All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 1111
- Chapter 1120
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Capítulo 1111
En cuanto Mateo terminó de hablar, Alan se rio a carcajadas, sin piedad—Hablas como si tú no fueras el que más se complica la vida. Si alguien piensa demasiado, ese eres tú.Mateo suspiró y contestó con calma:—Precisamente por pensar tanto, estuve a punto de perder a la persona que más amo.Mientras lo decía, me estrechó un poco más contra su pecho. Luego, mirando a Alan, añadió con seriedad:—Ya que sabes exactamente qué tipo de felicidad quieres, agárrala fuerte. No la sueltes. No cometas los mismos errores que yo...Alan sonrió con esa mezcla de descaro y ternura que lo caracteriza.—Je, je. Yo no soy como tú. Yo me lo tomo con calma. Si ella me ama, la voy a cuidar toda la vida. Si no me ama, voy a saber superarla. No me voy a torturar. Además, tengo algo claro: soy el mejor, y ningún otro hombre puede hacerla más feliz que yo. Así que no pienso dejarla ir.Mateo apretó los labios y murmuró:—Esa forma de pensar es buena. Si hubiera tenido tu mentalidad, Aurora y yo no habríamos
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Capítulo 1112
Seguramente estaba pensando en la enfermedad de Embi.Me acerqué, le tomé la mano y le susurré:—No te preocupes. Todavía tenemos unos años para encontrar la forma de salvar a Embi.En realidad, yo también estaba ansiosa y asustada.Cada vez que pensaba en la enfermedad de Embi, sentía como si una gran piedra me aplastara el corazón.Pero ¿qué podíamos hacer?No podíamos permitir que ambos perdiéramos la esperanza.Mateo me rodeó la cintura y escondió la cara en mi pecho.Permaneció en silencio un buen rato antes de murmurar:—Pase lo que pase, voy a curar la enfermedad de Embi.Apreté los labios y miré a nuestra hija dormida.Estaba de lado, abrazando un gatito de peluche, con sus bracitos gorditos y blancos, tan adorable.Los rasgos de Embi eran iguales a los de Mateo.Pero era curioso: en su cara esos rasgos se veían serios, con un aire triste; en la de Embi parecían de muñeca, como de caricatura, tan tiernos que daban ganas de llenarla de besos.Pensé que de niño Mateo también debí
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Capítulo 1113
—Pero luego... le diste toda tu atención a Michael; ni siquiera me hablabas. Hasta dijiste que yo era basura —murmuró Mateo, con la vista perdida.Le cubrí la boca de inmediato.—Ya sabes que no recordaba nada.Este hombre de verdad sabe guardar rencor.Una vez le dije "basura", y parece que lo va a recordar toda la vida.—Entonces haz lo mismo —le propuse, riéndome—. Llámame basura tú también, y quedamos a mano.Mateo me abrazó con fuerza y sonrió.—Boba... ¿cómo podría decirte eso?Luego se le escapó una sonrisa, un poco irónica.—Cuando volvimos a encontrarnos, solo pensé en no dejarte escapar otra vez. Me sentí afortunado: el destino me permitió verte antes de que Javier regresara. Pero entonces apareció Michael y, aunque sabía que sus intenciones contigo no eran puras, no podía hacer nada, porque tú me odiabas. Hasta que, en esa reunión de exalumnos, mi deseo de tenerte solo para mí me nubló por completo. Y sí, la felicidad que tengo ahora... la conseguí con medios sucios. Por eso
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Capítulo 1114
Medio dormida, abrí los ojos y lo primero que vi fue la sonrisa tierna de Embi.—¡Mami, ya despertaste!Bostecé y me senté.A mi lado estaba Luki.—¿Eh? ¿No fueron a la escuela hoy?—Mami, sigues dormida —dijo Luki con cara seria—. Hoy es sábado, no hay clases.Ah, cierto.Volteé y noté que Mateo ya no estaba; ese lado de la cama llevaba rato sin calor.—Mami... —Embi se trepó encima de mí y me abrazó con emoción—. Papi dijo que hoy nos va a llevar a pasear.—Perfecto —le contesté, riéndome.La verdad, hacía tiempo que no salíamos los cuatro a pasarla bien.La última vez, Mateo y yo todavía no nos reconciliábamos y el ambiente estuvo tenso.Pero ahora era distinto.Ahora, salir en familia se sentía tan ameno.Mateo conducía, mientras yo iba atrás con los niños.En el auto sonaba música alegre.De vez en cuando, los dos nos contaban cosas del colegio.Embi dijo que hizo dos amigas nuevas y que quiere invitarlas a la casa la próxima vez.Luki, en cambio, se quejó de que los juegos del kí
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Capítulo 1115
Lo más impresionante era que Mateo llevaba una mochila en la espalda, con los dos termos de los niños llenos de agua, y aun así no se le notaba el cansancio.Estaba radiante, con energía de sobra.Casi daban las cinco cuando ya no podía más.Me senté en un banco y no quise moverme.Mateo venía de terminar una vuelta en la montaña rusa infantil con los dos pequeños.Los tres caminaban hacia mí tomados de la mano, con la luz del atardecer detrás.El sol los envolvía en un resplandor dorado y, por un momento, sentí que esa era la imagen perfecta de la felicidad que siempre había querido: una familia unida, sencilla, completa.Mateo llegó, sacó los termos de la mochila, los abrió y se los dio a los niños.Mientras Embi y Luki bebían, me abrazó y se rio:—¿Qué pasa? —preguntó, riéndose—. ¿Ya te cansaste?La verdad, sí.Estaba agotada... más que después de hacer "eso".Al menos en la cama una puede estar recostada.—Un poco —murmuré—. No te preocupes por mí, sigue jugando con ellos.—No hace
