All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 261
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MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 12. Un escalofrío
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 12. Un escalofríoDurante el trayecto, Seija miró por la ventana con los brazos cruzados. La molestia se le mezclaba con una curiosidad incómoda: Camilo no actuaba así por capricho… bueno, no siempre. Seija no quería admitirlo, pero la parte más insoportable era que, pese al enfado, una pequeña emoción le cosquilleaba: la sensación de estar siendo elegida, aunque fuera a empujones. Así que se obligó a no mirarlo demasiado, porque si lo miraba, recordaba. Y si recordaba, se ablandaba.Porque por más fuerte que fuera, una parte de ella se había enamorado de aquel estúpido y era una parte demasiado escandalosa, justamente como él.—¿Vas a decirme a dónde vamos? —preguntó.—Si te lo digo, te escapas —respondió él.—No necesito escapar, Camilo. Ya estoy bastante lejos de ti. —Seija lo dijo sin mirarlo, pero le dolió igual, y los dedos de Camilo se pusieron lívidos y tensos alrededor del volante.—Por favor —dijo al fin—. Una hora. Si después quieres irte, te lle
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 13. El peor negocio
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 13. El peor negocioLos dientes de Camilo se apretaron automáticamente, como si fuera un gesto tan practicado que se le salía sin pretenderlo.—Mamá —dijo tomando la mano de la muchacha y entrelazando los dedos con los suyos—. Ella es Seija. Una gran amiga… que con suerte algún día será mucho más que eso.Y por supuesto a Seija casi se le cayó la mandíbula con semejante presentación, porque ella casi casi… ¡no, casi casi no! ¡Ella le había puesto muy bien puesto su título de archienemigo número uno!La mirada de la señora Marshant recorrió a Seija de arriba abajo y su sonrisa se tensó.—Debiste decirme si ibas a traer a alguien —dijo sin esconder el disgusto que le había provocado la sorpresa—. Yo invité a Stacy, la hija del socio de tu padre, y sabes muy bien lo que eso significa.Camilo bajó la vista un segundo, avergonzado, pero no por sí mismo sino porque su madre no tenía pelos en la lengua para hablar tan abiertamente delante de su acompañante sobre lo
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 14. Una chica cualquiera
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 14. Una chica cualquieraSeija levantó su vaso con expresión ligera, casi divertida.—Bueno, ya sabes lo que quieren para ti. Pero si te soy sincera… la verdad es que jamás te imaginé corriendo delante de ninguna mujer. Mucho menos en una fiesta.Camilo soltó una risa breve, sin humor, más cercana al cansancio que a la diversión; y negó con la cabeza mientras inspiraba profundamente, como si intentara recuperar algo de aire que le faltaba desde hacía horas.—No estoy huyendo de nadie. Pero tampoco voy a dejar que me pongan en una situación tan absurda —respondió—. Y, para que lo sepas, no tengo ningún interés en casarme solo para contentar a mi familia.Seija dejó su copa a un lado y se cruzó de brazos, claramente interesada en esa confesión que parecía salirle a borbotones.—O de casarte en absoluto —dijo—. Lo que me hace preguntarme: todo esto… que me trajeras aquí —hizo un gesto amplio con la mano, señalando el jardín perfectamente cuidado, la casa enorme
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 15. Una mujer sin apellido
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 15. Una mujer sin apellidoCamilo se quedó mirando a Seija con el ceño fruncido, todavía procesando todo lo que acababa de pasar. No era que no supiera que la señorita era brava, pero ponérsele al tú por tú a un hombre de sesenta años acostumbrado a gobernar… bueno, había que darle mérito por eso.Sin embargo aunque la mitad de él estaba embobado mirándola, la otra estaba pensando en lo que ella acababa de soltarle a su padre como una bofetada sin guante.—¿Qué quisiste decir con eso? —le preguntó sin molestarse en bajar la voz—. ¿Cómo que la Señorita Desesperación?Seija tomó una copa de un mesero que pasaba, pero nNo bebió de inmediato; primero levantó el cristal, observando el líquido ámbar con atención, como si sospechara de él. La giró apenas entre los dedos y luego alzó la vista hacia el padre de Camilo, con una media sonrisa cargada de ironía y algo más, algo que él no supo identificar del todo.—Quiero decir que tengas mucho cuidado con lo que bebes
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 16. Sucesos desafortunados
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 16. Sucesos desafortunadosSeija se detuvo en medio de la sala y lo miró con los brazos cruzados, apoyando todo el peso en una sola pierna. El silencio entre los dos era incómodo, cargado de cosas que ninguno quería decir en voz alta. La luz de la ciudad se colaba por las ventanas del departamento, dibujando sombras largas sobre el suelo; y el ambiente tenía esa calma engañosa que suele aparecer justo antes de que todo se complique.—Camilo, tú tienes tu propio departamento —dijo finalmente Seija, con un tono firme pero cansado—. Será mejor que te vayas.No fue una frase impulsiva. La había pensado desde hacía varios minutos, incluso antes de decirla. Sabía que, si lo dejaba quedarse, terminarían en un terreno resbaladizo del que luego le costaría salir.Camilo levantó una ceja, como si esa frase fuera justo la que estaba esperando; y no se movió de donde estaba, solo ladeó un poco la cabeza, observándola con atención, como si buscara leer entre líneas.—¿Ti
