All Chapters of ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!: Chapter 11
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C11- TENDRÁS QUE OLVIDARLO.
C11- TENDRÁS QUE OLVIDARLO.Angelo salió de la habitación de su abuela más furioso que nunca. La sangre le hervía en las venas. «¿Encontrarle un marido a Aurora? ¿Su reemplazo?» La idea le revolvía el estómago de una forma que no esperaba.—Es mi esposa —siseó mientras bajaba las escaleras a zancadas. La palabra "mía" resonó en su cabeza con una intensidad que lo sorprendió. No entendía por qué le molestaba tanto. Se suponía que quería deshacerse de ella, ¿no? Ese había sido su deseo durante ocho años. Entonces, ¿por qué ahora la idea de verla con otro hombre lo enfurecía tanto?Tomó las llaves de su Aston Martin y salió de la mansión sin despedirse de nadie. El motor rugió cuando lo encendió y arrancó con un chirrido de neumáticos. Y mientras conducía por las calles de Londres, sus manos apretaban el volante.La imagen de Aurora no abandonaba su mente. Esa frialdad en sus ojos, tan diferente a la calidez que una vez lo había envuelto."Te amo, Angelo" le había dicho ella tantas v
C12- HOLA, ANGELA
C12- HOLA, ANGELAEn la mansión Russo, Jimena se sentó frente al espejo de su tocador y comenzó a peinar su largo cabello rubio con movimientos mecánicos. Llevaba puesto un camisón de seda, pero sus ojos no se concentraban en su reflejo, sino en los pensamientos que giraban en su mente como un torbellino.La llegada de Aurora había sido como una bomba en medio de sus planes. Durante esos ocho años, Jimena se había mantenido deliberadamente al lado de Angelo, esperando con paciencia, conquistándolo lentamente. Se había convertido en su confidente, en su apoyo, en la mujer que siempre estaba ahí cuando él la necesitaba. Y ahora, en cuestión de minutos, Aurora había regresado y Angelo la había mirado como si el tiempo no hubiera pasado.—¿Cómo debo interpretar eso? —se preguntó —¿Acaso siempre tuviste sentimientos por ella? ¿Acaso era mentira tu indiferencia todos estos años?Sin darse cuenta, aumentó la firmeza de su mano en el cepillo, tirando de su propio cabello con más fuerza de la
C13- CRUZAR EL OCÉANO.
C13- CRUZAR EL OCÉANO.La noche caía sobre Nueva York y la habitación de Angela quedaba iluminada solo por la pantalla del iPad y las estrellas fosforescentes pegadas en el techo. Eran puntitos verdes y azules que ella había colocado con su mamá una tarde cualquiera, en las paredes, los dibujos de crayones se amontonaban torcidos, algunos con nombres mal escritos, otros con figuras que solo ella entendía. Angela, de ocho años, estaba sentada en la cama, con las piernas cruzadas y los auriculares puestos, jugando Roblox con William, que llevaba meses siendo su amigo aunque viviera tan lejos, en una ciudad llamada Londres. Se habían conocido por el chat del juego, primero como dos avatares torpes, luego como voces que ya se reconocían sin dudar.—¡Cuidado, cuidado! —dijo William riéndose—. Te van a rodear.—No, mira, mira —respondió Angela, moviendo los dedos rápido—. Aquí hago esto… y ya.Ambos rieron cuando el personaje enemigo cayó. La conversación iba y venía con la naturalidad d
C14- LA COMPETENCIA HA LLEGADO.
C14- LA COMPETENCIA HA LLEGADO.LONDRES.La cafetería de lujo despertaba con la calma elegante de una mañana soleada en el centro de Londres. Aurora estaba sentada junto a la ventana y frente a ella, permanecía una taza de café intacta, con el vapor ya casi disipado.—Sí, señor Santini… comprendo —dijo en voz baja, sosteniendo el teléfono junto a su oído—. Solo quiero el documento listo para firmar. En cuanto a lo demás, puede decirle que no quiero nada de la familia Russo. Ni propiedades, ni fondos, ni acciones. Solo mi libertad.Escuchó en silencio, con el mentón apenas levantado, como si esa postura la ayudara a no ceder.—Perfecto. Le enviaré un correo confirmándolo. Gracias.Colgó. Dejó el teléfono sobre la mesa y, por primera vez, exhaló despacio, como si hubiera estado conteniendo el aire durante demasiado tiempo. Miró su reloj de pulsera y frunció apenas el ceño.«La abuela debería llegar pronto.»Tomó la cucharita y la movió dentro de la taza, creando pequeños remolinos oscur
C15- ¡ME LLEVA EL DIABLO!
C15- ¡ME LLEVA EL DIABLO!Tras el gesto íntimo de Logan, el aire cambió. Un frío sutil pareció colarse desde la puerta, Aurora mantuvo su sonrisa, pero ésta se congeló cuando su mirada se encontró primero con la de la abuela y luego, inevitablemente, con la de Angelo.Adelina se apoyaba con dignidad en el brazo de su nieto. Su vestido gris perla lucía impecable y su rostro era una máscara perfecta de cortesía social, pero sus ojos, brillantes y astutos como los de un halcón, no perdían detalle de la escena que acababa de interrumpir.—Logan, querido. Qué grata sorpresa verte aquí —dijo la anciana con una sonrisa cálida—. Siempre un caballero entre la multitud.Su tono era afable, casi maternal, Angelo, por su parte, no dijo nada. Sus ojos, ardientes como carbones recién encendidos, se clavaron primero en la mano de Logan que acababa de retirarse del rostro de Aurora, y luego en el propio Logan. No era la mirada que un socio dirige a otro; era la de un hombre que acababa de descubrir
C16- ¿TE GUSTA MI MUJER?
