All Chapters of CEO, ¡te equivocaste de esposa!: Chapter 861
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Capítulo 861
Al llegar, vieron en el centro de la pista a Alejandro bailando un vals con Luisa. Simón se sintió algo incómodo y trató de ponerse delante de Luciana para bloquearle la vista.—Vayamos mejor a la sala acristalada.Allí quedaba la zona de descanso.—De acuerdo —asintió Luciana con una sonrisa tranquila.Sabía que Simón temía que se pusiera celosa, pero… ¿por qué habría de estarlo? Uno debe ser consciente de su lugar en la vida. Los sentimientos también pueden controlarse, y no hacerlo sería actuar sin sensatez. Luciana lo entendía perfectamente, aunque la que no lo llevaba nada bien era Juana.La música terminó y, con un intercambio de miradas cómplices, Alejandro y Luisa abandonaron la pista del brazo. De pronto, Alejandro se llevó la mano al estómago.—¿Qué sucede? —preguntó Luisa con preocupación.—¡Alejandro! ¿Te encuentras bien? —Juana apareció enseguida y se aferró a su otro brazo.Luisa miró a Juana de reojo.—Señorita Díaz, ¿acaso no sabe que el señor Guzmán tiene problemas de
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Capítulo 862
Simón se tensó un poco y contestó con sinceridad:—Pues… estuvo bebiendo.—¿Bebiendo?Luciana lo repitió muy despacio, dejando entrever una marcada ironía.Asintió con la cabeza y espetó:—Entonces, señor Guzmán, no veo por qué seguir con el tratamiento. ¿Para qué tomar remedio?Dicho esto, retiró su mano y se incorporó, dispuesta a marcharse.—¡Oye!Alejandro se sobresaltó. Se movió con rapidez y la sujetó de la muñeca.—Me siento mal, ¿a dónde vas?—¿A dónde crees? —respondió Luciana, esbozando una sonrisa helada—. Obvio que me largo. Lo siento, pero no puedo sanarte. Hazme el favor y despídeme ya.“¿Está enojada?”, pensó Alejandro. Era la primera vez que ella le hablaba así desde que había regresado. Y, curiosamente, no se sentía molesto; al contrario, sintió una punzada de temor. Conociéndola, sabía que cuando Luciana decía que se marchaba, no bromeaba.Aun así, fingió desdén:—¿Te pones así por tan poco? ¿Ya vas a renunciar?—¿Que me pongo así por poco? —repitió Luciana, imitando
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Capítulo 863
Dos días después, Luciana se alistaba para salir con Alba en brazos y su pequeña mochila al hombro. Justo al abrir la puerta, se encontró de frente con Alejandro, quien regresaba a la casa para cambiarse de ropa.—¡Tío! —exclamó Alba, extendiendo sus bracitos regordetes hacia él.Con toda naturalidad, Alejandro la tomó en sus brazos.—¿Vino el abuelo por ella? ¿Tú vas a trabajar?—Sí —asintió Luciana.Él, al entrar, tuvo que notar que Miguel había enviado a alguien a recoger a Alba, aprovechando que Luciana tenía turno nocturno. Miguel siempre insistía en cuidar a su bisnieta, mientras Luciana se ocupaba de su trabajo. Pero algo en la escena no le cuadraba del todo a Alejandro: ¿por qué Luciana se mostraba tan dócil con el abuelo, pero a él lo mantenía a distancia?Tal vez interpretó su silencio como un descontento, porque Luciana se apresuró a explicar:—En cuanto salga de mi turno, regresaré de inmediato. No se va a retrasar tu tratamiento.Por un instante, Alejandro soltó algo que p
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Capítulo 864
