All Chapters of El Precio del Desprecio: Dulce Venganza: Chapter 81
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Capítulo 81
Cuando Valentina salió del baño, él ya no estaba, probablemente se había ido a la fiesta de Luciana. Ella curvó sus labios con ironía.Entonces, sonó su teléfono, era Catalina.Contestó. —Valentina, hoy Luciana invitó a algunos amigos a la casa, ¿por qué no vienes?¿Por qué estaba siendo tan amable?—Está bien, ya mismo voy para allá —respondió.Al enterarse, Camila acudió a su encuentro: —Valentina, creo que ella trama algo. Ahora que esa bestia de tu padrastro está libre, ¿estás segura de que quieres ir a esa casa?El rostro de Valentina lucía sereno: —Quiero confirmar algo.Su amiga, preocupada, decidió acompañarla.Al llegar, vieron que la casa ya estaba animada, los invitados habían llegado: entre ellos, Joaquín y los otros jóvenes ricos del círculo de amigos de Mateo.Al verla llegar, Joaquín expresó su disgusto: —¿Quién te invitó?Luciana sonrió: —Yo la invité.—¿Para qué? No queremos jugar con ella. —Estaba rechazando su presencia abiertamente.Pero ella no se molestó. Pestañe
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Capítulo 82
Y se dio la vuelta para irse.—¡Espera! —Joaquín lo llamó.Él se detuvo.Joaquín miró a Valentina y la acusó, furioso: —¿Qué clase de persona eres? ¡Es tu padre y te niegas a reconocerlo!Los otros jóvenes, uniéndose a su disgusto, la odiaron mucho más: —Ya es bastante malo que tengas orígenes humildes, pero ahora resulta que también eres egoísta y despiadada. ¡Desprecias a los pobres y adulas a los ricos!—¿Cómo pudo el señor Figueroa casarse contigo? ¡Eres una mancha en su nombre!Todos la acusaban.Luciana, sonreía satisfecha.Camila quiso hablar, pero Valentina la detuvo con un gesto.Catalina se acercó y la miró con falsa bondad: —Hija, esto está mal. Gonzalo dedicó su vida a tu cuidado. Deberías llevarlo a tu casa ahora mismo.Ella y Luciana sabían que Valentina jamás revelaría las atrocidades que había hecho Gonzalo. La mayoría de las chicas eligen callar cuando son agredidas, prefieren tragarse el dolor en silencio. Y ella no era la excepción. Este era el plan venenoso que hab
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Capítulo 83
El hombre se marchó. Luciana, del brazo de Catalina, preguntó: —Mamá, ¿qué secreto tendrá para creer que puede chantajearla?Catalina sonrió: —No necesitamos preocuparnos por eso. Solo debes saber que ella no es rival para ti. Terminará siendo el juguete de Gonzalo.Luciana sonrió con malicia. En su opinión, una campesina como ella, solo merecía a alguien como Gonzalo, ¿con qué derecho ocupaba el puesto de señora Figueroa?—Mamá, eres la mejor. —Elogió.Los ojos de Catalina brillaron: —Tu padre no ha vuelto a casa en varios días. Llámalo y pídele que regrese, a ti sí te escucha.Su esposo siempre la trataba a su hija como una princesa, nunca le negaba nada.Ella asintió: —Sí, mamá, lo llamaré ahora mismo, te aseguro que volverá.Sacó su teléfono .Catalina se sintió aliviada. Sin Valentina en su camino, sería muy feliz.[...]En el Grupo Figueroa.En la oficina presidencial del Grupo Figueroa; Mateo descansaba en su amplio sillón de cuero negro. Hoy tenía un visitante, su buen amigo Lu
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Capítulo 84
