All Chapters of ¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!: Chapter 41
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C42- RÓMPELO
C42- RÓMPELOEn su oficina, Angelo no estaba en mejor estado.Tenía varios informes abiertos sobre el escritorio, pero no estaba leyendo ninguno. Sus ojos estaban fijos en una hoja marcada con una enorme equis roja y un nombre subrayado con tinta oscura: Francesco Veretti.—Maledizione... —murmuró, apretando la mandíbula—. Abuela, no deberías dejarte llevar por las apariencias.Había bastado una sola llamada para cobrar un favor pendiente y Francesco Veretti había caído en menos de una hora.Un abogado joven, ambicioso, con la sonrisa correcta para las fotos... pero con un expediente que olía mal desde la primera página. Un altercado hacía tres años, denuncia por agresión y una exnovia que terminó en el hospital con la muñeca fracturada y demasiadas excusas archivadas para que el caso no avanzara.Angelo cerró los dedos sobre las hojas.—Golpear a una mujer... —dijo en voz baja, peligrosa—. Cabrón de mierda.Cerró el expediente de golpe.—Sobre mi cadáver —añadió—. Mi bruja sexy no va
C43- CELOS EN EL TÁMESIS.
C43- CELOS EN EL TÁMESIS.Angelo llegó al muelle con la mirada afilada, elegante, impecable y demasiado serio para un lugar lleno de risas y cámaras. Escaneó el sitio una sola vez y no la vio. Pero en cambio un par de turistas en sus veintes, lo miraron sin pudor, una murmuró algo a la otra.—Cielos... mira a ese hombre. Parece un modelo de revista —susurró sin disimulo.Su amiga asintió con una sonrisa.—Definitivamente no es inglés. Tiene ese aire mediterráneo sexy.Pero Angelo no les devolvió ni un segundo, sus ojos se fueron directo al río. Entrecerró la mirada y, sin ningún tipo de pudor, sacó unos binoculares tácticos del interior de su chaqueta. Negros, sobrios y claramente fuera de lugar, entonces las turistas soltaron risitas nerviosas.—¡Oh, Dios mío! Es como James Bond —exclamó una de ellas, llevándose la mano al pecho con exageración—. ¿Crees que sea espía?—Si es espía, puede investigarme cuando quiera —respondió otra, provocando carcajadas entre sus amigas.Angelo, com
C44- MI PREOCUPACIÓN POR TI, NO TIENE LÍMITES.
C44- MI PREOCUPACIÓN POR TI, NO TIENE LÍMITES.Aurora se acomodó en el extremo del bote, poniendo la mayor distancia posible entre ella y Franchesco. El suave balanceo del bote sobre las aguas del Támesis contrastaba con la tensión que crecía entre ambos, entonces ella respiró hondo, decidida a terminar con aquella situación de una vez por todas.—Franchesco, te agradezco mucho esta salida, pero creo que esto no va a funcionar.El hombre frunció el ceño y sus ojos oscuros se entrecerraron ligeramente.—¿Por qué dices eso? Apenas estamos conociéndonos.—Mira, eres un chico encantador, pero... —Aurora buscó las palabras adecuadas— creo que la diferencia de edad es un problema. Tienes veinticuatro años, y deberías salir con alguien de tu edad, alguien con quien compartas más cosas en común.La expresión de Franchesco cambió instantáneamente, su sonrisa encantadora desapareció, dando paso a una mueca de disgusto.—¿Diferencia de edad? —soltó una risa seca— No me vengas con esas excusas. S
C45-ESTABA CELOSO, NO LO VOY A NEGAR.