—Bueno… está bien —cedió Luciana, viendo que casi le pegaban los pétalos en la cara. No podía continuar rechazándolo—. Gracias.—¿Agradecerme? No hay por qué. —Adrián movió la mano como quitándole importancia y señaló su propia cabeza—. Mi recuperación es gracias a tu ayuda. Unas flores no son nada. A propósito, lo que mencionamos antes… esa forma de agradecerte, ¿ya lo pensaste?Luciana se quedó callada.Desde el principio, ella había buscado acercarse a él por un motivo concreto, pero era consciente de que soltarlo así, de golpe, no parecía muy “solemne”.—Todavía… no lo tengo claro.—Ah, bueno, tú tómate tu tiempo. —Él no insistió y cambió de tema—. ¿Ya terminaste tu turno? ¿Te llevo a casa?—No hace falta —rechazó Luciana con rapidez, sonriendo—. Estoy esperando a una compañera. Vamos a cenar algo después del trabajo.Por supuesto, lo dijo como una simple excusa.—¿Ah, sí? —Adrián entrecerró los ojos—. ¿Es compañera o compañero?—¿Eh? —Luciana se extrañó—. Es mi colega, y es mujer,
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Capítulo 865
—¿Qué…?Ella frunció el ceño, intentando soltarse.—No te entiendo. ¿A qué te refieres?—¿No entiendes?Alejandro soltó una carcajada seca y no aflojó la mano.—De acuerdo, refresco tu memoria: esta tarde, en Serenity Haven, te vi con Adrián.¿Estuvo en Serenity Haven? Luciana palideció un poco, pero su voz se mantuvo firme:—Sí, me viste. ¿Y qué con eso?—“¿Y qué con eso?”Alejandro rió con sorna.—¿Quién crees que conoce mejor a Adrián, tú o yo?Luciana tragó saliva. No hacía falta pensarlo mucho. En Muonio, todos los ricos y poderosos se relacionaban entre sí. Y si Alejandro sabía algo, probablemente ya imaginaba sus intenciones.—¿Qué es lo que planeas realmente?El agarre de Alejandro se endureció. La jaló con tal fuerza que ella quedó prácticamente pegada a su pecho desnudo y aún húmedo. Como siempre, a él no le gustaba secarse del todo. Las gotas de agua atravesaron la tela ligera de la blusa de Luciana, rozando su piel y provocándole un súbito escalofrío que le encendió la resp
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Capítulo 866
Alejandro supo que ella se había asustado. Y eso, en cierto modo, le pareció un alivio: al menos no seguiría adentrándose sin freno en la boca del lobo.Cuando concluyó el tiempo de la sesión, Luciana fue retirando las agujas una a una.—Señor Guzmán, por favor descanse. Con su permiso, me retiro —Guardó su estuche y se levantó.—Doctora Herrera… —Alejandro la llamó con un tono inesperado, atrapándola de nuevo por la muñeca.—¿Sí? —contestó Luciana, incómoda al sentir esa mano que la sujetaba—. ¿Necesita algo más?Alejandro abrió la boca, pero al notar la resistencia de ella, se contuvo. Al final, la soltó:—Nada…—Entonces me voy.Luciana prácticamente huyó de la habitación. Alejandro esbozó una sonrisa amarga. ¿De verdad lo rechazaba tanto? Tenía sentido: si no hubiera sido así, tres años atrás no habría decidido marcharse. Incluso ahora, viviendo bajo el mismo techo, sabiendo que en Muonio no había casi nada que él no pudiera lograr, prefería arriesgarse con Adrián antes que pedirle
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Capítulo 867
Ella se quedó quieta, sin siquiera extender la mano. Reconocía el formato de la caja: seguramente contenía un collar, una pulsera… algún tipo de joya. Recordó la docena de rosas blancas que él le había regalado días antes, y supuso que esto tampoco sería algo sencillo o barato. Pero, más allá del costo, sabía que no podía aceptarlo.Con el ceño fruncido, Luciana sintió que se adentraba a un pantano. Tenía la sensación de que cualquier movimiento en falso la hundiría más.—Ábrelo —insistió Adrián—. Quiero saber si te gusta.—Señor Cruz… —empezó Luciana, insegura.Si no fuera porque ella misma se había acercado a él con un propósito, se habría puesto de pie y se habría ido de inmediato. Pero no podía mostrarse tan tajante, ya que necesitaba pedirle un favor…—¿Qué ocurre?Al ver que Luciana seguía inmóvil, Adrián se impacientó y abrió la caja él mismo.La luz que se reflejó en la joya casi deslumbró a Luciana. Como sospechaba, era un collar de diamantes finos, tan sencillo como lujoso.L
