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Author: Lorena Rodriguez
last update2025-11-01 10:05:28

Al día siguiente, Dayana usó uno de los trajes que el señor Cárlenton la obligó a comprar.  Era tan incómodo que, a cada instante tenía que andar acomodándose la falda, de lo contrario, andaría mostrando sus calzones.

—Buenos días, señor—. Saludó entrando a toda prisa en el ascensor junto a un hombre de gafas oscuras que estaba antes que ella.

Justo en ese momento su teléfono vibró.

—Disculpe, puede sostenerme esta caja, por favor.

Se la dio sin voltearlo a ver. Estaba apresurada sacando su teléfono de la cartera y no se fijó en nada más.

Era su amigo que conoció en la universidad el que le estaba llamando para preguntar como le estaba yendo.

—No te lo imaginas. Mi jefe es un ogro, te juro que si me hubiesen dado a elegir, ni loca elegiría esta empresa. Por culpa de ese hombre, me la pasé corriendo como loca ayer—. Se quejó.

Oye, hablaremos por la noche. Ya he llegado a mi piso y no quiero retrasarme ni un minuto porque el ogro me comerá viva.

Ella colgó la llamada luego de que su amigo se burlara con una carcajada.

—¿Así que, su jefe es un caníbal que comerá carne humana por primera vez con usted?

Cuestionó aquel hombre. Devolviéndole la caja. Dayana la tomó de inmediato y se disculpó. Ni siquiera la había recordado, si no es porque el hombre lo menciona se queda sin ella.

—Usted no conoce al señor Alemán. Por cierto, ¿por qué vamos en la misma dirección?

—¡Bienvenida por segunda ocasión a mi oficina, señorita Dayana! Descuide, no tengo la intención de comer carne humana, no por ahora y menos la suya.

—¡Jefe!

Dayana se quedó paralizada. Desde el ascensor lo había criticado sin darse cuenta de que él estaba detrás de ella. Era imposible reconocerlo, ya que venía disfrazado con una sudadera negra, gorra negra y lentes oscuros, parecía ser una persona que venía a entregar un pedido de comida.

—Lo siento mucho, señor. Todo lo que ha escuchado decir ha sido una broma.

Maldición, por qué ha venido a trabajar con ropa tan sexi este hombre al que solo he visto una vez y vestido con traje. Pensó en su mente. Razón por la cual no lo reconoció en el momento.

—¡Usted será despedida en este momento!

—¡Cómo! No, señor, por favor, deme otra oportunidad. Le prometo que algo como este incidente no volverá a suceder.

—Está bien. El despido no procede, pero serás castigada haciendo horas extras por ser irrespetuosa con el jefe.

—Estoy de acuerdo, señor.

—Por cierto, ¿Qué es eso?

Señaló la caja.

—Es una cafetera especial. La dejaré aquí en su oficina para que se prepare usted mismo el café a su gusto y a la hora que quiera.

—¡Llévese esa cosa de mi oficina! ¿Acaso le pago por holgazanear? Traer mi café es su responsabilidad como mi secretaria.

—Tiene razón, señor. Lamento molestarlo.

Se disculpó.

Dayana no esperó más y salió como alma que lleva el diablo. Lamenta que desde que se levantó, su día ha salido muy mal. ¿Qué estaré pagando? Se pegunta.

—Señorita Dayana. En un minuto quiero que se presente en mi oficina y me recuerde las actividades que tenemos disponibles para este día.

Ni siquiera había terminado de llegar cuando el ogro la estaba llamando.

—De acuerdo, señor Alemán.

Dayana corrió a su oficina, sabe que no puede atrasarse ni siquiera un segundo porque el ogro se pondrá furioso. Tiró su cartera en el escritorio, tomó la Tablet y corrió antes de que ese minuto se acabara.

—Estoy aquí, señor.

—Espera un momento, estoy ocupado.

Ella suspiró, rodó los ojos cuando él no la miró.

—¿Para qué me pidió que viniera tan pronto si ni siquiera tiempo tiene de atenderme?—. Se quejó en su mente.

Se sentó en la silla frente al escritorio del hombre, mientras él atendía una llamada telefónica. Una ventana estaba abierta, de repente entró un aire fuerte y algunos documentos de la mesa salieron volando. Dayana actuó de inmediato y procedió a recogerlos, pues el hombre estaba de espaldas a ella y no quería que la culpara. Para su desgracia, justo en el momento en que ella se agachó, se escuchó un sonido” track” el hombre volteó a ver casi de inmediato, mientras que ella con una mano cubría la parte trasera de la falda, exactamente dónde se había abierto.

Sí, de tan apretada que le quedaba, la misma no soportó la presión que ella hizo al inclinarse y se rompió. Se puso de pie, estaba nerviosa, con su cara al color de un tomate y más cuando alzó la mirada y vio a su jefe que la observaba de manera divertida. Sus piernas temblaron, sus manos apretaron más fuerte el agarre para cerrar la abertura.

