All Chapters of 3 RAZONES PARA ODIAR: Chapter 91
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3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 38. Una Contrademanda
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 38. Una ContrademandaEl abogado de los Harrow se puso de pie con una pila de documentos tan gruesa que el gesto no pasó desapercibido. Athena lo observó con el estómago revuelto, sabiendo que cada hoja representaba una acusación más, una forma distinta de intentar doblegarla. Cassian, detrás de ella, permanecía inmóvil, atento, como un animal que espera el momento justo para saltar.Athena no necesitaba mirarlo para saber que estaba ahí; su presencia era una presión constante, firme, casi tranquilizadora.—Señoría —comenzó el abogado—, además de los gastos médicos actuales del señor Dorian Harrow, queremos dejar constancia de que existe un derecho claro a una pensión alimenticia por parte de su hija. El señor Harrow la crio toda su vida, asumió sus gastos, su educación, su manutención. En consecuencia, la señora Athena Wolf tiene la obligación legal de hacerse cargo de los costos médicos de su padre.Colocó los documentos sobre la mesa con un golpe seco,
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 39. Sé lo que hiciste
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 39. Sé lo que hicisteAudrey no tardó en reaccionar. Apenas el abogado de Athena terminó de hablar, se puso de pie con un gesto indignado, como si todo aquello fuera una exageración ofensiva, una afrenta personal que no estaba dispuesta a tolerar en silencio.—¡Eso no es así! —protestó, elevando la voz—. ¡Están tergiversando todo!Su tono resonó en la sala y provocó algunas miradas incómodas. Athena apretó los labios, sintiendo cómo ese sonido le removía recuerdos antiguos: discusiones al enfermar su padre, gritos ahogados, la sensación constante de estar siempre al borde del desastre.Pero el licenciado Müller se levantó con la misma calma que había mantenido durante toda la audiencia, ajustó los lentes sobre el puente de la nariz y miró directamente a Audrey, sin rastro alguno de intimidación, como si aquel estallido no fuera más que ruido de fondo.—Señora Harrow —dijo—, exigiremos los comprobantes que demuestren que el dinero entregado por el señor Wo
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 40. Veredicto
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 40. VeredictoCassian se quedó completamente inmóvil.No fue una reacción exagerada ni teatral. Fue más bien como si alguien le hubiera apagado el cuerpo desde dentro. Athena lo notó de inmediato, porque cada vez iba conociéndolo mejor, especialmente esas partes de la armadura que se le resquebrajaban.Cassian Wolf no se quedaba paralizado nunca, y sin embargo ahí estaba, con los hombros tensos, la mandíbula rígida y la mirada fija en un punto indeterminado del pasillo del juzgado.Athena dio un paso hacia él, sin bajar la voz, pero con una firmeza que ya no admitía evasivas.—El diagnóstico de mi padre —repitió, enfrentándolo—. El de la insuficiencia renal. Se lo entregaron justo al día siguiente de que tú me sacaras del país.Cassian no respondió y esa fue toda la confirmación que Athena necesitaba.—Eso no pudo haber sido una coincidencia —continuó ella—. No lo fue. Y ahora lo sé.Él apretó los labios, como si estuviera midiendo cada palabra que no que
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 41. Un acosador
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 41. Un acosadorCassian se pasó una mano por el cabello y dio un paso atrás, como si el peso de todo lo ocurrido durante el día hubiera caído de golpe sobre sus hombros. La habitación estaba en silencio, apenas iluminada por una lámpara lateral que proyectaba sombras largas contra las paredes. La mansión, normalmente viva incluso de noche, parecía contener la respiración.—Mejor hablamos de esto en otro momento —dijo al fin, con voz baja—. Hoy fue un día largo.Pero no era solo cansancio físico. Athena lo percibió con claridad. Cassian estaba agotado de sostener cosas que llevaba años cargando solo.Así que no se movió. Siguió de pie frente a él, con los brazos tensos a los costados, el cuerpo rígido y la mirada fija, demasiado despierta, demasiado alerta para aceptar una evasiva más.—No —respondió con tono tajante—. El tiempo de correr ya se acabó. Y antes de que me digas “un día lo entenderás”, bueno… el día es hoy.Cassian levantó la vista lentamente,
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 42. Detalles ocultos
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 42. Detalles ocultosCassian soltó una carcajada seca, amarga, sin rastro de diversión.—¿En serio esperabas que te lo dijera? ¡Claro que no iba a hacerlo porque habrías hecho algo estúpido! —respondió abriendo el brazo bueno y haciendo una mueca por el dolor del malo—. ¡Santa Athenita habría hecho algo irreversible, como mutilarse a sí misma por alguien que no lo merecía!—¡Pues esa habría sido mi decisión! —le gritó Athena, sintiendo que la rabia le quemaba la garganta, porque lo que más la desesperaba era que todos, incluido él se creyeran con derecho a manipular su vida sin decirle siquiera por qué.—¿Decisión? —replicó él con sarcasmo—. ¡Por favor! Yo pasé demasiados años sin poder decidir nada, ¿Y sabes qué aprendí? Aprendí que a veces lo mejor que te puede pasar es que la vida te mande gente que sea capaz de decidir por ti, gente a la que no le tiemble la mano para pelear por ti, aunque sea de la maldita forma equivocada. ¿Entiendes? —rugió y Athen
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 43. Un ángel
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 43. Un ángelCassian cerró los ojos un segundo. Escupió una maldición entre dientes y, cuando volvió a abrirlos, ya no había espacio para la huida. Dio un paso adelante, la empujó contra la pared sin violencia, pero con una decisión peligrosa, y antes de que Athena pudiera reaccionar la besó.La sorpresa en ella, la forma en que sus labios se separaron en un jadeo confuso, fueron justo la pequeña ventana que necesitaba, y la lengua de Cassian se apoderó de su boca como si nunca hubiera dejado de pertenecerle. El primer contacto fue impulsivo, pero ese impulso pronto se convirtió en un beso desesperado, torpe y feroz al mismo tiempo, como si le doliera no hacerlo.Y Athena respondió sin pensar, atrapada en esa misma urgencia que le recorría el cuerpo como un incendio. Ni siquiera sabía por qué lo hacía, si lo estaba castigando por no decirle o se estaba castigando ella misma por no darse cuenta…“O a lo mejor solo soy masoquista. ¡Maldición, eso debe ser!”
