All Chapters of La niñera virgen y el viudo que no sabe amar : Chapter 181
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Capítulo 178 – El amor más profundo
El jardín aún estaba impregnado de la alegría de hacía pocas horas. La hierba aplastada, marcada por carreras y caídas despreocupadas, delataba que allí se había vivido un día de pura felicidad. El aire llevaba el perfume suave de las flores del cantero, mezclado con el aroma de la tierra húmeda, mientras el cielo, ya teñido de tonos azul oscuro, comenzaba a ceder espacio a las primeras estrellas.En la galería, Aurora y el pequeño cachorro dormían profundamente, uno junto al otro. La niña estaba recostada sobre un colchón improvisado, con las mejillas levemente sonrojadas por el sol y por la risa incesante de los juegos. A su lado, el perrito respiraba con un ritmo tranquilo, su pancita subiendo y bajando, como si soñara con las corridas del día. Una manta ligera los protegía de la brisa que empezaba a soplar, trayendo consigo el canto de los grillos y el susurro perezoso de las hojas de los árboles alrededor de la casa.Isabella cerró la puerta de la galería con sumo cuidado, asegur
Capítulo 179 – Alma y corazón
El final de la tarde teñía el cielo de tonos rosados y dorados, filtrándose a través de las cortinas claras del cuarto que Isabella ocupaba en la hacienda de Dona Flora. Estaba de pie frente al gran espejo, con las manos apoyadas delicadamente sobre el vientre ya redondeado de seis meses, observándose con una mezcla de emoción e incredulidad. El vestido de novia, un modelo ligero, de encaje delicado y caída fluida, se amoldaba perfectamente a su cuerpo, realzando la nueva curva que albergaba al bebé.A su lado, Antonella acomodaba el velo con manos cuidadosas, los ojos llenos de lágrimas.—Está tan hermosa… —murmuró, con la voz quebrada—. Y radiante… igual que el día en que me casé con el padre de Lorenzo.Giulia, inclinada sobre el largo de la falda, dio el último retoque a los detalles de encaje, mientras Beatriz, sonriente, ajustaba un pequeño arreglo de flores blancas en el cabello de su prima.—Si Lorenzo te ve así antes de tiempo, se desmaya —bromeó Beatriz, arrancando risas de
Capítulo 180 – Votos hechos con el alma
El murmullo emocionado entre los invitados se propagó como una ola suave, imposible de contener. Era como si cada mirada, cada suspiro y cada lágrima en el borde de los ojos de quienes observaban fuera la traducción de un único sentimiento: la certeza de que estaban presenciando algo raro, precioso y eterno. Isabella, aún con las lágrimas rodando por sus mejillas, sonrió. Y aquella sonrisa, iluminada por el sol que teñía el jardín de tonos dorados y carmín, parecía desbordar gratitud.Lorenzo, con la respiración firme pero el corazón acelerado dentro del pecho, se inclinó un poco más hacia ella. Era como si el mundo entero hubiera desaparecido. No había viento, no había risas, no había nadie más además de los dos, unidos por un destino que los había llevado hasta allí después de tantos dolores, pruebas y superaciones. Su voz resonó grave, pero quebrada, cargada de emoción:— Prometo, ante todos los que están aquí, que voy a protegerte, respetarte, admirarte y amarte todos los días de
Capítulo 181 – La Fiesta
El sol ya se despedía en el horizonte cuando Lorenzo e Isabella cruzaron el pasillo de flores bajo una lluvia de pétalos, recibiendo aplausos, abrazos y sonrisas. El cielo estaba pintado de tonos naranjas, rosados y dorados, y la hacienda parecía envuelta en una atmósfera mágica, como si todo el universo se hubiera reunido allí para bendecir aquel amor.A medida que se acercaban a las mesas dispuestas sobre el césped, los invitados los seguían detrás, aún comentando emocionados los votos que acababan de escuchar. El caramanchón iluminado con pequeñas luces centelleantes recordaba a un cielo estrellado en miniatura, y el contraste con las flores del campo que decoraban las mesas creaba un escenario digno de un cuento de hadas.Maria, con el delantal todavía atado a la cintura, se secaba las manos en el paño bordado mientras observaba la escena desde lejos, orgullosa. A su lado, Dona Flora sonreía satisfecha, como quien veía ante sí un sueño antiguo finalmente hecho realidad. La nieta h
Capítulo 183 – La Cita de Beatriz y el doctor Stefano
