All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 1391
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Capítulo 1391
Lucy se quedó pasmada un momento y, tras un largo suspiro, habló al fin:—Luci, ¿te gustaría… escuchar lo que pasó entre él y yo?Siempre se lo había callado, porque su hija rechazaba de plano oírla. Además, lo suyo con Enzo no era nada honroso. Por más explicaciones que diera, a ojos de su hija sonarían a excusas.—¿Eh? —Luciana se desconcertó, sin entender del todo.“¿Será que Enzo… también tuvo algún motivo que no podía evitar?”—No vengo a defenderlo; Enzo no es ningún santo —sonrió con amargura—. Si decidió terminar conmigo en su día, no debió arrepentirse. En esta vida no existe la “pastilla del arrepentimiento”. Pero fue a Ciudad Muonio, me vio… y al volver a Toronto le pidió a la familia de Carolina Romero cancelar el compromiso.—¿Cancelar el compromiso? —Luciana frunció el ceño—. Entonces, ¿por qué terminaron casándose?—Porque Carolina no quiso. No aceptó romperlo. Ella… —Lucy titubeó, incómoda de tocar un tema tan sórdido— le hizo a Enzo ciertas jugadas, demasiado bajas… Pre
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Capítulo 1392
Esto… Luciana se quedó perpleja. El enredo de tantos años la dejó sin palabras; no sabía cómo juzgar aquello sin equivocarse.—Luci —suspiró Lucy—. Todo esto es feo de oír; siento ensuciarte los oídos. Pero Enzo y Carolina… lo único que puedo decir es que ambos son gente dura.Egoístas, implacables, capaces de cualquier cosa con tal de lograr su objetivo.—Así llevan enredados tantos años: él, dispuesto a responder sólo por su hija y empeñado en divorciarse; ella, aferrándose a la hija para no soltarlo jamás.Luciana no lo entendía.Después de escuchar tanto, lo que menos comprendía era a Carolina.—¿Qué busca ella?—Al principio, debió ser gusto de verdad —Lucy curvó apenas los labios—. No te dejes engañar por cómo ves a Enzo ahora; de joven era muy bueno para encantar chicas.Eso sí que Luciana podía imaginarlo. Incluso ahora, para Martina, Enzo seguía siendo “el señor guapísimo”.—Y luego —siguió Lucy— el cariño se pudre y se vuelve rencor. Además… su matrimonio no fue un asunto rom
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Capítulo 1393
—Ah, cierto. —Luciana recordó de golpe—. Esta vez Ale vino a Toronto porque… se robaron la urna del abuelo Miguel.—¿Qué? —Lucy se quedó pasmada y llena de rabia—. ¡Qué barbaridad! ¿Dónde quedó lo humano?La hermana menor que le quita el hombre a la hermana mayor, el padre que no ve por el hijo… y ahora el hijo usa hasta las cenizas de su propio padre.Lucy apretó la mano de Luciana. Si a ella ya la hervía la sangre, ¿cómo no iba a dolerle a su hija?—Con razón… —Enzo meditó, miró a su hija y dudó; no sabía cómo decirlo.—¿Qué pasa? —preguntó Luciana—. Dijiste hace un rato “Marisela Jiménez”… ¿qué tiene que ver con Ale?—Yo… —Enzo titubeó.Con sólo verle la cara, a Luciana se le heló el cuerpo.—¿No será… —se le apretó la voz— que Marisela es la víctima?—Sí —Enzo frunció el ceño y asintió, grave.Luciana sintió que se le erizaba la piel de golpe.Un frío la recorrió.—No… no puede ser…—Luci —Enzo habló con franqueza—, por lo que cuentas, me temo que… el señor Guzmán quizá…—¡No! —Luc
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Capítulo 1394
