All Chapters of ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!: Chapter 31
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C31-SI TE PIDIERA UNA OPORTUNIDAD.
C31-SI TE PIDIERA UNA OPORTUNIDAD.Angelo permaneció en el sofá con los ojos cerrados y con una copa de whisky entre sus dedos temblorosos. El rechazo de Aurora, sumado al terreno que Logan estaba ganando, le corroía las entrañas con una insistencia que no se iba. Recordó sus palabras, frías y firmes, hablando de hacer su vida, de citas, de avanzar y cómo ella había añadido que él también había seguido con la suya.Una risa amarga escapó de sus labios.Porque en esos ocho años de separación, Angelo Russo, no había hecho otra cosa que trabajar, cuidar de su sobrino, visitar a su hermano en el hospital y regresar a casa para contemplar fotografías de una única mujer.No había tenido ni una sola cita. Ni una. No por falta de oportunidades—Dios sabía que las mujeres prácticamente se arrojaban a sus pies—sino porque simplemente no le interesaban. Ninguna era Aurora. Ninguna tenía su risa que parecía iluminar hasta los rincones más oscuros de su alma, ni esa forma única de fruncir el ce
C32-MUSEO DE CIENCIAS
C32-MUSEO DE CIENCIASAngela salió corriendo de su cuarto como si el suelo no la tocara. Bajó por el pasillo y apareció en la cocina justo cuando Mike cerraba su termo de agua.—¡Tío Mike! —dijo sin respirar—. ¡Apúrate, vamos a llegar tardísimo!Mike la miró y soltó una risa.—Calma, pequeña genia. Vamos bien, te lo prometo.Angela se balanceó sobre la punta de los pies, incapaz de estarse quieta. Su madre le había dado permiso para ir con Mike al museo de ciencias. Pero eso era todo lo que los adultos sabían. Para Angela, ese día significaba algo más grande, mucho más grande.Hoy estaba segura de que por fin daría el primer paso para encontrar a su papá.Mike terminó, tomó el bolso y le extendió la mano.—Vamos, pequeño terremoto —dijo—, antes de que tires la casa abajo.Angela le tomó la mano con fuerza y sonrió tan grande que le dolían las mejillas.El museo de ciencias de Londres era enorme.Y apenas cruzaron la entrada, el corazón de Angela empezó a latir tan rápido que le zumbab
C34-NO HABLES CON EXTRAÑOS.
C34-NO HABLES CON EXTRAÑOS.Angela corrió sin pensar y el ruido del lugar se volvió lejano, como si todo se apagara menos el latido desordenado de su corazón.—¡WILLIAM! ¡SOY YO, ANGELA! —gritó de nuevo.William se giró de golpe y, con él, también lo hicieron las personas que lo acompañaban. Los dulces ojos del niño se iluminaron al reconocerla.—¡Angela! —sonrió.Ella llegó hasta él y lo abrazó con fuerza. William la rodeó torpemente. Era un abrazo de niños, sincero, apretado y necesario.—Pensé que no ibas a venir —dijo él, rápido.—Yo también pensé eso —respondió ella, sin soltarlo.Cuando se separaron, Angela levantó la vista y sus ojos se posaron en el hombre que estaba junto a William. Era alto. Firme. Entonces su corazón volvió a acelerarse.—Él es... —empezó a decir.Pero el hombre ya hablaba, sin mirarla siquiera.—Espero verte en el entrenamiento, William —dijo—. Tienes que mejorar tu tiro con arco.Luego miró a la mujer que lo acompañaba, asintió una sola vez y se alejó sin
C35- ME REPUGNA RECORDAR QUE UNA VEZ TE AMÉ.
C35- ME REPUGNA RECORDAR QUE UNA VEZ TE AMÉ. Aurora se rio, se giró completamente hacia él, con los ojos brillando de un desprecio que no se molestaba en disimular. —¿Una señal? —repitió, su voz goteando veneno—. ¿De qué, Angelo? ¿De que el universo conspira para que sigas torturándome con tu presencia? Por favor, no me hagas vomitar. No hay nada que hablar. Todo está dicho, gritado, llorado y olvidado. O al menos, yo lo he olvidado. Tú pareces no poder soltar el hueso. Angelo la miró, y por un instante, algo se quebró en su expresión: un destello de dolor crudo, como si sus palabras hubieran clavado una daga en el centro de su pecho. Él siempre había sido el fuerte, el indiferente, el que mantenía las distancias en su matrimonio para no mostrar lo que realmente sentía. Pero ahora, en la penumbra del auto, con el motor muerto y el mundo detenido, ese secreto amor que había guardado como un tesoro envenenado empezaba a sangrar. Abrió la boca para responder, pero Aurora no le dio esp
C36- ¿CÓMO SE LLAMA?
C36- ¿CÓMO SE LLAMA?Las manos de Angelo se movieron con decisión, una aferrándose a la cintura de Aurora y la otra sujetando firmemente su nuca, enredando los dedos entre sus cabellos. Era un beso de hambre pura, de desesperación salvaje y experiencia masculina.Él no buscó convencerla con ternura; la invadió. Sus labios, antes tensos por el dolor, se movieron contra los de ella con una seguridad devastadora, sabiendo exactamente cómo hacerla partir y aunque intentó resistir, su lengua encontró la de ella.Aurora sintió que algo se quebraba dentro de ella.Un gemido traicionero escapó de su garganta mientras su cuerpo recordaba lo que su mente quería olvidar.Y entonces, se rindió.Pero no fue una rendición dulce, fue una explosión. Como si un cable cortado en su interior volviera a conectarse, enviando una descarga que la recorrió de pies a cabeza, ella dejó de empujarlo y sus manos, antes crispadas en puños, se aferraron a su piel, necesitando anclarse a algo mientras el mundo daba
C37-¿MI PAPI ES SEAL?
