All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 851
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Capítulo 851
De regreso a casa, Luciana le envió un mensaje a Martina:“¿Cómo va todo?”Pasó un buen rato sin recibir respuesta. Tal vez Martina estaba ocupada y no había visto el teléfono. Así que Luciana decidió no insistirle por el momento, aunque no podía evitar preguntarse si todo iría bien.Ese día, Martina había planeado contárselo todo a Vicente de una vez por todas. Ahora mismo, ella estaba sentada en un reservado de restaurante, intentando calmar sus nervios con respiraciones profundas. El sonido de un mensaje entrante en su celular pasó completamente desapercibido porque estaba demasiado inquieta.Siguiendo el consejo de Luciana, Martina había invitado a Vicente a cenar. Para bien o para mal, esta era la noche decisiva.—Señor, por aquí —dijo el mesero, indicando la entrada del reservado.“Ya llegó”, pensó Martina. Sintió cómo su espalda se ponía rígida de inmediato. Cuando la puerta se abrió, Vicente entró con una sonrisa.—¡Marti! —la saludó.—Vicente… —respondió Martina, poniéndose de
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Capítulo 852
—Claro, porque si te hubieras fijado en mí, no haría falta pensarlo tanto. Cuando a uno le gusta alguien, lo siente sin que nadie se lo diga —dijo Martina, con un deje de tristeza.Vicente frunció el ceño, como si estuviera ante la situación más complicada que había vivido en su vida:—Marti…—No te preocupes —lo interrumpió ella con una sonrisa suave—. Ya me lo imaginaba. Pero no quería quedarme con la duda, prefería decirlo todo y no arrepentirme después. ¿No crees?Justo entonces, la puerta del reservado se abrió y el mesero entró empujando un carrito con la comida.—Señores, aquí tienen sus platillos.—Muchas gracias —respondió Martina.Uno a uno, el mesero fue acomodando los platillos sobre la mesa. Ella se volteó hacia Vicente con aparente normalidad:—Venga, comamos. La cuenta es alta y lo estoy pagando con mi beca de doctorado, así que no hay que desperdiciar nada. ¡Tenemos que terminarlo todo!—…Claro —aceptó Vicente, sin apetito alguno.La comida le supo a cartón. Martina tam
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Capítulo 853
Por fortuna, Vicente la sujetó de la cintura antes de que cayera o fuera a parar en brazos de aquel desconocido.—Lo siento mucho.Martina se enderezó de inmediato, acomodándose el cabello con nerviosismo. Cuando levantó la mirada, se quedó helada.—¿Eh?Vicente también parpadeó con sorpresa, para luego soltar una pequeña risa.—Señor Morán, cuánto tiempo sin verte.—Señor Mayo.Salvador miró de reojo cómo él rodeaba la cintura de Martina, esbozando una ligera sonrisa.—Sí, ha pasado tiempo.Al parecer, esa frase iba dirigida a Martina. En los últimos tres años, apenas y se habían topado un par de veces, casi siempre en el hospital o alguna reunión, donde ella se limitaba a permanecer en un rincón, callada y discreta.—Entonces, ¿te parece si nos ponemos al día otro día?—Claro.Tras un par de frases cordiales, Vicente retiró el brazo de la cintura de Martina para tomarla de la mano en un gesto mucho más íntimo. Con un murmullo suave, la invitó:—Vámonos.—Sí.Martina, con una actitud
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Capítulo 854
Luciana dudó un segundo.—Eh… no mucho.—¡Perfecto! —dijo Juana con urgencia—. Acompáñame de compras, porfa. ¿Dónde estás? Voy por ti.—¿Ir de compras? —Luciana sintió la necesidad de negarse—. No, yo…—¡Ay, no te vayas! —la interrumpió Juana—. ¡Ya te vi! Espérame un momento, ahí llego.La llamada se cortó, y al cabo de unos instantes, un Ferrari rojo se detuvo a un lado de la acera. Juana bajó la ventanilla y sacudió la mano con alegría.—¡Luciana, por aquí!A Luciana no le quedó de otra más que acercarse.—Señorita Díaz…Juana se bajó del auto y, sin titubear, la tomó del brazo.—Vámonos, ¡de compras!Al notar que Luciana abría la boca para excusarse, Juana hizo un puchero:—Por favor. Crecí fuera del país y en Muonio tengo muy pocas amistades. Me caes súper bien, así que dame chance, ¿sí?Dicho así, Luciana no encontró cómo negarse.—No soy muy experta en compras, la verdad.Para ella, las cosas básicas —en comida, ropa o lo que fuera— bastaban con que fueran sencillas y cómodas.—N
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Capítulo 855
—Lo siento mucho.—¿Y qué tiene que ver ella?Alejandro frunció apenas el entrecejo y se dirigió a Juana:—Has vivido fuera por mucho tiempo y no conoces bien las costumbres de aquí. La gente que no te tiene mucha confianza evita decirte cosas desagradables por cortesía.—¿Cortesía?Juana torció la boca, sin entenderlo.—¿Ocultar lo que pienso es ser cortés? ¡Qué raro! ¿Por qué no mejor hablar con franqueza?Luciana soltó una risa nerviosa. Si hubiera sabido que Alejandro aparecería, no habría permitido que la arrastraran a este lugar. Se sentía en una posición muy incómoda.Después de revisar otras opciones, al final se quedaron con un vestido que Alejandro eligió personalmente. Juana, satisfecha, al fin mostró una sonrisa.—Está precioso. Me encanta. Gracias.—No hay de qué.Él se encogió de hombros, restándole importancia.—Es lo mínimo que puede hacer uno para su acompañante.Terminada la compra, Juana le tomó el brazo con aire coqueto.—Tengo hambre. ¿Vamos a comer?Alejandro dudó
