All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 421
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Capítulo 421
Sergio dejó de sonreír. Varios segundos después, dejó de lado la taza sobre la mesa con disgusto.—Ella me ocultó el embarazo y dio a luz a ese niño sin mi permiso. Aunque él lleve mi sangre, no lo reconozco. Si quieres usarlo para chantajearme, no serviría de nada.Beatriz no esperaba una actitud tan despiadada hacia madre e hijo. Se obligó a sonreír.—Qué palabras más hirientes. Después de todo, yo te vi crecer.Sergio se secó la comisura de los labios con un pañuelo y se rio con sarcasmo.—Quién sabe. —Su expresión se tornó seria mientras se ponía de pie—. Tengo otros asuntos que atender, así que no me quedaré a comer. Adiós, tía Beatriz.Una vez que Sergio se marchó, la sonrisa de Beatriz se desvaneció. En ese momento, recibió una llamada. La persona al otro lado le dijo:—No puedo ayudarte con este asunto. Las investigaciones son muy estrictas, no quiero arriesgar mi propio futuro por ello.Beatriz arrugó el entrecejo, pero finalmente no insistió.—Entendido. Buscaré otra manera.
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Capítulo 422
Sira volvió en sí y rio con desconfianza.—No hables como si pudieras sacarme de aquí.Beatriz se acercó a ella.—No puedo sacarte de aquí de manera directa, pero… ¿qué pasaría si tuvieras un informe de evaluación psiquiátrica?Al instante, un brillo de esperanza iluminó los ojos de Sira. Levantó la cabeza y miró a Beatriz, quien se enderezó y recuperó la distancia.—Si quieres mi ayuda o no, eso depende de ti.—Habrá condiciones, supongo —replicó Sira, escrutándola con cautela—. No me ayudarías sin motivo.Beatriz sonrió.—Tienes razón. Sí hay una condición.***En el estudio del hotel, César estaba redactando un documento cuando recibió una llamada de Yael.—Buenas, dime.—Óscar insiste en ver a su mamá.Los dedos de César se detuvieron sobre el teclado. Había dejado que Óscar se recuperara en la casona, pero él rara vez se había ocupado de sus asuntos Especialmente después de enterarse de lo que había hecho su madre, ya no había vuelto a verlo.Al notar su silencio, Yael continuó:—
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Capítulo 423
En ese momento, César se detuvo de pronto y también volvió a mirarla. Al verla quieta en su lugar, le preguntó con suavidad:—¿Qué sucedió?Celia retiró la mirada.—Nada. Es que no siento frío.Ella le respondió y salió por la puerta sin esperar su respuesta. César la observó desaparecer poco a poco. Al fin, relajó la mano que había estado apretando con fuerza. De hecho, de vez en cuando se cuestionaba a sí mismo: ¿sería capaz de dejarla ir o, incluso, de cederla a otro?***Se quedaron en un restaurante al aire libre. Era un negocio de cocina privada que solo atendía a clientes habituales. Dylan, que tenía un amplio círculo de conocidos, resultaba ser viejo amigo de la dueña del lugar, así que lo había elegido para la reunión.Apenas Celia entró en el patio, todas las miradas de la mesa se posaron en ella, lo que la sobresaltó.Aparte de Dylan, solo conocía a tres personas. Las otras cuatro parecían ser de otros departamentos. Era la primera vez que las veía, y en ese momento se sinti
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Capítulo 424
Miranda le dio unas palmaditas en el hombro.—En cuanto termine, vendré a charlar un poco con ustedes.Luego, se dirigió a todos:—Si quieren pedir algo más, díganme, ¿de acuerdo?Dicho esto, regresó al interior. Celia pasó un rato en el patio, y luego fue a buscarla con la excusa de ir al baño. La mirada de Nicolás se posó en su espalda y se quedó sumido en sus pensamientos.Dentro, Miranda estaba limpiando las copas en la barra. No había nadie más allí. El ambiente contrastaba mucho con el bullicio del exterior. Al oír el tintineo de la campanilla de la puerta, ella levantó la cabeza y, al ver a Celia, le sonrió con suavidad.—¿Cómo van tus problemas psicológicos? No han empeorado, ¿cierto?Celia le sonrió, sintiéndose un poco avergonzada.—No.Miranda permanecía sonriendo.—Me alegra mucho. Eso significa que tu situación es controlable. No tienes que tomar tanta medicación ni enfrentarte a tantos síntomas físicos.Celia asintió mirándola, y luego recorrió toda la sala con la mirada.
