All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 891
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Capítulo 891
En ese momento, el deseo en su cara se desvaneció y fue reemplazado por pura ternura.Acarició la cabecita de Luki, miró con atención el modelo que había armado y hasta lo halagó con sinceridad.La verdad, esa escena era conmovedora.Supongo que a los dos niños también les gustaba ese ambiente.Sin embargo, con ese malentendido de por medio, para mí esa ternura y felicidad no eran más que algo pasajero.Mañana me mudaré a la casa de Carlos. Esta vez, debo descubrir el secreto de Camila y destapar todos sus crímenes.Mateo acompañó un rato a los niños y luego subió al segundo piso.Lo miré durante unos segundos y, al final, fui en silencio a la cocina.Bah, mejor le preparo algo sencillo; después de todo, él tiene problemas de estómago, y si se enferma será un lío.Doña Godines llevó a los niños a bañarse y a dormir a la hora de siempre.Cuando terminé de hacer unos huevos cocidos, la casa estaba muy silenciosa.Como Mateo no estaba en la habitación, llevé el plato de comida hasta el es
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Capítulo 892
De verdad este hombre… ni siquiera avisa cuando entra.Mateo se volteó a mirarme y, en el instante en que sus ojos se posaron en mí, su mirada se intensificó, rebosando deseo.Apreté la toalla contra mi cuerpo y dije sin emoción:—No sabía que entrarías, no fue mi intención estar sin ropa. No vayas a decir otra vez que te estoy provocando.Mateo suspiró y desvió la mirada hacia la ventana, haciendo de caballero que no parte un plato.“Ridículo” pensé, y fui al armario a buscar el pijama.Cuando salí del baño ya vestida, lo encontré bebiendo de mi vaso de agua.Su manzana de Adán se movía mientras tragaba, y ese sonido grave tenía un aire extraño que me provocó pensamientos indebidos.Recordando cómo me había rechazado últimamente, apreté los labios y borré esas imágenes de mi cabeza.No le presté atención y me recosté en la cama a mirar el celular.Él me miró, soltó el vaso y de la nada se acercó.De verdad, el ambiente era normal hasta ese momento, pero en cuanto vino hacia mí, todo s
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Capítulo 893
Lo sabía, este hombre estos días no ha hecho más que fingir ser correcto.Me llevé la mano a los labios y tosí un par de veces a propósito:—En vez de explicar, mejor demostrar. Ya que tienes tanta curiosidad, te voy a mostrar cómo. Vamos, vamos… quítate la ropa y acuéstate aquí.Diciendo eso, di unas palmadas en la cama y me moví a un lado para dejarle un espacio.Mateo se molestó y me miró con ojos extraños.Seguramente no se esperaba que yo me volviera tan atrevida.Es cierto, antes si él me provocaba de esa forma yo terminaba con la cara roja, deseando que me tragara la tierra.Pero después de haberlo provocado varias veces abiertamente, parece que me volví menos sensible.Mateo respiró hondo, me sostuvo la mirada un buen rato y, de la nada, dijo en voz baja:—La herida de anoche, muéstramela.Enseguida lo entendí: así que había venido a mi cuarto solo para ver dónde me había lastimado.Ja, después de empujarme con tanta fuerza, ¿de qué sirve la culpa ahora?Le respondí, con una so
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Capítulo 894
Luki habló con mucha seriedad.Yo lo miré sorprendida y luego volteé a ver a Embi.Embi asintió, confirmando que era verdad.Después, Luki se acercó a mi oído y susurró:—Papá también nos dijo que no te contáramos nada de esto, así que, mami, tú haz de cuenta que no sabes. Pero no te preocupes, yo y Embi siempre estaremos de tu lado. Los secretos que papá quiera que guardemos, se los contaremos a mami.Cuando oí eso, sentí algo muy tierno en el corazón y los abracé, dándoles besos por todos lados:—Ustedes sí que son mis buenos hijos.Durante el desayuno, Mateo no se veía nada bien.Los dos niños lo miraron de reojo y, acto seguido, cada uno tomó una de mis manos.Luki dijo:—Mami, no quiero que te vayas. Quédate solo un día afuera y regresa, ¿sí?Embi añadió:—Mejor regresa esta misma noche. Yo quiero dormir contigo.Saqué las manos para abrazarlos, lista para consolarlos.Pero entonces Mateo habló:—Si los dos niños no quieren que te vayas, ¿no podrías quedarte aquí tranquila en vez
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Capítulo 895
Aunque de los tres, solo la sonrisa de Carlos era sincera; la de Camila era más falsa que nunca.Apenas estacioné el auto, Carlos ya se acercaba.—Aurorita, por fin llegaste.Me abrió la puerta del auto, mirando hacia adentro.Cuando no vio a los niños, un destello de decepción pasó por su cara.—¿Por qué no trajiste a Embi y Luki? Yo les tengo unos regalos.En ese momento, Camila y mi padre también se acercaron.Cuando escucharon que Embi y Luki no habían venido, la cara de mi padre se puso seria y, con pesar, dijo:—Aurorita, ¿y mis dos nietos? ¿Por qué no los trajiste? Solo los vi una vez y ya pasaron tantos días. Los extraño mucho.Los ojos de Camila brillaron un instante, y con una sonrisa fingida dijo:—Ay, escuché que Luki y Embi ya están en el kínder. Hoy no es fin de semana, seguro ahora mismo están en la escuela. Cuando tengan vacaciones, podemos ir a buscarlos, será lo mismo.Mi padre asintió, aunque en su cara seguía reflejándose la decepción.Carlos sonrió:—Con que Aurori