Habían pasado algunos días desde la boda de Lorenzo e Isabella. Dona Flora y Beatriz habían decidido quedarse en la mansión de los Velardi hasta que Isabella diera a luz. La tarde caía lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados que se reflejaban en los altos ventanales del café donde Beatriz y el doctor Stefano habían quedado en encontrarse. El ambiente era acogedor: mesas de madera clara, plantas colgantes en el techo, una música suave de fondo y el aroma del café recién hecho mezclado con el dulce perfume de vainilla de los pasteles exhibidos en el mostrador.Beatriz llegó unos minutos antes, como de costumbre. Vestía un vestido ligero, floral, que realzaba el tono cálido de su piel y dejaba los hombros a
Capítulo 184 – Nuevos amores y pequeñas confusiones
Beatriz prácticamente iba dando saltitos cuando bajó del coche y cruzó el jardín de la casa de Lorenzo e Isabella. El corazón le latía deprisa y la sonrisa amplia en el rostro delataba que algo había pasado. Ni siquiera el viento frío de la noche consiguió apagar el brillo de sus ojos.Subió los escalones del porche y abrió la puerta con la llave de repuesto que Isabella siempre dejaba para ella. Al entrar, respiró hondo y fue directamente al piso de arriba, rumbo al dormitorio de su prima.Llamó dos veces, pero ni siquiera esperó respuesta. Entró con aire misterioso, apoyándose en la puerta, los brazos cruzados y una sonrisa que no le cabía en la cara.Isabella, que estaba sentada en
Capítulo 185 – Almuerzo de Domingo
El domingo amaneció con ese aroma a pan recién horneado y risas de casa llena. Desde el jardín, el viento traía el perfume de las jabuticabeiras, y Biscoito corría en círculos, ladrando a los pajaritos como si tuviera un trabajo importantísimo. En la cocina, Dona Flora ayudaba a Maria, animada, a preparar el almuerzo familiar, y Antonella también compartía las tareas con alegría.Isabella, con el vientre redondo de Benjamin, removía despacio una crema de maíz, mientras Lorenzo organizaba, metódico, dos fuentes de ensalada como si estuviera alineando piezas de un tablero.—Amor, no es una cirugía —rió Isabella al verlo ajustar por tercera vez la posición de los tomates cherry—. Si uno se sale de lugar, nadie muere.
Last Updated : 2026-01-06Read more
Capítulo 186 – La Dulzura del Hogar
Siguiendo a Beatriz, Stefano entró en la sala principal, donde Isabella estaba sentada con las manos apoyadas sobre el vientre ya redondeado. El cabello suelto caía por sus hombros, y el rostro iluminado delataba la felicidad de esa etapa de su vida. Al verlo, Isabella sonrió con ternura.—¿Cómo está Benjamin, doctor? —preguntó, acariciando la barriga.Stefano respondió con suavidad:—Cada día más fuerte, Isabella. Y pronto estará corriendo por toda esta casa —dijo, con esa mirada clínica, pero afectuosa.—¡Ay, si Dios quiere! —suspiró Isabella, emocionada—. Ven, siéntate con nosotros.En la cocina, Maria estaba al mando, como siempre. Su delantal floreado tenía salpicaduras de salsa, y el rostro, aún más rojo d
Capítulo 187 – Llegó la Hora
La noche descendió sobre la hacienda como un inmenso manto de terciopelo azul oscuro. El cielo, salpicado de estrellas, parecía observar en silencio lo que estaba a punto de suceder entre aquellas paredes cargadas de expectativa. El viento atravesaba los árboles, arrastrando hojas, trayendo consigo el aroma fresco de la tierra húmeda, como si la propia naturaleza respirara al unísono, consciente de que una nueva vida estaba a punto de llegar.Dentro del cuarto de Isabella, el tiempo parecía seguir un compás distinto. Cada contracción que la alcanzaba era como una ola rompiendo contra rocas firmes, anunciando, sin suavidad, que el momento estaba cada vez más cerca. Al principio llegaban leves, espaciadas, casi tímidas, como si pusieran a prueba su resistencia. Pero pronto se volvían firmes, intensas y poderosas. Isabe
Capítulo 188 – El parto de Benjamín
Lorenzo permanecía al lado de Isabella como si su propia vida dependiera de ello. Estaba allí no solo como esposo, sino como puerto, roca y refugio. Cada respiración de ella parecía ser la suya, cada gemido le rasgaba el pecho como si naciera en su propio cuerpo. Toda la habitación se redujo a una sinfonía de sonidos primordiales: el aire entrando y saliendo en jadeos, el sudor deslizándose por la piel, el latido acompasado de los corazones, la fuerza ancestral de la mujer y el amor llenando el espacio como una energía palpable.Isabella gimió con fuerza, un sonido que no le pertenecía solo a ella, sino a todas las mujeres que habían parido antes, como si llevara en la voz el eco de generaciones. Era un grito de vida, crudo y verdadero, que erizó la piel de todos los presentes. Lorenzo apretó con firmez