All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 271
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MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 22. Gente respetable
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 22. Gente respetableDurante unos segundos nadie dijo nada.El restaurante de pronto parecía demasiado pequeño para tantas miradas, y quedó suspendido en un silencio espeso, incómodo, casi violento. El aire olía a perfume caro y a tensión mal disimulada. El gerente observaba la escena con expresión rígida, el camarero mantenía la cabeza gacha y los curiosos fingían no escuchar mientras no perdían detalle, atentos a cada gesto, a cada respiración mal colocada.Seija sentía el peso de esas miradas, pero no le afectaban. Estaba acostumbrada a las evaluaciones silenciosas, a los juicios no dichos, a ese tipo de atención que no se basa en el interés sino en la comparación. Permanecía erguida, tranquila, con los brazos relajados a los costados, como si todo aquello fuera apenas un trámite… pero Camilo fue el primero en moverse.Dio un paso al frente, colocándose de manera inequívoca junto a Seija. No delante, no detrás. A su lado. El gesto no fue casual ni protect
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 23. Una confesión inesperada
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 23. Una confesión inesperadaCuando Seija y Camilo salieron del restaurante, la noche los recibió con una brisa fresca que contrastaba con la tensión que todavía flotaba entre ellos. Habían pasado horas juntos, hablando más de lo debido, rozando territorios peligrosos sin nombrarlos. El silencio que compartían no era incómodo, pero sí denso, como si ambos supieran que algo estaba a punto de romperse… o de cambiar.Caminaron lado a lado hacia el estacionamiento. Seija se ajustó el abrigo sobre los hombros y Camilo buscó las llaves en el bolsillo con un gesto distraído. Fue entonces cuando se detuvo en seco.—Mierd@… —maldijo por lo bajo, como si alguien acabara de golpearlo en el estómago.Seija frunció el ceño y siguió su mirada. El coche de Camilo estaba cubierto de rayones profundos, largos, torcidos, trazados con rabia. No había duda: no era un accidente ni una travesura. Era un mensaje claro y deliberado.La muchacha se acercó despacio, recorriendo con l
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 24. Solucionando un viejo asunto
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 24. Solucionando un viejo asuntoSeguridad actuó rápido. Dos hombres tomaron a Stacy por los brazos mientras ella seguía protestando, alzando la voz, diciendo que aquello era un error, que no podían sacarla así, que ella tenía derecho a estar allí. El eco de sus tacones resonó unos segundos por el pasillo hasta que la puerta se cerró de golpe y el silencio volvió a instalarse en la oficina.Camilo respiró hondo y se giró hacia Seija. Tenía el pulso acelerado y la mandíbula todavía tensa por la escena.—¿Estás bien? —preguntó, buscándole los ojos.Y ella asintió despacio, pero su expresión estaba lejos de ser tranquila. Caminó un par de pasos, cruzó los brazos y empezó a hablar como si estuviera ordenando ideas en voz alta.—Tiene que haber algo más —murmuró señalando a la puerta—. Nadie se comporta así solo por miedo a que la deshereden. Esa mujer está demasiado insistente, Camilo, demasiado desesperada. No es solo ambición social. Hay algo más detrás.Camil
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 25. Una dura verdad familiar
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 25. Una dura verdad familiarLa explosión fue inmediata.La señora Marshant alzó la voz apenas terminó de asimilar lo que acababa de escuchar, como si la frase hubiera activado un resorte interno que llevaba años tenso. Su rostro se descompuso, las venas del cuello se le marcaron ligeramente y las manos, perfectamente cuidadas, se cerraron en puños que delataban una rabia más profunda que un simple desacuerdo.—¡Eso no lo voy a aceptar! —gritó, dando un paso al frente—. ¡No puedes hablar en serio, Camilo! Stacy es una opción infinitamente mejor para ti. Es educada, viene de una buena familia, entiende cómo funciona este mundo.La palabra “este mundo” cayó pesada, cargada de juicio y jerarquías invisibles. Seija lo percibió incluso antes de que terminara de pronunciarlo: era esa forma elegante de decir “no perteneces”.Camilo respiró hondo, pero no retrocedió ni un centímetro. Sentía la presión en el pecho, ese impulso antiguo de querer complacer, de evitar e
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 26. Hasta el final
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 26. Hasta el finalEra una reacción automática: orden, control, retirada estratégica. Lo había hecho toda su vida.Camilo la siguió sin decir nada, pero cuando ella empezó a abrir el armario, la tomó por la cintura con un movimiento rápido y la levantó sin esfuerzo, sentándola sobre el escritorio de la habitación.—¡Camilo! —la escuchó protestar—. ¿Qué haces?Y antes de que pudiera decir algo más, él la besó. No fue un beso brusco, sino intenso, cargado de emoción acumulada, de palabras no dichas, de miedo a perderla otra vez. Seija intentó resistirse al principio, más por reflejo que por convicción, pero terminó respondiendo, atrapada en esa mezcla conocida de rabia, deseo y algo peligrosamente cercano a la esperanza.Cuando se separaron, Camilo apoyó la frente en la suya, y ambos respiraron agitados.—¿Cómo es que solo te concentras en lo que te da la gana y siempre en lo peor? ¿No escuchaste que te amo con locura? —dijo, con una mezcla de urgencia y ternu