C37-¿MI PAPI ES SEAL?Aurora abrió la boca y la cerró. Pero su corazón empezó a latir tan fuerte que podía salírsele del pecho y supo, en el mismo instante en que la pregunta salió de los labios de su hija, que el momento había llegado. El que llevaba ocho años posponiendo, esquivando, enterrando bajo rutinas, risas y silencios cuidadosamente construidos. Porque al final, las preguntas siempre llegan.Tragó saliva, buscando una calma que no sentía.—Cariño... —empezó, despacio, midiendo cada palabra y Angela se encogió de hombros sin mirarla, concentrada en la foca que abrazaba contra su pecho.—En el cole... —dijo—. Para el árbol genealógico hay que poner los nombres de los papás. Y yo puse el tuyo y... —se quedó en silencio— el de mi papá lo dejé en blanco.El dolor fue inmediato, punzante y Aurora la rodeó con los brazos, apretándola contra su pecho.—Lo sé, mi amor. Lo sé... Es un tema un poco triste para mí. Pero tienes derecho a saberlo —respiró hondo— su nombre... es muy espec
C38- SABÍA ALGO QUE ELLA NO.
C38- SABÍA ALGO QUE ELLA NO.Aurora sostuvo la fotografía entre los dedos como si pesara toneladas. El borde áspero del papel le raspaba la piel, pero no la soltó. La imagen seguía allí, intacta, cruelmente viva. Sus padres sonriendo, ajenos a todo lo que vendría después.Y entonces el recuerdo la golpeó sin aviso.Tenía quince años, estaba en el colegio cuando la llamaron a la dirección, el pasillo largo, el murmullo apagado detrás de las puertas, la sensación absurda de estar molestando por llegar tarde a clase, el director evitándole la mirada y al hombre que no conocía diciendo su nombre completo.Hubo un accidente y tus padres murieron...Nada más.Luego el hospital, las luces blancas, el olor metálico y una sábana cubriendo demasiado. Nadie la abrazó en ese momento, nadie supo qué decirle. Su familia materna llegó horas después, fría, distante, incómoda, como si su presencia fuera una carga añadida a la tragedia. Porque su madre siempre había sido "la que se fue", la que no enc
C39- TODO LO QUE CREÍA SABER.
C39- TODO LO QUE CREÍA SABER.Adelina tomó la fotografía con manos cuidadosas y sus dedos viejos temblaron levemente, lo suficiente para que Aurora lo notara. Los ojos de la anciana se humedecieron despacio, como si la imagen le abriera una herida que nunca terminó de cerrar.—Fue una noche lluviosa... —dijo finalmente—. El coche se salió del camino. Fue muy trágico, cariño. —Le devolvió la foto con suavidad—. ¿Por qué preguntas ahora?Aurora sostuvo la mirada de la anciana sin parpadear y ella que había aprendido a leer los silencios con Angelo, este silencio le pareció demasiado limpio, demasiado corto y de alguna forma culpable.—No es "ahora" —respondió con calma forzada—. Es que ya no soy una niña, abuela. Tengo derecho a saberlo ya estoy preparada para entenderlo.Adelina apretó los labios y dejó la foto en la mesita junto a la taza de té, luego la abrazó.—Tus padres eran buenos —susurró con voz ahogada—. Muy buenos. Te amaban más que a nada en este mundo y no querrían que vivi
C40-VAMOS A CASA.
C40-VAMOS A CASA. La mansión Russo estaba en silencio cuando Angelo cruzó la puerta. Pero era un silencio engañoso, de esos que no calman, que solo dejan espacio para que la mente haga su trabajo más cruel. La revelación de Bianca le daba vueltas sin descanso, una y otra vez, como un golpe que no terminaba de asentarse. Habían pasado ocho años. Ocho años creyendo que Aurora había empujado a Jimena por celos. Ocho años justificando una separación que nunca quiso de verdad. Ocho años castigándola por algo que no había hecho. Y ahora sabía que Jimena se había lanzado sola. Embarazada. El estómago se le revolvió. —¿Por qué? —murmuró—. ¿Qué clase de mujer hace algo así? La culpa cayó con todo su peso. No fue una punzada rápida, sino una marea espesa. Se vio a sí mismo pidiéndole a la abuela el divorcio, alejando a Aurora con frialdad, mirándola romperse sin darle una sola oportunidad de explicarse, creyendo haber sido justo, creyendo haber hecho lo correcto. Pero ha
C41-MANTENDREMOS DISTANCIA.
C41-MANTENDREMOS DISTANCIA.En la mansión Russo, Angelo observó largo rato a Jimena y las palabras de Bianca se repitieron claras y duras.—A partir de ahora —dijo al fin, con frialdad absoluta— mantendremos distancia. La necesaria. No más cenas, no más charlas innecesarias, no más confidencias. Concéntrate en tu hijo y en mi hermano, ¿entiendes? Ya deja de pasar tiempo en spa y compras... si lo amas tanto como dices, deberías quedarte con él, pero en ocho años... si te has quedado diez veces es mucho.El rostro de Jimena se tensó y sus ojos brillaron de sorpresa y rabia.—¿Cómo puedes decir eso? —susurró—. Yo... yo sufro por Alan... está bien, no me quedo con él, pero... cumplo con las visitas regulares... además, William me necesita... Ella dio un paso y por primera vez, Angelo retrocedió y eso fue un golpe mortal para Jimena.—Angelo... no puedes...—Sí, sí puedo —respondió él, sin titubear—. Y lo estoy haciendo... soy tu cuñado, no lo olvides. Y sigo casado y si Dios quiere lo se