C45-ESTABA CELOSO, NO LO VOY A NEGAR.—¿Estás bien? —preguntó Angelo, viendo la disociación de Aurora.Porque ella lo miraba, todavía procesando todo lo ocurrido.—¿Qué demonios haces aquí, Angelo? —preguntó finalmente, buscando calmar las mariposas en su estómago.—Te lo diré, pero... ¿Me ayudas a subir o prefieres que siga nadando? —respondió él, extendiendo una mano hacia ella.Aurora dudó un momento, pero finalmente tomó su mano y, con esfuerzo, lo ayudó a subir al bote. El pequeño bote se balanceó peligrosamente cuando el cuerpo empapado de Angelo cayó dentro, salpicando agua por todas partes y Aurora soltó un pequeño grito, aferrándose a los bordes para mantener el equilibrio.—¡Ten cuidado! ¡Casi nos vuelcas!Él se acomodó frente a ella, con el agua goteando de su ropa y cabello. Y a pesar de estar completamente empapado, seguía viéndose ridículamente atractivo, con la camisa negra pegada a su torso musculoso.Uno que ella recordaba demasiado bien.—Lo siento por el baño —dijo,
C46- DEMASIADO SIMILAR AL SUYO
C46- DEMASIADO SIMILAR AL SUYO—¿Aurora? —preguntó Angelo, notando su cambio—. ¿Qué pasa?Ella levantó la mirada, con los ojos muy abiertos y una expresión de pánico absoluto.—Disculpa, es... mi terapeuta. —la mentira salió torpe y apresurada de sus labios.Aurora se levantó con cuidado y se dirigió a la popa del bote, alejándose lo más posible para tener privacidad y Angelo asintió, pero algo no le cuadraba. En todos los años que la conocía, nunca la había visto tan alterada por una llamada y... ¿desde cuándo necesitaba terapeuta?Intrigado, y con el instinto de un lobo que huele el miedo, se inclinó ligeramente hacia atrás, aguzando el oído. El viento le trajo fragmentos de la conversación y no era la voz profesional de Aurora, era una voz que él nunca le había oído: dulce, maternal, llena de un amor ansioso y suave.—¿Sí, mi vida? ¿Todo bien? ¿Y el estómago? ¿Te duele todavía? —la escuchó decir con una ternura que le erizó la piel.Angelo se quedó inmóvil, procesando lo que oía. Y
C47- ¿NO PAGASTE EL RECIBO DE LUZ?
C47- ¿NO PAGASTE EL RECIBO DE LUZ?El asunto con la policía terminó rápido, aunque no limpio.En la comisaría Angelo no discutió, mostró identificación, habló poco, firme, y en menos de cinco minutos el agente ya lo miraba distinto, incluso con respeto incómodo.Angelo no pidió disculpas y tampoco se disculpó por haber estado allí.Pero ahora en su oficina, no logró sacarse de la cabeza una sola cosa.Angie.Ese nombre diminuto, absurdo, pero que se le había quedado clavado en algún rincón del pecho. Giraba el bolígrafo entre los dedos, una y otra vez, golpeándolo suavemente contra el escritorio y de repente tomó el teléfono y marcó un número.—Habla —respondió Mason al segundo—. Y antes de que preguntes: no, no tengo nada jugoso todavía. Solo algo básico.Angelo se recostó en la silla.—¿Qué tienes?—Aurora Sterling —continuó Mason—. Su vida en New York ha sido limpia, demasiado en mi opinión. Solo ha habido estudio, trabajo y una vida social... aburrida.Angelo se irguió.—¿Aburrida
C48- NO DESCANSARÍA HASTA CONOCER LA VERDAD.
