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Author: Lorena Rodriguez
last update2025-11-01 10:09:57

Mi jefe me dejó tirada como si fuera un simple objeto. Sabía que yo no conocía esta ciudad y aun así se atrevió a hacerlo. Ya sé que no debe importarme eso porque se le nota que él me odia, pero no crean, eso dolió que me dejara así porque siempre he sentido que soy rechazada desde pequeña.

Comencé a caminar con rumbo al hotel, solo esperaba que no me dejara sin habitación también. Estaba como a una hora aproximadamente de distancia en ese momento, me iría caminando ya que necesitaba despejar la mente del mal momento que había pasado. Comenzó a llover, así que, decidí pagar un taxi mejor, tenía miedo de que me asaltaran o me pasara algo peor.

Llegué a la habitación del hotel y como ya había cenado en la reunión que tuvimos, solo me di una ducha, para acostarme a descansar. Mi jefe no estaba, quizá llegaría más tarde, no lo sé y tampoco me interesa saber en dónde está.

En todo el camino de regreso me venían los recuerdos de aquel beso que me dio, joder, pero es que aunque haya sido en la mejilla y de mentira, pero no voy a negar que me encantó. ¡Uf, a quien no le va a volver loco estar cerca de semejante bombón! Y como hubiese deseado que fuera de verdad lo que él dijo, que yo era su novia.

—Ya, cálmate Dayana, él te odia y lo sabes—. Me dije mentalmente.

Estaba por dormir cuando recibí un mensaje de texto. En ese momento me arrepentí de haberle dado mi número de teléfono cuando él me lo pidió, dizque para cuando no pudiera localizarme en la oficina y hubiera que hacer trabajos de emergencia, ¡Qué patético!

—Señorita, vuelva a la ciudad mañana. A primera hora estará un chofer esperándola para trasladarla al aeropuerto.

Me molesté, juro que en lugar de alegrarme porque no lo vería esa noche, me enojé. Pensé que ese hombre me cancelaría la pasantía, sin yo saber el motivo. Hasta entonces noté que su maleta ya no estaba, joder, me había dejado abandonada a mi suerte nuevamente y él había vuelto campante.

Una semana después.

El día viernes llegó y tenía que hacer la misma rutina de estos últimos días, levantarme, asearme, preparar mi desayuno y salir para la tienda y luego para la empresa. Sí, trabajo medio tiempo en una tienda de ropa y el resto en la empresa del ogro.

Afortunadamente ya mañana es sábado y tengo todo el día libre para descansar, igual que el domingo. Por lo cual, me dedicaré a hacer el aseo en el departamento.

Los sábados no voy a la tienda, ya que ese día me lo dio de descanso la dueña por el tiempo que dure mi práctica profesional. Ya que en algunas ocasiones me tocará presentar en la facultad avances sobre mi estadía en la empresa.

Llegué y saludé a los que se encontraban cerca, eso sí, soy muy educada. Fui a la oficina y coloqué mis cosas en el escritorio. Luego me dirijo a la oficina del señor Alemán, estoy nerviosa, no sé si estará de buen humor hoy.

No sé qué explicación me dará por lo que pasó hace unos días, bueno si es que se digna a darme una. Todos estos días pasados no ha venido a trabajar, todo lo hace desde casa, ¿el motivo? No lo sé. Yo ni loca le preguntaré, por temor a que me ofenda, suficiente tengo con el momento bochornoso que me hizo pasar al dejarme tirada aquella ocasión.

Toco la puerta y él me dice que pase, y ahí estoy yo temblando de los nervios frente al dios griego y arrogante que tengo por jefe, está muy serio y, joder, que guapo se ve así, pero da miedo.

—¡Buenas tardes, señor! —Le saludo y sin esperar su respuesta le comunico que en diez minutos tiene la reunión que hace todos los viernes con los jefes de departamentos de la empresa.

—Gracias por avisarme, lo había olvidado, he estado muy distraído toda la mañana, puede retirarse señorita—. Ordenó.

Me di la vuelta para salir y cuando estoy abriendo la puerta escucho que me llama por mi apellido, me volteo a ver qué sucede y lo que me dijo en ese momento me dio ganas de llorar.

Salí rápido de su oficina, sin mencionar ninguna palabra y me fui directo al baño y ahí lloré, no como quería, porque no estaba en mi departamento para soltarme en llanto, pero me sirvió de mucho para desahogarme más o menos.

Mientras las lágrimas salían sin detenerse de mis ojos, me preguntaba ¿por qué la vida se ensancha con los más desprotegidos?

Estaba segura de que no iba a aguantar por mucho tiempo en ese consorcio. Una cosa era aguantar regaños relacionados con el trabajo y otra cosa era aceptar que me humillara cuando él quisiera. No podía defenderme, eso era lo peor. Deseaba gritarle en la cara que era un completo canalla, pero, ¿acaso eso hablaría bien de mí, como futura abogada?

