All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 1341
- Chapter 1350
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Capítulo 1341
Mateo no dijo nada. Ni siquiera me miró.Salió de la habitación.En cuanto se fue, Embi me dijo:—Mami, mejor baja a comer. Es que el olor de esa comida no me gusta. Mi pancita todavía está mal...Lo dijo mientras se tapaba la naricita con su manita regordeta, muy seria.De inmediato entendí lo que intentaba hacer.Era tan evidente que hasta Javier debía haberlo notado.Pero, para mi sorpresa, Javier giró la cabeza y me dijo:—Entonces baja más tarde. Embi todavía no se recupera. Es mejor que no huela la comida.Me quedé inmóvil un segundo.Cada vez entendía menos a Javier.La intención de Embi de dejarnos solos era clarísima, y aun así él no se molestaba y hasta cooperaba.¿Qué buscaba con eso?Mientras más difícil era leerlo, más me sentía en peligro.De repente, Embi insistió:—Mami, baja ya. De verdad no quiero oler esa comida.No pude evitar sonreír y suspirar.—Está bien, mami baja a comer y luego sube contigo.—Está bien, mami, come despacito.Toda la intención se le veía en la
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Capítulo 1342
Me quedé mirando esa sopa, sin tomarla.Entonces la dejó frente a mí y dijo, con voz tranquila:—Has bajado de peso. Le pedí a doña Godines que la preparara. Toma un poco.Luego se levantó y cambió de asiento para alejarse un poco.Bajé la mirada y, con un nudo en la garganta, me quedé viendo la sopa.Ese Mateo, por fuera distante, como si nada le importara, y aun así notaba incluso que yo había adelgazado.Respiré hondo para contenerme y tomé la sopa.Pero apenas el olor me llegó, el estómago se me revolvió de golpe.Me tapé la boca y corrí al baño.Ya había vomitado dos veces en la mañana, y al mediodía no comí nada; no quedaba nada que botar.Me apoyé en el lavabo, sin fuerzas; me empezaron a dar espasmos.—¿Qué pasa? —escuché la voz de Mateo detrás de mí.Entonces se acercó y puso su mano grande en mi espalda, ayudándome a respirar.Después de varios intentos, mi cuerpo por fin se calmó.Me sentía agotada, casi sin fuerza, recargada contra su pecho.En el espejo, mi cara estaba pál
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Capítulo 1343
—No pasa nada... yo... yo no necesito ir al hospital. Gracias por... preocuparte.Mateo se rio con amargura.Me rozó el hombro cuando pasó y se fue.Con dolor en el pecho, lo vi alejarse."Perdón, Mateo...""Otra vez te hice daño.""Solo espera un poco... cuando todo termine, voy a volver a ti. Te voy a explicar todo. Te lo prometo."Javier, cuando notó mi mirada, de repente me cargó en sus brazos.Asustada, quise bajarme.—¿Qué pasa? ¿Prefieres que Mateo te lleve a la habitación? —me preguntó, con una sonrisa extraña.El cuerpo se me tensó.No parecía la voz de Javier.Era rara. Amenazante.Quizá él mismo lo notó, porque su mirada se volvió más tranquila y dijo en voz baja:—Lo dije jugando.Así me llevó escaleras arriba.Lo miré fijo, viendo su sonrisa calmada, sin poder entender qué había detrás."¿Cuál es el verdadero Javier?""¿El cariñoso... o el aterrador?"Esa noche, Embi dijo que quería dormir conmigo.Su cama era pequeña, así que la llevé a una habitación de huéspedes.Apenas
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Capítulo 1344
Ojalá Mateo no estuviera en la habitación.Con todo lo que había pasado ese día, quedarme a solas con él solo podía ponerse incómodo… o peligroso.Toqué tres veces la puerta.No hubo respuesta.¿De verdad no estaba?Perfecto. Iba a entrar, tomar el libro e irme sin que él lo supiera.Giré la manija.Me di cuenta de que no tenía seguro.En cuanto crucé la puerta, me detuve.La luz del baño seguía encendida.Podía oír el agua.Se estaba duchando.Rápido, empecé a buscar el libro del cuento.Si lo encontraba antes de que saliera, todo quedaría en silencio, como si nunca hubiera entrado.Pero después de revisar toda la habitación, no lo encontraba por ninguna parte.Me acerqué al buró y abrí el cajón; lo que hallé fue un álbum de fotos.Quedé intrigada.Había vivido años en esa mansión."¿Desde cuándo estaba ese álbum aquí?"La curiosidad pudo más que la prudencia.Lo abrí.La primera foto… era yo.Pasé la página.La siguiente también era yo.Y la siguiente.Y la siguiente.El corazón me d
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Capítulo 1345
Me pasé la lengua por los labios, sin atreverme a preguntar nada más.Pero por dentro ya había decidido: cuando todo terminara, iba a sacar las fotos que yo había tomado de nosotros y las pondría también en ese álbum.Como me quedé quieta sin moverme, Mateo se impacientó:—Te dije que salieras. No vaya a ser que tu prometido empiece a imaginar cosas.—Entonces… entonces déjame ver el álbum otra vez.En cuanto dije eso, la mirada de Mateo se volvió peligrosa.Sin responder, tomó el álbum y lo colocó en el estante más alto del armario.Y justo después… se quitó la toalla de la cintura.Parpadeé dos veces; cuando por fin entendí lo que pasaba, me puse roja como una llama y volteé de inmediato.—¡Quítate... estás desnudo!Mateo se rio un poco.—Estoy en mi habitación y me estoy poniendo ropa. ¿No tengo derecho a estar desnudo en mi cuarto? En cambio, tú entraste aprovechando que yo me estaba bañando. Eso sí que da lugar a malentendidos. De verdad me intriga —inclinó la cabeza y dijo, lento
