All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 381
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Capítulo 381
Celia lo miró con desconcierto, sin moverse. Marta, conteniendo su furia a regañadientes, le preguntó a César:—¿Y tú qué piensas?Él partió el pastelito con la mano y le respondió:—La familia Sánchez la crio. ¿Acaso quiere impedir que vaya a cuidar a su hermano y que la gente la critique por desagradecimiento?Marta arrugó el entrecejo.—¿No piensas en ti mismo?Los movimientos de sus dedos se detuvieron, y su mirada se posó en la cara de Celia.—Iré con ella.Celia no podía procesar lo que había escuchado.—¿Estás loco? —Marta palideció al instante—. Con tu estado de salud, ¿¡todavía quieres más complicaciones!?—No me voy a morir todavía. Además, quedarme en la habitación todo el tiempo es aburrido. Lo consideraré como unas vacaciones —respondió él con despreocupación, sin dar importancia a su propia condición.Marta enrojeció de ira y lanzó una mirada furiosa a Celia, pero ella la ignoró por completo.—No necesito que me acompañes —le dijo a César.—Es mi decisión. Si algo me sale
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Capítulo 382
Víctor, que se arreglaba la solapa, se detuvo en seco, y luego su cara mostró descontento.—¡Deja de soltar estas bobadas aburridas!Las emociones que Marta había reprimido durante más de diez años estallaron de su pecho en ese momento.—¿Bobadas? ¿No sabes si estoy soltando bobadas? Desde que nació César, ¡nunca me has mostrado el respeto que yo merezco como tu esposa! Si no fuera por mi familia, ¡ya me habrías echado a la calle!El pecho de Víctor se agitó violentamente y, en sus ojos, se veía un atisbo de ira. Se soltó de su agarre.—¿Qué edad tienes ya? ¿Todavía vas a hacer berrinches sin sentido?¿Qué edad tenía ella…? Al oír esto, los ojos de Marta se enrojecieron al instante. Se rio con amargura, entrecortada por los sollozos.—Sí, tienes razón. Me casé contigo a los veintiséis, di a luz a César a los veintiocho, ¡y ahora ya tengo cincuenta y ocho! He pasado la mitad de mi vida atrapada en la familia Herrera siendo tu esposa, cuidando a mi esposo y criando al hijo. ¡Mi hermosura
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Capítulo 383
Después de un tiempo sin regresar a la oficina, la jefa de enfermeras y las tres enfermeras de turno se mostraron sorprendidas al ver a Celia.—Doctora Sánchez, por fin ha regresado.Ella asintió y les preguntó sonriendo:—¿Está el doctor Gómez?—Ya salió con el doctor Romero —respondió una enfermera—. Pero la doctora Ruiz está en su oficina.Después de dar las gracias, Celia fue a la oficina a buscar a Estrella, quien estaba concentrada escribiendo una receta para un paciente y no se había percatado de su entrada. Celia tosió suavemente para llamar su atención. Al oír el ruido, Estrella alzó la vista. Primero se sorprendió, luego se recostó en el respaldo de su silla.—Vaya… ¡Por fin te dignas a volver!Celia se sintió algo avergonzada.—Es que no podía hacerlo, ya busqué la manera de volver lo antes posible.—¡Ya creía que no irías a divorciarte de tu futuro exesposo y que te ibas a despedir de Rivale!—¿Quién te dijo eso? —replicó Celia de inmediato—. No pienso irme de Rivale.Estre
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Capítulo 384
El corazón de Celia se agitó, invadida por una inquietud creciente. Y con manos algo temblorosas, marcó el número de Ana. Poco después, alguien contestó la llamada.—¿Celia?Era la voz de Ana… Su expresión tensa se relajó ligeramente.—¿No estás en casa?—Sí que estoy…En ese momento, Ana asomó la cabeza por la puerta de la casa de Nicolás. Al verla, Ana bajó el celular.—¿Has regresado a Rivale? —preguntó con sorpresa.Celia se sorprendió. En ese momento, Dylan también asomó la cabeza.—¿Celia? ¿Has de veras regresado? —también se sorprendió.Al ver que ambos estaban en el apartamento de Nicolás, Celia finalmente pudo suspirar aliviada. Dirigió su mirada a Ana y le explicó:—Pensé que te había pasado algo.Ana se le acercó y miró a Dylan.—Hace momentos, vinieron dos hombres sospechosos. No me fui con ellos. Por suerte, el doctor Gómez y el doctor Romero salieron de su habitación. El doctor Romero me invitó al apartamento del doctor Gómez para evitar posibles peligros.Dylan, apoyado
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Capítulo 385
¿Y acaso él es el único que puede enfadarse? —La voz de Celia se elevó—. En los pasados seis años, yo tuve muchas más quejas que él. ¿Acaso estoy destinada a esperarlo para siempre? ¿Y él puede enfadarse por solo haberme esperado un rato?El guardaespaldas enmudeció al instante. No entendía el estilo de esta pareja… Cuando ellos no hablaban, el mundo parecía en paz; pero cuando lo hacían, parecían dos bombas peligrosas. Le interesaba saber cómo Nicole lograba aguantarlos…César apretó un poco los dientes y luego le ordenó al guardaespaldas que recalentara la cena. Sin decir una palabra, el guardaespaldas se llevó los platos y se dirigió a la cocina.En la sala solo quedaron Celia y él, mirándose fijamente. Al verla tan seria, él sonrió con amargura mientras se masajeaba las sienes.—Es que antes… no tenía tanta hambre —intentó explicarlo.—No me importa incluso si mueres de hambre.Al ver su actitud tan indiferente, César soltó una risa repentina.—¿De qué te ríes?Él la miró directame
