estaban encantados con él —como ahora lo están los padres de Martina—. Después, cuando Estella se enamoró de Renato Smith, su familia se opuso a muerte; casi rompen con ella. Hasta hoy, la relación con los suyos no se había recompuesto del todo. Así de hondo lo quería. Y cuando una quiere así, soltar no es fácil. Era su elección: los amigos pueden aconsejar; decidir por ella, no.Salvador suspiró, sin salida.—Entonces… ¿qué puedo hacer por ti?—Salva —pareció que, por fin, oía lo que esperaba—. Sé que él está aquí. Vino con otra mujer. ¿Me ayudas?No hacía falta que explicara más. Él entendió.—Está bien. —Asintió—. Espera un momento. Primero subo a ver a Martina.Estella parpadeó, sorprendida, y forzó una sonrisa.—Claro… como debe ser.Salvador subió c
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Capítulo 1354
—Ajá. —Antes de que terminara, Martina añadió—: Si no vas a regresar, al salir cierra bien la puerta, ¿sí? En una casa tan grande, si me quedo sola de noche, la verdad me da miedo.—¿No regresar? —Salvador frunció más el ceño—. Si no vuelvo… ¿a dónde, según tú?—¿Cómo que a dónde? —Martina no veía el problema—. Vas a salir a buscarlo, ¿no? No sabes cuánto tardas. Y si lo encuentras, seguro también vas a “defenderla”. Todo eso lleva tiempo.—Cuando termines, ya va a ser tardísimo. Mejor ni entres al cuarto, me vas a asustar. —Se dio un golpecito en el pecho—. En plena madrugada, si entra alguien, ¿cómo voy a estar segura de que eres tú?—Soy yo. Siempre soy yo. —Le tomó la mano y se le apretó el corazón—. Tranquila: la villa tiene buena seguridad; no entra ningún ladrón.Le soltó la mano para acariciarle la mejilla.—Ya es tarde. No te quedes en el teléfono. Duerme.—Lo sé… —bufó, resignada.—Me voy.Salvador salió. Cuando la puerta se cerró, a Martina se le apagó la mirada. Dejó el cel
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Capítulo 1355
Salvador se quedó un segundo inmóvil. Probó de nuevo el picaporte: nada. La puerta estaba cerrada por dentro. Recordaba bien que, al salir, no había echado el seguro. ¿Martina lo puso sin querer… o a propósito?“Recién casados, en plena luna de miel, con el marido en el pasillo.” Vaya cuadro.Tuvo el impulso de tocar y despertarla, pero miró la hora. Era demasiado tarde. Mejor no. Al fin y al cabo, hoy había sido su culpa. Encontrarse a Estella fue casualidad, sí, pero todo lo que vino después había sido por un asunto de su gente.Bajó.No esperaba encontrar a Estella despierta. Apenas pisó la sala, oyó movimiento.—Estella.—¿Salva? —acababa de sacar una botella del bar—. No puedo dormir. Tomé prestada tu botella, ¿te molesta?—Claro que no. —Frunció el ceño—. Pero es tarde; mañana te va a doler la cabeza.—Ya me duele —sonrió con amargura—. Mañana que se arregle sola. —Sacó dos vasos—. ¿No duermes? Acompáñame con una.—Está bien.Se sentaron frente a frente en los sofás. Estella sirv
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Capítulo 1356
—Tú a lo tuyo y yo a lo mío —a Martina se le borró la sonrisa—. ¿Por qué tendría que hacerte caso?—No quise decir eso…La tensión iba en aumento, y eso era lo último que Salvador quería.—¿Salva?El ruido los había despertado. Estella se incorporó con una mano en la frente, hecha polvo. De la botella de vino tinto de anoche, Salvador apenas probó un par de sorbos; casi todo lo tomó ella, y ahora la resaca le pasaba factura.—Tu amiga ya despertó —dijo Martina, esbozando una sonrisa—. Ve.—Y tú…Salvador no alcanzó a preguntar. Martina ya estaba en la puerta, atándose los tenis.—Voy a correr.Justo entonces llegó la empleada por horas. A esa hora, venía a preparar el desayuno.—No haga mi parte —le indicó Martina—. O mejor, déjela para la invitada.Le hizo un gesto a Salvador.—Me voy.—¡Marti!Quiso seguirla, pero Estella seguía allí. La empleada dudó en la entrada del comedor.—Señor Morán, ¿cómo organizo?—Como siempre —Salvador miró a Estella en el sofá—. Y un caldo para la resaca
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Capítulo 1357