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Capítulo 856
—No me lo agradezcas —respondió él con el ceño fruncido—. Esa cara tuya se ve peor que cuando lloras.Luciana se quedó sorprendida. No era que quisiera poner mala cara, pero su cuerpo simplemente no le daba para más. Se sentía débil y mareada. Sin embargo, permaneció en silencio.Al ver que no respondía, Alejandro insistió:—¿Qué pasa? Te ves muy pálida, ¿estás enferma?—Sí… y no.Luciana asintió y luego negó con la cabeza.—Es solo un malestar, pero no es algo grave.—¿Y eso qué significa? —replicó Alejandro, con evidente fastidio—. ¿Hiciste tantos estudios que ahora ni sabes hablar español como la gente? Aclara si estás bien o estás mal.Luciana se sintió incómoda. Era un tema difícil de explicar, pero la mirada de él dejaba claro que no se marcharía hasta saber la verdad. Finalmente, se atrevió:—Digamos que… es algo que nos pasa a las mujeres cada mes. No te preocupes, no es nada serio.—Ah…Alejandro comprendió de inmediato y se quedó un poco incómodo. Dada la relación entre ellos
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Capítulo 857
Por desgracia, ni siquiera una niña pequeña se creyó esa mentira. El semblante de Luciana empeoró por momentos, hasta que perdió fuerzas y se dejó caer al suelo, tratando de soportar el dolor.—¡Mamá!Alba se asustó tanto que rompió a llorar, aferrándose a su madre.—¡No te enfermes, mamá! ¡No te vayas…!Eran solo ellas dos, sin ningún otro apoyo cercano. Normalmente no pasaba nada, pero ahora… bastaba un contratiempo para que su situación pareciera realmente indefensa.—Alba… —Luciana quiso calmarla, pero el dolor la dejaba sin aliento. Terminó encorvada sobre sí misma, rezando para que aquella agonía pasara pronto.—¿Por qué me duele tanto esta vez?En su desesperación, un ruido en la sala le devolvió la esperanza.—¡Tío!Alba, sobresaltada, se incorporó y echó a correr hacia la puerta antes de que Luciana pudiera detenerla.—“¿Tío?” —murmuró Luciana, aturdida.¿Acaso era Alejandro? Pero se supone que estaba en el evento con Juana… ¿Cómo habría llegado hasta allí?—¡Tío!La niña corr
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Capítulo 858
“¿Tan grave…?” pensó Alejandro, sintiendo que se le helaba la sangre.El médico miró a la pareja y les dijo:—Necesito la firma del esposo para autorizar la cirugía.Alejandro estaba a punto de asentir, cuando Luciana lo interrumpió:—No… él no es mi esposo. Firmo yo sola.—¿No lo es?El doctor se mostró sorprendido; era evidente que pensaba que formaban una familia.—Sí, lo haré yo.Mientras se tratara de una cirugía menor y la paciente estuviera consciente, no había problema. Una enfermera le acercó la pluma.—Firme aquí, por favor.—Está bien.Alejandro se volteó, un tanto molesto. Ahora ni siquiera tenía derecho a firmar por ella.Terminado el papeleo, Luciana fue llevada al quirófano. Alejandro se quedó en la sala de espera, con Alba en brazos. La niña, agotada por el susto, se quedó dormida al poco rato, con la boquita entreabierta y un suave ronquido que lo hizo sonreír. Entonces, Alejandro se quitó el saco y la envolvió con cuidado, dejando libre solo su carita regordeta.—Tu m
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Capítulo 859
Ella no mostraba rastro de reproche; en su expresión se veía sincera y arrepentida, como si pensara de corazón que era mejor que Alejandro volviera con Juana.Alejandro podía notar que Luciana realmente hablaba en serio, pidiéndole que se marchara. Parecía que no le importaba en lo más mínimo lo que él hiciera, e incluso se sentía culpable por retenerlo. Era evidente que ya no tenía ningún sentimiento hacia él… habían pasado tres largos años, más que suficientes para disolver cualquier lazo. Especialmente si, en realidad, ella nunca lo había querido con profundidad.Sin embargo, Alejandro no se movió de allí. Se acomodó en una silla junto a Luciana, con Alba dormida sobre su pecho.—¿Qué…? —Luciana no entendía.—No me quedo por ti —aclaró él—. ¿De verdad crees que puedo irme así?Señaló con la barbilla a la niña dormida.—No puedo soltarla. Se aferra a mí.Luciana se calló. De pronto pensó que, si le explicaba a Alejandro que Alba era su hija, tal vez todo esto complicaría la llamada “
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Capítulo 860
—¿A dónde crees que vas?La mamá de Juana notó su actitud y la sujetó a tiempo. Conociendo mejor que nadie el carácter de su hija, intentó calmarla:—Solo es una estrella del momento. ¿Vas a perder la cabeza por algo así?—¡Mamá! —exclamó Juana, indignada—. Esa mujer es la amante de Alejandro.—Hum.La señora soltó una breve risa con un toque de frialdad.—Tú misma lo has dicho: es una “amante”. El señor Guzmán tiene ya cerca de treinta años, además de ser divorciado. ¿De verdad esperas que no tenga mujer alguna? ¡Por favor! Tiene necesidades normales. Y eso que te criaste en el extranjero… ¡parece que no toleras ni esto!—…No es que no lo soporte, sino que me muero de celos —protestó Juana con un puchero.—Entonces, haz tu mejor esfuerzo.La señora la miró con severidad:—¿Crees que tu formación y tu familia no pesan más que la de esa actriz? Además, tranquila… ese tipo de mujeres nunca llegarían a la familia Guzmán. El señor Guzmán ha tenido otra así antes, que le gustaba bastante, y
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