All Chapters of El Precio del Desprecio: Dulce Venganza: Chapter 21
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Capítulo 21
¿Una cita a ciegas? Al escuchar la conversación, el humor de Mateo empeoró. Fingía no parecer interesado mientras se desabrochaba la camisa. Ding, ding, ding... Camila seguía enviando mensajes de WhatsApp, Valentina dejó que las notas de voz se reprodujeran automáticamente. —Mira a este hombre, tiene abdominales de acero, tranquilamente podrías dormir sobre ellos. —¿Y este? Parece un tierno cachorrito, se ve muy divertido. —Este otro, es un ejecutivo. Aunque use esas horribles gafas doradas, debes admitir que tiene un aspecto frío. —Todos ellos son tu harén, elige el que quieras. Mateo guardó silencio, sus labios formando una línea tensa. No tenía idea de que Valentina tuviera un harén de hombres. —Está bien, voy para allá —respondió ella en una nota de voz. Al girarse, lo vio cambiándose la ropa. Luego, le extendió un papel: —Señor Figueroa, esta es la receta médica para la abuela. Prepárela a fuego alto durante una hora los martes, jueves y sábados, y asegúrese de que la tom
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Capítulo 22
Mateo se sobresaltó, Valentina yacía debajo de él, con su largo cabello negro esparcido sobre las sábanas que, por cierto, habían sido seleccionadas por la abuela para la habitación matrimonial. El contraste hacía resaltar su piel de manera seductora. La sola idea de imaginarla así, tendida bajo otro hombre... Lo hizo apretar el puño. Quería explicarle que en realidad le había enviado medicinas, no hombres. Pero las palabras se le atoraron en la garganta. —Quítate —dijo Valentina, mirándolo. Pero él no se movió. Así que, ella comenzó a forcejear, le daba rabia pensar que, tan solo anoche, había llevado a Luciana a Villa Arcoíris y que ahora se comportara de este modo con ella. Le daba disgusto cualquier contacto físico con él. —¡Mateo, quítate! ¿Te bañaste después de dormir con Luciana anoche? Él seguía quieto, guardando silencio. Luego, sujetó las manos de Valentina contra la cama y le advirtió: —Deja de moverte. Por supuesto, que no le hizo caso. Al contrario, luchó con más fue
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Capítulo 23
Mateo se masajeó el entrecejo, realmente lo había olvidado. Luis Rodríguez había vuelto al país. Las familias Figueroa y Rodríguez siempre habían pertenecido a la élite de Nueva Celestia, y mantenían una amistad que se remontaba a generaciones, por lo que él y Luis, naturalmente, crecieron como mejores amigos. Luis había regresado hoy y ahora Luciana, Joaquín, Mariana y todos los demás debían de estar en el bar 1996. La voz alegre de Mariana también se escuchó: —¡Ven rápido! Su prima estaba enamorada de Luis desde pequeña y soñaba con casarse con él, aunque él era muy exigente y pocas mujeres lograban llamar su atención. —Voy para allá —respondió Mateo. Se levantó de la cama, pensando: ¿realmente le importaba si Valentina salía con otros hombres? ¿Por qué debería molestarse? Una pueblerina que solo sabía jugar con hombres y no tenía nada más que hacer… definitivamente era un ser superficial, que ni siquiera podría compararse con Luciana. ¡Que se divirtiera con quien quisiera! [..
