All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 131
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Capítulo 131
Celia intentó con todas sus fuerzas liberar su mano, pero no pudo. Después de esfuerzos en vano, terminó por reírse con ironía.—César, ¿acaso no fuiste tú quien me pidió que mantuviera la distancia contigo para que nadie malinterpretara nuestra relación? ¿Qué pasa? ¿Incluso olvidaste tus propias palabras?César tragó saliva. Era cierto que le había dicho eso. Él pensó que a ella tampoco eso le importaba...Sin darse cuenta, la mano de César que sujetaba su muñeca se aflojó un poco.—Qué buena memoria tienes.—Sí, tengo buena memoria para algunas cosas. Tú ya las olvidaste, pero yo nunca podré.Celia se soltó de una vez con fuerza, insinuando algo con esas palabras.De hecho, lo había puesto a prueba numerosas veces, pero la respuesta de César siempre era el silencio. Ese período también había sido una verdadera pesadilla para él. El olvido podía ser el mejor resultado…Con una sonrisa indiferente, Celia le sonrió.—Está bien que sigamos como antes, cada uno por su lado. En cuanto a lo
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Capítulo 132
Fabio estaba furioso. Juró que no iba a dejar tranquilo a quien había inventado esos chismes. Pero al ver que la cita sería en Villa Serenidad, quedó pensativo.Rosa le quitó el celular para revisar también el mensaje.—¿Villa Serenidad? Es la casa de… —Al instante se sorprendió Rosa.De golpe, la expresión de Fabio se ensombreció. —¡Voy a ver quién se atrevió a armar este lío!Rosa, que conocía bien el temperamento de su esposo, temía que le pasara algo malo, así que se apresuró a seguirlo.Tomaron un taxi y pronto llegaron a Villa Serenidad. Tan solo al bajar, recibieron otro mensaje: la persona los esperaba en la segunda planta de la cafetería junto a las tiendas afuera.Rosa y Fabio entraron a paso largo en la cafetería, subieron a la terraza y en la azotea al aire libre vieron a una joven madre con su pequeño hijo, los únicos clientes en la azotea. Rosa clavó la mirada en la mujer, intuyendo vagamente su identidad.Fabio se acercó y la interrogó:—¿Tú me enviaste el mensaje?—Exa
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Capítulo 133
En el instante en que Óscar se cayó de la azotea, tanto los transeúntes como los clientes de la cafetería se asustaron.—¡El niño...! ¡Un niño se cayó del segundo piso!Mientras los transeúntes llamaban a los servicios de emergencia y se acercaban estupefactos a revisar el estado del niño, Sira salió corriendo de la cafetería como una loca.—¡Mi hijo! —lo llamó histéricamente.Irrumpió enloquecida entre la multitud, abrazó a Óscar y lloró desconsolada.—Lo siento… mi hijo, no pude protegerte…Cuando Fabio y Rosa bajaron corriendo, Sira, con los ojos enrojecidos, los acusó enfurecida.—¡Son ellos! ¡Ellos tiraron a mi hijo de la azotea!Los transeúntes de inmediato los culparon.—¡Qué tipos tan malvados! ¡Incluso lastimaron a un niño de manera tan cruel!—¡Son unas completas bestias!Frente a la indignación de la gente alrededor, Fabio, exasperado, les gritó:—¡Qué disparate es ese! ¡Ella misma fue quien tiró al niño!—¡Exacto! Fue ella misma quien lo empujó. ¡Esto no tiene nada que ver
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Capítulo 134
Al recibir la terrible noticia, Celia se dirigió directo a la morgue del hospital. Al entrar, vio a Rosa, pálida, custodiando junto al refrigerador. Por más que los médicos intentaban persuadirla, se negaba a moverse.—Doctora Sánchez, es su familiar. Quizás usted pueda convencerla.Los médicos presentes miraron a Celia con compasión.Después de que los médicos se fueran, Celia caminó paso a paso hacia el refrigerador. Al ver al hombre de mediana edad que estaba adentro, quien tenía ese rostro tan familiar que le provocaba amor y odio a la vez, apenas pudo contenerse.Había visto miles de muertos antes. En el hospital, cada día morían muchas personas por enfermedades, accidentes o porque los esfuerzos de reanimación fallaban. Pero ver a un familiar muerto ante sus ojos era una experiencia y un impacto completamente diferentes.El corazón de Celia palpitaba de forma agitada. Tenía que inhalar profundo para calmarse, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.—Mamá, ¿qué ocurrió? Es
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Capítulo 135
Después de completar los respectivos trámites funerarios de Fabio, Celia quiso acompañar a Rosa a casa. Al pie del hospital, se encontró con Alfredo, quien bajó del auto y se acercó a ellas con un semblante grave.—Me enteré de lo que pasó.Celia quedó aturdida por unos minutos, sin poder pronunciar ninguna palabra. Alfredo se inclinó hacia Rosa y la consoló con suavidad.—Señora, el señor Sánchez descansará en paz.Rosa agradeció mecánicamente. Su mirada era vacía, sin vida, como si solo le quedara un cuerpo vacío sin corazón.—Alfredo —Celia habló con voz ronca—, ahora necesito llevar a mi mamá a casa.—Con el estado en que estás, no me siento tranquilo si las dejo solas. Las llevo de vuelta a casa. —Se ofreció Alfredo.Celia lo miró y aceptó su oferta.—Gracias.Alfredo las llevó a casa en auto. Sin querer, una vecina de Rosa, al ver la escena y sin conocer la desgracia recién sucedida, pensó que Alfredo era el esposo de Celia y le gritó a Rosa:—¡Ay, Rosa! ¿Vino a verte tu yerno?A
