All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 221
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Capítulo 221
Sira le envió a Celia esos mensajes de intimidación y fanfarronería. Aunque no recibió ninguna respuesta de la otra parte después de treinta minutos, ella se sintió bastante satisfecha. Al menos había logrado su objetivo. En ese momento, su celular sonó. Era una llamada de Sara. Contestó con fastidio.—Ya le dije que no me contactara a menos que fuera urgente…—¡Directora Núñez, me has metido en un gran problema! —La voz de Sara ya no tenía el respeto de antes, sino un tono de reproche—. Me dijiste que al señor Herrera no le importaría si me metía con los Sánchez, ¿no es así? ¿Y qué pasó? ¡Los Fernández ahora me han abandonado! ¡Quieren que mi esposo se divorcie de mí! ¡Definitivamente estaba loca cuando creí tus mentiras!—Señora Fernández, ¿qué quiere decir con eso?Sira, confundida, se tensó con un mal presentimiento.—¿Dónde estás ahora? —le preguntó a Sara, nerviosa.—¡¿Dónde cree que estoy?! ¡El señor Herrera me buscó ayer! Y, además, ¡ya estoy harta de esconderme por todas las p
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Capítulo 222
Era la primera vez que César le gritaba así. En sus ojos ya no quedaba rastro de la indulgencia de antes. Una enfermera, al escuchar el ruido, abrió la puerta. Al ver los fragmentos de porcelana en el suelo, les preguntó si estaban bien.—Solo fue un accidente —dijo César con tono plano—. Puede retirarse.Una vez que la enfermera se fue, César se volvió, pero ni siquiera miró a Sira.—Óscar es inocente. Cumpliré mi promesa de cuidarlo hasta que se recupere. En cuanto a ti, no me involucraré más en tus asuntos, y no volveré a verte. ¿Quieres ser mi esposa? Ni se te ocurra.Al terminar de hablar, salió de la habitación sin mirar atrás.—¡César!Sira bajó enseguida de la cama para perseguirlo, pero sus pies descalzos pisaron los fragmentos de vidrio. El dolor la hizo tambalearse y cayó al suelo. Sus manos, apoyadas en el suelo, se apretaron en puños. En sus ojos enrojecidos, se notaba un intenso odio: ¡ella había subestimado a Celia!***Mientras tanto, Celia esperaba ansiosamente en el a
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Capítulo 223
Samuel parpadeó, sorprendido, pero no le preguntó nada más. Encontró la solicitud de transferencia de Celia y se la entregó.Al ver la fecha, el corazón de César se dio un vuelco: ¡hacía tres meses!Con razón… En el pasado, a ella le había importado tanto el trabajo, pero en esos días, cuando él la amenazaba una y otra vez con su trabajo por el interés de Sira, siempre mostraba una actitud indiferente. Ella no se había ido por un simple enfado; había planeado su partida de la ciudad con esmero, porque era una decisión tomada desde hacía mucho tiempo…Sin darse cuenta, César arrugó la esquina del documento. Al alzar la mirada, acusó a Samuel:—¿Por qué no me informó sobre su solicitud de transferencia?Samuel, que acababa de volver en sí, le respondió:—La doctora Sánchez pidió confidencialidad respecto a su transferencia. Respeté su decisión. Además... —hizo una pausa breve y su tono se volvió más grave—, no estaba al tanto de la relación entre ustedes. Después de todo, ella enfrentó r
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Capítulo 224
Antonio y su amigo estaban sentados en un pabellón, inmersos en una partida de ajedrez. Antonio vestía un traje casual de seda de estilo holgado, con su cabello entrecano peinado con meticulosa precisión. Entre sus dedos, sostenía una cruz de olivo artesanal.Alejandro se acercó al pabellón y, al mismo tiempo, Antonio levantó la cabeza. Su mirada se posó en Celia, que estaba detrás de Alejandro. De inmediato, mostró una sonrisa radiante.—¡Celi! —la saludó Antonio.Ella le sonrió e hizo un gesto respetuoso para responderle.—Maestro.El hombre de mediana edad que jugaba contra Antonio también se volvió hacia ella.—Doctora Sánchez, nos volvemos a encontrar.—¿Señor Juárez?—Me alegra verte de nuevo. —Sonrió Rodolfo, mirando a Antonio—. No sabía que la doctora Sánchez era su alumna. Con razón tiene tanto talento a su edad...—Celi es muy talentosa. Es mi alumna favorita —dijo Antonio, abandonando su estrategia ofensiva para adoptar una defensiva—. No te decepcionó, ¿cierto?—Gracias al
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Capítulo 225
Al escucharlo, el hombre, Yael Lucero, pareció sorprendido ante sus palabras.—¿Crees que ella aguantó el desprecio y las humillaciones porque valoraba más el poder y el estatus? Si ese fuera el caso, ¿por qué habría necesitado aguantar todo esto? Tu abuela le mostró suficiente preferencia, ¿no? Especialmente, ya logró casarse contigo. ¿Para qué soportar todo eso? Tu conclusión no tiene sentido.César giró lentamente la base de su copa entre sus dedos, permaneciendo en silencio. Yael continuó:—Tantas mujeres querían casarse contigo, incluida Sira, pero no pudieron. No obstante, tu abuela puso sus ojos en Celia. Conoces lo perspicaz que es tu abuela. ¿Crees que no distinguió las intenciones de Celia? Sin embargo, aun así, permitió que se casara contigo. Eso indica que Celia no es una persona superficial.César apretó ligeramente los labios, pensativo. Durante todos esos años, su aversión hacia la familia Sánchez se debió principalmente a Fabio, porque este le había exigido beneficios r
