All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 531
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Capítulo 531
Estaba frente a una puerta torcida de madera, que apenas traté de abrir, cayó al suelo. De la nada, quedé dentro de una nube de polvo que no me dejó ver nada por un momento.Javier se puso delante de mí y apartó las hierbas del patio con los pies.Me tomó de la mano y entramos juntos. El paisaje me trajo muchos recuerdos.El contraste de la belleza que recordaba con la ruina ante mis ojos me hizo sentir una tristeza profunda.Mi abuela ya no estaba. Esa calidez y ternura no volverían jamás.En el patio había un árbol de naranjas, grande y frondoso. En el suelo había restos de fruta podrida.Javier se paró junto al árbol, sorprendido:—No puedo creer que este árbol aún esté aquí.Lo miré con curiosidad:—¿Por qué lo dices?—Porque lo planté yo —respondió con una sonrisa. —Lo plantamos tú y yo.—¿Nosotros lo plantamos juntos?Javier asintió, con los ojos brillándole, como si en su mente estuvieran pasando todos los buenos recuerdos.En el tronco parecía haber algo grabado. Me agaché par
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Capítulo 532
Tomé el portarretratos, mirando las personas de la foto, sin poder creerlo.Solo con ver esa imagen, parecía que en ese entonces yo en serio estaba enamorada de Javier… y que no me gustaba Mateo.Y Mateo tampoco parecía quererme.—Vamos, subamos a ver el resto —dijo Javier mientras se agachaba a limpiar la escalera.Guardé con cuidado los retratos y lo seguí.Aunque no viví mucho tiempo donde mi abuela, en esa casita abandonada estaban algunos de mis recuerdos más preciados.Antes de volver aquí, no sentía nada especial.Pero apenas puse un pie en este lugar, me invadió una ráfaga de recuerdos. La melancolía por lo que fue mi hogar se convirtió en una tristeza que parecía quedarse flotando en cada rincón de la casa.Las macetas del balcón estaban secas desde hacía mucho. Recordaba que yo misma le pedí a mi abuela que las comprara.Abrí la ventana del balcón y una nube de polvo cayó sobre mí.Javier se me acercó y me apartó el polvo con la mano.Se quedó parado junto a mí, mirando a lo
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Capítulo 533
No dije nada.Javier sonrió un poco, luego retrocedió y abrió la puerta de la habitación de Mateo.En invierno, el sol se esconde más temprano, y el cielo ya se había teñido de gris.Al abrirse la puerta, la habitación quedó en penumbra.Javier encendió la luz.Levanté la vista y vi que era un cuarto sencillo, pero ordenado.Sobre el escritorio junto a la ventana, había una montaña de libros y una pequeña lámpara. El ambiente se sentía muy académico.Mateo debió haber regresado a casa de los Bernard hacía muchos años, y seguramente no había vuelto aquí desde entonces.Sin embargo, la habitación estaba impecable, ni una mota de polvo.Me acerqué al escritorio y comencé a hojear, distraída.De inmediato, aparecieron ante mí antiguos deberes y apuntes de Mateo.Incluso en ese tiempo, su caligrafía ya era impresionante: firme, clara, ordenada.Miré la silla frente al escritorio y, sin querer, me imaginé al adolescente inclinándose sobre sus libros, estudiando sin descanso. Sonreí sin darme
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Capítulo 534
No era posible que hubiese pasado todo el día sin mirar el celular.Suspiré y le envié un mensaje.“¿Qué haces?”Pasé mucho tiempo esperando una respuesta.Me quedé mirando la pantalla un par de minutos más. Mientras tanto, me empezó a dar sueño.Me pesaban la cabeza y los ojos.Me metí debajo del edredón, cerré los ojos y me dormí rápido.Tal vez porque estaba en un lugar nuevo y extraño, donde no podía sentirme segura, tuve un sueño raro.A mi alrededor parecía haber muchas voces.Voces desconocidas, apuradas.—Corre, Aurora, ¡corre rápido...!—¿Y tú qué harás? Si llegamos al pueblo, estaremos bien.—Jeje, estos dos niños son bien bonitos, seguro que los podemos vender por buen precio. ¡Atrápenlos! ¡Que no se escapen!No sabía si estaba soñando o qué, pero era como si en mi cabeza estuvieran proyectando una película. Veía escenas una tras otra.Difusas, sin orden.Me vi perseguida por dos hombres que tenían toda la pinta de delincuentes.Un adolescente me jalaba de la mano sin parar.
