All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 1331
- Chapter 1340
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Capítulo 1331
Javier se quedó en silencio un segundo y sonrió un poco.—No le quité a tu mami. Desde el principio, tu mami me quería a mí. Nos amamos de verdad, por eso...—Estás mintiendo. Si mi mami te quería a ti, entonces ¿por qué se fue con papá? Javier, antes eras bueno. ¿Por qué tuviste que volverte malo?Javier dejó de sonreír y solo pudo abrazarme; no le salieron las palabras.Mateo cargó a Luki y le dijo en voz baja pero firme:—Niños, siempre piensen antes de hablar. Vamos, sube conmigo a ver a Embi.Después de decir eso, se fue al piso de arriba.Luki nos miró a Javier y a mí; otra vez apareció en su mirada un destello de resentimiento.Justo cuando abrí la boca, él miró a otro lado.Yo le quería decir una sola palabra: "perdón".Cuando todo esto terminara, me haría cargo de compensarlos a ambos. Eso iba a hacer, pasara lo que pasara.Cuando llegué al cuarto de los niños, el médico todavía estaba examinando a Embi.Me quedé junto a la cama, mirando a mi hija, con fiebre alta y medio dorm
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Capítulo 1332
Me asusté y la cargué de inmediato.—Embi, ¿qué pasó? Embi...Javier se acercó rápido, la tomó de mis brazos y la volteó para inclinarla al borde de la cama mientras vomitaba.Desesperada, solo pude mirar cómo mi hija no paraba de vomitar. Un escalofrío me recorrió la espalda.De repente, Luki vino y me jaló la mano suavemente.Bajé la mirada hacia él.—Mami, Embi va a estar bien. No te preocupes —me dijo, mirándome con preocupación.Cuando lo escuché, se me llenaron de lágrimas los ojos.Hacía un momento todavía estaba molesto conmigo, sin dejar que lo tocara... pero en lo importante, siempre terminaba pendiente de mí y de cómo me sentía.Le acaricié la cabeza.—Sí...Cuando levanté la mirada, vi a Mateo mirando fijamente a Embi. Su mano estaba apretada con tanta fuerza que los tendones se marcaban; estaba nervioso y angustiado.Respiré hondo.Mientras Embi no mejorara, Mateo y yo no íbamos a poder vivir en paz.Javier le acarició la espalda a Embi, la ayudó a terminar de vomitar; lu
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Capítulo 1333
—Amigos son amigos; papá es papá. Un amigo no puede reemplazar a papá, y papá tampoco puede reemplazar a un amigo. Yo te quiero, y también quiero a papá. Solo quiero que no le quites a mi mami —respondió Embi, muy sincera.Lleno de amargura, Javier se rio un poco.Con una mezcla dolorosa de impotencia y rencor en sus ojos, miró a Embi.—¿Por qué, Embi? ¿Por qué piensan que les quité a su mami? ¿Por qué todos creen que su mami tiene que estar con Mateo? Ella me quiere a mí, ¿me oíste? ¡Tu mami me quiere a mí!Era la primera vez que Javier levantaba la voz delante de los niños. Embi se asustó de inmediato y comenzó a llorar muy fuerte.Sentí un dolor en el pecho y la tomé rápido en mis brazos.Javier apretó la mandíbula y levantó la mano como si fuera a consolarla.Pero Embi se acurrucó más en mi pecho y lo miró con miedo.—No quiero... Javier da miedo... vete... uuuh... ya no quiero a Javier...Javier se puso más serio. Su mano, suspendida en el aire, poco a poco se cerró en un puño.E
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Capítulo 1334
Bajé la mirada y vi que en mi abdomen todavía había restos de lo que Embi había vomitado hacía un momento.No dije nada más. Calmé a los dos niños y regresé a la habitación de antes para bañarme.Ese olor tan familiar... Apenas abrí la puerta, el corazón se me encogió.El cuarto guardaba demasiados recuerdos entre Mateo y yo.Desde el principio, cuando yo lo humillaba y él me guardaba rencor; luego, cuando mi familia se vino abajo y él se vengó de mí; y, por fin, cuando le dimos una oportunidad al amor... este cuarto se volvió nuestro rincón de felicidad.Cada detalle —la cama, la alfombra, el sofá, incluso el alféizar— fue testigo de nuestra intimidad.En realidad, no hacía tanto que me había ido de esta villa.Pero cuando me paré otra vez en la puerta y miré esa habitación que conocía tan bien, sentí como si hubieran pasado años.Mateo probablemente seguía durmiendo aquí cada noche.Una bata oscura estaba en el borde de la cama; las sábanas estaban un poco desordenadas.Me acerqué;
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Capítulo 1335
Aunque yo miraba al piso, podía sentir a Mateo observarme. Conocía demasiado bien esos ojos llenos de deseo. Quemaban. Siempre quemaban.Mateo no habló durante mucho rato. Se quedó ahí, de pie frente a mí, en silencio. Mi vista quedaba justo a la altura de su abdomen firme y marcado.Entonces, otra vez, mi mente empezó a recorrer esas escenas que no debía recordar. Con solo imaginarlo, el calor me subió del pecho a las mejillas; ahora mi cuerpo entero estaba en llamas.El silencio de Mateo, esa manera de mirarme, creaba una tensión casi palpable; como si nuestras almas se llamaran.Me mordí los labios, lista para decirle que necesitaba vestirme. Apenas levanté la cabeza, cruzamos miradas. Mi corazón pareció detenerse.Mi boca fue torpe:—Yo... yo... iba a...No terminé. De repente, Mateo me agarró por la cintura y me llevó con cuidado contra la pared. Lo miré, asustada, con el corazón golpeando fuerte, mientras me encontraba con esos ojos llenos de un deseo intenso.Sus dedos largo
