All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 861
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Capítulo 861
Mateo se puso serio:—Entonces, ¿cuál es tu plan oculto?—Ya lo dije, acostarme contigo —respondí.Mateo se rio, con la mandíbula tensa, obvio no me creía.Bah, aunque me desgastara explicando, nunca me creería, así que ya no tenía sentido insistir.Otro plan fallido para acostarme con él… y una vergüenza monumental.Me sentía furiosa conmigo misma.Lo empujé por el pecho:—Quítate, quiero irme.Pero un poco después de levantarme, me volvió a poner contra la cama.—No te vas sin darme una explicación razonable —dijo Mateo en voz baja.Por dentro, estaba cansada, pero por fuera sonreí:—¿Y qué se supone que diga? ¿Lo que yo siento no te convence, solo crees lo que quieres oír? Si fueras emperador del siglo XIX, sin duda serías un tirano.—No te salgas de tema —dijo Mateo, la voz molesta, suspirando.—Hoy planeaste emborracharme, y luego me hiciste esas cosas… que no se pueden describir.Me ardieron las mejillas.¿Que no se pueden describir?¡Ay, esto será la mancha más grande de mi vida
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Capítulo 862
Mi corazón latía como loco por lo cerca que estaba.¿Y ahora qué hacía?Yo hablaba y él no me creía; si seguía así, en serio iba a volverme loca.Su aliento cálido me entraba directo al oído, dándome escalofríos.—Mejor di la verdad —dijo en voz baja.¿La verdad…?Para él, ¿qué era lo que contaba como verdad?Volteé y miré su cara tan cerca de la mía.De la nada tuve un impulso.Lo abracé por la cintura, con los brazos.Mateo se tensó de una.Me apartó un poco, poniéndose intrigado:—¿Qué juego traes ahora?Mis dedos acariciaron su pecho mientras respondía en voz baja:—¿No querías una explicación razonable? Pues te la daré ahora.Mis caricias bajaron por su torso hasta el abdomen.Mateo me atrapó la mano, con la chispa en la mirada ardiendo cada vez más fuerte.Me solté, me agarré de su cuello y me acerqué a él.Mateo reaccionó agarrándome la espalda, de modo que terminé sentada sobre él, entre sus brazos.Mateo me miraba fijamente, con gotas de sudor en la frente, como si contuviera
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Capítulo 863
Yo estaba furiosa, pero puse cara de frágil y le pregunté:—¿Qué pasa, Mateo?Mateo sacó una cajetilla de cigarrillos, encendió uno y le dio una calada larga.El humo salió de sus labios junto a su voz baja:—Sé que por tu mente pasan muchas cosas, tengo miedo de que me vuelvas a engañar.Cuando oí eso, reí amargamente, y al mismo tiempo me sentí súper triste.Lo miré, burlona:—¿De verdad crees que a estas alturas yo aún podría hacerte daño?—¿Quién sabe? Solo sé que tú nunca has sido tan directa conmigo.Entonces, eso era: él pensaba que algo tan raro tenía que esconder un plan, que yo lo seducía para hacerle daño.Y yo me preguntaba por qué se aguantaba tanto... claro, porque seguía con esa duda.En ese momento no sabía si sentía más rencor, tristeza o pura vergüenza.Apreté fuerte la sábana y reí con irritación:—Si tanto temes mis intenciones, si crees que quiero hacerte daño, mejor no me toques nunca más. Y óyeme bien: cuando digo que tengo necesidades, ¡es porque las tengo! Si t
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Capítulo 864
Me quedé impactada y no dije nada.Valerie me miró y entendió mis dudas.Suspiró, me tomó la mano y dijo:—Ya sé, todavía te pesa que Mateo te echara de Ruitalia, que te odiara, que dijera que no quería verte más. Pero ahora no hay otra, ¿o sí? No le des tantas vueltas, múdate a su casa. ¿Tú crees que volvería a echarte? Y si lo intenta, pues te quedas ahí.Desalentada, la miré:—¿Eso funcionaría?Valerie aseguró confiada:—Claro que sí. Además, tienes a Embi y a Luki de tu lado. Si Mateo quisiera echarte, ellos no lo dejarían y no tendría salida. Y otra cosa: los hombres no aguantan mucho tiempo. Tú vives ahí, lo provocas un poco de vez en cuando, y verás cómo no resiste. Deja de complicarte, lo importante es que quedes embarazada.Sus palabras tenían lógica, pero aun así...Ella notó que yo dudaba y me abrazó:—No pienses más. Hazme caso. Ya casi empieza el rodaje, y Alan insiste en que me mude a su casa porque queda cerca del set. Así no podré acompañarte tanto. Mejor ve a vivir con
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Capítulo 865
—Si todos nos vamos y dejamos a papi solo, qué triste sería, papi lloraría —dijo Embi.Cuando la escuché, me invadieron mil emociones encontradas.Aunque Mateo dejara de odiarme, cuando logre embarazarme otra vez, igual planeo llevarme a los niños lejos de aquí.Pero, viéndolos tan encariñados con él, ¿qué pasará cuando llegue el momento de irnos?Desde que regresé a Ruitalia, los problemas no han hecho más que ponerse peor.Mientras manejaba, me preguntaba cuándo podríamos ser como una familia normal, los cuatro juntos, en paz, felices de verdad.¿O acaso ese día nunca llegará?El auto entró en la vieja residencia de los Cardot. Al bajar un poco la ventanilla, vi venir una cara familiar. Cuando miré bien, me di cuenta de que era doña Godines.Ella también se quedó sorprendida cuando me vio y, después de unos segundos, con los ojos llenos de lágrimas, dijo:—Señorita, de verdad es usted.Yo me quedé, entre asombrada y emocionada.Doña Godines había sido la vieja empleada de nuestra fam