—¿Qué sucedió?

Preguntó Cárlenton.  

—¿Todavía se atreve a preguntar? ¡Qué no está viendo lo que su estúpida obsesión de que las empleadas vistan arriba de la rodilla y demasiado pegado, ha tenido consecuencias en mí!—. Protestó.

Cárlenton se rio fuerte. Pero algo en él despertó... algo que trae entre sus piernas. Y es que Dayana apenas usaba un hilo, por lo tanto, sus nalgas quedaron completamente expuestas, ya que, su mano no alcanzaba a cubrir todo.

—Sea un poco caballeroso y dese la vuelta—. Pidió.

E l hombre le hizo caso. Ella quitó su chaqueta para amarrarla por detrás y cubrirse, quedando solo en un top blanco.

—Oye, ¿qué haces? ¿piensas desnudarte por completo en mi oficina? Si es así, pienso que ha sido una estrategia tuya para ofrecerte a mí.

Ella lo quedó viendo furiosa. No podía decirle nada… no podía insultarlo… ni siquiera podía defenderse porque el idiota la despediría y su pasantía sería cancelada para retomarla hasta el próximo año.

—Ponte esto—. Dijo Cárlenton. Acercándose a ella y tendiéndole su saco. —Puedes quedarte aquí si gustas, enviaré al chofer para que compre algo adecuado ¿o prefieres que lo haga yo?

Dayana se quedó pensativa. No podía salir de la oficina de su jefe cubriéndose con una chaqueta porque dirían que estaban haciendo algo prohibido. Tampoco quería salir con su saco porque opinarían lo mismo, además, dirían que ella tiene privilegios con el jefe.

No quería que el chofer tampoco se enterara, así que, muy avergonzada le pidió a él que lo hiciera personalmente. Por fortuna, cerca de la empresa había una tienda. Él fue y compró otro traje, esta vez una talla más grande que el anterior para que no ocurriera un accidente similar.

Regresó discretamente y ella se vistió. Demasiado apenada le agradeció, pero a partir de ese momento había algo nuevo entre ellos, y es que habían tenido un momento muy íntimo. Aunque haya sido producto de un accidente.

—Si los otros trajes te quedan igual o te sientes incómoda, puedes desistir de ellos. Prometo que no los cobraré de tu sueldo.

—Muchas gracias, señor—. Dijo ella. Finalmente pudo recordarle lo que había en agenda para ese día.

—Puedes retirarte—. Ordenó.

Ella estaba a punto de abrir la puerta para salir, cuando escuchó aquellas palabras que jamás en su vida pensó que saldrían de la boca de su propio jefe.

—Por cierto, bonito trasero—. Gritó Cárlenton, mordiendo su labio inferior.

Con ese cumplido, la chica más rápido abrió la puerta y salió, sus mejillas estaban coloradas y calientes, eran demasiado los sucesos de ese día y sentía que ya no podía estar más cerca de ese hombre que desde que llegó, a sus ojos lo vio tan atractivo, pero de inmediato le recordó a su subconsciente de que no se hiciera ilusiones con él porque jamás él se fijaría en una chica como ella.

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  • FINAL

    La familia está muy unida, a pesar de todos los tropiezos que la vida les puso en el camino, lograron salir adelante.—Hermano, este año ha sido muy difícil para todos y principalmente para mí. Te agradezco de todo corazón que hayas soportado verme llorar cuando Luna se marchó y no volví a tener noticias de ella.Tú me has ayudado mucho a recuperar a mi familia cuando ellos regresaron, te agradezco por haber cuidado de ellos cuando yo estuve ausente.Y aunque me jugaste unas buenas bromas de las cuales aprendí mucho, quiero que sepas que te adoro con el alma y aquí estoy para lo que necesites, siempre puedes contar conmigo en las buenas y en las malas.Dijo Eduardo a su hermano.—Gracias hermano, yo te agradezco por ser… el padre que… tanto necesité, porque esa es la verdad, tú has sido mejor padre que nuestro propio papá.Agradezco tus consejos y tus regaños. Este año me diste el regalo de ser tío, amo a mis sobrinos como si fuesen mis hijos. Y te juro que siempre estaré para ellos h

  • 233

    La chica sigue cuestionando, pero en su corazón sonríe y le ha causado gracia. Ella desde hace tiempo ha esperado este día. —¡No! Claro que lo digo de verdad, mi amor. Mira, aquí te voy a mostrar una fotografía del anillo que desde hace dos meses pedí en línea, lo tengo en la casa esperando la oportunidad de que este momento se llegue, pero ahora que tuve el valor de hacerlo no lo traje conmigo, lamentablemente.—Entonces, ¿es de verdad?—Por supuesto que sí, amor mío.—¡Ah! Claro que sí acepto ser tu esposa, estúpido gruñón.—Puedes insultarme como más lo desees, de igual forma te voy a amar.—Ponme ese anillo y captura este momento con la cámara de tu celular, le quiero mostrar a nuestra hija el anillo de papel más hermoso con el que me pediste matrimonio.—¡Sorpresa! —Se escucharon varias voces, gritar, los gemelos entraron.—Tío, como es que te vas a casar con nuestra tía y ni siquiera le das un anillo de verdad.—¿Ustedes como lo saben?—Sorpresa, hermano y cuñada, aquí viene el

