All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 1051
- Chapter 1060
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Capítulo 1051
—Se los digo con toda sinceridad: mejor no adopten más niños. Capaz arruinan a un niño bueno —se burló Valerie.—¡Cierra la boca! —exclamó Carlos.—¿Cuándo te volviste tan bocona? ¡En serio, qué irritante!¡Paf!En cuanto terminó de hablar, sonó una bofetada fuerte.Carlos y Valerie se quedaron en silencio por un momento.Al instante, Carlos agarró a Camila y gritó:—¡Aurora, ¿qué haces?! ¿Por qué la golpeaste de repente?!—Ella hizo que mi hija, tu propia sobrina, se lastimara a propósito. ¿No debía golpearla? —dije, seria, mirando a Carlos.Carlos abrió la boca para responder, pero no le salió nada.Camila, con cara de inocente, le jaló el brazo:—Tu hermana me volvió a pegar. ¿No deberías decir o hacer algo? Por lo que veo, todo lo que dijiste de amarme era mentira. Sé que ustedes son familia. Esos son tus sobrinos de sangre, ¡y yo no te importo tanto!—No, Camila, no exageres. No hay necesidad de ajustar cuentas con los niños —dijo Carlos, preocupado, abrazándola.Camila empezó a l
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Capítulo 1052
Me dio un tic nervioso en la boca.Ah, Samuel sí está pendiente de todo lo que pasa alrededor.Yo pensaba que cuando entra en cierto estado, nada le importa.Cuando Samuel, siempre tan neutral, se puso de mi lado, Camila se puso roja del enojo.De repente, dejó de hacerse la víctima.Empezó a forcejear. Su mirada, llena de ira, se clavó en mí.Entre más se movía, yo más le pisaba la mano.El dolor le tensó la cara, y se volteó hacia Carlos para descargar toda su frustración.—¿Te vas a quedar ahí mirando cómo me pisa y no haces nada, Carlos? ¿No eres hombre? ¿No puedes proteger a tu propia mujer? ¡Y deja de decir que me amas, eso es una mentira! —gritó Camila, furiosa.La cara de Carlos se puso pálida.Mientras sus ojos me rogaban, me dijo:—Basta, Aurora. Suéltala, te lo suplico.Sonreí, molesta. Me incliné más y dejé caer todo mi peso sobre el pie.Camila estaba pálida del dolor y me miraba con odio.—¿Hacerlo rápido? —le dije a Carlos, riéndome.—Ella hizo que Embi se lastimara la
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Capítulo 1053
—¡Carlos…! —gritaba Camila, una y otra vez. Su voz sonaba débil, fingiendo inocencia.Cualquier hombre que la escuchara seguro se enternecía.Valerie alzó las manos:—Uy, un fantasma, da mucho miedo.Carlos ya no aguantó y me empujó.Me tambaleé y casi caigo. Por suerte Valerie me agarró a tiempo.Justo cuando Valerie iba a soltarle una sarta de insultos a Carlos, yo le tomé la mano y le hice una seña para que se calmara.No esperaba nada de él. Prefería no encender más el conflicto para que Valerie no acabara lastimada. No quería más pleitos inútiles.Carlos la levantó rápido y revisó con cuidado su mano. Se le notaba el dolor en la cara.Mi patada fue fuerte. La mano de Camila estaba raspada y sangraba.Carlos, con los ojos rojos, me miró con dolor y reproche.—Simplemente le estoy aplicando su propia medicina —dije, seria.—Si ella no hubiese herido a mi hija, ¿crees que la habría tocado?—Fue sin querer —discutió Carlos—. ¿Por qué tenías que…?Me reí con desprecio:—Pues también
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Capítulo 1054