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  • FINAL

    La familia está muy unida, a pesar de todos los tropiezos que la vida les puso en el camino, lograron salir adelante.—Hermano, este año ha sido muy difícil para todos y principalmente para mí. Te agradezco de todo corazón que hayas soportado verme llorar cuando Luna se marchó y no volví a tener noticias de ella.Tú me has ayudado mucho a recuperar a mi familia cuando ellos regresaron, te agradezco por haber cuidado de ellos cuando yo estuve ausente.Y aunque me jugaste unas buenas bromas de las cuales aprendí mucho, quiero que sepas que te adoro con el alma y aquí estoy para lo que necesites, siempre puedes contar conmigo en las buenas y en las malas.Dijo Eduardo a su hermano.—Gracias hermano, yo te agradezco por ser… el padre que… tanto necesité, porque esa es la verdad, tú has sido mejor padre que nuestro propio papá.Agradezco tus consejos y tus regaños. Este año me diste el regalo de ser tío, amo a mis sobrinos como si fuesen mis hijos. Y te juro que siempre estaré para ellos h

  • 233

    La chica sigue cuestionando, pero en su corazón sonríe y le ha causado gracia. Ella desde hace tiempo ha esperado este día. —¡No! Claro que lo digo de verdad, mi amor. Mira, aquí te voy a mostrar una fotografía del anillo que desde hace dos meses pedí en línea, lo tengo en la casa esperando la oportunidad de que este momento se llegue, pero ahora que tuve el valor de hacerlo no lo traje conmigo, lamentablemente.—Entonces, ¿es de verdad?—Por supuesto que sí, amor mío.—¡Ah! Claro que sí acepto ser tu esposa, estúpido gruñón.—Puedes insultarme como más lo desees, de igual forma te voy a amar.—Ponme ese anillo y captura este momento con la cámara de tu celular, le quiero mostrar a nuestra hija el anillo de papel más hermoso con el que me pediste matrimonio.—¡Sorpresa! —Se escucharon varias voces, gritar, los gemelos entraron.—Tío, como es que te vas a casar con nuestra tía y ni siquiera le das un anillo de verdad.—¿Ustedes como lo saben?—Sorpresa, hermano y cuñada, aquí viene el

  • 232

    Hoy es un día muy importante para la familia, se ha llegado la hora prevista para el nacimiento de la hija de Owen. Él está loquito por tenerla entre sus brazos, pero una notificación lo ha puesto de cabeza.—Lo lamento, señor, pero usted no puede entrar. —Le informó el médico.—¡Qué! —¿Pero por qué no lo puedo hacer si yo soy el padre de la niña? —reclamó el muchacho.—Este hospital tiene sus reglas y las debe de respetar. Si una mujer viene a dar a luz y le acompaña su marido, pero estos no están legalmente casados, el hombre no puede entrar y, por lo tanto, ella dará a luz sola.—Qué ridiculez. —se burló.—Yo solo le hago de conocimiento las normas, lo siento por usted si no está casado con la futura madre, pero no podrá entrar y le tocará esperar aquí afuera. O al menos que usted decida en este momento pedirle matrimonio y ella lo acepte.—¿Eso se vale? —ahora sus ojos brillan con una esperanza.—Claro que sí, con tal de que se lo pida de corazón.—Je, si hombre, eso es lo que más

  • 231

    Luna fue con sus hijos a visitar a Eduardo, este último se sintió muy triste y culpable al ver que su pelirroja también salió lastimada.—Si tan solo yo no hubiese cometido esa locura, tú no estuvieras así.Lamentó.—No importa mi amor, me encanta que hayas luchado por mí y hasta me hayas raptado a minutos de fingir mi boda con tu socio.—¿Acaso pensaban llevarla a cabo si yo no hubiese aparecido?—Por supuesto que sí, la idea era hacerte sentir mal. Claro que no nos íbamos a casar de verdad, pero sí teníamos planeado disimular bien las cosas para que tú te lo creyeras.—Ustedes son únicos, me han hecho llorar a montones porque yo te miraba tan segura de estar con ese hombre. Pero al final me da mucho gusto que todo haya salido bien, aunque medios moribundos los dos, pero aquí estamos con vida y dispuestos a seguir siendo una familia unida. —Dijo con una sonrisa.Un tiempo más tarde…—Cariño, te ves muy sexi con ese vestido pegado a tu cuerpo y abierto de toda una pierna. Temo que alg

  • 230

    La chica consoló a su enamorado, haciéndole creer que todo va a estar bien y que no debe de preocuparse. Aunque ella misma haya escuchado cuando el médico le dio la noticia de que las probabilidades de vida son casi nulas.—¿Por qué tiraste tu comida al suelo? —Reclamó la chica, ella se ha resentido por su acción.—No lo tiré, se me resbaló de la mano. Los nervios se me han descontrolado debido a la falta de sueño y en ocasiones hasta me siento mareado como si me voy a caer. Perdón si se notó de una forma equivocada.—¿Quién… quién está allí? —Preguntó una voz ronca detrás de ellos.—¡Dios mío, es mi hermano! Exclamó Owen, le dio un beso en la frente a la chica y la dejó para ir con su hermano.—Es un milagro que estés despierto. —Owen lloró como un niño sobre el pecho de su hermano mayor.—¿Quién eres tú? —Preguntó.—Soy yo, tu hermano menor. —¿No… no me recuerdas? —Preguntó el chico, sintiendo un nudo en la garganta.—Es que no… no veo nada, todo se ve oscuro. —Por favor, dime quién

  • 229

    Luna se recupera satisfactoriamente, hoy es el segundo día y ya ha sido dada de alta. Ella ya está en casa siendo mimada por sus hijos, pero de Eduardo aún no hay rastro.A la búsqueda también se ha sumado Owen y gran parte de la seguridad familiar les acompaña.Las empresas han cerrado durante dos días para que los hombres vengan y se adentren en las cercanías del lugar donde ocurrió el accidente, todos se han turnado, unos buscando para el norte y otros para el sur, en los cuatro puntos cardinales lo está buscando su gente.—Señor, ¿es esta una prenda de su hermano? —Preguntó un guardabosque, levantando una camisa de color verde menta.—Sí, esa camisa le pertenece a él.Respondió Owen, sintiendo como el alma le entra al cuerpo de nuevo. Y es que como no reconocer la camisa, si es la que él mismo le obsequió para su último cumpleaños.—Eso quiere decir que debemos de estar cerca. Muchachos sigamos, no nos rindamos porque nuestro objetivo ya está muy cerca. —Les ordenó a todos.A lo l

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