Él se recordaba que, cuando Luciana recién había regresado al país, se había fijado en un bolso de Chanel. Le pidió a Fernando que lo comprara, y cuando él se lo llevó a Altabruma, ella lo vio.Ella miraba el bolso con alegría y con los ojos llenos de emoción le sonrió:—Este bolso es muy bonito.Parecía que le había gustado mucho.—Le gustan los bolsos de Chanel. —comentó Mateo.Luis sonrió: —Eso es fácil de resolver. Gracias por el dato.Entonces, entró Joaquín:—Así que, aquí están.Luis lo miró:—Joaquín, ¿no habías ido a visitar a los Méndez?—Sí y me encontré con Valentina y su padre adoptivo. Y ¡no van a creer lo que pasó! Valentina odia a su padre adoptivo, ni siquiera lo reconoce. —Les contó todo lo que había pasado en casa de los Méndez.— Luis, qué vergüenza que te hayas fijado en una mujer, ella no te merece. Ahora que has visto su verdadera cara, deberías darte cuenta; solo es una mujer superficial que odia a los pobres y adora el dinero.Luis frunció el ceño y miró a Mate
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Capítulo 85
Valentina guardó la foto en la caja:—Abuela, es solo una foto de cuando era pequeña. Salí muy fea, no puedo mostrártela.Dolores retiró la mano, sonriendo:—¿Cuándo ha sido fea mi Valentina?—Eso es imposible —afirmó el mayordomo Fausto.Ambos eran muy cariñosos con ella. Bajó la mirada y tomó un sorbo del té.Luego, se volvió a escuchar la voz de la empleada:—Señorito.Ella levantó la vista. Mateo había vuelto a casa.—¿Llegaste? —Sonrió Dolores.Mateo se quitó el saco del traje y se lo entregó a la empleada, luego entró a la sala con paso elegante.Para entonces, Valentina ya había notado algo extraño en el sabor del té:—Abuela, ¿qué le pusiste a esto? Sabe diferente.—Querida, ¿lo notaste? Le mandé agregar hierbas para la fertilidad.¿Fertilidad?Miró el té con resignación.Ella y Mateo ni siquiera habían consumado el matrimonio, así que no importaba cuántas hierbas tomara, no quedaría embarazada.—¡Abuela!La abuela tomó su mano:—Ya es momento de que tengan hijos. Yo ya estoy v
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Capítulo 86
—No pierdas el tiempo hablando. Esta noche, personalmente, me traerás los cien millones o mañana tus fotos inundarán toda Nueva Celestia. ¡Te estaré esperando! —Dijo, colgando la llamada.Mientras sostenía el teléfono, escuchó la voz de Mateo detrás de ella:—¿Estabas hablando con tu padre adoptivo?Ella se dio la vuelta. ¿Había escuchado algo?La mirada de él se posó sobre la caja que tenía en las manos. Su alta figura proyectaba una sombra sobre ella:—La abuela dijo que él te envió una foto. ¿Qué es?Ella lo miró. ¿Podría contarle sobre su padre adoptivo? ¿Cómo reaccionaría si se lo dijera?Ella comenzó a hablar:—Esa foto es...Antes de que pudiera terminar, el teléfono sonó otra vez. Esta vez era Luis.Ella contestó. —Valentina, ven rápido, te preparé un regalo. —Dijo, emocionado.Ella arrugó la cara:—Luis, ahora no puedo...—Vamos, por favor. Estoy afuera. Si no sales, voy a entrar.Ella cedió:—Está bien, ya salgo.Mateo la miró:—¿Era Luis?Asintió.—Sí, voy a salir un moment
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Capítulo 87
Desde el balcón, lo había visto todo: vio a su amigo ofreciéndole el bolso de edición limitada y a ella rechazándolo.—¿Fuiste tú quien le dijo que me gustaban los bolsos?Él arqueó una ceja:—¿No es así? Recuerdo que te gustaban.Valentina curvó sus labios en una sonrisa suave:—No me gustan. Prefiero cosas más caras, como collares con diamantes. La próxima vez, dile que me regale uno de esos.El humor de Mateo se ensombreció, dio por terminada la conversación sobre el bolso.—¿Qué foto te envió Gonzalo? —Preguntó.Aunque antes había pensado en contarle sobre la foto y Gonzalo, había cambiado de opinión:—Solo una foto de cuando era pequeña. Él la tomó.Mateo quiso indagar más:—Tu padre adoptivo...Ella lo interrumpió:—Señor Figueroa, ¿no tiene nada mejor que hacer? Si tiene tanto tiempo libre, ¿por qué no investiga cómo tener hijos?Mateo recordó el comentario sobre su "falta de energía" y su expresión se tornó fría:—¡Cómo tenga hijos, no es asunto tuyo, no te preocupes por eso!D