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Capítulo 868
—Luciana… —Él la estrechó un poco más, bajando la voz con un matiz sombrío—. Me gustas.¡Boom! Luciana se sintió como si hubiera recibido un calambrazo.—Ja…Adrián soltó una risa incómoda y siguió hablando:—Lo admito, puede que a mi edad suene ridículo, pero los sentimientos no se controlan. Jamás pensé que, a estas alturas, alguien pudiera hacerme sentir así otra vez.Volvió a tirar de la mano de Luciana, disfrutando del tacto suave de su piel.—Esto es en serio. Te quiero y te voy a cuidar. Está claro que no puedo ofrecerte matrimonio, pero todo lo demás sí puedo dártelo. Ven conmigo, ¿sí?Ella abrió los ojos como platos. Era exactamente lo que había dicho Alejandro. Sintió pánico, culpa… y un profundo asco.—Señor Cruz…Trató de retirar la mano con delicadeza.—¿No es una broma muy pesada? Es imposible que…—¿Qué tiene de imposible?—Usted es un hombre casado —respondió Luciana, esforzándose por conservar la sonrisa—. Si su esposa se enterara, ¿no le preocuparía hacerla sufrir?—¿
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Capítulo 869
Luciana regresó a la Villa Trébol con la mente hecha un nudo. Apenas llegó, se encerró en su habitación y hundió el rostro en los brazos, presa de la frustración.Cuando Alejandro volvió, la sala estaba a oscuras. No subió; fue directo al cuarto de servicio.Probó el picaporte: cerrado.Alzó la mano y golpeó suavemente. Nada.—Abre la puerta.Frunció el ceño y bajó la voz: —Sé que estás despierta.Después del numerito de Adrián, ¿cómo iba Luciana a conciliar el sueño? Aun así, guardó silencio.—¿Luciana? Escucha, ya regresé. Es hora de tu tratamiento. Si no abres, voy a tirar la puerta…Treinta segundos. Silencio absoluto.Alejandro apretó la mandíbula, retrocedió y estiró los hombros, listo para embestir.En ese momento la puerta se abrió. Luciana salió con su estuche de acupuntura en la mano.—Señor Guzmán —saludó.Alejandro se quedó inmóvil, con la muñeca en alto.—¿Prefiere que vayamos a su habitación? —preguntó ella, serena.—No hace falta —respondió él, recuperando la compostura—
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Capítulo 870
Luciana guardó silencio y, por fin, asintió.—Lo entiendo… —Su voz se quebró—. Pero no tengo otra opción.Forzó una sonrisa:—De verdad, gracias por esta noche. Seré más cuidadosa de ahora en adelante.«¿De ahora en adelante?» El corazón de Alejandro dio un vuelco; las sienes le latieron con furia.Quería intervenir, pero… ¿con qué derecho? Él no era más que su paciente… y ella, su doctora.***A la mañana siguiente, Alejandro bajó temprano y encontró a Luciana en la cocina; el remedio ya hervía a fuego lento.Sin decir palabra, él tomó el cuenco, contuvo el aliento y se lo bebió de un solo trago.Antes de marcharse la miró, dudó un segundo y terminó preguntando:—¿Piensas volver a Serenity Haven?—Sí. —Luciana asintió.—¿Perdón? —El ceño de Alejandro se frunció de inmediato; la irritación asomaba en su voz.—No lo tomes a mal. —Luciana alzó las manos—. No voy por Adrián. Después del desastre de anoche estaría loca si insistiera. Pero el gerente y la jefa de piso se han portado bien co
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