Capítulo 901
Author: Solange Cardot
—Ya están dormidos —Mateo dijo, indiferente.

Me extrañó:

—¿Entonces cómo es que Luki me mandó ese punto y se durmió tan rápido? Si no pasó ni un minuto.

Mateo respondió con calma:

—Te lo mandó y luego se quedó dormido.

—Ah… —contesté, sin saber si creerle o no, aunque tampoco valía la pena darle más vueltas.

Le pregunté:

—¿Y por qué me llamaste tan tarde, pasó algo?

—Nada, solo recordarte lo de mañana, la actividad de padres e hijos en la escuela, que no lo olvides.

—¿No me lo recordaste ya en l
Continue to read this book for free
Scan the code to download the app

Latest Chapter

  • Capítulo 1902

    Miré con los ojos llenos de lágrimas al señor Felipe.—¿De… de verdad? ¿De verdad me va a ayudar a encontrar a mi esposo y nos va a dejar salir de aquí sanos y salvos? —le pregunté.—Por supuesto —respondió el señor Felipe, con una cara que rebosaba benevolencia—. A decir verdad, ustedes no son más que una pareja desafortunada. Las peleas de esta finca nunca tuvieron nada que ver con ustedes.Ese señor Felipe, cuando se lo proponía, sabía interpretar el papel de buena persona a la perfección. Si no fuera porque ya conocía su verdadera cara por lo que la señorita Alma me había contado, casi habría creído que de verdad era un anciano bondadoso. Cuando escuché sus palabras, lloré todavía con más ganas.—De verdad… de verdad quiero irme de este lugar infernal. Quiero volver a casa, quiero ver a mi familia… —sollozaba yo sin parar.El señor Felipe me dio unas palmadas en el hombro para tratar de calmarme.—Está bien, buena muchacha. Mientras obedezcas y me ayudes a hacer las cosas bien, voy

  • Capítulo 1901

    Apreté con fuerza la cadena mientras miraba con terror al señor Felipe; mis lágrimas de pánico no dejaban de caer.—Mientras usted garantice mi vida y se asegure de que ese canalla no me humille, le diré absolutamente todo —le dije.—¡Maldita perra, todavía te atreves a poner condiciones! —gritó Darío con su voz brusca.El señor Felipe le lanzó una mirada severa, y Darío cerró la boca al instante. Luego, el señor Felipe dio una calada al puro y me sonrió con aparente amabilidad.—Con mi posición en este lugar, proteger tu vida no es ningún problema. Pero si te atreves a inventar mentiras para engañarme, entonces…—No me atrevo, no me atrevo —respondí, apurada, llena de terror—. De verdad, no me atrevo.El señor Felipe sonrió, satisfecho. Luego me dio una palmada en el hombro; escuché su voz incluso más benévola que antes.—No tengas miedo. Me gustan las muchachas inteligentes como tú, que saben evaluar la situación. Bien, ahora dime todo. Dime qué te encargó Pedro.Todo mi cuerpo tembl

  • Capítulo 1900

    Ricardo no se acercó esta vez. Se quedó donde estaba, con la mirada todavía más seria que antes, advirtiéndome sin necesidad de siquiera abrir la boca. Era como si, en el momento en que yo traicionara a la señorita Alma, fuera a quitarme la vida sin dudarlo. Eso dejaba bastante claro que, al menos por ahora, el corazón de Ricardo seguía del lado de la señorita Alma.Por otro lado, mis ojos buscaron a Darío. Él observaba a Ricardo con una expresión pensativa. ¿No me digas que Darío estaba empezando a dudar de la lealtad de Ricardo hacia el señor Felipe? Pero entonces… ¿De parte de quién estaba en serio Darío? ¿Era hombre del señor Felipe… o era Mateo? ¿Era enemigo o aliado? Seguía siendo una duda. Y si Darío era en realidad hombre del señor Felipe, esa mirada de advertencia de Ricardo…Si él la notaba, ¿no iría luego a chismear con el señor Felipe?Aunque Ricardo no fuera precisamente buena persona, por ahora estaba claro que no quería que la señorita Alma saliera perjudicada. ¿Debía ad

  • Capítulo 1899

    ¿Me estaba insinuando que él era Mateo? Pero no cuadraba. Si quería hacerme entender quién era, no habría murmurado "el señor Pedro" junto a mi oído, sino su propio nombre.Su mano ya se había metido por debajo de mi ropa. Mientras lloraba y trataba de soltarme, el mundo me daba vueltas a toda velocidad. ¿Por qué mencionó al señor Pedro? ¿Qué estaba intentando decirme?De repente, sentí un golpe de claridad. Me volteé hacia el señor Felipe y grité entre sollozos:—¡Hablaré! ¡Lo diré todo… todo lo que sé…!—¡Ya basta! —ordenó el señor Felipe por fin.—¿Pero qué hace, señor Felipe? —preguntó Darío volteando con un fastidio que se le notaba en la cara—. Apenas se me estaba activando, ya iba a empezar. Me corta así de la nada… ¿cómo quiere que me aguante?Yo temblaba de pies a cabeza cuando miré al señor Felipe.—Hablaré… diré la verdad. Le voy a contar absolutamente todo —tenía la voz temblorosa por el miedo.Ricardo me lanzó una mirada penetrante. Era una amenaza silenciosa: si me atreví

  • Capítulo 1898

    Cuando su cuerpo tenso se me pegó, sentí como si la cabeza me fuera a explotar. El miedo lo ocupó todo al instante y aplastó cualquier rastro de razón. Esas conjeturas absurdas, esas sensaciones familiares, desaparecieron sin dejar rastro; solo quedó un terror sofocante y desesperado.—¡Suéltame! ¡Aléjate de mí, suéltame…! —grité y lloré sin control, buscando con la mirada al señor Felipe y a Ricardo.El señor Felipe nos observaba con absoluta calma.Ricardo, en cambio, parecía incapaz de soportarlo y miró a otro lado. Las yemas de los dedos de Darío, toscas por años de entrenamiento, me raspaban la piel del hombro con dolor.—No te muevas —murmuró él, acercándose todavía más.Estaba tan cerca que podía sentir su respiración caliente. Pero en ese momento mi mente ya estaba completamente dominada por el pánico; no podía distinguir si ese aliento me resultaba familiar o extraño. Solo sentía miedo. Solo sentía desesperación. Forcejeé y grité a todo pulmón.—Hay un dicho: adaptarse o morir

  • Capítulo 1897

    —Si ella dice la verdad, mejor. Si aun así no quiere decir nada, entonces queda claro que en serio no sabe nada —dijo Ricardo con calma—. Este método no la va a lastimar ni le va a quitar la vida; como mucho, va a ser un beneficio para Darío, que va a poder darse el gusto. ¿Qué tal, Darío?—Yo soy sencillo; no entiendo esas vueltas suyas —respondió Darío entre risas roncas—, pero esto me encanta, ja, ja. Seguro quedo más cansado que la mierda, después invito al señor Torres a beber, ¿sí o no, compadre?La manera en que me lanzó una mirada resultó todavía más sucia y repulsiva que su corriente forma de hablar.—Perfecto, perfecto. Pero Darío, no seas demasiado brusco; al fin y al cabo, ella lleva un niño en el vientre —Ricardo se rio un poco.Lo miré, aguantándome la rabia. Uno tras otro… todos eran demonios con disfraz de humano. Y este hombre, además, no dejaba nada al azar; cumplía su promesa a la señorita Alma de salvar mi vida y la del niño, halagaba a Darío, y al mismo tiempo no o

More Chapter
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on MegaNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
Scan code to read on App