All Chapters of 3 RAZONES PARA ODIAR: Chapter 81
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3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 28. Un movimiento estratégico
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 28. Un movimiento estratégicoEse pensamiento se quedó anclado en la mente de Athena, que tardó unos segundos en reaccionar.Permanecía de pie en la entrada del despacho, con el cuerpo rígido y el corazón un paso atrás de todo lo que estaba ocurriendo.Y como si entendiera su shock, Cassian se le acercó con paso firme. No la tocó, pero se colocó a su lado, lo bastante cerca como para que su presencia se sintiera como un ancla. Athena notó que su respiración se acompasaba apenas con la de él, como si su cuerpo reaccionara antes que su cabeza.—No te asustes —le dijo en voz baja—. Todos ellos están aquí porque, a partir de hoy, van a estar pendientes de cada movimiento legal y financiero que te involucre.Athena lo miró sin comprender.—¿Cómo policías?—Cómo asistentes de administración —corrigió él—. No para controlar lo que hagas sino para decirte cómo puedes hacerlo. ¿Digamos que quieres comprar un coche de doscientos mil dólares? Pues cualquiera de ello
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 29. Dos opciones para enfrentar el desastre
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 29. Dos opciones para enfrentar el desastreAthena permaneció de pie frente al escritorio, con las manos echas puños a los lados, escuchando al abogado con una atención casi dolorosa. Sentía el cuerpo rígido, como si cada palabra que él pronunciaba pudiera inclinar la balanza de su vida hacia un lado u otro. No era miedo exactamente; era una mezcla de cansancio, alerta y una lucidez incómoda que le había llegado demasiado pronto.—¿Cuáles son realmente mis posibilidades? —preguntó al fin, rompiendo el silencio—. Sin rodeos.El abogado asintió con gravedad, acomodándose las gafas. Tenía ese tono de quien ha repetido la misma explicación muchas veces, pero entendía que, para ella, cada frase era una grieta nueva.—En primer lugar —empezó—, su familia está apostando a que usted no se presente respaldada por un abogado. Esperan intimidarla, cansarla, que se equivoque. Que cometa un error por desesperación, y sobre todo, que ceda a la presión para que acepte l
3 RAZONES PARA ODIAR. CAPÍTULO 30. Una conversación ajena
3 RAZONES PARA ODIAR. CAPÍTULO 30. Una conversación ajenaAthena trató de que su respiración se normalizara. Le dolía cada músculo de tenerlos tan rígidos, como si hubiera estado haciendo un ejercicio intenso en lugar de solo… procesar su nueva vida.Finalmente se sentó cerca de la ventana, y su mirada tropezó con sus hijos jugando en el jardín trasero, bajo la supervisión directa de las niñeras y otra supervisión un poco más discreta del personal de seguridad, que parecía haberse multiplicado en las últimas horas.Alya reía mientras Leo intentaba alcanzarla gateando, y Cian observaba todo con una seriedad casi cómica. Los niños estaban a salvo y felices. Ella por fin tenía toda la ayuda para cuidar de ellos y… y a pesar de todo todavía sentía que era irreal eso de tener una tarjeta con millones a su nombre.Aquella cifra que no terminaba de caberle en la cabeza y mucho menos cómo Cassian había podido desprenderse de ella con tanta facilidad para dárselo a alguien que hacía dos años d
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 31. Una discusión en paños m... sin paños
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 31. Una discusión en paños m... sin paños—Pero está de vuelta, y viene con tres niños hermosos —fue la respuesta cuidadosa de May—. Quizás no crea que es importante ahora, pero ¿no le parece que sus hijos merecen crecer con unos padres que no se odien?—Yo no la… —Cassian se detuvo y se pasó una mano por el cabello con un gesto de impotencia.—No, usted no la odia, pero tampoco se merece que ella lo odie y…—¡Dije que no, May! —exclamó Cassian golpeando la mesa con las palmas abiertas—. Alguien siempre tiene que ser el monstruo… —y aquel murmullo salió de su boca como si estuviera hablando consigo mismo—. Lo que está hecho está hecho y punto. Ella está a salvo, mis hijos también, el resto… no voy a perder tiempo explicándolo. Ese no soy yo.La mujer apretó los labios porque sabía que había un límite para cuánto podía presionar a su jefe, aunque fuera por su propio bien.—Bueno, señor, mi sopa de pollo puede curar la gripe pero no la terquedad, será mejor
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 32. Un accidente doméstico
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 32. Un accidente domésticoAthena reaccionó antes de pensar. En cuanto consiguió incorporarse tras la caída, se envolvió rápidamente en la bata de baño que había quedado colgada detrás de la puerta y se acercó a Cassian, que estaba sentado en el suelo, apoyado contra la bañera, con la espalda húmeda y la respiración irregular. El vapor seguía suspendido en el aire, espeso, y el suelo estaba cubierto de agua que reflejaba la luz cálida del baño.—Déjame ver —dijo, agachándose frente a él.Cassian intentó restarle importancia, pero cuando Athena tomó con cuidado su brazo derecho y palpó el codo, él apretó la mandíbula con fuerza, tensando todo el rostro. El gesto fue involuntario, un reflejo inmediato al dolor, y Athena lo notó enseguida.—Cassian —dijo ella con un susurro ahogado—, creo que te dislocaste el codo.Él resopló, intentando sonreír, como si aquello fuera una exageración.—No es para tanto.Pero Athena volvió a tocar el brazo, esta vez con más c
