All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 1591
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Capítulo 1591
A Salvador se le ensombreció la mirada. Había pasado días enteros a su lado, cuidándola con esmero, ¿y eso era todo lo que recibía a cambio?La rabia le subió de golpe; se inclinó y alzó en brazos a Martina.—¡Salvador, suéltame! Yo no quiero ir contigo. ¿Te parece que esto tiene sentido?Él bufó y soltó una risita fría, ignorando su forcejeo.—Claro que tiene sentido. En algo no te equivocaste: aunque se trate de morir, solo vas a hacerlo a mi lado.Martina se quedó helada y dejó de luchar.La lancha atracó; él la bajó en brazos. Un auto ya los esperaba junto al camino y los llevó de regreso a la residencia.Como su intento de fuga había sido descubierto, escapar otra vez era imposible. Martina, desesperada, decidió irse a lo extremo.Salvador le puso enfrente la medicina que había hervido. Martina apartó el rostro.—No la voy a tomar.—Tómatela.Frunció el ceño, cedió y se disculpó:—En la lancha mi actitud fue la equivocada. No te enojes. Tómate la medicina.Insistió un par de veces
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Capítulo 1592
Dicho eso, Salvador se dio la vuelta y se fue a la cocina.Martina se quedó un buen rato donde estaba y, al final, se dejó caer en el sofá con el ánimo por el suelo. “¿De verdad iba a seguir resistiéndose? ¿Todavía podía?”Cuando Salvador regresó con la infusión, ella ya no insistió en lo imposible y se la tomó sin protestar. Al terminar, él, como siempre, le ofreció un dulce de fruta.—Para endulzarte la boca.Martina apartó la mirada sin responder. Si ella no podía salirse con la suya, él tampoco la tendría fácil.Ya entrada la madrugada, Salvador despertó y la vio sentada al borde de la cama, inmóvil.—¿Marti? —rodeó la cama y la miró con extrañeza—. ¿Qué pasa? ¿Quieres ir al baño?Ella lo miró como perdida, asintió.—Ajá.—Te acompaño —dijo, sosteniéndola—. Vamos.Martina no dijo nada y se dejó llevar. Al salir, él la esperaba en la puerta para tomarle la mano. Ella dio un respingo, como si la hubieran asustado, y se apartó de golpe.—¿Marti? —frunció el ceño, sin entender.—¿Tú… q
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Capítulo 1593
Asustada, Martina se acurrucó en el pecho de Salvador. Con su voz baja y paciente, él la fue calmando hasta que se aquietó. Ya pasada la medianoche, por fin se quedó dormida. Por el susto, incluso dormida, no soltó la mano de Salvador ni un segundo.Él sonrió con impotencia y, por dentro, se le ablandó el corazón. Le dio un beso en la frente.—¿Ya ves? Estoy aquí.Después de tanto trajín, también estaba rendido. La abrazó, cerró los ojos y durmió tranquilo.A diferencia de Martina, Salvador tenía horarios estrictos y un reloj interno impecable. Aunque la noche anterior no había descansado bien, amaneció a su hora de siempre. Miró a la mujer entre sus brazos, la acomodó con cuidado, la arropó y se levantó.Cuando terminó su rutina de ejercicio y salió de la regadera, Martina ya estaba despierta y hablaba con la empleada.—¿Preparamos café en la mañana? Quiero café negro. No sé por qué, me amanecieron un poco hinchados los ojos.—De acuerdo.Martina se volteó y se cruzó con la mirada de
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Capítulo 1594
