All Chapters of El Precio del Desprecio: Dulce Venganza: Chapter 1
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Capítulo 1
En una noche que debería haber sido especial, Valentina Méndez descubrió la triste verdad acerca de su matrimonio: su esposo, Mateo Figueroa, le era infiel con una estudiante universitaria.Era el cumpleaños de Mateo. Valentina había dedicado muchas horas a preparar una cena elaborada cuando el celular de su esposo, el cual precisamente había olvidado en casa, vibró con una notificación. Al revisar el mensaje, su mundo se derrumbó:[Ay, me lastimé mientras llevaba tu pastel... ¡Me duele muchísimo!]El mensaje venía acompañado de una fotografía un tanto sexual. Aunque no mostraba la cara, sí mostraba unas piernas que destilaban juventud: medias blancas hasta la rodilla, zapatos negros de charol, y un uniforme de colegiala azul ligeramente recogido, revelando unas bonitas piernas bien contorneadas.La marca rojiza en su rodilla era visible, había algo perturbadoramente seductor en la combinación de ese cuerpo joven y aquel tono infantil del mensaje.Para nadie era un secreto que los empr
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Capítulo 2
Valentina posó su mirada en él y, con voz suave pero inquebrantable le dijo: —Es de verdad; quiero el divorcio. ¿Qué te parece este regalo de cumpleaños? Mateo permaneció impasible. —¿Pides divorciarte de mí solo porque no pase mi cumpleaños contigo? —Luciana ha vuelto, ¿no? Al escuchar su nombre, una sonrisa de triunfo se dibujó en los labios de Mateo, quien se rio despectivamente y se acercó a ella con pasos deliberados. —¿Acaso te inquieta? Como uno de los empresarios más jóvenes de la ciudad, Mateo irradiaba un aura imponente, producto de su poder, posición y riqueza. Valentina retrocedió instintivamente ante su cercanía. El frío de la pared chocando contra su espalda la sorprendió. En un instante, su visión se oscureció, Mateo la acorraló, apoyando una mano contra el muro y atrapándola entre la pared. La miró con cinismo. —Toda Nueva Celestia sabía que Luciana era mi prometida. ¿Y no lo sabías acaso cuando te las ingeniaste para ocupar su lugar como señora Figueroa? Si n
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Capítulo 3
Mateo frunció el ceño con seriedad:: —Valentina, ¡regresa de inmediato! Ella soltó una risa. —¿Crees que voy a volver solo porque tú me lo ordenas? ¡Ya estamos divorciándonos, se acabó tu autoridad sobre mí! —Te daré solo una oportunidad para cambiar la razón del divorcio —masculló él entre dientes. La risa de Valentina fue aún más burlona. —¿Acaso escribí algo incorrecto? Mateo, has estado despierto medio año y ni siquiera me has tomado de la mano. Estuviste en estado vegetativo tres años y aunque ahora estés saludable, tengo razones para sospechar que tienes problemas... de funcionamiento. ¡Ya no sirves! Mejor busca un especialista. Mi mejor deseo de divorcio para ti es que recuperes tu virilidad pronto. Una vena palpitaba en la frente de Mateo.¡Esta mujer se había vuelto completamente loca! —¡Valentina, tarde o temprano verás de lo que soy capaz! —Lo siento, ¡pero ya no tendrás esa oportunidad! —¡Valentina! El teléfono se cortó con un doble pitido antes de que pudiera te
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Capítulo 4
Valentina había llegado. Después de arrasar con las tiendas, Camila la llevó directamente al bar 1996, decidida a celebrar su fiesta de soltera. Valentina no esperaba encontrarse con Mateo y su círculo de amigos allí, por lo que pudo escuchar con claridad sus burlas. Conocía bien a los que estaban en el reservado lujoso: Joaquín y los demás pertenecían a las familias más poderosas de Nueva Celestia. Él, en particular, era su mejor amigo y había sido testigo del apasionado romance entre Mateo y Luciana, a quien incluso llamaba "cuñada". Durante estos tres años, Valentina nunca había logrado integrarse al grupo. La despreciaban y la etiquetaban como "la sustituta desesperada", "el patito feo", "la pueblerina"... Cuando un hombre no te ama, sus amigos tampoco te respetan. Camila, furiosa, se remangó dispuesta a enfrentarlos. —¡Voy a ajustar cuentas con estos imbéciles! —Déjalo, Camila —la detuvo Valentina sujetándola del brazo—. Nos estamos divorciando, no vale la pena enfadarse p
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Capítulo 5
Valentina frunció el ceño. —¿A qué te refieres con "divertirme"? —¿Quién te dio permiso de vestirte así? —habló Mateo entre dientes. —¿Qué? —¡Explícate! Él bajó la mirada hacia su minifalda. —Se te ve casi todo el muslo. ¿Tanto deseas que otros te miren? El vestido era corto, sí; Camila lo había elegido para ella. "Valentina nunca muestra las piernas", había dicho Camila. "Luciana se pavonea demasiado. Esta noche todos verán quién tiene las mejores piernas de Nueva Celestia". Valentina arqueó una ceja con gracia. —Veo que el señor Figueroa se ha fijado en mis piernas. Mateo abrió los ojos, atónito. Recostada contra la pared con aire perezoso, levantó su pierna derecha, rozando el tobillo de él con su zapato de cristal.Él no se inmutó, emanando un aire de elegancia y contención. La punta del pie de Valentina, blanca como la nieve, subió desde su tobillo, acariciando sugestivamente su pantorrilla. Era una provocación.Y un desafío. —¿Qué haces? —preguntó él con frialdad.
