All Chapters of Nunca conoces a quien tienes al lado: Chapter 871
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Capítulo 871
Mateo apretaba el borde de la mesa de piedra, y sus ojos me miraban con tal molestia que parecía que yo era su peor enemiga.Así nos quedamos un buen rato, enfrentados en silencio.Al final, ya no aguanté que me mirara de esa forma.—Señor Bernard, si no tienes nada que decir, entonces me voy a descansar al cuarto.Me puse de pie para irme, pero de la nada me agarró del hombro y me obligó a sentarme otra vez.Lo miré con impotencia.—Señor Bernard, solo me quedas mirando y no hablas, ¿qué es lo que quieres? Si tienes alguna queja conmigo, dila. Si no dices nada, ¿cómo se supone que sepa lo que piensas?En esta reunión después de cuatro años, siento que este hombre solo me odia, como si no supiera cómo tratarme.Muchas veces pienso que me detesta, pero al mismo tiempo no sabe qué hacer conmigo.Quizá me quiera todavía, pero por el abismo que significa la muerte de su madre, reprime ese sentimiento.Está en conflicto, siempre lo ha estado.Ese pensamiento me conmovió y me provocó un sent
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Capítulo 872
Mateo vivía en la misma habitación que había sido nuestro dormitorio de casados, de verdad.Cuando llegué a la puerta, dudé un buen rato antes de levantar la mano y tocar.Esperé un rato, pero nadie abrió.¿Será que Mateo no estaba adentro?Giré el picaporte con cuidado y asomé la cabeza.Vi que la habitación estaba vacía, aunque la puerta del baño estaba cerrada y de adentro se oía el sonido del agua.O sea, Mateo se estaba duchando.Pensando en eso, entré de puntillas con la idea de agarrar mi maleta y salir rápido.Después de lo que pasó en el pabellón, si él me veía ahí, seguro me echaba una de sus burlas.Miré alrededor y encontré la maleta apoyada contra la pared.Justo cuando pasaba frente a la puerta del baño, esta se abrió de golpe.Me asusté, y cuando giré la cabeza, me topé directo con los ojos de Mateo.Cuando me vio, primero se puso molesto, pero enseguida sus ojos me recorrieron el cuerpo de arriba abajo, poniéndose oscuros con una intensidad ardiente.Yo sabía muy bien l
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Capítulo 873
Mateo se dirigía hacia la cama, como si fuera a acostarse.Yo apreté los dientes y corrí hacia él.Justo cuando estaba por subirse, lo abracé fuerte por la cintura.Su cuerpo se estremeció.Sin darle chance de reaccionar, empecé a besarle la espalda.Acababa de ducharse y, de su piel, salía un aroma fresco y agradable.Con cada beso, los músculos de su cuerpo se tensaban más y más.Cuando estuve a punto de desatarle la toalla, me agarró de la mano bruscamente y se giró para mirarme.Sus ojos oscuros parecían una tormenta a punto de estallar.Antes de que pudiera decir esas palabras hirientes que siempre usaba, me zafé, lo empujé del pecho y lo tiré sobre la cama, cubriéndolo con mi cuerpo.—¡Mateo! —murmuró en voz baja, apretándome los hombros con la mirada ardiendo.—¿Estás loca? ¡Lárgate!Ni mis caricias ni mis provocaciones parecían surtir efecto.Su cuerpo reaccionaba, sentía algo por mí y, aun así, por sus sospechas y sus miedos, se contenía.¿Sería que yo no sabía provocarlo lo s
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Capítulo 874