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Capítulo 535
Mateo por fin habló. Su voz sonaba tensa, pero lo que dijo no lo entendí del todo.Intrigada, lo miré.—¿Qué es lo que se supone que recordé?—Tu pasado con Javier, cuando eran jóvenes.De una vez le respondí:—No, para nada. Solo supe eso cuando vine aquí, que en ese entonces ya los conocía a ustedes y que vivíamos tan cerca de la casa de mi abuela.Mateo me miraba sin parpadear. Sus ojos oscuros me pusieron algo nerviosa.Le tomé el brazo con suavidad y bajé el tono de voz:—Mateo, ¿qué te pasa en verdad? ¿Es porque no te gusta que esté sola con Javier? Si es eso, no me volveré a ver a solas con él, ¿sí? No te enojes. Además, ¿cómo está tu herida? ¿Cómo pudiste salir del hospital así como así?Mientras hablaba, apresurada, le abrí la camisa para revisarle el vendaje.Por suerte, la herida no se había abierto y las vendas estaban bien colocadas.Pero aun así, con esa herida, ¿por qué no se quedó en el hospital? ¿Solo por venir a buscarme?Justo pensaba en eso cuando Mateo me apartó su
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Capítulo 536
Pero cuando corrí tras él, Mateo ya se había subido al auto.Corrí hacia él, apresurada, pero en un segundo encendió el motor y el auto salió disparado como una flecha.—¡Mateo!Le grité al auto, llena de tristeza. Él ni siquiera quiso escuchar mi explicación.Ni intentó creer en mis palabras.No importaba cuántas veces le asegurara que el único que me gustaba era él, simplemente no me creía.Ahora, ya no sabía qué hacer.Tampoco estaba segura de cuánto podía sobrevivir una relación tan falta de confianza.Observé el auto desaparecer en la oscuridad de la noche, y las lágrimas nublaron mi vista.¿No decía que yo le gustaba?Entonces, ¿por qué se negaba a confiar en mí?—¿Aurora?Javier por fin había regresado. Se bajó del auto, apresurado, y me agarró de los hombros con preocupación:—¿Por qué estás afuera sin abrigo? ¿Qué pasó?—Mateo estuvo aquí.—¿Mateo? —Javier miró alrededor, sorprendido. —¿No estaba en el hospital? ¿Qué vino a hacer?Le respondí, llorando mientras me aferraba a
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Capítulo 537
No pude dormir en toda la noche.A la mañana siguiente, cuando me levanté, no me sentía nada bien.Javier me llevó primero a desayunar cerca de allí, y luego manejó de regreso hacia Ruitalia.Cuando el auto entró en la zona urbana de Ruitalia, Javier me preguntó:—¿A dónde quieres ir?Bajé la mirada y miré el celular.El mensaje que le había enviado a Mateo por la mañana seguía sin respuesta, y tampoco atendió mis llamadas.No había ni un solo mensaje ni llamada en mi pantalla. Parecía como si mi teléfono no tuviera señal.Miré por la ventana, triste, sin saber a dónde regresar.Era obvio que Mateo no quería saber nada de mí. Si iba a buscarlo ahora, probablemente tampoco me recibiría.Javier me lanzó una mirada y suspiró:—Como no sabes a dónde ir, acompáñame a ver a Michael.Me sorprendí:—¿Vas... a ver a Michael?Javier no respondió, solo giró el volante, yendo hacia el centro de detención.Lo vi tan serio, pensando que, después de todo, todavía quedaba algo de afecto entre él y Mic
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Capítulo 538
Me giré para mirar a Javier.Pensé que hoy, si había venido a ver a Michael, era para disculparse con él.Pero no dijo absolutamente nada.Mantenía la mirada baja, los labios apretados y una expresión tan indiferente que daba miedo.Suspiré sin decir nada más, solo esperé en silencio.Después de que Michael se fue, Javier se quedó sentado en la silla unos diez minutos antes de levantarse y decirme con seriedad:—Vámonos.Apenas salimos del centro de detención, nos topamos de frente con Mateo.Abrí la boca. Quise hablarle por puro instinto, pero esa mirada penetrante hizo que la voz se me quedara atorada en la garganta.Detrás de él venían Miguel y la madrastra de Mateo.En cuanto ella nos vio a Javier y a mí, puso una cara de odio puro y gritó:—¿Qué hacen ustedes dos aquí? ¿Vinieron a burlarse de mi hijo o qué?Javier no le hizo caso. Solo miró a Mateo, con una sonrisa sarcástica:—Veo que sigues siendo de corazón blando. Michael casi te mata y en la familia Bernard nunca te han trata
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Capítulo 539
Pero él ni siquiera me miró. Apenas salió del centro de detención, caminó directo hacia el estacionamiento sin desviarse ni un poco.Me puse nerviosa y me levanté de una vez para seguirlo:—Mateo... ¡ah!Había esperado tanto tiempo que mis piernas y pies estaban entumecidos por el frío.Apenas me puse de pie, un dolor me recorrió los tobillos y las plantas de los pies, haciéndome doblar del dolor.Por fin, Mateo se detuvo.Cojeando, me le acerqué.—Mateo, ven aquí, quiero hablar contigo —le grité.Él se quedó parado unos segundos y, al final, se dio la vuelta para mirarme.Su mirada era molesta y distante, como si mirara a una completa desconocida.Me preguntó con voz seria:—¿Qué quieres?Al escuchar su tono, tuve un dolor en el pecho. Me sentía triste y ofendida.Me costó mucho llegar frente a él, hasta cojeé.Mateo bajó la mirada hacia mí. Sus ojos seguían indiferentes, sin rastro de amor.Inhalé profundo, incómoda, y le pregunté:—¿De verdad piensas no hablarme nunca más?Él no res
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Capítulo 540
—Aurora, antes de cuestionarme, ¡mejor aclara lo que sientes tú misma! —me regañó Mateo.Lo miré con rabia y tristeza, apretando los labios sin responder.Él se arregló el abrigo y me ordenó:—Quédate aquí. Haré que el chofer venga por ti.Sin esperar mi respuesta, se dio la vuelta y se fue directo hacia el auto, sin mirar atrás.Lágrimas de impotencia bajaban por mis mejillas. Todo mi pecho se llenó de amargura.Mateo, esta vez no es que yo no quiera arreglar las cosas ni que no quiera explicarte… Eres tú el que, otra vez, me abandonó por ir con Camila.Ese “amor” que dices tener por mí, probablemente no es más que pura terquedad adolescente.No esperé al chofer de Mateo.Llamé a mi hermano, le pregunté su dirección y tomé un taxi directo a su casa.Apenas lo vi, no pude evitar romper en llanto.Él, cuando me vio así, ni siquiera tuvo que preguntar. Supo enseguida que se trataba de Mateo.Después de pasar un buen rato criticándolo, él me consoló con sus palabras dulces. Me pidió que n
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