Asintió con esfuerzo.—Sí. Estás enferma.—¿Eh? —Martina se quedó pasmada—. ¿Qué clase de enfermedad deja la mente en blanco al punto de no reconocer a tu propio esposo? ¿Me volví… loca?—¡No! —Salvador le cubrió la boca; el dolor le cruzó los ojos—. No pienses tonterías. No es así.—Entonces… ¿qué me pasa? —su mente seguía vacía y, después de ver las fotos, ella ya lo tomaba como alguien en quien podía apoyarse—. Dímelo, ¿sí?—Yo… —él dudó, luchó consigo mismo y, al final, le señaló la cabeza—. Aquí dentro… está creciendo algo.—¿Un tumor?Salvador endureció el gesto y asintió, pesado.—Sí.A Martina se le doblaron las piernas y perdió el equilibrio.—¡Martina!Por suerte él ya la sostenía entre sus brazos. Ella, con el rostro lívido, murmuró apenas:—Un tumor cerebral…Salvador cerró los ojos con fuerza. ¿Qué clase de destino era ese? Martina ya había sufrido una vez al enterarse de su enfermedad, y ahora le tocaba pasar por ese dolor otra vez.—Ah… —ella se apretó la cabeza con amba
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Capítulo 1595
Durante los dos días siguientes, Martina se durmió y despertó, volvió a dormirse y a despertar… y siguió igual.No mejoró.En su mundo solo reconocía a Salvador.Por la tarde llegó de nuevo el médico naturista. Le hizo una revisión minuciosa.A diferencia de la vez anterior, Martina cooperó mucho más; le faltaban seguridad y confianza, y cada tanto miraba a Salvador. Al final, él le tomó la mano. Solo así se calmó.El médico miró a Salvador.—Llévela a dar una vuelta.Era la señal de que quería hablar a solas del cuadro.—Está bien.—Salvador… —Martina no era tonta, solo había perdido la memoria. Entendió lo que pretendían—. ¿Puedo quedarme?Salvador le sonrió con suavidad y le acarició la sien.—Regalo no ha dejado de ladrar. Ve a acompañarla, ¿sí? Sácala un rato al jardín.Era un no.Martina hizo un puchero.—Bueno.A regañadientes, se levantó y fue a buscar a la perrita.Apenas salió, el aire se volvió denso. Salvador frunció el ceño.—Dígame.—Verá… —el médico le explicó con detall
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Capítulo 1596
—Sí, muy lista.Salvador se inclinó y la besó.Martina abrió mucho los ojos, con las manos apoyadas en su pecho.—Tú…—¿Yo qué?Cuando el beso terminó, la miró con las mejillas encendidas y soltó una risa breve.—Somos esposos. Es normal.Martina se quedó con la boca entreabierta, sin saber cómo refutar. Tardó en encontrar palabras.—Estoy enferma. Te estás aprovechando.—No me aprovecho de ti —le sostuvo el rostro entre las manos y la miró hondo—. Y no voy a permitir que te pase nada.Esa noche, en el estudio, Salvador por fin se puso en contacto con Alejandro Guzmán.En el teléfono, Alejandro lo encaró sin rodeos:—¿Estás loco? ¿Qué hiciste? ¿Dónde tienes a Martina? ¿Están juntos?—Sí —admitió Salvador.—Tú… —Alejandro se quedó sin aire; aun siendo como hermanos, no encontró cómo defenderlo—. ¿Sabes lo que estás haciendo? Te la llevaste. Sus papás están que se vuelven locos.—Sé que no puedes soltarla, pero esto no se hace. Así, ¿todavía esperas que Carlos Hernández te entregue a su
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Capítulo 1597
Del otro lado de la puerta, Martina se quedó inmóvil. La mano que había alzado terminó por bajar, despacio. Con la mirada caída, dejó escapar un suspiro casi imperceptible.***A la mañana siguiente, apenas bajó las escaleras, percibió el olor intenso de la infusión.—Marti —Salvador entró desde afuera con una sonrisa—. ¿Ya despertaste? Justo iba a llamarte. Vamos a desayunar. La medicina ya casi está lista.—Ajá, bien.En esos días no le había dado mucha hambre: comió medio sándwich y dejó la leche a la mitad.—Toma —Salvador le puso el tazón enfrente—. Ya no está tan caliente. Bébela.—Ajá, bien.Martina asintió, tomó el tazón y, de un trago, se terminó la infusión. Luego abrió la boca.—¡Rápido!Salvador se rió y le puso un dulce de fruta en los labios. Ella masticó con los cachetes inflados.—¿Amarga? —él le ofreció otro—. Come más para quitarte el sabor.—Sí, está bien amarga.Martina tragó el dulce, apoyó la barbilla en la mano y lo miró.—¿Estás ocupado ahora? ¿Puedes platicar c