—¿Cómo va Luci?Enzo entró desde la terraza; acababa de colgar una llamada.—Por ahora, estable. —Lucy señaló hacia el jardín de invierno y, al verle la cara, frunció el ceño—. ¿Qué clase de cara es esa?Le echó una mirada al celular en su mano. Le latían las sienes.—No me digas que hay otra mala noticia.—Sí.—… —Lucy se llevó la mano a la frente—. ¿Y ahora qué? ¿Apareció Alejandro?—No, pero esto tampoco es precisamente mejor.Ese trago amargo a Enzo le costaba decirlo. ¿Cómo soltárselo a Luciana?Hacía nada él solo había conjeturado: quizá Alejandro, desbordado, pudo cometer el error…Y aun así Luciana no lo aceptó.Pero no hizo falta que Enzo lo explicara: Luciana se enteró por otra vía.Sonó su celular. Soltó la mano de Kevin —lo tenía copiando palabras en español con letra cursiva— y respondió.—¿Aló, Marti?—Luci… —la voz de Martina venía tensa, dudosa; en estos días, Luciana ya reconocía ese tono. Sintió el estómago caerle en seco—. Dímelo directo. ¿Qué pasó?—Es que… —Martina
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Capítulo 1395
A medianoche, por fin hubo noticias.Por orden de Enzo, nadie se atrevió a demorarse: el reporte llegó de inmediato.—¿Distrito de York?—Sí, señor. —El hombre del equipo asintió—. Lo ubicamos en York… pero el señor Guzmán está alerta. Apenas nuestros muchachos se acercaron, se nos perdió de vista.—¿Sigue en York?—Creemos que sí. Para que no se preocupe, vine a avisarle primero.—Bien. —Enzo inclinó la cabeza. Al pensar en todo lo que Alejandro cargaba con esa familia, añadió—: No filtren nada. Ni siquiera al inspector James.—Entendido. Puede estar tranquilo.—Además… —el hombre dudó—, no somos los únicos buscándolo.—¿Cómo?—Aún no sabemos quiénes son. Van con mucho cuidado. Solo los detectamos, pero no hemos podido averiguar más sin exponernos. No queremos mostrar la posición ni causarle problemas al señor Guzmán.—Está bien. Con cautela, pero apúrense. Quiero que me lo traigan de vuelta, lo antes posible. Y recuerden: mencionen el nombre de la señorita Luciana.—Claro. Si oye “la
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Capítulo 1396
—Luci, no —Lucy, por supuesto, se opuso—. Enzo ya tiene gente buscándolo. Aunque vayas, no podrás ayudar.—Lo sé —Luciana lo pidió sin bajar la mirada—. Solo quiero ir a mirar. ¿Me dejan, por favor?Padres con culpa rara vez saben decir no. Enzo y Lucy no fueron la excepción.—Hagamos esto —Enzo se adelantó—: yo te llevo.—¡Enzo! —Lucy lo detuvo, inquieta.—Tranquila, no te angusties —él la serenó—. Si voy yo, me ocupo de Luci.Además, cuando Enzo salía, nunca iba solo. Con tantos guardaespaldas, ¿cómo no proteger a su hija?—Entonces… —Lucy miró a la muchacha, que los observaba con ansiedad—, de acuerdo. —Y aún la previno—: Luci, vas a hacerle caso a Enzo en todo.Porque en Toronto, la identidad de Luciana era un campo minado. La familia Anderson, los Romero… todos la tenían en la mira. Sin venir ya imponía; ahora que estaba allí, algunos iban a jurar que había llegado por la sucesión.—Entiendo —Luciana asintió con seriedad.Terminaron de comer y Enzo la sacó de la casa.—Vayan y vue
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Capítulo 1397
Luciana no dudó: no se había equivocado.Sin pensar en nada más, se lanzó a correr. Si lo perdía ahora, ¿quién sabía si no sería para toda la vida?—¿Qué pasa? —Enzo notó que algo andaba mal: Luci corría hacia el río Don—. ¡Rápido, detengan a la señorita Luciana!Si caía al río, con ese frío y esa oscuridad, sacarla sería un infierno.—¡Sí, señor!—¡Señorita!Todos subestimaron lo que un cuerpo puede hacer en un momento límite… y lo que puede la pura decisión de avanzar.En la cabeza de Luciana no quedaba nada: solo correr. Tomó impulso y se zambulló en el río Don.El vértigo le vació la mente; cuando quiso pensar, ya estaba bajo el agua.—¡Luci!—¡Señorita!—¿Qué esperan? ¡Al agua!En realidad, los guardaespaldas ya se habían tirado. En segundos, el río se llenó de chapuzones: uno tras otro, de todas las estaturas, de todos los tonos de piel y cabello.—¡Inútiles! —Enzo llegó un paso después, la cara dura como piedra. Sin contenerse, le cruzó una bofetada a la guardaespaldas—. ¿Ni a u