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Capítulo 425
Cuando la fiesta terminó, ya eran altas horas de la noche, y de repente comenzó a llover. Todos se agruparon bajo el alero esperando sus taxis, y luego se fueron uno tras otro hasta que solo quedaron Celia, Nicolás y Dylan.—Nico, yo también me voy ya. ¡Lleva tú a Celia a su casa! —se despidió Dylan, su auto había acabado de llegar.En ese momento, solo quedaban Celia y Nicolás. Él se volvió hacia ella y le preguntó:—¿Quisiste hacerme preguntas durante la cena?Ella vaciló, dudando un momento antes de preguntar con cautela:—Cuando eras pequeño, ¿alguna vez fuiste secuestrado?—¿Miranda te dijo algo?Celia guardó silencio. Nicolás lo entendió todo al ver su expresión. Suspiró con impotencia.—Pensé que lo recordarías por ti misma.—¿Realmente eras tú? —Celia se quedó estupefacta—. Pero en aquel entonces las noticias informaron que…—Solo informaron que había dos supervivientes. —La interrumpió él, sonriendo con amargura—. Mis padres, para evitar manchar la reputación de la familia, op
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Capítulo 426
Celia esperó un buen rato en la calle hasta que por fin encontró un taxi. El conductor se volvió y le preguntó:—Señorita, ¿adónde va?Ella dudó unos segundos. Ya era demasiado tarde para molestar a Luna, así que no le quedaba más opción que regresar a su antigua residencia.—A Jardín Rosal, por favor.***Al día siguiente, cuando Nicolás salió de su casa, vio dos bolsas de basura frente a la puerta de la casa de Celia. Se acercó, dudó un momento y luego intentó tocar el timbre. Poco después, Celia abrió la puerta.Parecía que se acababa de despertar. Tenía el pelo recogido de manera desaliñada, la máscara de dormir aún en la frente y vestía un holgado camisón de color amarillo claro. Era la primera vez que la veía en ese estado.Al verlo, Celia se despertó de inmediato.—Doctor Gómez, buenos días…—¿Cuándo regresaste?—Pues… anoche.Nicolás la miró fijamente, como si hubiera adivinado algo, y arrugó el entrecejo.—¿Discutieron?Ella negó con la cabeza.—No.Él entrecerró los ojos, per
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Capítulo 427
—¿Necesita a mi familia? ¿Qué quiere decir con eso? —preguntó Luna sorprendida y preocupada al descubrir las intenciones de Mario.Mario hizo una señal con la mano al guardaespaldas para que se la llevara. Luna, desesperada, protestó:—¡Mis padres me están esperando...!Antes de que pudiera terminar, un dolor repentino en la nuca la hizo perder el conocimiento. El guardaespaldas la sostuvo a tiempo y Beatriz entró en ese momento.—Si la familia Ruiz supiera tus intenciones, no aceptaría ese matrimonio.Mario sonrió y se volvió hacia ella.—¿Y qué? ¿Vas a delatarme?—¿Qué ganaría yo con delatarte? —Beatriz se acercó a Luna—. Esta inconsciente. ¿Creen que pueden sacarla así del restaurante? Parece que aún me necesitan, ¿no?Mario sonrió con indiferencia.Una vez que Beatriz escondió a Luna, Mario regresó a la habitación. Al ver que la madre de Luna intentaba llamar a su hija, comentó con naturalidad:—Luna me dijo que debía irse.Jorge no esperaba eso.—¿Ya se fue?—Los jóvenes siempre e
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Capítulo 428
Celia retiró la mirada sin inmutarse y le respondió con calma:—Voy a bajar.Yolanda miró a César y, al ver que permanecía en silencio, no insistió. Mientras las puertas del ascensor se cerraban, Celia no levantó la cabeza, evitando la mirada de César. Permaneció frente al ascensor durante algunos segundos, hasta que la voz de Ana la sacó de sus pensamientos.—¡Celia!Celia volvió bruscamente en sí.—¿Sí?—Estrella... Ah, digo, Luna, ¿sabes por qué no ha vuelto? Lleva tres días sin responder mensajes ni llamadas. He estado en su apartamento, pero tampoco estaba allá —explicó Ana muy preocupada—. Ella mencionó que su familia la estaba presionando para casarse. ¿Puede que…?Celia de repente recordó que, efectivamente, hacía días que no veía a Luna. Pensando, marcó el número de Luna, pero estaba apagado. Ana palideció ligeramente.—¿Le habrá pasado algo malo?—No creo que su familia la encerrara… —Celia se tornó seria, sin poder asegurarlo—. Iré a la casa de sus padres por la tarde.***M
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Capítulo 429
Como Celia seguía sin poder contactar a Luna y tampoco recibía ningún mensaje suyo, tenía un fuerte presentimiento de que le había pasado algo malo. Pero, dada la identidad de Luna, si le hubiera ocurrido algo, era imposible que sus padres se quedaran tan quietos…—Celi, ¿sigues sin poder contactar a Luna? —preguntó Ana mientras se le acercaba.Celia negó con la cabeza.—No está en casa de sus padres, ni en su apartamento... ¿Adónde podría haber ido? ¿Acaso huyó para evitar casarse? Incluso si hubiera huido, al menos podría ver nuestros mensajes... —Ana intentó analizar las posibilidades.Gracias a la frase "evitar casarse" que acababa de decir Ana, se le ocurrió algo a Celia. De inmediato envió un mensaje a la señora Juárez.—Ya es tarde, mejor vete a descansar. Mañana seguiremos buscando a Luna —dijo Celia a Ana.—¿Y tú? ¿Te quedarás en la oficina?—Me iré cuando termine de revisar estos documentos.Después de que Ana se fue, Celia trabajó hasta tarde en la oficina y no salió hasta l
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Capítulo 430
Sergio estaba hablando con la madre de Luna. Al colgar la llamada, se volvió hacia Yolanda, exhalando una bocanada de humo.—Cuánto tiempo, señorita Gómez. Has crecido.Yolanda se sorprendió al verlo y lo miró.—¿Eres... Sergio Quiroga?—Vaya, parece que aún me recuerdas, ¿eh?Yolanda se puso seria. Rara vez tenía esa expresión.—Sería difícil olvidarte, me molestabas tanto en el pasado.Él sonrió con despreocupación.—¿Aún me guardas rencor después de tantos años?—Es que cada vez que veo a un tipo desagradable como tú, me pongo de mal humor.Sergio no se enfadó. En su lugar, sonrió todavía más divertido.—¿Cómo han estado tus padres todos estos años?Yolanda lo miró sin rastro de agradecimiento.—Están perfectos. Gracias por tu preocupación —respondió ella, luego se volvió hacia Celia—. Vámonos, cariño.Celia pasó junto a Sergio, y su mirada pasó rápidamente por el celular en su mano. Sergio, al notarlo, se volvió hacia ella y le dijo con una sonrisa elocuente:—Señora Herrera, no se
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