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Capítulo 1346
Me miró fijamente y, por un segundo, apareció algo en sus ojos… como si estuviera herido.El corazón me dolía. Estuve a punto de abrazarlo.De repente, Mateo me empujó bruscamente.—Lárgate.No lo esperaba; el cuerpo se me fue hacia un lado, pero la cama estaba cerca y no llegué a golpearme.Lo miré, confundida.Él me daba la espalda con el cuerpo tenso; el silencio a su alrededor se sentía tan distante que dolía.—Fuera —repitió sin volverse.Le vi la mano cerrada con tanta fuerza que los nudillos se tensaban.Estaba conteniendo algo: rabia, dolor, o ambas.No quise provocarlo más.—Aquí no hay libro. Me voy. Perdón… por molestarte.Fui hacia la puerta.Antes de salir, miré una vez más.No se movió.Ni una mirada.Suspiré y abrí la puerta.Y entonces me llevé un susto: Embi y Luki estaban parados allí.Embi tenía su muñeca entre los brazos y se reía un poco, con los ojos brillantes.Luki tenía un libro de cuentos en las manos y anunció:—Mami, hoy yo quiero dormir contigo y papi.—Yo
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Capítulo 1347
De verdad no sabía qué decir.Estos dos hombres… en serio estaban locos.Esa noche, los tres, más los dos niños, terminamos durmiendo en la misma habitación: Mateo, Javier, yo y los dos niños.Me acosté en la cama con Mateo; Embi y Luki se acomodaron juntos.Mientras tanto, Javier se quedó en el sofá.El ambiente se sentía tan extraño...Si alguien lograba dormir, aparte de los niños, merecía una medalla.—Mami, quiero escuchar este cuento —dijo Embi mientras abría el libro.Lo tomé, agradecida de tener algo que hacer.Así tal vez el ambiente sería menos incómodo.Pero no.Mientras leía, los dos hombres no tocaron el celular, no se movieron, no hicieron nada.Solo me miraban fijamente, todo el tiempo.Aun así, la tensión no pudo detenerme.Los niños querían cuento, así que seguí leyendo.Solo deseaba que los dos se durmieran rápido.Con la luz apagada, al menos no tenía que sentir esas miradas.—Mateo… —Javier habló de repente.Mateo volteó a mirarlo.—¿No te recuerda esto —dijo Javier
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Capítulo 1348
En la oscuridad, sentí un calor familiar, casi como una vieja adicción, en el dorso de mi mano.El cuerpo se me tensó un poco; hasta la respiración se me agitó.Esa piel un poco áspera, esos dedos delgados... era la mano de Mateo.Y cuando su mano rozó la mía, pareció estremecerse, como si el contacto lo hubiera quemado… pero la manita de Luki o de Embi, quien estuviera entre nosotros, la agarró con fuerza e impidió que se apartara.Esa fuerza minúscula traía una obstinación imposible de romper.Los niños se movieron, aunque dormidos, murmuraron algo inentendible; aun así, empujaron nuestras manos más juntas hasta que las palmas quedaron entrelazadas por completo.A Mateo se le cortó la respiración un segundo.Podía sentir su mirada fija en mí, intensa, penetrante.Como si el cielo mismo estuviera apuntándome con un relámpago.Desde el sofá se oyó apenas un roce de tela y un quejido suave.Javier se había movido.Ese sonido acabó con el silencio del cuarto.El corazón me dio un vuelco.
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Capítulo 1349
Por instinto, me acerqué y vi a doña Godines en la cocina.Me miró y suspiró:—El señor se llevó a Luki y a Embi a jugar desde temprano. Dijo… —hizo una pausa breve— dijo que, cuando despertaras, podías irte directo.Escuché la voz de Javier detrás de mí:—Eso fue lo que dijo.Doña Godines le lanzó una mirada de disgusto y volvió a verme.—El señor sabía que esos dos niños no iban a dejarte ir… así que se los llevó. Ay… no importa lo que pase, el señor siempre te pone a ti primero —murmuró con un suspiro.Bajé la mirada sin responder.Doña Godines volvió a hablar:—Ayer estabas mal del estómago. Hoy el señor me pidió prepararte comida ligera… te dejó una sopa. Come antes de salir.Dicho eso, regresó a la cocina.Javier dio unos pasos hacia mí, con una sonrisa muy sutil:—¿Otra vez te tocó el corazón? —me preguntó, sin ira, pero sin cariño.Respiré hondo, reprimí mis emociones y me giré.—No.Javier me observó unos segundos con una mirada seria, difícil de leer. Luego alzó la mano y me
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Capítulo 1350
En cuanto pensé que no iba a poder tener más hijos, que la enfermedad de Embi no tenía cura, sentí un dolor en el pecho.Me reí de mí misma y le dije en voz baja:—De todas formas, yo ya no puedo tener hijos, así que… no importa de cuál de las dos cosas esté hablando. El resultado es el mismo. ¿Por qué tienes que insistir?Javier me miró fijamente.Cuando notó que se me aguaban los ojos, me pareció verlo un poco inquieto.De inmediato, me acercó a su pecho y me abrazó.—Está bien, está bien… ya no te pregunto eso. No te pregunto más —murmuró con la voz apenas temblorosa.Hizo una pausa y luego siguió:—Perdón. Solo… solo es que te quiero demasiado. Me importa tu pasado con Mateo. Tuviste dos hijos tan lindos con él… solo pensarlo me vuelve loco de celos. Aurora, yo también quiero… quiero tener un hijo contigo. Un hijo que sea solo nuestro —estaba casi susurrando.Los ojos se me cerraron; no respondí.Porque, incluso si no hubiera perdido la capacidad de ser mamá… incluso si pudiera vol
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