C16- ¿TE GUSTA MI MUJER?—Abuela… qué cosas dices… no sé por qué quieres esa fiesta… La expresión de Adelina cambió sutilmente y la satisfacción dio paso a algo más profundo y más doloroso. Su mirada recorrió el rostro de Aurora como si quisiera memorizar cada detalle, y por un instante, su corazón se apretó dentro de su pecho, mientras un destello de culpa atravesaba sus ojos, tan rápido que casi pasó desapercibido. Casi.Porque Aurora notó el cambio, la máscara de fortaleza y astucia que siempre llevaba Adelina Russo pareció resquebrajarse por un segundo, revelando algo que nunca había visto antes en ella, algo que parecía remordimiento.—Ey —dijo tomando la mano de la anciana entre las suyas—. ¿Qué pasa?Los ojos de la mujer estaban enrojecidos, brillantes por una humedad inusual y parpadeó rápidamente, intentando recuperar la compostura.—Nada... solo que... has crecido tanto —respondió con voz quebrada—. Te miro y apenas puedo creer la mujer en la que te has convertido.Aurora s
C17- ¿NO HIZO NADA EN SU NOCHE DE BODAS?
C17- ¿NO HIZO NADA EN SU NOCHE DE BODAS?—¿Casada? —repitió—. ¿Quieres que me case... otra vez?El silencio que siguió fue denso, casi palpable. Adelina observó la reacción de su nieta con atención, anticipando el rechazo que veía formarse en sus ojos, entonces se apresuró a explicar, su tono cariñoso contrastando con la fría lógica de sus palabras.—Aurora, cariño, no es un capricho. La fortuna que vas a heredar no es un simple cheque y en este mundo... el mundo de los negocios de verdad, está lleno de tiburones que verán a una mujer joven, hermosa y aparentemente sola, como una presa fácil. Un esposo a tu lado, sobre todo uno con influencia y conocimiento, es un escudo. Llámalo un socio estratégico.Aurora recuperó el aliento y el instinto de independencia que había forjado en ocho años de lucha salió a flote como un animal acorralado. —Abuela, yo he manejado mi vida en Nueva York completamente sola. He negociado contratos, he enfrentado fracasos y he levantado éxitos con mis propia
C18- OJALÁ TE MUERAS.
C18- OJALÁ TE MUERAS.La habitación del hospital privado era un estudio en blancos y grises, interrumpidos solo por el verde y rojo de los monitores que vigilaban constantes vitales.Jimena estaba de pie junto a la cama donde yacía Alan Russo, su esposo, conectado a máquinas que monitoreaban con pitidos rítmicos una vida que apenas se aferraba al cuerpo.Pero no había amor en la mirada de Jimena, solo una observación fría, calculadora y llena de resentimiento. Sus manos, enguantadas en cuero fino, se apretaron a los lados de su cuerpo y lentamente se inclinó hacia el hombre inmóvil, —Ojalá te mueras y me dejes en paz finalmente —susurró en su oído.Cada palabra era un clavo imaginario en el ataúd que ella ya había preparado mentalmente para él. Y así la imagen del Alan en coma se difuminó en su mente, reemplazada por un recuerdo vívido, lleno de color y rabia. Era la última discusión, en lo que había sido su casa, antes de mudarse a la mansión Russo. Alan, estaba vivo, furioso, con
C19- ¡LLÉVAME CONTIGO!
C19- ¡LLÉVAME CONTIGO!La salida de la escuela primaria era un caos ordenado. Había niños corriendo, mochilas golpeando espaldas, voces que se mezclaban con el ruido de la calle. Angela salió entre ellos, pero no corrió. Caminó despacio, con la mochila cargada de libros tirándole de los hombros. Su mirada estaba perdida, como si siguiera viendo otra pantalla, otro lugar. Londres. William hablando de su tío, de los Seals y también esa posibilidad que no la dejaba dormir: encontrar a su padre.Mientras tanto, Mike la esperaba apoyado en el auto, con una sonrisa.—¿Cómo fue el día, pequeña genia?Angela se encogió de hombros.—Bien.Dio dos pasos más y agregó, sin mirarlo:—Regular.Mike frunció el ceño y se inclinó un poco para quedar a su altura.—¿Qué sucede cariño? Por lo general estarías contándome tu día… y hoy estás muy callada.Angela negó suavemente.—Nada, solo quiero ir a casa.Mike soltó un suspiro y tomó su mochila.—Ok, pero… tengo tus Twinkies favoritos en el auto.—Gra
C20- ¿POR QUÉ NO QUIERES NADA DE MÍ?
C20- ¿POR QUÉ NO QUIERES NADA DE MÍ?—¿Traerte…? —repitió Aurora, con un hilo de pánico en la voz—. ¿A… a Londres?—Sí —respondió Angela, ya sin gritos y con una calma lastimera que dolía más—. Dile que me lleve a Londres.Aurora apretó los dedos alrededor del teléfono. Las ideas chocaron en su cabeza sin orden. Londres. Los Russo. Angelo tan cerca. Con Angela allí, su secreto corría peligro y no podía arriesgarse.—Angela… mi amor… —intentó—. No…—¿Por qué no? —la interrumpió la niña—. Soy tu hija y las mamás están con sus hijas. Yo no tengo papá, tengo nada más que a mamá… y ahora tú no estás. ¡Por eso ya no tengo a NADIE! ¡A NADIE! ¡Woooo!Aurora cerró los ojos, esa frase la atravesó. Recordó a Angela mirando a otras niñas con sus padres, fingiendo que no le importaba y sabía que había preguntas que nunca se atrevían a salir completas. La culpa, guardada durante años, le explotó en el pecho, por eso respiró hondo y aunque el miedo seguía ahí, perdió la batalla.—Ok… Cálmate,