Muy temprano, llevé a los niños a la escuela. Después volví a casa, a esperar noticias de Mateo.Ese día solo me dijo que nos veríamos el lunes en la entrada de la registraduría. No dijo la hora.Pasó toda la mañana y no supe de él. Seguro se le olvidó.Pensarlo me alivió un poco el ánimo.Al parecer él tampoco quería divorciarse de mí.Cuando me calmé hasta me volvió el apetito.Fui a la cocina. Saqué unos ingredientes. Me puse a prepararme algo rico.Justo cuando terminé sonó el celular en la sala.Eso me dejó extrañada. ¿Sería Mateo llamando para decirme que fuera al registro civil?Tomé el teléfono del sofá. Sí. Era él.Se me bajó el ánimo de golpe.Contesté y me tragué la rabia. No dije nada.Yo tampoco escuché nada, solo silencio. Tanto que me dieron ganas de estrellar el celular contra el piso.Al final no aguanté más:—¡Si tienes algo que decir dilo ya! ¡Si no cuelgo!Qué fastidio. ¿Cree que quiero escuchar cómo respiro? Me ponía mal.Después de unos segundos Mateo por fin ha
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Capítulo 1055
Cuando me vio parada junto al auto, Mateo apretó los labios y, por un segundo, mostró dolor.Pero cuando quise mirarlo bien, ya tenía de nuevo esa calma distante.La verdad, ahora odiaba más que nunca esa calma fingida.Esa serenidad solo me hacía quedar como una loca. Como una mujer que ama sin que la amen.Pensar en eso me hizo mirar a otro lado para no verlo más.Él abrió la puerta del auto y la cerró.—Vamos —dije, seria.Sin esperar respuesta, caminé hacia el registro civil.Pero apenas di dos pasos, una gabardina cayó sobre mis hombros.Me detuve en seco y lo miré, molesta.Mateo me miró fijamente y habló en voz baja:—Ya estamos en pleno otoño y tú sigues saliendo con tan poca ropa.A estas alturas, cualquier muestra de preocupación suya me sonaba irónica.Al final, el que quería separarse y pedir el divorcio era él.Entonces, ¿de qué servía esa preocupación?Le devolví la gabardina:—Gracias por tu buena intención, pero no tengo frío. Tú estás herido y débil; mejor póntela tú.
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Capítulo 1056
El teléfono sonó más de diez segundos antes de que Mateo contestara.Cuando lo hizo, no dijo nada.No sé por qué, pero con solo verlo ya me daba rabia, y oírlo callado me ponía peor.Conteniendo la furia, dije muy claramente:—¿No fuiste tú el que me llamó para divorciarnos? ¿Dónde estás?Mateo se quedó en silencio dos segundos antes de responder, con la voz muy baja:—Ya entré.Me molesté y miré la puerta. Efectivamente, ahí estaba.Colgué, furiosa, y volteé la cara para no verlo.Él caminó despacio y se sentó a mi lado.El funcionario nos miró y preguntó:—¿De verdad están seguros de que quieren divorciarse?Yo no respondí, él tampoco.El funcionario repitió la pregunta. Mateo siguió en silencio.Pensé que quizá, como decía el funcionario, él en realidad no quería divorciarse.Para evitar que el funcionario se desesperara, estaba a punto de decir: “Esperemos, primero lo hablamos entre nosotros”.Pero justo cuando abrí la boca, Mateo dijo:—Sí.Me atraganté de la rabia y ya no quise d
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Capítulo 1057
Me habló, sereno:—Te llevo a casa.—No hace falta. Vine en auto —le señalé mi auto estacionado en la calle—.Mateo apretó los labios. Volvió a callarse. Ya no me sorprendía.Iba a decirle algo de los niños cuando dijo en voz baja:—El divorcio no salió. ¿Estás muy decepcionada?Sentí cómo la rabia que venía conteniendo volvió a estallar. Lo miré y pregunté, sin emoción en la voz:—¿Sabes lo que estás diciendo?Mateo bajó la mirada, dando un poco de lástima.—Como el divorcio no salió, no puedes estar legalmente con Javier. ¿Verdad?Qué tontería. Me dieron ganas de decir una grosería, pero me contuve. En vez de eso, le respondí, con una sonrisa amarga:—Piensa lo que quieras.Mateo siguió con la mirada baja y dijo, apagado:—No te preocupes. Esa acta de matrimonio la voy a buscar bien cuando llegue a casa.—No hace falta que la busques.Mateo se estremeció. Me miró con los ojos negros, con un brillo débil, como si esperara algo de mí. En serio no lograba entender qué pasaba por su cab