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Capítulo 1398
Para no lastimarla, Alejandro no se atrevió a apretarle fuerte; Luciana seguía sin reaccionar. Pensó si no sería una bajada de azúcar: el río la había dejado sin fuerzas.Como no había dulces a mano, fue a la cocina, abrió un frasco de azúcar blanca y llenó una cucharita. Con una mano le abrió suavemente la boca; con la otra le dejó el azúcar sobre la lengua.Nada. No despertó.No podía permitir que siguiera con la ropa empapada y helada. La alzó y la llevó al baño. Dudó unos segundos y empezó a desabotonarle la blusa. Al segundo botón, Luciana frunció el ceño, como si fuese a despertar.Alejandro retiró la mano de golpe.Luciana abrió los ojos. Al principio, nublados; al reconocerlo, se le aclararon de golpe. Le aferró el antebrazo.—¡Ale! ¡Eres tú!—Sí… soy yo —respondió con el ceño apretado, la expresión enredada.Luciana bajó los párpados; una lágrima se escurrió al instante.—Lo sabía… No me equivoqué. ¿Cómo iba a confundirte?Se echó a llorar y a reír a la vez.—Solo te vi de esp
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Capítulo 1399
Alejandro se agachó, tomó un trozo de pan y se lo metió a la boca.—De donde vengas, te regresas.“Vaya respuesta.”Luciana tragó el nudo en la garganta y volvió a preguntar:—¿Y tú? ¿Piensas quedarte escondido aquí para siempre? ¿Sabes que afuera te están buscando?—Ya sabes que tengo orden de captura —masticó, con la mirada oscura—. Si lo sabes, ¿para qué viniste? ¿Quieres que te busquen conmigo?—Tú…Antes de que explotaran, Juan intervino.—Ale, Luci, ya. Ale, Luci vino porque está preocupada por ti. Luci, no te enojes, él anda con la cabeza hecha trizas.Alejandro apretó los labios.—Lo repito: en cuanto seque tu ropa, te vas —pausó y añadió—. Si no te molesta llevarte la mía, también puedes irte ahora.¿Irse? Siempre lo mismo: echarla.Luciana se puso de pie de golpe, dejó el pan y la infusión a medio tomar.—Perfecto, me voy ya.Al darse vuelta, Alejandro alcanzó a ver sus pies descalzos, sin calcetines.—¡Regresa!—¿Qué ahora? —Luciana giró con los ojos enrojecidos, a punto de
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Capítulo 1400
—Sí. —Luciana también lo sentía así—. Por mucho que quieran recuperar el control de la familia, no van a sacrificar a Marisela.Eso ya no es solo egoísmo y maldad; es una locura.—Ale… —le apretó la mano—. Vete conmigo. No puedes seguir escondido aquí. Si no hiciste nada, la policía no va a poder cargarte una culpa que no es tuya.Además, está Enzo.—Luci. —Alejandro no lo veía tan simple. Lanzó una mirada a Juan—. Hace rato preguntaste por Simon… ¿no?—Sí… —asintió. Cierto, casi lo olvidaba—. ¿Dónde está Simon? ¿Por qué no está con ustedes? ¿Salió?—No… —Alejandro negó, sombrío—. Ese día, cuando despertamos, Simon ya no estaba.—¿Qué?…Luciana se quedó helada. No sabía de intrigas, pero podía atar cabos. Simon no desaparecería sin motivo; lo más probable es que estuviera en manos de Daniel Guzmán.—Entonces… —las manos y los pies se le enfriaron—, ¿lo están usando para presionarte?—Sí. —Alejandro asentó.Luciana entendió al instante. Con razón Ale había huido. Si la policía lo atrapa
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