Capítulo 181
Author: Daly3210
last update2026-01-31 00:51:17

La declaración de la niña le partió el alma. Era tan dulce, tan pequeña… ¿cómo alguien no podría quererla?

—Kiara, mi amor… —estaba tan conmovida—. No tienes ni idea del honor que sería para mí eso.

La niña lloró en su pecho. Su cuerpecito agitándose completamente indefenso.

—No llores, mi amor. Basta de lágrimas —le acarició el cabello, deleitándose con la suavidad del mismo—. Las niñas tan hermosas como tú, solo merecen sonreír mucho, ¿entendido?

Ella se separó y asintió con su labio inferio
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  • Kiara - 010

    Y con esas palabras había tensado la cuerda.Su esposo, quien antes no le prestaba ni un gramo de atención, ahora parecía acecharla y vigilarla todo el tiempo. Sus ojos estaban entrecerrados cada vez que se centraban en su persona y se había aparecido en los ensayos más veces de las que pudiera haber contado.—Víctor, toma asiento. Me estás poniendo nerviosa —le había dicho Madame Vance, quien ya se sentía un poco harta de su comportamiento. No era la primera vez que irrumpía en los ensayos y, aparentemente, tampoco sería la última.Desde que había llegado estaba allí, de pie, taladrándola con esa mirada suya. Ella giraba y giraba en la punta de un pie, disfrutando de su atención. Buena o mala, no importaba; era atención al fin de cuentas.—¿Cómo he estado? —se detuvo sintiéndose un poco mareada cuando la música cesó.—Fenomenal como siempre, cariño. Esta vez estoy segura de que lo conseguirás —le abrazó su instructora y ahora también suegra. —Eso espero. Y de verdad lo esperaba. N

  • Kiara - 009

    La boca de la mujer se abrió como un pez al tiempo en que se llevaba una mano al pecho con dramatismo.—¡Por supuesto que no, señora Turner! —graznó—. ¿Cómo puede pensar algo como eso?—¿Acaso no lo estás gritando con tu comportamiento? —le sostuvo la mirada—. No me parece que una teniente deba hablarle a un superior con tanto coqueteo.Los ojos de Clein parecían querer salirse de sus cuencas mientras paseaba la mirada entre ella y el coronel, como buscando algún tipo de apoyo de parte del hombre.Pero no hubo nada. La humillación fue pública y evidente, haciendo que se marchara cabizbaja, balbuceando una disculpa que no aceptó.Sonrió internamente. Esa gata lo pensaría dos veces la próxima vez, antes de coquetearle a un hombre casado. Pero que su esposo no se hubiera metido en esto no significaba que estuviera contento con la escena.—¿No te cansas de ponerme en ridículo? —gruñó cuando llegaron a casa. —¿Estás molesto porque humillé a la zorra de tu amante? —Cada día te superas m

  • Kiara - 008

    No existió tal cosa como una luna de miel. Su esposo la llevó al departamento que compartirían de ahora en adelante y la dejó allí en medio de la sala como si fuera un mueble.—¿A dónde vas? —quiso saber cuando le dio la espalda, mostrándose completamente inaccesible. —Tengo trabajo que hacer —la miró por encima del hombro—. Y, solo para que lo sepas, no me gusta que me controlen. Así que ahórrate las preguntas de ahora en más. —¡Soy tu esposa, no puedes tratarme así!—¿Adivina qué? —sonrió—. Lo estoy haciendo justo ahora —y cerró la puerta con un sonoro portazo.El resto de la semana fue exactamente igual. Su padre llamó preguntando cómo iba todo y ella tuvo que mentir, reluciendo su mejor máscara de “todo está bien”. Porque sí, todo estaría bien. Quizás no en ese momento, pero luego lo estaría; estaba convencida de que conseguiría un equilibrio y lograría que este matrimonio funcionara.Pero los meses pasaron y nada pareció mejorar. Todos los días, religiosamente, preparaba la

  • Kiara - 007

    Aquella no era la petición de matrimonio que había estado esperando, así que la declinó firmemente. —De ninguna manera.—¿Ahora resulta que no quieres? —arqueó una ceja.—No me interesa casarme con un hombre por presión —dijo con simpleza. —Qué mal entonces —sonrió de lado, el gesto completamente frío y carente de emoción—. Porque pienso casarme contigo de todos modos. Ahora, tú decides si lo quieres por las buenas o por las malas. —¿Y qué pretendes? —lo encaró—. ¿Obligarme a decir que “sí” en la iglesia? —Si no me dejas otra opción... —Sus ojos parecían dagas de fuego. —Víctor, te amé por mucho tiempo —reconoció—. Pero justo ahora estoy decepcionada de ti.—¿Entonces se te acabó el “amor” luego de armar todo este show? —se burló.—No exactamente.—¿Entonces cuál es la excusa?—¿Leíste alguna de mis cartas?Frunció el ceño, mirándola con intensidad.—No he recibido tal cosa.—Quizás si lo hubieras hecho, no me hubieras olvidado como lo hiciste.—Quizás —su mirada fría la atravesa

  • Kiara - 006

    —Le ofrezco una disculpa —siguió el general mirando directamente a Alejandro—. No como el superior de este oficial, sino como el padre de un hombre que parece haber olvidado lo que significa tener palabra.—Guarde sus disculpas, general. Las disculpas no le devuelven a mi hija el tiempo perdido —no había ningún tipo de suavidad en su voz, por el contrario, había fuego y una ira que no parecía poder ser calmada—. Y tú, escúchame bien —se giró hacia Víctor—: más te vale que te mantengas a un mundo de distancia de ella. Si vuelvo a saber que tu sombra se cruza en su camino, o que te atreves a pronunciar su nombre con esa boca mentirosa, te juro por mi vida que te despellejaré vivo. No quedará de ti ni el recuerdo.Abandonó el despacho sin que hubiera mermado ni un poco su enojo, dejando al general y su hijo solos. —Levántate, basura —escupió Rómulo.—Padre, no es lo que parece… —Se puso de pie con torpeza, limpiándose la sangre del labio. —¡Cierra la boca! —rugió el hombre, haciendo qu

  • Kiara - 005

    —Madame Vance, ¿puedes pedirle que se vaya? —lo señaló apenas con la barbilla sin dejar de observar a su mentora. La mujer se horrorizó visiblemente por la petición. —¡Kiara! —boqueó incrédula. En otro momento de su vida, no hubiera sido tan fría y directa. Pero ya no era la misma, así que, ¿qué importaba?—Se suponía que este sería un ensayo privado. No quiero personas que no pertenezcan a nuestro mundo merodeando por aquí. —Víctor, ¿puedes esperar afuera? —le dijo su madre, quizás comprendiendo el punto de que no estaba en sus mejores fachas tampoco.El hombre se marchó sin decir ni una palabra y entonces se sintió mejor.—No deberías tratarlo así —se acercó Madame Vance con una mirada cargada de reprimenda—. Comprendo que ustedes tuvieron un malentendido, pero solo vino aquí para ayudarme a llevar el gramófono a casa. Ya te había comentado que era hora de que regresara donde pertenece.—Lo entiendo, Madame Vance, pero su hijo es un mentiroso.—Kiara —la expresión de la mujer se

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