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Capítulo 1058
Dios mío. ¿De qué está hecho el cerebro de este hombre? En serio, ¿cómo puede pensar así?A Embi y Luki yo los traje al mundo, arriesgando mi vida. ¿Cómo se le ocurre creer que los voy a abandonar? Nunca podría abandonar a mis dos hijos, antes me abandonaría a mí misma.Antes de que pudiera responderle, él habló de nuevo, lleno de enojo y agitación:—Tú no los quieres, pero yo sí. Ellos son el mejor regalo que el cielo me ha dado. Aunque renuncie a toda mi riqueza y estatus jamás voy a renunciar a ellos. Quédate tranquila. Voy a ir a buscarlos ahora mismo. Desde hoy ya no te tienes que preocupar por ellos.Él estaba por irse. Yo lo agarré de un brazo y fui directa:—¿Puedes dejar de imaginar cosas absurdas y esperar a que termine de hablar?Los ojos de Mateo estaban completamente enrojecidos.—Los niños te quieren tanto. En el extranjero todo el tiempo hablaban de ti. Y tú... ¿tú en serio ya no los quieres? Puedes estar con Javier. Yo me aparto. Pero ¿por qué abandonarlos a ellos? ¿
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Capítulo 1059
Justo cuando me desahogaba a gritos, entró una llamada. Medio atontada, miré la pantalla: era Mateo.En ese instante, toda la rabia y la frustración que llevaba dentro encontró una salida. Apenas contesté, empecé a gritarle al teléfono:—Mateo, eres un arrogante, un hipócrita, un maldito loco. ¿Cuándo estuve yo con Javier? ¿Cuándo lo abracé? ¡Siempre inventas! ¿No fuiste tú el que abrazó a Camila delante de mí? ¿No la defendías todo el tiempo? ¿Y qué dije yo? Nada. En cambio, tú nunca confías en mí; siempre quieres inventar culpas, siempre quieres manipularme, siempre quieres desquitarte conmigo. Te odio. Me hartas. No quiero verte ni volver a hablarte nunca más. ¡Eres insoportable! ¡Insoportable hasta la muerte!No me importaba si alguien escuchaba al otro lado, así que seguí gritando al teléfono hasta cansarme. Al final, estaba tan agotada que el sueño me vencía; me dejé caer en el sofá, cerré los ojos y, aun medio dormida, dije un par de insultos más.Dormida, me pareció escuchar su
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Capítulo 1060
—Aurora, ¿a dónde vas?En el set, todos ya recogían sus cosas. Listos para cerrar la jornada. Valerie también se había ido al camerino a cambiarse.Desde el lío de la serpiente, Valerie y Camila dejaron de compartir camerino. Ahora cada una tenía el suyo. Uno al este del set y el otro al oeste.Sin entender nada, miré a Alan, que venía bien sonriente:—A ningún lado. Voy a casa.—¡Si aún es temprano! ¿Para qué ir a la casa? Te llevo a pasarla bien.Lo miré con desconfianza. ¿Era el mismo Alan de siempre?Valerie llevaba días haciendo horas extra en el set. Y justo hoy que por fin podía salir con ella, ¿quería llevarme a mí? Increíble. De verdad, increíble.Alan alzó las cejas despacio y preguntó:—Aurora, ¿por qué me miras así?—Nada. Solo te noto extraño hoy.Bajó la mirada de inmediato y se revisó de arriba abajo:—¿Extraño? Para nada. Sigo igual de guapo.Vi que Valerie ya había terminado de cambiarse y venía hacia nosotros. Le sonreí a Alan y le dije:—Anda. Vete de cita con Valeri
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