C48- NO DESCANSARÍA HASTA CONOCER LA VERDAD.La oficina se sumergió en una oscuridad absoluta, pero en segundos las luces de emergencia, iluminaron sus rostros.—Debe ser un corte general —dijo Angelo, frustrado y apartándose ligeramente de la maqueta.De la nada se oyó un trueno sordo que retumbó en los cristales y Aurora dio un respingo, su respiración se aceleró de golpe y Angelo notó inmediatamente el cambio en ella.Encendió la linterna del móvil y dirigió el haz de luz hacia su rostro y vio la palidez repentina, los ojos desorbitados y el temblor en sus labios.—Aurora, ¿estás bien? —preguntó, su tono cambiando por completo: la seducción había dado paso a una alerta genuina.Otro trueno, más fuerte que el anterior, sacudió el edificio y ella se encogió visiblemente, llevándose las manos a los oídos, todo su cuerpo parecía haberse contraído.—Lo siento, son las tormentas... Desde lo de mis padres... —la confesión salió a rastras, como si cada palabra le costara un esfuerzo físico
C49-¿QUIÉN ES ELLA PARA USTED?
C49-¿QUIÉN ES ELLA PARA USTED?Después de esa noche, Angelo le pidió a Mason que hiciera una investigación más profunda, diciéndole que el tal Mike estaba en Londres con ella y que ahora quería saber qué significaba él en la vida de Aurora. Sin embargo, ese día estaba en el club de golf de Wentworth y bebía su té, mientras esperaba a la segunda cita de Aurora.Pero él era el centro de atención silenciosa.Vestido con pantalones de golf blancos impecables y un polo negro que se ajustaba a sus hombros y brazos con una precisión casi insultante, parecía una estatua griega de un dios del ocio y con una sonrisa de lobo satisfecho leía el informe de su segundo contrincante: Sir Reginald "Reggie" Thorne, 48 años, heredero de una fortuna industrial, filántropo, miembro de la junta directiva de tres museos... y cliente asiduo de un discreto spa para caballeros en Knightsbridge, donde su masajista personal, un joven llamado Sandro, era algo más que un empleado.Las fotos en la carpeta, tomadas
C50- ¿QUIERES QUE TE ENSEÑE?
C50- ¿QUIERES QUE TE ENSEÑE?Angelo se acercó mientras Aurora, aunque incómoda, aceptaba por educación la ayuda del pretendiente. El hombre la colocó frente a la pelota, se pegó a su espalda y le agarró las manos para "corregirle el swing".Era demasiado, pensó ella, sintiendo un escalofrío de molestia que le subía por la espina, pero se mordió la lengua para no ser grosera.Angelo, a cinco metros, tomó su palo de golf, miró la escena con una expresión de hielo y ejecutó un golpe corto y descontrolado. La pelota blanca describió un arco perfecto y golpeó con un ¡POP! sonoro en la espalda del hombre.El tipo gritó de dolor y sorpresa, girándose furioso mientras se frotaba la zona golpeada, con el rostro enrojecido por la rabia y la confusión.—¡Aaagh! ¿Quién demonios...?! —bramó, buscando al culpable con ojos entrecerrados—. ¡¿Quién fue el imbécil que me dio?!Aurora también miró, y el aliento se le cortó en la garganta al verlo.Allí estaba Angelo, caminando hacia ellos con la eleganc
C51- CLASES DE GOLF.
C51- CLASES DE GOLF.Y así comenzó la verdadera lección. Angelo se colocó detrás de ella, pero no como lo hizo el otro: su cuerpo envolvió el de ella sin aplastarlo, creando una burbuja de calor e intimidad que la hizo jadear internamente. Porque Aurora sintió la dureza de su erección presionando sutilmente contra su trasero, y un gemido ahogado se le escapó al recordar noches en que él la había poseído con esa misma fuerza controlada.—Relaja los hombros —murmuró él en su oído, enviando ondas de placer directo a su núcleo.Una mano firme se posó en su cadera para guiar la rotación, sus dedos hundiéndose suavemente en la carne, mientras la otra cubría la suya en el palo, entrelazando sus cuerpos en una danza erótica disfrazada.Cada punto de contacto era una brasa: Aurora sentía la dureza de su pecho contra su espalda, el muslo de él rozando el suyo con deliberada lentitud, y no podía evitar arquearse un poco, buscando más fricción, porque sí, su cuerpo estaba traicionándola.—Así... d