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 44. Indestructible
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 44. IndestructibleLa noche cayó pesada sobre la casa de los Harrow, como si incluso las paredes supieran que ya no quedaban muchas cartas por jugar. Audrey caminaba de un lado a otro del salón con el teléfono pegado a la oreja y los tacones resonando con un ritmo nervioso sobre el suelo pulido. Su voz estaba elevada, cargada de furia y frustración, y no parecía importarle si alguien más la escuchaba.—¡No conseguiste absolutamente nada! —le gritó a su abogado—. ¡Nada! ¿Para eso te pago? ¿Para que un juez me humille delante de todo el mundo?Hizo una pausa, apretando los labios mientras escuchaba la respuesta al otro lado de la línea. Sus dedos temblaban, pero no de miedo, sino de una rabia vieja y conocida.—No me importa lo que diga la ley —escupió—. ¡Me importa que Athena nos haya traicionado y que tú no hayas sabido hacer tu trabajo!Colgó sin despedirse y lanzó el teléfono sobre el sofá con un gesto brusco, que atenuó el sonido de la puerta del salón
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 45. Una reunión entre enemigos
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 45. Una reunión entre enemigosEra el hombre más terco… bruto… imposible… Pero pelear con él era como pelear contra un muro de piedra. Así que lo dejó cargar a los bebés y le sacó la lengua en el mismo instante en que trató de esbozar la más mínima queja porque le dolía el brazo.Él se hizo el orgulloso y ella la tonta, porque eso les estaba funcionando, pero al día siguiente cuando él se fue a la oficina, ella no pudo evitar acurrucarse en uno de los divanes de la biblioteca mientras pensaba en todo lo que Cassian le ocultaba; en las respuestas a medias; en los silencios demasiado largos. Algo no terminaba de encajar.Pero entonces el teléfono sonó y la sacó de sus pensamientos. Y el número en la pantalla la hizo tensarse antes incluso de contestar.“¿Athena?” dijo la voz de Audrey al otro lado. “Necesitamos hablar”.Ella cerró los ojos un segundo.—¿Sobre qué? —preguntó con cautela.“Sobre cosas que te conviene escuchar” respondió su madrastra. “Si no q
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 46. Tres razones para amar
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 46. Tres razones para amarAthena se tensó en un solo segundo. Aquella pregunta no venía gratuita, escondía algo, un interés que Athena no entendía pero que no podía ser bueno. Al final lo peor de todo era que estaba segura de que de parte de su familia ya no podía esperar nada nuevo.—¡Eso no es tu maldito asunto! —gruñó entre dientes porque odiaba que se creyera con derecho a hablar de sus hijos; pero Audrey asintió lentamente.—Exactamente la respuesta que esperaba, eso significa que sí. Tus hijos ahora llevan su apellido y son sus herederos.Athena sintió cómo la sangre le subía al rostro y golpeó la mesa con la palma de las manos.—¡No te atrevas a hablar de mis hijos como si fueran una moneda de cambio! —le espetó.—No lo son para ti —replicó Audrey—. Pero sí lo serán para otros muy pronto. ¿O crees que Cassian les hizo un favor al reconocerlos?Athena negó con la cabeza, confundida.—No sabes de lo que hablas.—Sí lo sé —insistió Audrey encongiéndo
3 RAZONES PARA VOLVER. CAPÍTULO 1. La última orden
3 RAZONES PARA VOLVER. CAPÍTULO 1. La última ordenCassian acababa de subirse al ascensor privado del edificio cuando el teléfono vibró en su mano. Ya tenía medio cuerpo dentro, la puerta empezaba a cerrarse, y su mente seguía en modo automático, repasando cifras, reuniones y decisiones que no admitían error. Iba a salir tarde otra vez, nada nuevo, pero vio el nombre en la pantalla y algo se tensó en su pecho.Max.Contestó de inmediato y su voz salió áspera y preocupada.—¿Qué pasó?No terminó la frase. Del otro lado no hubo saludo ni preámbulo.“¡Van por ti!” gritó Max, sin aliento. “¡Cassian, van por ti ahora mismo! Audrey amenazó a Athena… dijo que te iba a matar”.El mundo se reorganizó en una fracción de segundo.Cassian sacó el arma del arnés que llevaba bajo el saco casi por reflejo. No acostumbraba a cargar armas, pero con todo lo que estaba pasando, no iba a pecar de desprevenido. Giró el cuerpo hacia la puerta del ascensor, con los músculos alertas y la mente fría. Miró el