All Chapters of EL ÚLTIMO BESO... ANTES DEL DIVORCIO: Chapter 291
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MI MEJOR ENEMIGO. CAPITULO 42. Prioridades
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 42. PrioridadesCamilo se dejó caer sentado en el sofá como si de pronto le hubieran cortado la energía del cuerpo. Miró las cajas abiertas, las prendas dobladas con cuidado y el eco desespernte del departamento que hasta hacía unas horas había sentido como su hogar. Simplemente porque sabía que ella iba a volver. Pero aquel camión de mudnzasdecía todo lo contrario.Alzó la vista hacia Seija, que permanecía de pie frente a él con una serenidad que lo desconcertaba.—¿Cómo que te vas? —preguntó, todavía aturdido—. Seija, no puede ser en serio...Pero ella sostuvo su mirada sin titubear.—Es completamente en serio, no voy a quedarme aquí. Creo que es evidente que esta reación no tiene futuro.Camilo negó con la cabeza, frustrado, mientras se levantaba pasando una mano por su cabello.—Seija, yo… yo me armé de paciencia para esperarte —dijo—. Esperé para que pusieras tus sentimientos en orden, para que regresaras con claridad, para que pudiéramos arreglar esto.
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 43. Una calma dolorosa
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 43. Una calma dolorosaSeija se fue sin mirar atrás, y la puerta se cerró con un sonido seco que pareció quedarse flotando en el aire durante varios segundos. Camilo permaneció inmóvil en medio del departamento vacío, mirando el espacio donde antes había estado ella, como si todavía pudiera verla allí. Las cajas ya no estaban y el eco del lugar le devolvía cada respiración.Se dejó caer lentamente en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida. Al principio no sintió nada. Solo un silencio espeso, incómodo. Luego llegaron las palabras de Seija, una detrás de otra, repitiéndose en su cabeza como una conversación que no terminaba nunca.“Quererte no se siente mejor que quererme a mí misma.”“Casi me muero… y tú seguiste defendiéndola.”Camilo apretó los ojos, intentando bloquear los recuerdos, pero cuanto más lo intentaba, más claros se volvían. La imagen de Brenda llorando, sus propias palabras defendiendo lo indefendible, la mirada de
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 44. Una idea peligrosa
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 44. Una idea peligrosaAsí, “Hola, Camilo”, como si nada hubiera pasado. Eso era peor que cualquier bofetada y los dos lo sabía, porque con el odio al menos venía sentimientos sin resolver pero aquello, aquello era indiferencia, señores y señoras, pura y dura.Él respondió con un gesto torpe de cabeza y las siguientes horas pasaron entre idas y venidas de enfermeras, susurros nerviosos y bromas tensas para aliviar la espera. Cada vez que Camilo intentaba acercarse a Seija, ella encontraba una excusa para moverse, para hablar con alguien más, para revisar el teléfono.No era grosera, solo mantenía una distancia firme.Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, anunciaron que Rebecca y el bebé estaban bien y los dejaron entrar a su habitación a visitarla y a conocer al nuevo chillón de la familia.Seija fue de las primeras en acercarse, y tomó al bebé con una delicadeza que dejó a Camilo sin aire. Su expresión cambió por completo: una mezcla de ternu
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 45. Una fiesta de compromiso
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 45. Una fiesta de compromisoDOS DÍAS ANTESCamilo llegó a la casa de su madre con una energía que no había tenido en semanas. Entró sin tocar, como hacía siempre, y dejó las llaves sobre la mesa del recibidor mientras Brenda lo observaba desde el sofá, con una mirada curiosa que mezclaba sospecha y alivio.—Te ves… animado —dijo ella, entrecerrando los ojos, evaluándolo—. Casi diría que feliz, y últimamente eso no ha sido muy usual.Camilo dejó escapar una pequeña sonrisa ladeada y se aflojó la corbata mientras pensaba en cómo suavizar toda la situación.—Podría estar más feliz —respondió—, pero supongo que trabajaré con lo que tengo.—¿Y eso qué significa? —preguntó ella, inclinándose hacia adelante.Camilo se acercó y se sentó frente a su madre, apoyando los codos en las rodillas.—Significa que Seija volvió, mamá. Por fin volvió.El rostro de Brenda se tensó de inmediato. Por un segundo su expresión quedó completamente inmóvil, como si no hubiera esperad
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 46. Frases devueltas
Camilo se quedó paralizado en medio del salón, con la rodilla aún apoyada en el suelo y el anillo brillando entre sus dedos. Durante unos segundos no reaccionó; solo abrió la boca y dejó escapar un balbuceo ininteligible, incapaz de procesar el rechazo que acababa de escuchar. El silencio alrededor se volvió incómodo, pesado, como si las paredes mismas estuvieran esperando una respuesta que él no lograba dar.—¿Que… que no.. cómo.. por…? —murmuró, sin lograr formar una frase completa. Sus ojos buscaban algo en el rostro de Seija, una duda, una grieta, cualquier señal de que aquello era solo una broma.Pero la mujer frente a él respiraba despacio, sin perder el control, como si solo estuviera explicándole a un ejecutivo por qué sería despedido. Sus hombros estaban rectos, su postura firme, y aunque sus manos permanecían tranquilas a los lados del vestido, había una tensión apenas perceptible en sus dedos.—Por favor, levántate —dijo con calma—. Lo siento, Camilo, pero no quiero casarme