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Capítulo 226
La enfermera señaló hacia la izquierda.—Está por allá —le respondió.—Gracias.Celia se dirigió a la oficina y llamó a la puerta. Tras obtener permiso, entró. Todas las oficinas allí eran para dos personas. Además de Pablo, también estaba allí otra doctora joven. Pablo miró a Celia, un tanto desconcertado.—¿Y usted…?—Buenos días. Soy Celia Sánchez, quien aprobó la entrevista con el subdirector la semana pasada. Aquí tiene mi currículum. A partir de ahora, seremos colegas —se presentó mientras le entregaba la carpeta a Pablo.Él la hojeó, con evidente sorpresa.—¿Era jefa de cirugía en su clínica anterior? Y tan joven y... bonita.La doctora joven también pareció impresionada. Celia les sonrió, sin decir nada. Luego, le preguntó a Pablo con cortesía:—Usted ha trabajado aquí más tiempo que yo. ¿Le parece bien si lo llamo Señor Ramírez? Además, ¿podría decirme dónde está mi oficina?Al ver que Celia le mostraba tanto respeto y reconocía su antigüedad en la clínica, Pablo quedó muy sat
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Capítulo 227
Celia parpadeó aturdida, luego volvió en sí. En su primer día de trabajo, ¿ya enfrentaba este tipo de problemas? Tomó aire antes de hablar.—No sabía que esta oficina la pagó usted. Además, si quiere que me vaya, por favor, asígneme otra oficina.El hombre se sentó, impasible.—Ese es su problema.Celia se rio de impotencia, también se sentó.—Es mi primer día. No conozco las reglas de esta clínica. No sé a dónde ir, ¡y ahora solo puedo quedarme aquí! —No cedió.Él alzó la mirada, estudiándola con interés. Tras un momento, cerró la carpeta y le preguntó:—¿Cómo se llama?—Celia Sánchez.Él hizo una pausa breve, desvió la mirada y tomó su celular para hacer una llamada. Poco después, un hombre con bata de médico entró sonriendo. Al ver a Celia, sus ojos mostraron admiración.—¡Madre mía! Hombre, ¿has escondido a una linda en tu oficina?Sin esperar una reacción, se acercó a Celia y le dio la mano con entusiasmo.—Hola, bonita. Soy su asistente y también médico supervisor, Dylan Romero.
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Capítulo 228
¿Solo porque César había visto esos mensajes que le había enviado a Celia? ¡¿Era necesario llegar tan lejos?! Al recordar algo, de inmediato llamó a Rocío. No obstante, esta vez, ella no contestó.Sira casi se volvió loca de la rabia. Después de considerarlo, se dio cuenta de que su única opción era ir a la casona de los Herrera. Después de todo, ¡su hijo todavía estaba allí!Tomó un taxi para llegar al destino e insistió en que los guardias le abrieran la puerta, diciendo que era la madre de Óscar. Como los guardias no conocían a Óscar y, pensando que era una intrusa, iban a echarla cuando Rocío apareció.—¡Rocío! —Sira la llamó con una sonrisa.Esperaba que Rocío, como siempre, la defendiera y la apoyara. Pero esta vez, la reacción de Rocío fue indiferente.—¿Por qué estás aquí? —preguntó.Sira se quedó desconcertada.—Rocío, ¿qué te pasa? Vine a ver a Óscar. Te llamé, ¿pero por qué no me contestaste?Si fuera en el pasado, Rocío la habría recibido con gran entusiasmo, considerándola
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Capítulo 229
¿Por qué fue ella…?César ya no sabía cómo describir lo que sentía en ese momento. Hacía seis años, debido a la decisión de Valeria, él había cargado una profunda culpabilidad hacia Sira; al mismo tiempo, ahora se había enterado de todo lo que ella le había hecho a Celia… El remordimiento se entrelazaba con el asco y el odio que brotaban al conocer la verdad, desgarrando su interior.Al principio, había estado decidido a hacer que Sira pagara el precio para poner fin a este capítulo de una vez por todas. Pero el resultado que acababa de obtener...Nicole, al ver su conflicto interno, murmuró para sus adentros:—En el pasado la favoreciste tanto... Ahora… mereces el castigo.César le lanzó una mirada de advertencia tras recuperar la compostura. Se dirigió al sofá y arrojó una carpeta sobre el escritorio.—Tenemos un proyecto en Rivale el próximo mes, ¿cierto? —preguntó.Nicole volvió en sí y asintió.—Sí, pero, usted lo canceló.Él giró la alianza de matrimonio en su dedo anular mientra
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Capítulo 230
—Creo que sí. Al fin y al cabo, ella lo quiere. —Dylan se encogió de hombros.En ese momento, Nicolás giró la cabeza hacia ellos. Su mirada pasó por encima de Dylan y luego se posó en la cara de Celia. Estrella siguió su mirada. Su sonrisa se desvaneció al instante, reemplazada por una expresión tensa.La mirada de Nicolás no se detuvo en ella durante mucho tiempo. Pronto la desvió con indiferencia. Dylan se le acercó con naturalidad y le puso una mano en el hombro, mientras le decía:—Nicolás, con esa cara de pocos amigos todos los días, ¿cómo vas a encontrar el amor? Mira a Estrella, ¡qué invitación tan sincera! ¡Al menos debes darle una reacción!Las mejillas de Estrella se sonrojaron al instante, demasiado avergonzada para mirarlo. Nicolás alzó la mirada.—Ya le di una respuesta: no tengo tiempo libre hoy.Dylan puso los ojos en blanco. ¡Este tipo ya era irremediable!Celia miró a Estrella. Ahora entendía por qué ese día ella la había llevado deliberadamente a la oficina de Nicolás
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