Capítulo 143
Author: Daly3210
last update2026-01-13 05:14:02

Dejó al niño en la habitación de su madre con su hermanita, mientras entraba en la oficina de Alejandro.

Hacía más de cuatro años que no pisaba ese sitio, pero debía reconocer que no había cambiado en nada. Estaba igual: sin ningún tipo de decoración, sin nada que dijera “esto es mío”.

Paredes blancas adornadas con títulos enmarcados, un escritorio de madera, una biblioteca repleta de libros de medicina... Recordaba una vez haber organizado algunos de esos libros.

—¿Qué es lo que quieres? —preg
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  • Kiara - 009

    La boca de la mujer se abrió como un pez al tiempo en que se llevaba una mano al pecho con dramatismo.—¡Por supuesto que no, señora Turner! —graznó—. ¿Cómo puede pensar algo como eso?—¿Acaso no lo estás gritando con tu comportamiento? —le sostuvo la mirada—. No me parece que una teniente deba hablarle a un superior con tanto coqueteo.Los ojos de Clein parecían querer salirse de sus cuencas mientras paseaba la mirada entre ella y el coronel, como buscando algún tipo de apoyo de parte del hombre.Pero no hubo nada. La humillación fue pública y evidente, haciendo que se marchara cabizbaja, balbuceando una disculpa que no aceptó.Sonrió internamente. Esa gata lo pensaría dos veces la próxima vez, antes de coquetearle a un hombre casado. Pero que su esposo no se hubiera metido en esto no significaba que estuviera contento con la escena.—¿No te cansas de ponerme en ridículo? —gruñó cuando llegaron a casa. —¿Estás molesto porque humillé a la zorra de tu amante? —Cada día te superas m

  • Kiara - 008

    No existió tal cosa como una luna de miel. Su esposo la llevó al departamento que compartirían de ahora en adelante y la dejó allí en medio de la sala como si fuera un mueble.—¿A dónde vas? —quiso saber cuando le dio la espalda, mostrándose completamente inaccesible. —Tengo trabajo que hacer —la miró por encima del hombro—. Y, solo para que lo sepas, no me gusta que me controlen. Así que ahórrate las preguntas de ahora en más. —¡Soy tu esposa, no puedes tratarme así!—¿Adivina qué? —sonrió—. Lo estoy haciendo justo ahora —y cerró la puerta con un sonoro portazo.El resto de la semana fue exactamente igual. Su padre llamó preguntando cómo iba todo y ella tuvo que mentir, reluciendo su mejor máscara de “todo está bien”. Porque sí, todo estaría bien. Quizás no en ese momento, pero luego lo estaría; estaba convencida de que conseguiría un equilibrio y lograría que este matrimonio funcionara.Pero los meses pasaron y nada pareció mejorar. Todos los días, religiosamente, preparaba la

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    Aquella no era la petición de matrimonio que había estado esperando, así que la declinó firmemente. —De ninguna manera.—¿Ahora resulta que no quieres? —arqueó una ceja.—No me interesa casarme con un hombre por presión —dijo con simpleza. —Qué mal entonces —sonrió de lado, el gesto completamente frío y carente de emoción—. Porque pienso casarme contigo de todos modos. Ahora, tú decides si lo quieres por las buenas o por las malas. —¿Y qué pretendes? —lo encaró—. ¿Obligarme a decir que “sí” en la iglesia? —Si no me dejas otra opción... —Sus ojos parecían dagas de fuego. —Víctor, te amé por mucho tiempo —reconoció—. Pero justo ahora estoy decepcionada de ti.—¿Entonces se te acabó el “amor” luego de armar todo este show? —se burló.—No exactamente.—¿Entonces cuál es la excusa?—¿Leíste alguna de mis cartas?Frunció el ceño, mirándola con intensidad.—No he recibido tal cosa.—Quizás si lo hubieras hecho, no me hubieras olvidado como lo hiciste.—Quizás —su mirada fría la atravesa

  • Kiara - 006

    —Le ofrezco una disculpa —siguió el general mirando directamente a Alejandro—. No como el superior de este oficial, sino como el padre de un hombre que parece haber olvidado lo que significa tener palabra.—Guarde sus disculpas, general. Las disculpas no le devuelven a mi hija el tiempo perdido —no había ningún tipo de suavidad en su voz, por el contrario, había fuego y una ira que no parecía poder ser calmada—. Y tú, escúchame bien —se giró hacia Víctor—: más te vale que te mantengas a un mundo de distancia de ella. Si vuelvo a saber que tu sombra se cruza en su camino, o que te atreves a pronunciar su nombre con esa boca mentirosa, te juro por mi vida que te despellejaré vivo. No quedará de ti ni el recuerdo.Abandonó el despacho sin que hubiera mermado ni un poco su enojo, dejando al general y su hijo solos. —Levántate, basura —escupió Rómulo.—Padre, no es lo que parece… —Se puso de pie con torpeza, limpiándose la sangre del labio. —¡Cierra la boca! —rugió el hombre, haciendo qu

  • Kiara - 005

    —Madame Vance, ¿puedes pedirle que se vaya? —lo señaló apenas con la barbilla sin dejar de observar a su mentora. La mujer se horrorizó visiblemente por la petición. —¡Kiara! —boqueó incrédula. En otro momento de su vida, no hubiera sido tan fría y directa. Pero ya no era la misma, así que, ¿qué importaba?—Se suponía que este sería un ensayo privado. No quiero personas que no pertenezcan a nuestro mundo merodeando por aquí. —Víctor, ¿puedes esperar afuera? —le dijo su madre, quizás comprendiendo el punto de que no estaba en sus mejores fachas tampoco.El hombre se marchó sin decir ni una palabra y entonces se sintió mejor.—No deberías tratarlo así —se acercó Madame Vance con una mirada cargada de reprimenda—. Comprendo que ustedes tuvieron un malentendido, pero solo vino aquí para ayudarme a llevar el gramófono a casa. Ya te había comentado que era hora de que regresara donde pertenece.—Lo entiendo, Madame Vance, pero su hijo es un mentiroso.—Kiara —la expresión de la mujer se

  • Kiara - 004

    —¿Qué es? —Yo… ¿Cómo decir esto sin sonar estúpida?Era demasiado complicado porque, de cierta forma, se avergonzaba de sí misma.—Buscaré un departamento en el centro de la ciudad y me mudaré —dijo en su lugar. Eso era más sencillo que confesar que un tipo le había visto la cara de tonta.—No.—Sí —lo contradijo—. Ya no tengo cinco años. Soy una mujer y… necesito un cambio. —¿Qué tipo de cambio? ¿Qué es exactamente lo que buscas? —No lo sé —se encogió de hombros—. Solo confía en mí y déjame hacer esto, ¿si?Su padre no puso buena cara. No le gustaba la idea, era obvio. —Lo permitiré, solo si prometes que no dejarás el ballet —negoció.—Esa debería ser mi decisión, padre. No tuya. —Me entrometo porque sé que renunciar sería una decisión tomada en medio de la frustración —dijo con seguridad—. Tú no viste lo que yo vi. Pero solo sé que brillabas en el escenario y quiero verte hacer eso siempre.—Mmm —bajó la mirada hacia sus pies, pensando—. Está bien, papá. Tengo tu apoyo, entonc

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