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 33. De algo hay que morirse
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 33. De algo hay que morirseEl médico tomó aire, acomodó su postura y avisó con la seriedad de quien ya había hecho aquello demasiadas veces como para adornarlo o suavizarlo.—Voy a reacomodar el codo… ahora.Cassian tenía la mandíbula tensa, los hombros rígidos y el orgullo intacto, como si aquello fuera solo un trámite incómodo que prefería despachar rápido. Athena, en cambio, estaba demasiado alerta, demasiado cerca, demasiado consciente de cada mínimo movimiento. Lo sostenía con firmeza, casi con desesperación, como si pudiera evitarle el dolor a base de sujetarlo con fuerza.Sentía su respiración agitada contra su pecho, el peso de su cuerpo ligeramente inclinado hacia ella, la tensión acumulada en cada músculo.El médico hizo el movimiento rápido, preciso, casi quirúrgico.El crac seco resonó en la habitación con una claridad brutal, como si el sonido se hubiera clavado en el aire y no quisiera desaparecer.—¡Aaaaah! —gritó Athena, sobresaltada, afe
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 34. A-yú-da-me
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 34. A-yú-da-meAthena sintió que se estremecía sin poder evitarlo, y le dio la espalda apretando los labios.—Pues pañales de adultos serán.Lo dijo con un tono tan firme que no dejaba espacio a réplica. Se dio media vuelta con decisión, convencida de que ya había cumplido con su cuota de paciencia del día, y avanzó hacia la puerta como quien se retira de una discusión ganada. Peor no había dado ni dos pasos cuando escuchó detrás de ella un gruñido bajo, cargado de frustración, seguido del sonido inconfundible de la hebilla chocando de nuevo con el metal, sin abrirse.Athena cerró los ojos un segundo. Respiró hondo. Y perdió la paciencia.Giró sobre sus talones y regresó a grandes zancadas hasta quedar frente a Cassian, que seguía forcejeando con la ropa como si aquello fuera una cuestión de orgullo personal.—¡Eres terco! —le soltó, apartándole las manos y sujetando su cinturón para soltarlo. Y como no quería a la… entonces tenía que mirarlo a los ojos—.
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 35. Mejor espía de lo que imaginaba.
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 35. Mejor espía de lo que imaginaba.Athena se giró con la receta en la mano y la sacudió frente a la cara de Cassian como si fuera una prueba irrefutable en un juicio doméstico. El papel se movió entre sus dedos con un leve temblor que no tenía que ver con inseguridad, sino con una irritación perfectamente contenida.—A los niños malcriados no se les espía —le dijo con voz firme—. Se les cuida.Cassian parpadeó, sorprendido por la naturalidad con que ella ni siquiera intentaba negar que estaba husmeando en sus cosas. Se había quedado dormido en la mecedora, pero aquella hipervigilancia con la que había vivido toda su vida lo había hecho levantarse de repente, solo para encontrarse a Athena en su habitación improvisada.—No estaba espiando —murmuró ella acercándose—. Pero sí estoy metiendo las narices donde no me llaman porque de lo contrario voy a tener que estar poniéndote y sacándote el cinturón más de lo que te mereces.—¿Perdón? —la increpó Cassian
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 36. Una corrección necesaria.
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 36. Una corrección necesaria.Athena entró a la casa con paso firme, aunque por dentro se sentía como si llevara un nudo apretado en el pecho. Apretó en su bolsillo aquel teléfono con que le había sacado fotos al expediente, y caminó directo hacia el despacho. Cassian estaba allí, revisando unos documentos con el ceño fruncido y el brazo todavía inmovilizado, intentando aparentar que no le molestaba tanto como en realidad le molestaba.Athena dejó las bolsas sobre el escritorio y sacó las cajas de medicinas.—Aquí están —dijo, colocándolas una por una frente a él—. Tal como indicó el médico. Sin excusas.Cassian levantó la vista y la miró con una mezcla de resignación y algo que se parecía mucho a gratitud.—¿Todas esas son para mí? —preguntó—. Empiezo a pensar que planeas sedarme.—No me tientes —respondió ella—. Tómalas.Él obedeció sin discutir, algo que no pasó desapercibido para Athen, pero antes de que pudiera decir nada más, el sonido del timbre ro
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 37. Una verdad sobre la compasión
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 37. Una verdad sobre la compasiónAthena levantó la vista lentamente y se encontró con la mirada de sus padres al otro lado del salón. Audrey y Dorian la observaban como si acabaran de ver un fantasma, con los ojos abiertos de más y los rostros tensos, incapaces de ocultar la sorpresa. Y ella sostuvo esa mirada sin parpadear. Ya no sentía el impulso de bajar los ojos ni de encogerse. Había pasado demasiado como para permitirles eso.Pero lo que realmente le sorprendió fue que su hermana no estuviera allí, cuando aparentemente aquel juicio era vital para la supervivencia de su padre. Aquella ausencia era tan evidente como incómoda, y Athena la registró de inmediato, pero no dijo nada porque Dorian fue el primero en reaccionar. Se inclinó hacia delante, murmurando algo que no llegó a entenderse, pero que sonaba a incredulidad absoluta. Sus manos temblaban ligeramente sobre el bastón.—¿Wolf? Esto es imposible… —alcanzó a decir, con la voz quebrada por la ra