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Capítulo 88
Él no levantó la mirada:—Habla.—Hace diez años, Gonzalo fue encarcelado por abuso infantil y tentativa de violación.La punta del bolígrafo se detuvo bruscamente sobre el documento. Mateo levantó la cabeza, sorprendido, miró a Fernando:—¿La víctima fue Valentina?Asintió.—Sí, presidente. El padre adoptivo de la señora es un pervertido y una basura de persona.La cara de Mateo se retorció en una expresión sombría y amenazante. Había sospechado que Valentina le ocultaba algo, pero nunca imaginó que fuera algo de esa magnitud.En ese instante sonó un teléfono. Era una llamada de un número desconocido.Mateo contestó y escuchó la voz angustiada de Camila:—¡Señor Figueroa, algo le pasó a Valentina!Mateo agarró el teléfono con fuerza:—¿Qué le pasó?—¡Valentina fue al club nocturno con un cheque para ver a la bestia esa de su padre adoptivo! La seguí porque estaba preocupada, pero cuando entré, ella ya no estaba. ¡Ese monstruo se la llevó!¿Qué?Mateo salió corriendo del estudio y abri
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Capítulo 89
Gonzalo conducía una van blanca a toda velocidad por la autopista, mirando a través del retrovisor a Valentina, quien yacía inconsciente en el asiento trasero.Sus ojos recorrían lascivamente sus curvas, estaba deseando poder tomarla allí mismo.Sin embargo, por precaución, necesitaba llevarla lejos de allí. Una vez que llegaran a un lugar donde nadie los conociera, no podría escapar.Y podría hacer con ella lo que quisiera.Solo pensar en eso hacía que su sangre hirviera.Mientras pensaba en eso, los autos delante se detuvieron y tuvo que frenar bruscamente.¿Qué sucedía?Había trancon.Los conductores cercanos asomaban sus cabezas.—¿Qué pasa? ¿Hubo un accidente?—No es un accidente, han bloqueado las carreteras. Están revisando todos los autos.¿Bloqueo de carreteras?Gonzalo palideció, presintiendo lo peor.—¿Quién tiene tanto poder para cerrar toda Nueva Celestia?—Dicen que es Mateo, el presidente del grupo Figueroa. Ya sabes, el hombre más rico de Nueva Celestia. Este es su terr
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Capítulo 90
Entonces, Gonzalo usó toda su fuerza y, con un tirón violento, rasgó el cuello de la blusa de Valentina.La mente de ella retrocedió a años atrás, cuando en una cueva similar, él la había sometido. Su olor repugnante la sofocaba mientras la desesperación y el miedo la ahogaban. La pequeña de aquel entonces sentía que iba a morir. En ese entonces, solo podía pensar en el hombre que había salvado, preguntándose por qué no venía a ayudarla.Ahora, sintiendo el peso de Gonzalo sobre ella, cerró los ojos con tristeza. Se dio cuenta de que, años después, en una situación similar, seguía esperando que Mateo viniera a rescatarla.Aunque los años habían pasado, una parte de ella seguía siendo aquella niña que anhelaba algo de su protección.Pero sabía, en el fondo de su corazón, que él nunca vendría.Intentó alcanzar su cintura, pero una patada impactó contra Gonzalo, quien salió despedido al suelo, quitándose de encima de ella.Con un estruendo, Gonzalo fue a estrellarse contra la pared de la
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