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Capítulo 6
Joaquín estaba atónito. —¿16 años? En su círculo social, Luciana era respetada no solo por su belleza, sino porque desde pequeña había sido una estudiante sobresaliente, graduada de una universidad prestigiosa. Era la mujer más destacada de toda la alta sociedad de Nueva Celestia. Por eso era digna de Mateo. La belleza por sí sola no bastaba; combinada con educación era la verdadera carta ganadora. Cuanto más alta la clase social, más se valoraba la educación de una mujer. La ligera admiración que Joaquín había sentido por Valentina se desvaneció y su voz se llenó de desprecio: —¿Realmente dejaste de estudiar a los 16? Valentina miró a la orgullosa Luciana y sonrió serenamente: —Sí, efectivamente dejé de estudiar a los 16. —¡Qué coincidencia! —exclamó Joaquín con sarcasmo—. Mateo también "dejó de estudiar" a los 16, pero porque ya había conseguido dos maestrías de Harvard, ¡un logro histórico! Mientras que tú ni siquiera terminaste la preparatoria, ¡ja, ja! La risa burlona de
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Capítulo 7
Luciana sonrió, su corazón rebosante de dulzura. Se relajó contra el pecho de Mateo y alzó su rostro encantador: —Sabía que no podrías dejarme, que no me abandonarías. Mateo, el hombre más rico de Nueva Celestia, apuesto y noble, tan poderoso que podía mover montañas con un gesto, encarnaba todas sus fantasías sobre el hombre perfecto. Pero hace tres años, cuando el accidente lo dejó en estado vegetativo y los médicos declararon que nunca despertaría, ¿cómo podía desperdiciar su juventud a su lado? Así que huyó. ¿Quién iba a imaginar que Valentina la reemplazaría y que en solo tres años, él despertaría? Aún no entendía cómo había sucedido. ¿Acaso Valentina traía buena suerte? Los médicos lo llamaron un milagro médico. Por eso había vuelto. Sabía que Mateo la amaba y no la rechazaría. Él observó su rostro radiante. —Si no fuera por lo que pasó aquella vez... ¿Crees que te mimaría así? Al mencionar "aquella vez", se estremeció, la culpa brillando en sus ojos. Cambió de tema:
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Capítulo 8
¡Su brillante antigua compañera de estudios rechazó agregarlo! En ese momento, Fernando entró con una taza de café y, al ver el teléfono de su jefe, quedó perplejo: ¿alguien no se dignaba a agregar al presidente? —Presidente, esta antigua compañera suya es... bastante particular —comentó Fernando con cautela. Mateo soltó una risa sarcástica. Sí, era particular, era la primera persona que lo había rechazado. No importaba si no lo agregaba. Tomó un sorbo de café y frunció el ceño casi de inmediato. —¿No le gusta el café, presidente? Puedo preparar otro —se ofreció Fernando. De repente, Mateo recordó el café que preparaba Valentina; ese sí que era perfecto para su gusto. —Prepara un cheque por cien mil dólares como compensación de divorcio para Valentina —ordenó, sin emoción alguna. Ella había dicho que se iría sin nada, pero no le creía ni una palabra. Una chica de campo que dejó los estudios a los 16 años, ¿cómo iba a mantenerse? Solo estaba jugando para conseguir más dinero. Este
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Capítulo 9
Nadie daba la bienvenida a su presencia, todos querían que se fuera. Valentina encontró la situación irónicamente divertida mientras su fría mirada recorría el rostro de todos. Con firmeza, liberó su brazo del agarre de Mateo y esbozó una leve sonrisa: —Bien, me iré. "Recuerden que ustedes me echaron", pensó mientras se daba la vuelta para marcharse. Sin embargo, regresó casi de inmediato y, mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de su oreja, preguntó: —Señor Figueroa, ¿sabe a qué vine al hospital hoy? Mateo observó su delicado rostro, tan fino como el ala de una polilla, con ese suave vello facial que la hacía lucir aún más hermosa. Su expresión permaneció fría, evidentemente sin interés en conocer la respuesta: —Tu insistencia resulta molesta. Valentina dio un paso adelante y le dedicó una sonrisa deslumbrante: —Vine a buscarle un especialista —sacó una pequeña tarjeta y se la entregó a Mateo. Era una tarjeta amarillenta, similar a las que suelen deslizar bajo las puertas,
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Capítulo 10
En la mansión de los Méndez, al anochecer, Catalina esperaba a Ángel en el sofá de la sala, vistiendo un camisón de seda. En su juventud había sido una belleza, mimada por Alejandro, su anterior esposo, quien nunca la dejó trabajar. Después, al casarse con Ángel, quien heredó los negocios de Alejandro y los expandió considerablemente, se convirtió en una dama de sociedad. Gracias a sus cuidados personales, aún conservaba su atractivo. Una empleada abrió la puerta principal; Ángel había llegado. Catalina esbozó una sonrisa alegre y fue a recibirlo, ayudándole a quitarse el saco: —Cariño, ¿por qué llegas tan tarde? A diferencia del tímido y honesto Alejandro, Ángel siempre había sido apuesto y carismático. Los años como ejecutivo solo habían aumentado su presencia, cautivándola completamente.—Tuve una reunión de negocios —respondió él. Catalina detectó un perfume familiar en su saco, era el mismo que usaba su nueva secretaria. —Cariño, ¿estuviste otra vez con esa secretaria? —pregun
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