—No creo que seas mala, tampoco pienso que quieras hacerme daño. Solo que... no puedo creer que, después de cuatro años, llegaría un día en que desearas acercarte a mí de esa forma. Al fin y al cabo, en tu corazón todavía me guardas rencor por haberte echado de Ruitalia, ¿verdad?Me quedé en la puerta, dándole la espalda, sonriendo con tristeza, tanto que las lágrimas empezaron a caer.—Sí, todavía te guardo rencor.¿Cómo no hacerlo?En ese entonces, aunque su mamá había muerto, la mía también se había ido.¿Por qué él no pudo creerme, y además decidió correrme?No solo perdí a mi mamá, sino también a mi familia entera.Todo se derrumbó.Yo solo quería su consuelo, su cariño... pero lo único que recibí fue su odio y su rechazo.Esos días oscuros no los puedo recordar, porque es revivir un dolor insoportable.De vuelta en la habitación, lloré bajo las sábanas casi toda la noche.Al día siguiente me levanté tarde.Mateo ya había salido, y los niños estaban en la escuela.La casa estaba c
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Capítulo 875
Valerie abrió los ojos, bien sorprendida:—¿Está loco o qué?Yo dije que no y suspiré.Lo de embarazarme tenía que ir despacio; sentía que entre más presionara a Mateo, peor iba a salir todo.Por suerte, la salud de Embi estaba estable, y Javier me aseguró que, antes de los diez años, no habría problemas.En el otro lado del set, Camila de la nada perdió la paciencia y aventó los utensilios de maquillaje al suelo.Valerie se tapó la boca, con una sonrisa malvada.Le pregunté:—¿Y ahora qué le pasa a esa mujer?Valerie dijo, traviesa:—Es que siempre se las da de pura y santa, pero ese papel de mujer buena no le sale ni de chiste. Ya varios maquilladores famosos han intentado trabajar con ella, pero nada le queda bien. Samuel, el director, los veía y siempre decía que no quedaba satisfecho. Si no fuera por Carlos, que insiste y le suplica, seguro ya la habrían cambiado por otra.—¿Pero no habían sacado ya el póster de promoción? Vi que ahí se veía guapa.Valerie se rio con ganas:—¡Eso
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Capítulo 876
Sin necesidad de alzar la vista, ya sabía que Mateo me estaba mirando.¡Qué ridículo! ¿No que yo era la mala y ni quería tocarme? ¿Entonces por qué me miraba tanto?Solo de recordar cómo anoche me empujó con tanta fuerza, todavía me dolía la cadera.Cuando lo vi, el poco buen humor que tenía se me fue al carajo.Y justo entonces, una voz toda melosa sonó:—Mateo...¡Qué asco! Se me erizó toda la piel y mi humor se puso peor.Era Camila, que ni siquiera había terminado de arreglarse. Con el cabello todo desordenado, corrió hacia Mateo, coqueteando:—Mateo, viniste a verme al rodaje, qué alegría.Levanté la vista justo a tiempo para ver cómo lo agarraba del brazo.Y lo peor: él no se lo quitó, solo se quedó parado, mirándome, como esperando que yo le apartara la mano a ella.Por dentro, me dio risa.De verdad, qué absurdo: cuando me le acercaba, me rechazaba con humillaciones; cuando lo ignoraba, se enojaba. ¿Qué carajos quería?Volteé para otro lado, haciendo como que estaba bien concen
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Capítulo 877
Camila no quería que Carlos estuviera ahí, y se puso un poco molesta, pero no dijo nada.Sus ojos llorosos seguían mirando a Mateo, como esperando que la protegiera como antes.Pero Mateo ni la miró.Alan, con cara de duda, le dijo:—Qué raro, Camila. Si tu esposo está aquí, ¿por qué no le lloras a él? ¿Por qué miras a Mateo con ojos llorosos? Si él no te hizo nada.Cuando dijo eso, Carlos miró de reojo a Camila, y puso cara de furia.Camila, asustada de que Carlos se enojara, se le lanzó a los brazos:—Tú sabes que soy la hermana de Mateo, crecimos juntos y nos queremos mucho. Hoy que él llegó de la nada, pensé que venía a verme. Pero ellas se burlaron, diciendo que me lo inventé. Ya sé que no caigo bien, pero, ¿era necesario tratarme así?Mientras más hablaba, más lloraba.Carlos, al verla así, miró con furia hacia nosotros, listo para defenderla.Valerie, al verlo, se paró firme:—Fui yo con Aurorita las que dijimos que se hacía ilusiones, ¿y qué? ¡Es la pura verdad! Mateo vino a ve