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 27. Hasta el fin de los tiempos
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 27. Hasta el fin de los tiemposSus movimientos eran salvajes, rítmicos, perdidos en la necesidad más pura. Cada vez que se hundía en ella, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación, mezclándose con los gemidos rotos de Seija y los gruñidos guturales que salían de su pecho.Seija podía sentir cómo su sexo se ajustaba a cada centímetro de él, cómo sus paredes se contraían, desesperadas por mantenerlo dentro, aunque cada embestida la empujaba al borde del orgasmo. Sus pechos rebotaban con el impacto, el sudor resbalando entre ellos, pegando la camisa de Camilo a su espalda mientras se inclinaba sobre ella, con los labios rozando su oreja.—¿Vas a correrte para mí, nena? —susurró, mordiéndole el lóbulo con suficiente fuerza para que ella sintiera el pinchazo de dolor—. Hazlo. Quiero sentir que lo quieres de verdad.Y solo pocos minutos después, Seija ya no pudo contenerlo. El orgasmo la golpeó como un tren, su cuerpo se tensó antes de estal
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 28. Promesas
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 28. PromesasSeija despertó envuelta en un olor familiar y reconfortante: café recién hecho. Abrió los ojos con pereza, todavía medio atrapada entre el sueño y la vigilia, y lo primero que vio fue a Camilo paseándose por el cuarto solo en un pantalón de algodón, despeinado, relajado, con esa naturalidad doméstica que hacía unos meses le habría parecido impensable.Durante unos segundos se quedó observándolo sin parpadear, intentando fijar esa imagen en la memoria como quien guarda una fotografía mental. La luz de la mañana entraba filtrada por las cortinas y dibujaba sombras suaves sobre su piel. El silencio era cómodo, apenas roto por el leve sonido de la cafetera en la cocina y por los pasos tranquilos de Camilo yendo y viniendo, como si ese pequeño ritual matutino fuera algo que hubiera hecho toda la vida.La escena le provocó una sensación extraña, una mezcla de intimidad, seguridad y una vulnerabilidad nueva que todavía estaba aprendiendo a tolerar. No
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 29. Noticias inesperadas
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 29. Noticias inesperadasSeija suspiró despacio, y miró el techo unos segundos antes de responder, como si buscara las palabras correctas.—No sirvo para las confrontaciones —admitió—. Prefiero tomar resoluciones definitivas en lugar de estar peleándome con alguien.Camilo frunció apenas el ceño, consciente de lo que eso implicaba.—¿Fue definitiva hace dos años?Seija levantó la mirada y lo vio directo a los ojos, porque tampoco era de esas mujeres que esquivaban las preguntas.—Sí —respondió—. Y si volví, no fue por ti. Los dos lo sabemos.La frase no fue cruel, solo honesta; y Camilo la recibió sin defenderse. Seija había vuelto por Rebecca, y solo era casualidad le había dado la oportunidad de conquistarla de nuevo.—Si alguna vez me haces irme otra vez —le advirtió ella—, no regresaré.Hubo un silencio breve, pero intenso y Camilo asintió con seriedad.—Eso no va a pasar. Te lo prometo.Y Seija no respondió, solo se acomodó un poco más contra él, acepta
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 30. Una vida en pausa
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 30. Una vida en pausaCamilo se quedó rígido durante un segundo, sorprendido.—¿Por qué dices eso? —preguntó y Brenda respiró hondo.—Quiero disculparme contigo… y con Seija —dijo su madre y Seija dio un paso más cerca, con cautela—. Tener una experiencia tan cercana a la muerte te cambia la perspectiva —continuó—. Uno entiende que no vale la pena pelear por cosas que no importan. Solo quiero llevarme bien con ustedes.Luego giró hacia Seija una mirada llena de vulnerabilidad.—Perdóname —dijo directamente—. De verdad. Debí darte una mejor acogida en la familia. Déjame enmendar eso.Seija sintió una ligera incomodidad. Algo en el tono no terminaba de convencerla. No era hostilidad abierta, pero tampoco sonaba completamente sincero. Aun así, al ver el alivio evidente en el rostro de Camilo, decidió no tensar el ambiente.—No pasa nada —respondió con calma.—Por favor, dime Brenda —insistió la mujer—. Nada de formalidades.—Está bien, Brenda —aceptó Seija.La
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 31. Una decisión demasiado ligera.
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 31. Una decisión demasiado ligera.Camilo retrocedió como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.La miró con una mezcla de frustración y molestia, como si Seija acabara de decir algo que rompía una regla básica del mundo.—¿Cómo puedes decirme algo así? —le soltó, sin suavizar el tono—. Mi madre puede faltar en cualquier momento. Lo menos que puedo hacer como hijo es ir a verla.Seija respiró hondo antes de responder. No quería discutir desde el impulso. Estaba cansada, sí, pero también estaba intentando ser justa.—Camilo, no te estoy diciendo que no vayas nunca —explicó, tratando de mantener la voz tranquila—. Te estoy diciendo que estamos desbalanceados. Que todo gira alrededor de eso y nosotros quedamos en segundo plano.Él negó con la cabeza, claramente alterado.—No puedes comparar eso con la salud de mi madre.—¡No lo estoy comparando! —insistió ella—. Estoy hablando de límites, de tiempos, de que esto nos está desgastando.Él se pasó una mano