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Capítulo 1598
—De acuerdo —Salvador sonrió—. Tranquila, no vamos a llegar tarde.Al atardecer, poco después de las seis, comieron algo ligero para aguantar y salieron tomados del brazo. Montaron los dos en una bicicleta tándem y se fueron hacia la playa.El sol quedaba colgado a ras del horizonte. Cuando terminó de caer la noche, encendieron fogatas sobre la arena y, con las farolas de la costanera, todo se veía como una hilera de estrellas. La gente del lugar se reunió alrededor de las llamas, cantó y bailó para celebrar su fiesta.—¿Qué están cantando? —Martina se puso de puntitas para mirar, pero su estatura no le ayudó.—Ni idea —negó Salvador—. Con inglés me defiendo, pero ellos cantan en su lengua de origen.Al verla esforzarse, le dio unas palmaditas en los hombros.—¿Quieres subirte?—¿Eh? —Martina se sorprendió—. ¿No está mal? Ya no soy una niña… y voy a pesarte.—¿Tú, pesada? —él soltó una risa despectiva—. Hoy en primaria hay chicos que ya te ganan.Se agachó y volvió a palmearse los homb
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Capítulo 1599
—Mmm… —Martina rezongó, sin entender el fondo de sus palabras—. Qué falso eres. ¿Qué tiene de malo admitirlo?Salvador soltó una risa seca y no dijo nada. Esas frases suyas eran cuchillos que le daban directo en el corazón.El viento del mar le pegó en la cara; entrecerró los ojos como si la arena se le hubiera metido y, de golpe, se le humedecieron. Parpadeó con fuerza y pensó: “Si pudiera cambiar años de mi vida por los tuyos, qué no daría”. Él, que se creía el malo, estaba intacto. Y, sin embargo, ella…Esa noche, ya de vuelta en la residencia, Martina se despertó de pronto y salió corriendo al baño, con la mano en la boca. Salvador se incorporó al instante y la siguió. La vio abrazada a la taza, vomitando, y se le apretó el pecho. No habían cenado mucho; no era indigestión.No dijo nada. Esperó a que se le pasara, la sostuvo para ponerse de pie, le alcanzó agua para enjuagarse y le limpió la boca con una toalla.—Jeje —ella levantó la cara y sonrió, acercándose a su pecho—. A ver,
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Capítulo 1600
—Bueno.Los dos le dejaron a Regalo a la empleada y, tomados de la mano, salieron.En la sala, Alejandro Guzmán estaba sentado en el sofá; Luciana Herrera no podía estarse quieta y caminaba de un lado a otro. Al ver aparecer a Martina, alzó la mirada.—¡Martina! —se le iluminó la cara; corrió hacia ella y le tendió la mano—. ¿Cómo estás? ¿Estás bien?No se había imaginado que, mientras ella viajaba a Canadá, Salvador hubiera sacado a Martina de su casa. En la familia de Martina ya estaban desesperados. A fuerza de presionar y suplicar, Luciana había convencido a Alejandro para traerla hasta allí. Ese día pensaba llevársela sí o sí.Pero su mano quedó en el aire.Martina, como si no la reconociera, se aferró al brazo de Salvador y se escondió detrás de él, con la mirada perdida.—¿Martina? —Luciana se quedó en blanco—. ¿Qué te pasa?Martina apretó los labios y miró a Salvador pidiéndole auxilio.—No temas —él le tomó la mano y le dio unas palmadas suaves. Alzó la barbilla hacia Luciana—
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