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 17. Batalla perdida
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 17. Batalla perdidaCamilo no dudó ni un segundo cuando la vio así. Seija estaba pálida, con las manos temblándole mientras trataba de sacar las llaves del bolso sin demasiado éxito. La respiración le salía corta, desordenada, y tenía los ojos brillantes de puro miedo contenido. Era evidente que no estaba en condiciones de conducir ni de pensar con claridad.Y a Camilo le bastó verla así para entender que no era una exageración ni un susto pasajero: era pánico real, de ese que no deja ni ordenar ideas.—Te llevo yo —dijo con un tono firme que no admitía discusión—. Estás demasiado angustiada para manejar así.Seija abrió la boca para protestar, por pura inercia, porque siempre le había costado aceptar ayuda, pero la cerró casi de inmediato. El nudo que tenía en el pecho no la dejaba ni siquiera discutir. Asintió en silencio, tragándose el orgullo, y se dejó guiar hasta el coche.Cuando se sentó en el asiento del copiloto, se quedó mirando al frente, con los
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 18. Traición
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 18. TraiciónSeija sabía perfectamente que podía irse a otro lugar. Un hotel discreto, alguno de los departamentos de Rebecca, incluso un piso temporal que la empresa pudiera facilitarle sin hacer preguntas. Opciones no le faltaban. Lo que sí le faltaba era energía para tomar más decisiones después del día que había tenido.Caminaba junto a Camilo por el estacionamiento de la clínica veterinaria, con el cuerpo todavía tenso y la cabeza llena de imágenes que no quería repetir. Rio estaba estable, el veterinario había prometido que al día siguiente podría llevárselo, pero el susto no se le quitaba del todo. Sentía una mezcla extraña de agotamiento, gratitud y una vulnerabilidad que no le gustaba nada.—Quizás sea mejor que me vaya a un hotel —murmuró, más para sí misma que para él, y Camilo la miró de reojo mientras abría el coche.—Quizás —admitió—. Pero estarías sola, cansada y con la cabeza hecha un lío. Y todavía no sabemos quién entró en tu casa.Seija su
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 19. Un pequeño regalo de agradecimiento
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 19. Un pequeño regalo de agradecimientoSeija llegó a la empresa con el paso rápido y la mente todavía medio dispersa entre pendientes, cafés apurados y la imagen Camilo y ella dormidos en el sofá, con Mina vigilándolos como si fueran un tesoro recién descubierto. Apenas dejó el bolso sobre su escritorio, llamó a su asistente con un gesto.—Por favor, llama a la policía —pidió—. Quiero saber cómo va la investigación de la irrupción en mi casa.La asistente asintió y se fue de inmediato. Seija se quedó revisando correos, intentando concentrarse, pero cada sonido en el pasillo le hacía levantar la cabeza por reflejo. No le gustaba esa sensación de alerta constante, como si el cuerpo todavía no hubiera entendido que, por el momento, estaba a salvo.Unos minutos después, la asistente regresó con el teléfono en la mano.—Dicen que no tienen ninguna pista todavía —informó—. Al parecer, el intruso retrocedió antes de tocar nada, probablemente por el ataque del perro
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 20. Un actor secundario
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 20. Un actor secundarioY como su vida últimamente era una vorágine de sorpresas, la siguiente ocurrió esa misma tarde. Seija había salido del edificio con la mente todavía atrapada entre reuniones, correos y pendientes que no le daban tregua, y entonces lo vio. Camilo no solo pasaba por ella al trabajo, sino que la estaba esperando apoyado contra su coche, con una sonrisa tranquila que contrastaba con el caos que Seija sentía por dentro.La imagen era tan inesperada, tan… formal, que se quedó mirándolo un segundo más de lo normal, como si necesitara asegurarse de que no lo estaba imaginando.—¿Todo bien? —preguntó acercándose y Camilo se incorporó apenas, sin perder esa calma casi provocadora que parecía envolverlo siempre que estaba cerca de ella.—Perfecto —respondió—. Solo estoy aquí porque quiero secuestrarte. Vamos por Rio.El tono era ligero, pero había una determinación implícita que hizo que Seija se relajara de inmediato. La idea de no tener que en
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 21. El lugar que no le corresponde
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 21. El lugar que no le correspondeCamilo encontró el sobre al llegar a su departamento. No estaba sobre la mesa ni entre el correo habitual, sino colocado con cuidado sobre el mueble de la entrada, como si alguien hubiera querido asegurarse de que lo viera apenas cruzara la puerta. No tenía remitente, solo su nombre escrito con una caligrafía impecable y un sello discreto del restaurante más exclusivo de la ciudad. Dentro había una reservación para dos. Mesa privada. Degustación completa en el restaurante Maud.Camilo arqueó una ceja, sorprendido.—¿Y esto…? —murmuró, mirando de nuevo el sobre por si se le escapaba algún detalle.No había nota, ni explicación. Solo la confirmación y la fecha: esa misma noche.Se apoyó un momento contra el mueble, pensativo. No solía recibir regalos anónimos, y menos de ese calibre. Sin embargo, lejos de incomodarlo, la situación despertó su curiosidad. Sonrió de lado, esa sonrisa ladeada que aparecía cuando algo lo divertía