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Capítulo 386
Celia se quedó quieta, esperando a que él se acercara.—¿Por qué saliste del hotel?—No me sentía tranquilo dejándote salir sola.Al oír su respuesta, ella reaccionó.—¿Y cómo sabías que yo estaba aquí?Él no dijo nada, pero su mirada se posó en el celular de Celia. Ella lo entendió al instante: él le había instalado una aplicación de rastreo.—¿Qué compraste? —César tomó la bolsa.Ella la recuperó enseguida.—No es para ti.El movimiento de él se detuvo en seco y su mirada se clavó en la pequeña caja dentro de la bolsa.—¿Entonces para quién es?—Para mi hermano.—¿Y por qué él necesita que le regales algo?Ella evitó mirarlo.—Porque yo quiero hacerlo, ¿y qué?César sonrió, pero en sus ojos se veían rastros de pena.—Parece que yo nunca he recibido un regalo tuyo.—¿Estás seguro de eso?Él arrugó la frente, pensándolo.—Si nunca te hubiera dado un regalo, ¿por qué me dijiste que no me tomara más molestias en darte regalos?La primera vez que ella le dio un regalo fue en su primer ani
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Capítulo 387
César no había dormido bien en toda la noche. Por la mañana, bajo sus ojos se podían ver unas ojeras. Celia desayunaba con la cabeza baja, sin preguntarle nada, pero Víctor pareció notar su palidez.—¿No te sientes bien? —se preocupó.—Estoy bien —respondió él, pero su voz ya sonaba ronca.Víctor echó un vistazo a Celia, pero antes de que él pudiera hablar, ella se adelantó:—Hoy necesito regresar a la oficina.Tras un largo silencio, le dio el permiso después de pensarlo.—Ok.Celia inclinó la cabeza como un gesto de agradecimiento.—Gracias por su comprensión.—Yo te llevo a la clínica —se ofreció César.Ella iba a rechazarlo. Pero, en ese momento, Víctor, que cortaba con calma su filete, levantó la cabeza e intervino:—Si no estás tranquilo, haré que Jaime la lleve a su oficina.—Con nadie más estaría tranquilo.Celia le susurró a su lado:—¡No necesito que me acompañes!—Es que también iré a la clínica. Puedo llevarte allí de paso. —Insistió él.Sin otro remedio, ella suspiró y ced
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Capítulo 388
Carlos la miró. Ya estaba al borde del colapso.—¡Ya me enteré de todo! Papá y mamá murieron… ¡y tú no eres mi hermana de sangre! Mi hermana nunca me abandonaría… —Sollozó agitado.Celia se quedó pasmada por unos segundos. Al verlo retroceder otro paso, incluso sus manos comenzaron a temblar de susto.—¡Carlos! ¡Yo nunca te he abandonado! Sin importar quién sea yo, en mi corazón, tú siempre eres mi hermano. Hemos pasado veinte años juntos y crecimos juntos, ¿no? ¿Vas a negar nuestra relación?La expresión de él parecía aturdida y perdida.—Pero Sira me dijo que…Celia dio un paso adelante y lo interrumpió:—No sé qué te dijo, pero, ¿vas a confiar en sus palabras? Estuviste meses en coma ¡y ella era la culpable detrás de todo lo ocurrido a nuestros padres! ¡Lo recuerdo todo! ¡Recuerdo cada detalle de esos supuestos accidentes! ¡Haré que ella pague el precio!Carlos se quedó quieto, sin decir nada más. Aprovechando el momento, ella continuó acercándose.—¡Eres la única familia que me que
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Capítulo 389
—Carlos…Celia no esperaba esa fuerte reacción de Carlos. Iba a consolarlo, pero él le suplicó:—Celi, ¿puedes pedirle que se vaya? No quiero verlo…Preocupada de que sufriera otro shock, ella se levantó y se acercó a César.—Sal por ahora, por favor.Él no se movió. Miró a Carlos y le dijo:—Sé que me guardas rencor. Es cierto que soy responsable de las acciones de Sira. Pero te prometo que no la dejaré en paz.—No te creo.Él apartó la cara. Algunas cosas eran imposibles de borrar. Celia guardó silencio. Solo tomó a César del brazo y lo sacó al pasillo.—Él no quiere verte y tú lo estás molestando. Ya no puede soportar más estrés.La voz de César sonó ronca y apagada.—Tú y tu hermano me dijeron las mismas palabras… Aquella vez, ella también le había dicho que ella no le creía… Celia no entendía a qué se refería y tampoco quiso profundizar en eso. Solo desvió la mirada y le ordenó:—Vete.Sin embargo, él se le acercó aún más.—Puedo irme, pero tienes que responder la pregunta que te
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Capítulo 390
Celia observó la cara de Beatriz. Era casi perfecta, pero al mismo tiempo le resultó un poco extraña. Aunque ya había sospechado que se había sometido a cirugía plástica, era fácil notar que sus ojos y cejas se parecían un poco a los de Nieve. De ahí se explicaba la sensación de familiaridad que ella había tenido a primera vista. Ella volvió en sí y le hizo una pregunta:—Si usted y mi madre son gemelas, ¿por qué me toma como blanco?La expresión Beatriz se ensombreció, pero, continuó ignorando el cambio:—Usted manipuló los resultados de la prueba de parentesco. ¿Estaba tan desesperada por evitar que me reuniera con la familia Rojas?—Nunca imaginé que pudieran reencontrarte. —Explicó, meciendo suavemente la taza de té en su mano con una expresión sombría—. Después de todo, han pasado más de veinte años. Tu mamá, en su estado mental alterado, aún logró reconocerte. Tengo que admitir que, aunque esté loca, todavía tiene la mente clara en algunas cosas.—Pero ella es su hermana …—¡Cáll
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