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Capítulo 878
Me quedé impactada, mirando a Samuel sin entender.¿De la nada qué hacía metiéndose en esto?Además, él no era de los que se meten donde no los llaman.Y luego me lo dejó claro, bien serio:—Admiro mucho tu talento. Quise invitarte a cenar ayer, pero pensé que no tendrías tiempo. Hoy parece que sí estás libre, así que vamos a cenar juntos. Quiero platicar de unos detalles de “Crónica de las Flores”.Todo cuadraba. Samuel era perfeccionista, un adicto al trabajo, tan serio que a veces era insoportable.Si me invitaba, era por trabajo, punto.Asentí:—Dale, entonces platicamos de…—¡Aurora! —de la nada, un grito me interrumpió.Me puse molesta y volteé: Mateo me miraba con furia.Su mirada decía clarito: “Si vas a cenar con él, te mato”.¿Y con qué derecho? Después de cómo me trató anoche, ¿ahora quería mandar en mis pasos?Ni que fuera su problema.Lo ignoré y le sonreí a Samuel:—Entonces reserva un lugar.—Ya lo hice —dijo—. Estrella Dorada, salón privado 7.—Perfecto. Dime la hora y
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Capítulo 879
—Te lo digo una vez más, no vas a cenar sola con Samuel —dijo Mateo.—¿Estás loco? ¡Suéltame! —le grité.Odiaba ese tono mandón. Sobre todo de él, que me despreciaba y aún así quería controlarme. ¿Con qué derecho?Mientras más lo pensaba, más enojada estaba. Quise zafarme con fuerza, pero no apretaba tanto. Al jalar fuerte, retrocedí y me golpeé contra el carro.Anoche, cuando me empujó, ya me había lastimado la cadera, y ahora, al chocar otra vez, me dolió más. Me puse la mano en el costado, molesta. Seguro estaba morado.Mateo se quedó pasmado unos segundos, mirándome fijamente donde me agarraba. Puso una cara que no supe descifrar, como mezcla de culpa y preocupación.Se acercó un poco y, en voz baja y algo torpe, preguntó:—¿Te lastimaste anoche cuando te caíste?Volteé la cara, con los ojos rojos de coraje:—No te importa. Fue mi culpa, por tonta, por seguir buscándote. Y tú… me despreciaste, me rechazaste, me empujaste sin piedad. ¡Ja! La gente también tiene dignidad, ¿sabes? No
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Capítulo 880
Al final, después de tanto forcejear, Mateo repitió su advertencia:—¡No vas a cenar sola con él!Vaya cosa. Un “esposo” que no me deja tocarlo, pero sí quiere decirme qué puedo y no puedo hacer.Cuando recién nos casamos, yo tampoco lo dejaba acercarse, pero nunca me metí en sus cosas.Entonces, ¿con qué derecho me manda ahora?El dolor en mi cintura y cadera solo me enojaba más.Como no soltaba la puerta del carro, me bajé furiosa y lo empujé con todo:—Si quieres poner esa cara de amargado, ¡póntela frente al espejo, no vengas a desquitarte conmigo!Esta vez cedió, porque lo hice retroceder varios pasos.Me miró fijamente:—Aurora, tú…No quise escuchar más. Cerré de un portazo y encendí el motor.En el retrovisor vi su cara de furia total, que luego se perdió cuando entré a la avenida principal.La verdad, no sabía ni a dónde ir; solo quería estar lejos de Mateo.En un cruce, giré y paré el carro junto a la banqueta.Apoyada en el asiento, miré los árboles de la calle, perdida en m
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