  • 232

    Hoy es un día muy importante para la familia, se ha llegado la hora prevista para el nacimiento de la hija de Owen. Él está loquito por tenerla entre sus brazos, pero una notificación lo ha puesto de cabeza.—Lo lamento, señor, pero usted no puede entrar. —Le informó el médico.—¡Qué! —¿Pero por qué no lo puedo hacer si yo soy el padre de la niña? —reclamó el muchacho.—Este hospital tiene sus reglas y las debe de respetar. Si una mujer viene a dar a luz y le acompaña su marido, pero estos no están legalmente casados, el hombre no puede entrar y, por lo tanto, ella dará a luz sola.—Qué ridiculez. —se burló.—Yo solo le hago de conocimiento las normas, lo siento por usted si no está casado con la futura madre, pero no podrá entrar y le tocará esperar aquí afuera. O al menos que usted decida en este momento pedirle matrimonio y ella lo acepte.—¿Eso se vale? —ahora sus ojos brillan con una esperanza.—Claro que sí, con tal de que se lo pida de corazón.—Je, si hombre, eso es lo que más

  • 231

    Luna fue con sus hijos a visitar a Eduardo, este último se sintió muy triste y culpable al ver que su pelirroja también salió lastimada.—Si tan solo yo no hubiese cometido esa locura, tú no estuvieras así.Lamentó.—No importa mi amor, me encanta que hayas luchado por mí y hasta me hayas raptado a minutos de fingir mi boda con tu socio.—¿Acaso pensaban llevarla a cabo si yo no hubiese aparecido?—Por supuesto que sí, la idea era hacerte sentir mal. Claro que no nos íbamos a casar de verdad, pero sí teníamos planeado disimular bien las cosas para que tú te lo creyeras.—Ustedes son únicos, me han hecho llorar a montones porque yo te miraba tan segura de estar con ese hombre. Pero al final me da mucho gusto que todo haya salido bien, aunque medios moribundos los dos, pero aquí estamos con vida y dispuestos a seguir siendo una familia unida. —Dijo con una sonrisa.Un tiempo más tarde…—Cariño, te ves muy sexi con ese vestido pegado a tu cuerpo y abierto de toda una pierna. Temo que alg

  • 230

    La chica consoló a su enamorado, haciéndole creer que todo va a estar bien y que no debe de preocuparse. Aunque ella misma haya escuchado cuando el médico le dio la noticia de que las probabilidades de vida son casi nulas.—¿Por qué tiraste tu comida al suelo? —Reclamó la chica, ella se ha resentido por su acción.—No lo tiré, se me resbaló de la mano. Los nervios se me han descontrolado debido a la falta de sueño y en ocasiones hasta me siento mareado como si me voy a caer. Perdón si se notó de una forma equivocada.—¿Quién… quién está allí? —Preguntó una voz ronca detrás de ellos.—¡Dios mío, es mi hermano! Exclamó Owen, le dio un beso en la frente a la chica y la dejó para ir con su hermano.—Es un milagro que estés despierto. —Owen lloró como un niño sobre el pecho de su hermano mayor.—¿Quién eres tú? —Preguntó.—Soy yo, tu hermano menor. —¿No… no me recuerdas? —Preguntó el chico, sintiendo un nudo en la garganta.—Es que no… no veo nada, todo se ve oscuro. —Por favor, dime quién

  • 229

    Luna se recupera satisfactoriamente, hoy es el segundo día y ya ha sido dada de alta. Ella ya está en casa siendo mimada por sus hijos, pero de Eduardo aún no hay rastro.A la búsqueda también se ha sumado Owen y gran parte de la seguridad familiar les acompaña.Las empresas han cerrado durante dos días para que los hombres vengan y se adentren en las cercanías del lugar donde ocurrió el accidente, todos se han turnado, unos buscando para el norte y otros para el sur, en los cuatro puntos cardinales lo está buscando su gente.—Señor, ¿es esta una prenda de su hermano? —Preguntó un guardabosque, levantando una camisa de color verde menta.—Sí, esa camisa le pertenece a él.Respondió Owen, sintiendo como el alma le entra al cuerpo de nuevo. Y es que como no reconocer la camisa, si es la que él mismo le obsequió para su último cumpleaños.—Eso quiere decir que debemos de estar cerca. Muchachos sigamos, no nos rindamos porque nuestro objetivo ya está muy cerca. —Les ordenó a todos.A lo l

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