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Capítulo 896
Cuando terminé de hablar, lo miré fijamente.Sin embargo, Carlos miró a otro lado y fingió cierta sorpresa:—Aurorita, ¿de qué hablas? ¿Por qué Camila mataría a la madre de Mateo? Después de todo, ella era como una mamá para Camila, siempre se llevaron muy bien. Por más que fuera, Camila nunca le habría hecho daño.Por instinto, apreté la grabadora oculta en mi bolsillo, mirándolo con seriedad.Al parecer, mi repentina decisión de mudarme aquí ya había despertado las sospechas de Camila.Mírenlo, hasta Carlos hablaba ahora con cautela.Con sentimientos encontrados, él me miró y extendió la mano:—Vamos, Aurorita, entremos.Aparté su mano con asco y entré en la casa.Mi padre ya me había servido la comida, y casi con un aire de súplica me tomó de la mano para sentarme a su lado.Enfrente estaban Carlos y Camila.Carlos, también en un intento de complacerme, me sirvió algo de comida y sonrió:—Aurorita, ya que viniste esta vez, quédate aquí unos días más. Hace mucho que no nos reunimos c
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Capítulo 897
Carlos corrió a sostener a Camila, que gritaba de dolor.La ropa de Camila estaba empapada de sopa, las manos enrojecidas por las quemaduras y en el cuello tenía varias marcas rojas.Lástima que no le cayó nada a esa máscara que llama cara.—¿Estás bien, Camila? —preguntó Carlos con urgencia, lanzándome después una mirada colérica.Lo miré con desprecio y me burlé:—Si no hubieras fingido amabilidad dándome la sopa, nada de esto habría pasado. Así que, Carlos, la próxima vez ten cuidado, tu falsa bondad me da náuseas.Los labios de Carlos se apretaron. Contuvo la rabia durante unos segundos, pero no dijo nada.Camila, en cambio, me miró con odio, como si quisiera hacerme pedazos.Carlos la abrazó con ternura y dijo:—Siéntate un momento, iré por el botiquín.Entonces, mi padre me reprendió:—Mira lo que hiciste, arruinaste una comida tranquila. ¿No puedes comer en paz? Siempre tienes que decir cosas que incomoden a todos. ¿Acaso todos te tratamos tan mal? ¿Por qué siempre tienes que bu
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Capítulo 898
—De verdad, yo tampoco quiero seguir atrapada en el dolor del pasado. Pero, ¿saben lo difícil que fue mi vida estos cuatro años? Varias veces estuve al borde de la muerte.Apenas terminé de hablar, mi padre y Carlos me miraron con compasión.Mi padre incluso me abrazó y dijo:—Ya pasó, todo quedó atrás. Tu hermano y yo siempre estuvimos contigo.Al lado, Carlos asintió, con los ojos enrojecidos.Los miré y, por dentro, solo sentí una profunda ironía.Ese abrazo que alguna vez fue reconfortante, ahora me resultaba repulsivo.Lo aparté suavemente, me limpié las lágrimas y, con la voz llena de tristeza, dije:—De verdad no pido mucho. Solo quiero una disculpa. Entiendo que no acusen a Camila frente a Mateo, pero ¿quién podría soportar una injusticia así? Me dejaron cargar con toda la culpa sola. Cuatro años pasé, en un mundo de puro dolor y odio. Padre, hermano… yo solo quiero una disculpa, una explicación. ¿Ni siquiera eso pueden darme?Carlos ya estaba llorando.Mi padre también se veía
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Capítulo 899
Camila casi se volvió loca de la rabia y gritó:—¡Ustedes sí son una familia, yo soy la que sobra aquí!Dicho esto, salió corriendo del cuarto, llena de furia.Carlos, desesperado, fue detrás de ella de inmediato.Lo miré irse y me reí con sarcasmo:—En serio, Carlos, me da curiosidad… después de cuatro años, ¿por qué aún no lograste casarte con ella?Él se detuvo de golpe.Su espalda quedó rígida, y apretó lentamente su mano.Me burlé:—Es porque ella no te ama y no quiere casarse contigo, ¿cierto?Carlos guardó silencio unos segundos antes de responder, con tristeza:—Aurorita, ¿por qué siempre tienes que clavar el cuchillo directo en el corazón de la gente?—¿Ah, sí? Pero no hice más que pagarte con la misma moneda.Carlos no respondió nada más y salió rápido.Mi padre me tomó del brazo y, con una voz cariñosa, trató de persuadirme:—Aurorita, no es por criticarte, pero ¿por qué humillarla así tan descaradamente? Después de todo, ella es la mujer de tu hermano…—¡Lárgate, tú también
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Capítulo 900
Para ser exactos, lo que escuchaba era la voz de Carlos intentando calmar a Camila.Hablaba en voz baja, suplicando, mientras que Camila respondía, seca, siempre con ese aire de superioridad.Al poco tiempo empezaron a discutir de nuevo.Me incorporé de golpe en la cama, apoyándome en el colchón, atenta a cada palabra.Esperaba que mencionaran lo de hace cuatro años, que esta vez pudiera obtener alguna prueba.Pero después de un largo rato de discusión, ninguno lo mencionó.Me molesté mucho.¿Acaso Camila podía ser tan astuta, que ni siquiera en su propio dormitorio bajaba la guardia?Y Carlos, por su parte, estaba tan arrastrado que incluso peleando seguía obedeciéndole, sin atreverse a hablar del pasado.—¿Es que de verdad no me amas? —preguntó de la nada Carlos en voz baja, consciente de que se estaba humillando a sí mismo.Hubo una pausa, y luego Camila respondió, llorando:—Yo te lo di todo, ¿cómo podría no amarte? Carlos, ¿por qué siempre dudas de mí? ¿Qué tengo que hacer para qu
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