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 47. Solo una boda
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 47. Solo una bodaCuando Seija levantó la copa y brindó con aquella sonrisa implacable, el salón entero reaccionó como si hubiera recibido una orden silenciosa. Las copas tintinearon, la gente aplaudió y los murmullos emocionados llenaron el aire. Pero lo que sin dudas sorprendió a Camilo fue que su madre fue la primera en alzar su copa con entusiasmo, visiblemente conmovida, y hasta dio un pequeño aplauso que resonó más alto de lo esperado.—¡Por los novios! —exclamó con brillo en los ojos, mirando a Stacy con aprobación.El aturdimiento lo hizo tardar un segundo en reaccionar. Bajó la copa de su madre con rapidez, sujetándole la muñeca con cuidado pero con firmeza.—¿Qué haces? —preguntó, confundido—. ¿Cómo puedes brindar por esto?Brenda parpadeó, como si la pregunta le resultara absurda.—No te pongas así, hijo —dijo con suavidad—. Solo estoy feliz de que Seija entendiera las cosas. Al final todos queremos lo mejor para ti… y aunque siempre te has negado
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 48. Un hombre cómodo
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 48. Un hombre cómodoCamilo salió de la recepción con el corazón latiéndole tan fuerte que apenas podía escuchar el ruido de la calle. No podía creer que todo hubiera terminado en esa escena absurda, en ese brindis ridículo donde parecía que lo estaban empujando a casarse con Stacy como si fuera un premio de consolación.—No puede estar pasando esto —murmuró, más para sí mismo que para nadie.Pero Henry, a su lado, era el encargado de mantener la cabeza fría.—¿Vas a huir así nada más? —preguntó con tono serio.—Me largo a mi departamento —respondió Camilo, sin mirarlo—. Ya veré cómo arreglo este desastre.—Arrastrándote —suspiró Henry—. Esa es la única manera, porque te guste o no, Seija tiene razón en algo. A tu madre no le importa lo que tú quieres… Brenda solo quiere casarte con Stacy. Y más vale que empieces a preguntarte por qué está tan terca justo con eso, porque la rodean decenas de mujeres mejores que esa muchachita descerebrada, y aun así esa es
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 49. Una trampa perfecta
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 49. Una trampa perfectaSeija lo miró durante unos segundos que parecieron eternos antes de hablar. Su expresión era tranquila, casi fría, pero en sus ojos había una claridad que Camilo no había visto nunca.—Cásate con Stacy —dijo al fin y las palabras le golpearon en el pecho como un puñetazo seco.Camilo retrocedió un paso, incapaz de ocultar el dolor que le cruzó el rostro, y por primera vez comprendió que ella ya no estaba discutiendo… estaba cerrando una puerta.—¿Es mucho pedir que confíes en mí una última vez? —preguntó con la voz baja, ronca, y Seija asintió despacio.—Sí. Es mucho pedir —respondió apoyándose en el borde del escritorio y cruzándose de brazos—. Las pendejadas son para los adolescentes, Camilo. Después de los treinta nadie tiene derecho a pedir segundas oportunidades. Tú eres muy inteligente para aconsejar a otros, para decirle a todo el mundo qué debería hacer… pero en tu propia vida ni siquiera sabes a quién tienes que proteger.Cam
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 50. Un hombre ciego
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 50. Un hombre ciegoCamilo miró a Seija como si la estuviera viendo por primera vez. Tenía el periódico todavía arrugado entre las manos, pero ya no lo estaba mirando la foto que comprometía el resto de su destino, sino a ella, buscando algo que quizá llevaba demasiado tiempo ignorando.—¿De verdad he sido tan ciego? —preguntó, con una mezcla dolorosa de incredulidad y cansancio.Seija rodeó el escritorio y se acercó despacio. Sus pasos fueron firmes, pero en su expresión también había una sombra de agotamiento.—Sí —respondió con un suspiro largo—. Y no te lo digo con rabia, Camilo. Te lo digo con la misma sinceridad con que le diría sus verdades a Rebecca. Pero supongo que ninguno de los dos me escuchó a tiempo.Él bajó la mirada mientras su mandíbula se tensaba.—No pensé que…—Ese es el problema —lo interrumpió ella con suavidad—. Nunca pensaste que las cosas podían ser tan simples como en realidad son.Camilo se golpeó una mano con el periódico como si
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 51. Un salón de prueba de vestidos
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 51. Un salón de prueba de vestidos—Ya vi lo que salió en las noticias —dijo Henry enseñándole la portada—. Y te juro que no me esperaba algo así.Camilo apenas lo miró. Sus ojos estaban oscuros, cansados, pero llenos de una determinación que Henry no había visto en mucho tiempo.—Bueno, sé que has esperado mucho para decirme “te lo dije”, así que ya puedes decírmelo —refunfuñó él echando a andar y Henry se giró sobre sus pasos y lo acompañó.—Te lo diría pero siento que me estoy perdiendo una parte crucial dentro de la información. ¿Exactamente en qué fue lo que acerté? —preguntó y Camilo hizo una mueca de molestia sin poder evitarlo.—Fue mi madre —respondió con voz baja y ronca—. Ella pagó por esa portada, ella me tendió esa trampa y voy a resolverlo ahora mismo.Henry asintió despacio, evaluándolo.—Está bien, voy contigo —dijo mientras entraban en el ascensor y pulsaban el botón del estacionamiento—. Pero antes… piensa bien lo que vas a hacer. Y sobre