—¡Estella…!Salvador iba a sostenerla, pero ella se lanzó de golpe. Sin decir palabra, le soltó una bofetada a la mujer.Renato y la mujer no lo vieron venir; el golpe sonó seco. La mujer, atónita, se cubrió la mejilla y fulminó a Estella.—¿De dónde salió esta loca?—¿Loca yo? ¡Sinvergüenza! ¡Descarada! —Estella estaba al borde—. ¡Ah…!Gritando, volvió a embestirla.—¡Estella! —Renato la sujetó por detrás, con la cara hecha una sombra—. ¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí?—¿Y tú me lo preguntas? —los ojos se le llenaron—. ¿No dijiste que venías a cerrar un negocio? —señaló a la mujer—. ¿Esto es tu “negocio”?—¿Me seguiste? —Renato se puso lívido—. ¿No confías en mí?—¿Confianza? —Estella soltó una risa rota—. ¡A estas alturas me hablas de confianza! Hoy me explicas qué hay entre ustedes. Anoche estuvieron juntos; ¿qué hicieron?El escándalo atrajo a los curiosos; en Isla Minia siempre hay turistas de sobra.—Tch —la mujer se ajustó los lentes de sol, alzó el mentón y, con frialdad, miró a
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Capítulo 1358
—¡Estella!Salvador ya no podía con lo que veía. “Todo lo que pasó hace un minuto, ¿no lo viste?”, pensó. ¿Cómo bastaban dos frases de Renato para que ella se encogiera así?—La equivocada no eres tú. Despierta. Confía en tu criterio, ¿sí?—Yo… —Estella se quedó sin palabras. Quería, pero negó con la cabeza—. Salva, no puedo separarme de Renato. No puedo vivir sin él.“¿Por qué?”, estuvo a punto de preguntar. “¿Qué tiene este hombre para que valga tanto?” Se tragó la pregunta. Era su vida. Los amigos aconsejan; no deciden.—Está bien. Es tu decisión. —Se dio la vuelta.—Salva. —Estella miró a Renato y habló en voz más baja—. No te vayas; solo un minuto.Se acercó a él sin perder de vista a Renato, como temiendo que huyera.—Salva, él… no quiere esto. Últimamente está… ahogado con el trabajo.“¿Y eso le da derecho a lastimar?”, pensó Salvador. No dijo nada.—Salva… —Estella se mordió el labio, dudó—. Sé que suena caradura. Pero, aparte de ti, no sé a quién pedirle. ¿Puedes… ayudar a Ren
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Capítulo 1359
En ese instante, a Salvador se le tensó todo el cuerpo.—¿Quién habla?—Hola. Te mando la ubicación exacta. Tu esposa tuvo un percance; ¿puedes venir a recogerla?—Ah…Por el teléfono se oyó la voz de Martina y, enseguida, el hombre hablando con ella:—¿Estás bien? ¡No te muevas!Esa breve conversación le dejó el corazón en la garganta.—Voy para allá.***Siguió la ubicación y encontró a Martina en el puesto de salud de la alameda. Ella estaba en la sala de espera; frente a ella, en cuclillas, un joven le presionaba el tobillo con una botella de agua bien fría.—¿Así te duele? Si duele, lo hago más suave —le decía en voz baja.—No duele —sonrió Martina, negando con la cabeza.El joven tenía en la mano una orden de pago.—No sé cuándo llegue tu esposo. Si quieres, voy y pago yo en caja; luego me haces la transferencia y ya.—Tienes razón. Entonces…—No hace falta. —Salvador llegó en dos zancadas y los cortó con frialdad, empujando al joven a un lado. Sonrió por pura cortesía y le tendi
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Capítulo 1360
El rostro de Salvador se fue ensombreciendo.—Marti…Pero ella no había terminado.—Quédate tranquilo: si algún día busco a otro, será después de divorciarnos. Por mucho que llegara a no quererte, jamás te sería infiel.Intentó apartarlo con las manos.—Quítate de—Aquello lo encendió. Salvador le sujetó la muñeca con fuerza.—¿Qué dijiste? ¿Que no te gusto? ¿Que vas a buscar a otro? Martina, ¿quién te dio permiso de decir eso?“¿Qué…?” Ella se quedó pasmada. “Era un supuesto.”—¡Estás loco! ¡Suéltame!—¡No! —apretó más, con la mirada negra y crispada—. Escúchame: eres mi esposa y solo puedes quererme a mí. Mientras yo no te suelte, en esta vida no vas a estar con nadie más.Martina tembló. “Está fuera de sí.”—¡Suéltame!Su resistencia lo picó.—¿Adónde pretendes ir? ¿Quieres irte ahora mismo? —la jaló contra su pecho—. Nadie va a tratarte mejor que yo.—¡Ah…!El tirón le encendió el tobillo torcido. La punzada le arrancó un quejido; se le fue la sangre de la cara.—Sal…va…—¡Marti! —
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