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Capítulo 1336
En ese instante, casi todo el deseo en mis ojos ya se había apagado. Sus palabras me hicieron ver con claridad la situación en la que estaba. Respiré hondo para recuperar la calma y me agaché, buscando la toalla en el suelo. Pero Mateo me agarró fuerte de la cintura e impidió que me moviera.Volvió a acercarse y su presencia me dominó por completo. Me miró fijamente.—Dime, si lo amas a él, ¿por qué sigues dispuesta a acostarte conmigo? —me preguntó en voz baja.Lo dijo sin rodeos. Y era verdad. Hacía solo unos instantes yo misma me había dejado llevar por él. Si no hubiera sido por esa pregunta, quizá ya nos habríamos ido a la cama.Con esa mirada intensa, me apretó más la cintura, como si no pensara dejarme ir hasta oír una respuesta. Me pasé la lengua por los labios y medí mis palabras:—Supongo que... después de tantos años como esposos, de haber sido tan íntimos tantas veces, mi cuerpo ya se acostumbró a tu piel. Por eso no lo rechazo.Mateo se echó a reír de amargura.—Entonc
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Capítulo 1337
En ese momento, un sonido agudo empezó a reproducirse desde la mesa.Era mi celular devolviéndonos la cordura a los dos. Mateo por fin se detuvo. Se puso tenso y me miró, con esos ojos oscuros que parecían querer devorarme. Después de un silencio largo, dio dos pasos atrás.Miró el teléfono. Yo también miré. Javier estaba llamando.La mandíbula de Mateo se tensó. Su mano, aún en mi cintura, me apretó un instante, solo para soltarme al final. Se notaba cómo trataba de resistir. Se cubrió media cara con la mano y se inclinó un poco hacia atrás, como si algo lo desgarrara por dentro.Su voz salió baja y ronca:—Perdón... perdón...Verlo así me partió el alma. La amargura parecía sofocarme.Quise abrazarlo. Quise decirle que esperara un poco más. Pero el celular timbraba, una y otra vez, recordándome que Javier estaba abajo, que todavía no era el momento de reconciliarnos.Cerré los puños y susurré:—Mateo, fue culpa mía... Todo es culpa mía.Mateo no respondió. Se apoyó con una
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Capítulo 1338
Había recuperado por completo su aura seria y tranquila, como si la pasión descontrolada que le vi en la habitación hubiese sido solo una alucinación mía. Me miró apenas un instante y apartó la vista. Luego, pasó a mi lado y caminó directo a la cocina.—Embi quiere comer algo. Voy a prepararle una sopa.Doña Godines corrió tras él:—Yo la hago, señor. Justo tenemos ingredientes frescos.Me quedé mirándolo y el corazón se me encogió de nuevo. El día del divorcio, Mateo se la pasó sereno, indiferente. Nunca imaginé que había llorado delante de doña Godines. En ese momento debió sentirse desesperado. Destrozado. Completamente solo.Suspiré en silencio y aparté la mirada. Cuando la levanté otra vez, vi a Javier. Estaba junto a la puerta con un cigarrillo entre los dedos; me miraba tranquilo, impenetrable. No pude adivinar lo que pensaba.Di un paso hacia él, pero antes de quedar frente a frente, apagó el cigarrillo con los dedos y dijo:—Nos vamos.Me detuve un segundo.—Hace un rato
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Capítulo 1339
De repente, Javier me tomó de la mano y me hizo voltear hacia él.Entonces lo vi.Mateo estaba de pie en la entrada de la cocina, quieto, con la cara un poco pálida.No dijo nada.Su mirada se veía vacía, como la de un cadáver.En ese momento, doña Godines salió corriendo de la cocina.—Ay, se rompió el plato. Señor, déjelo, yo lo recojo.Pero Mateo parecía sordo.Entonces se agachó y empezó a juntar los pedazos de porcelana con la mano.Doña Godines insistió en que tuviera cuidado, que se iba a cortar, pero él siguió recogiendo, como si no oyera nada.Me mordí los labios, con un dolor en el pecho imposible de soportar.Entonces Javier sonrió.—Mateo, Aurora dijo que esta noche se va a quedar para acompañar a Embi y a Luki. Yo quiero quedarme con ella también. Al fin y al cabo, estamos juntos todos los días; si nos separamos incluso una noche, capaz nos extrañamos demasiado.Doña Godines no pudo aguantarse y le respondió:—Usted, no ande provocando al señor Mateo. Es una sola noche, no
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Capítulo 1340
Javier se quedó en la entrada de la habitación.Su mirada pasó por la comida frente a mí.—Pensé que habías subido solo para traerle comida a Embi —dijo con una sonrisa extrañamente tranquila—. No imaginé que tuvieras tan buen corazón y trajeras también comida para mi prometida.La palabra “prometida” la acentuó un poco, con un tono irónico que no se molestó en ocultar.Mateo se molestó.—Embi no puede comer mucho. Le pedí que le ayudara a terminarla.—Ah...Javier se rio un poco, como si de pronto entendiera algo, y entró con su propia bandeja.Entonces se detuvo frente a mí.Sus ojos me observaron; aunque sonreía con tranquilidad, no transmitía nada de cariño.—Tal vez, la comida que Mateo preparó para Embi no te guste mucho. Come la mía —dijo—. La preparé especialmente para ti.Apreté los cubiertos, sin saber cómo responder.Después de pensarlo unos segundos, sonreí.—Pon la tuya también. Voy a comer de ambas.Javier se rio un poco.—¿Pero vas a poder con todo? Aurora, dale; solo pu
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