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Capítulo 136
Tal vez porque se sintió humillada, Mara ya no mantuvo la fachada y mostró sus verdaderas intenciones. —Soy tu mayor, ¿con qué derecho me cuestionas de esa manera? ¿Y qué si es la verdad? Yo lo parí, ¡y podía hacer con él lo que me diera la gana! ¡Hoy tienen que darme todo lo que le pertenecía a mi hijo de todos modos!Sin dudarlo, Celia le dio una cachetada a la anciana despreciable. El golpe fue tan repentino que casi nadie logró reaccionar.—¡Celia! ¿¡Estás loca o qué!? —La fulminó Paco.—Sí, estoy loca.Dicho esto, Celia sacó un cuchillo de cocina y se lo apuntó sonriendo.—El que se atreva a acercarse, ¡lo apuñalo!Paco palideció por el miedo.—Celia, podemos hablar del tema con calma. No es para tanto, ¿cierto?—¿Le tienes miedo a una miserable mocosa? —Ada no creía en amenazas—. ¿Acaso se atrevería a apuñalarme?—Tía Ada, ¿se ha olvidado de mi profesión? —Celia sonrió con un aura siniestra, jugueteando con el cuchillo con destreza—. Soy doctora. Puedo asegurarme de que experime
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Capítulo 137
Al haber un extraño presente, Rosa se secó las lágrimas y se levantó lentamente.—Alfredo, mil gracias por su asistencia —lo saludó con cortesía.Durante esos tres días, Alfredo las había ayudado en todos los arreglos funerarios de Fabio, por lo que Rosa tenía una buena impresión de él. Alfredo se inclinó con un gesto caballeroso.—Temía que necesitaran ayuda.Rosa sonrió con amargura.—Ya no nos queda mucho que hacer. Tras enterrarlo, todo terminará. No hace falta ninguna ceremonia solemne.Después de todo, su esposo, en el más allá, tampoco querría ver de nuevo la escena de minutos atrás…Rosa enterró las cenizas de Fabio en el cementerio público en presencia de solo cuatro personas: Celia, Alfredo, su chofer y ella misma. Así se dio por terminado el funeral.***En la casona de la familia Herrera, César miraba distraído la pantalla de su celular: Celia llevaba tres días enteros sin regresar a casa, ni siquiera le había hecho una llamada ni le había enviado un mensaje de texto.—¡Cés
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Capítulo 138
Al ver el intenso odio en sus ojos, César sintió un nudo en su pecho que le bloqueaba casi todo el aire, causándole una opresión difícil de sobrellevar. Luego de unos minutos de silencio, la fuerza con la que sujetaba su muñeca finalmente se aflojó.—Lo siento mucho. No sabía que la ambulancia llegaría tarde.Resultaba que el señor César Herrera, siempre tan altivo, también sabía cómo explicar sus acciones y disculparse… Pero ya era demasiado tarde.Los ojos de Celia estaban aterradoramente rojos. Un sabor salado y metálico le subió a la garganta. Sonrió con sarcasmo.—Pacientes con dolor torácico y apoplejía tienen prioridad en la reanimación. ¿Cómo es posible que no lo supieras? ¿Un niño que se cayó de la azotea, de poco más de dos metros de altura, no podía esperar unos minutos más la ambulancia? ¿Tenía que competir con un paciente de infarto? ¡Esos minutos eran el tiempo de rescate dorado para mi padre! ¡Y ustedes se lo arrebataron!Todo su cuerpo temblaba de forma descontrolada. E
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Capítulo 139
El abogado envió el acuerdo de divorcio a la oficina de César como documento urgente, dirigido a César Herrera. Al ver que era un documento urgente y confidencial, además dirigido a César, el personal de recepción lo dirigió a Nicole.Nicole recibió el documento y, cuando vio la dirección de remitente de un bufete jurídico del distrito sur, sintió cierta confusión. Pero, pensando que los documentos confidenciales urgentes por lo general involucraban contenido solo para los ojos del destinatario, contuvo su curiosidad. Llevó el documento a la oficina y le informó a César con cortesía.—Jefe, es un documento para usted. Proviene del bufete jurídico del distrito sur.César estaba absorto revisando un contrato. Al oírla, alzó la mirada y extendió la mano para recibir el documento que Nicole le entregaba. Justo al abrirlo, su celular sonó. Enseguida desvió la mirada hacia la pantalla para ver quién llamaba. Cuando vio que era una llamada de la clínica, lo tomó y contestó. No se supo qué le
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Capítulo 140
Alfredo siguió atento su mirada y, al voltearse se encontró naturalmente con la sombría mirada de César.Entre hombres existe una especie de "comprensión mutua" que no necesita palabras, aunque esta comprensión en especial no provenga con agrado. Alfredo sonrió de manera significativa.—Señor Herrera, ¿no está en el pabellón acompañando a su novia?César se detuvo justo frente a él, indiferente.—Entonces, señor Suárez, ¿cuánto cree que sabe sobre mí?—Tal vez, ¿un cincuenta por ciento? —Alfredo se le acercó un paso—. Al menos sé un poco más de lo que usted cree.—El proyecto de investigación clínica sobre el sueño médico es suyo, ¿cierto?La sonrisa de Alfredo se desapareció casi al instante.—Sí, ¿y qué?—Nada —César pasó junto a él, con una expresión intrigante—. Me pregunto cuánto de este "interés" suyo hacia ella está mezclado con intención de aprovechamiento.La mirada de Alfredo se tornó afilada ante esa situación. César se detuvo frente a Celia y le preguntó:—¿Ya te dieron de
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