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Capítulo 866
En aquel entonces, aunque Mateo obedecía y se apartaba, ahora que lo recuerdo, en sus ojos oscuros siempre había un rastro de irritación y terquedad.Al final no aguanté que me mirara así y lo dejé sentarse a la mesa, aunque tanto mi hermano como yo no le permitimos tocar la comida. Se conformó con comer arroz blanco durante muchos días.Pensándolo ahora, Mateo era tan fácil de intimidar que hasta me da remordimiento.Recuerdo otra ocasión: papá y mamá habían salido a un compromiso y Carlos también se había ido a beber con sus amigos.¿Y Mateo? Solo Dios sabía dónde andaba metido.Esa noche yo estaba sola en el sofá doblada de dolor por los cólicos.Llamé a mi hermano, pero no contestó.Llamé a mamá y me dijo que no podía volver por el momento que tomara un poco de agua caliente.Corté la llamada y me acurruqué, llorando.De la nada Mateo apareció.Se paró frente al sofá, mirándome sin emoción.—¿Qué te pasa? —preguntó.Como ya de por sí lo detestaba y en ese momento estaba sufriendo l
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Capítulo 867
—¡Si no, jamás te perdonaré! —La voz de Mateo sonaba agitada. En su cara, siempre tan serena, se notaba la ansiedad.Me dejó completamente impactada.¿Acaso pensaba que yo había escondido a los niños y que los usaría para manipularlo?Por la furia y la desesperación en su cara, era muy posible.Me hirvió la sangre.¿En su mente yo era tan malvada y egoísta como para usar hasta a mis propios hijos?—¡Papi!—¡Papi!En ese instante, dos vocecitas tiernas sonaron desde la escalera.Mateo se quedó perplejo un segundo y giró la cabeza.Los niños corrieron hacia él entusiastas.Embi tiró de su mano y dijo, feliz:—Papi, mami vino. Mami dijo que va a vivir con nosotros y estoy muy feliz.Cuando oyó eso Mateo me miró.Primero, se vio sorprendido, luego intrigado y, al final, parecía sospechar.En ese momento, de verdad quise explotar.Quise acostarme con él: pensó que era parte de un plan.Vengo a vivir con ellos: otra vez lo ve como parte de un plan.¿En qué me había convertido en sus ojos que
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Capítulo 868
Mateo suspiró y siguió sirviéndole comida a los dos niños.Yo me levanté rápido, corrí al baño, y me eché agua fría en la cara.Al ver mi reflejo en el espejo, con las mejillas rojas, me invadió la vergüenza y el arrepentimiento.Jamás volveré a intentar emborrachar a Mateo.Su resistencia al alcohol es imposible de calcular.Qué frustración… ¡ojalá pudiera borrar de mi memoria lo de anoche!Esa noche, doña Godines llevó temprano a los niños a dormir.Yo, mientras tanto, buscaba mi celular, hasta que recordé que lo había dejado en el auto.Cuando por fin lo encontré, vi que tenía varias llamadas perdidas.Las primeras diez eran de Mateo, justo a la hora en que yo había recogido a Embi y Luki de la escuela.Además de las llamadas, había mensajes suyos.El texto destilaba furia:“¿Te atreviste a llevarte en secreto a mis hijos? ¿Dónde piensas esconderlos?”“Te lo advierto, no los escondas ni los uses, o no me voy a contener.”“Aurora, si intentas huir con mis hijos, te juro que te destru
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Capítulo 869
Volteé y, para mi mala suerte, me topé con Mateo. O sea, cuando por error puse el altavoz, él escuchó clarito los gritos de Alan. Me tapé la cara con la mano, hice como que no lo veía y corrí directo al pabellón del jardín.Cuando pasé junto a él, escuché que suspiró, como burlándose. Claro, siempre igual: todo el día con su sarcasmo, echando pullas. Ya cualquiera se cansaría de aguantarlo.Por eso, en cuanto quede embarazada del tercer niño, me largo lejos de él. No pienso seguir viviendo bajo el mismo techo con ese hombre tan amargado.Sentí la brisa nocturna fresca, con ese olor familiar del patio que me recordaba los veranos tranquilos de antes. Y con eso, me vino a la mente el Mateo de esos días. Usaba camisetas simples y limpias, se veía bien arreglado, aunque siempre tenía una mirada medio triste.Apoyada en una columna de piedra, miré el techo del pabellón. No sé por qué, pero desde que regresé a esta casa, los recuerdos de mi matrimonio con Mateo no me dejan en paz. Esa etapa
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Capítulo 870
Me quedé tiesa, como si me hubiera caído un rayo, apoyada en la columna de piedra.Esa voz no salía del teléfono ni era la de Valerie… ¡era Mateo!Mientras tanto, Valerie seguía hablando muy seria al otro lado:—Cómprale unas hierbas o prepara comida que nutra. Si lo combinas, seguro funciona. Según Alan, esas cosas hacen que hasta a un muerto se le pare...Yo, para estar cómoda, había puesto el celular en altavoz sobre la mesa de piedra.Pensaba que, estando tan lejos de la casa y en un lugar casi vacío, nadie me escucharía.¿Quién iba a imaginar que Mateo aparecería de la nada?Con el corazón a mil, colgué rápido y fingí normalidad, bajando la cabeza y revisando el teléfono como si nada.Al instante, Valerie volvió a llamar. Rechacé la llamada y le mandé un mensaje: “Mateo está aquí.”Ella respondió con un emoji sonriente, luego con uno pícaro y otro de “ánimo”.Me quedé sin palabras.Mientras intentaba ignorar esa mirada seria clavada en mí, él se paró justo frente a mí.Alto, de pi
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