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Capítulo 1116
Sus besos bajaban despacio por mi cuello, tibios y constantes, hasta mis clavículas y, de ahí, a mi pecho.No tuve tiempo de reaccionar; a duras penas alcancé a balbucear:—Si... si te queda energía, entonces... entonces ven...Mateo se rio y se inclinó sobre mí.En sus ojos muy negros brillaba una mezcla de deseo y picardía, con una sonrisa traviesa, casi peligrosa.—Contigo —murmuró—, nunca se me acaba la energía.¿Pero qué clase de frase era esa?Sentí que la cara se me encendía; miré a otro lado, incapaz de sostener la suya.Él volvió a reírse, con ternura.—¿Tímida otra vez? Mi esposa es muy tímida.Dicho eso, me besó.Al principio su beso fue suave, pero tenía el efecto de un vino fuerte: embriagador, irresistible.La temperatura de la habitación subía poco a poco; la luz amarilla de la lámpara de mesa caía sobre nuestras siluetas como un velo cálido y difuso.El aire se llenó de una fragancia densa, sensual, de deseo.Afuera el viento soplaba y azotaba las ramas secas contra la
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Capítulo 1117
Carlos, visiblemente molesto, se quedó tenso.Pero Camila ni se inmutó.Seguía sonriendo con una amabilidad tan exagerada que daba mala espina.Como dice el dicho: "Si alguien actúa extraño, no es buena señal".Y conociendo a Camila, estaba segura de que tramaba algo.La miré con atención, con esa alerta que siempre me provocaba.No me asustaba ella, sino sus métodos: retorcidos, silenciosos, imposibles de prever.Cuando caías en una de sus trampas, el daño era inevitable.Por eso, cada vez que la tenía cerca, tenía un muy mal presentimiento.Mateo me dijo que ya tenía a alguien investigando lo que pasó, pero hasta ahora no sabía cómo iba la cosa.Lo único claro era que, mientras Camila siguiera libre, yo no iba a sentirme tranquila.—Je, je, Aurora, ¿qué pasa? ¿Por qué me miras así? —preguntó de repente Camila con esa sonrisa tan amable como falsa.Aunque fingiera dulzura, la maldad seguía brillando en sus ojos.Carlos me miró también.No sé si era mi imaginación, pero su mirada se ve
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Capítulo 1118
Camila dejó de reírse y luego volteó hacia Valerie con su sonrisa falsa perfecta:—Últimamente te has vuelto muy popular. Dicen que en la fiesta de clausura va a haber un gran encuentro con fans y que la mayoría va a ir solo por ti. Parece que esta vez la actriz secundaria eclipsó a la protagonista. Felicidades, Valerie, pronto vas a ser una estrella.Valerie se molestó y contestó, seria:—Gracias por las felicitaciones. Adiós.Dicho esto, me tomó del brazo y salimos del centro comercial.En cuanto cruzamos la puerta, Valerie se estremeció y se frotó los brazos.—Aurorita, ¿no te pareció que esa mujer estaba extraña? Uf... me dio escalofríos. Estaba como... no sé, como una loca.—¿Hasta ahora te diste cuenta? —le contesté, riéndome—. Desde hace tiempo noto que no anda bien de la cabeza.—Ay, qué miedo... mejor mantengámonos lejos de ella.Dijo eso mientras me jalaba hacia el estacionamiento.Pero sus palabras me pusieron a pensar.La manera en que Camila habló, tan tranquila y medida,
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Capítulo 1119
Esperé más de diez minutos frente a la puerta hasta que, por fin, la manija del baño giró despacio.En cuanto Mateo salió, me lancé hacia él, lo abracé por el cuello y sonreí:—¡Amor, ya volviste!Se quedó quieto, sorprendido, mirándome con los ojos muy abiertos.—¿Qué pasa? —pregunté, inclinando la cabeza—. ¿Te asusté?Mateo se rio y me abrazó por la cintura.No sé por qué, pero últimamente su sonrisa me parecía cada vez más linda.Cuando sonreía, sus ojos se llenaban de cariño y yo me derretía.—¿Te desperté? —preguntó, acariciándome el cabello.—No —dije, dándole un beso rápido en los labios—. No estaba dormida, solo fingía.—Ay, amor... —murmuró, dándome un golpecito en la frente con el dedo—. ¿Otra vez quieres?—No. —Me reí y lo llevé hasta la cama—. Hoy salí de compras con Valerie y te elegí un regalo.Los ojos de Mateo se iluminaron, casi incrédulos.—¿Saliste de compras y pensaste en mí?Puse los ojos en blanco.—¿Qué insinúas? ¿Que soy desconsiderada o qué?Él se rio, y su mir
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Capítulo 1120
Volteé, lo abracé por la cintura y le sonreí con picardía.—No importa, al final mañana es el día de Valerie, con que Alan vaya es suficiente.Mateo asintió.—Eso mismo pienso yo —dijo—, así que yo voy a ver al cliente y él va a acompañar a Valerie a la fiesta de fin de rodaje.Dos segundos después, añadió:—Vamos a ver, voy a intentar pasar por ti.—Está bien.Me acurruqué en sus brazos, tranquila y calentita.Justo cuando estaba por dormirme, su voz grave sonó de repente sobre mi cabeza.—Hace cuatro años... eso quizá no sea fácil de investigar.Volteé y lo miré.Cuatro años atrás era una herida que ninguno de los dos quería tocar, por eso casi no hablábamos de eso.Que lo mencionara ahora me hizo pensar que en la investigación se habían topado con obstáculos.Mateo me pasó la mano por el pelo y dijo con voz seria:—Todas las cámaras de entonces quedaron dañadas, no se puede sacar nada. Y las dos personas que transportaban el órgano... desaparecieron como si se las hubiera tragado la
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