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Capítulo 24
Justo entonces, su teléfono vibró: era una llamada de Mateo, probablemente para apurarlo a ir al 1996. Luis dio la vuelta; Nueva Celestia era el territorio de Mateo, así que solo necesitaba llegar al 1996 y pedirle que averiguara quién era la dueña de ese Ferrari. *Valentina entró al callejón y Camila exclamó alegre: —¡Lo perdiste! Apenas había tenido el tiempo para decir esto cuando escuchó un "¡bang!". Chocó el auto directamente contra la pared. Las piernas de Valentina temblaban. Hacía más de tres años que no participaba en carreras y hoy, al encontrarse con un oponente tan fuerte y conducir a tan alta velocidad, la emocionaba. Sentía a su corazón latiendo con fuerza. Así que, ambas bajaron del auto; el frente del Ferrari estaba completamente destruido. —¿Qué vamos a hacer? —preguntó Camila con las piernas temblando. Valentina la tranquilizó: —No te preocupes, llamaré al secretario de Mateo para que se encargue de esto. —dijo, marcando el número de Fernando. [...] Luis lle
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Capítulo 25
Mateo revisó la foto y sus ojos se entrecerraron. Ese Ferrari le resultaba muy familiar. Miró a Luis: —¿Esa mujer conducía ese auto? Luis asintió: —Sí, incluso logró que la perdiera. Es una mujer muy interesante. Si la memoria no le fallaba, ese Ferrari era el que le había regalado a Valentina. Además del cheque millonario, le había concedido algunos autos y casas, pero, según le informó Fernando, ella solo había aceptado el Ferrari. En ese entonces le había parecido extraño, ¿sabría conducir un deportivo? Conocía las habilidades de conducción de Luis, de hecho, a veces corrían juntos. ¿Cómo era posible que ella, viniendo del campo, hubiera logrado evadir a Luis? Interrumpiendo sus pensamientos, Fernando se acercó: —Presidente. —Saldré un momento.Se alejó del área VIP y se detuvo en un rincón oscuro, lejos de las miradas de sus amigos. Fernando comenzó a informarle en voz baja: —Presidente, la señora acaba de llamar. Salió a dar una vuelta en el Ferrari esta noche, parece que est
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Capítulo 26
Todas las miradas en el bar 1996 se concentraron en Luciana. Sus ojos brillaban con confianza mientras giraba hacia Mateo y lo jalaba para ponerlo de pie. Él se irguió, imponente, mientras ella se pegaba a su cuerpo en un baile sensual que dejaba ver todo su encanto. La hermosa pareja y su baile ardiente llevaron el ambiente del bar a su punto máximo. Fue entonces cuando Valentina y Camila entraron. Valentina vio inmediatamente a Mateo y Luciana. Estaban en el centro del reservado, bajo las luces brillantes, con Luciana bailando pegada a él mientras la miraba tiernamente con ternura, siendo el centro de atención. —¡Bah! ¡Qué descarada, bailando así con un hombre casado! —espetó Camila inmediatamente. Valentina sonrió levemente: —Ellos siempre han sido la pareja dorada del círculo. Déjalos, no importa. Dicho eso, se dirigieron a su reservado, pero su amiga no podía tragarse su indignación: ¿No estudiaste baile también? Era cierto. En aquella época, Luciana necesitaba una clase
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Capítulo 27
Luis la reconoció inmediatamente. Ciertamente, Luciana no esperaba ver a Valentina en la pista de baile. Se encontraba bailando pegada a Camila, se movía con naturalidad al ritmo de la música. Aún mantenía esa soltura innata que convertía cada movimiento en una danza sensual. Sus caderas se movían como las de una cantante brasileña. Como bailarina, Luciana tuvo que admitir que Valentina bailaba mejor que ella. Con más sentimiento, sensualidad y provocación. Todos los hombres del bar 1996 la miraban; algunos silbaban, otros gritaban. Esas miradas masculinas lo decían todo. Luciana apretó los dientes; esta pueblerina también sabía bailar. Ella era la primera bailarina de ballet, y ahora otra le había robado el protagonismo sin ningún esfuerzo. Valentina. ¿Por qué siempre era ella? Entonces, sintió como la mano en su cintura se retiraba. Mateo había dado un paso adelante. Su mirada intensa se posó en Valentina y no se apartó por largo rato. Luciana casi se rompe los dientes de l
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Capítulo 28
Valentina optó por ignorarlo: —No lo conozco. Escuchar esas palabras salir de su boca, era extraño, aun así, Mateo torció los labios en una sonrisa silenciosa y burlona. Claro que ella no conocía a Luis, pero Camila sí. Toda la situación se volvería mucho más interesante, considerando que Luis era el mejor amigo de Mateo. —Mejor olvidemos lo de la bebida, Valentina tiene que volver a casa —dijo Camila sonriendo. Pero Luis inmediatamente tomó sus llaves: —Entonces, yo las llevo. —Dijo mientras las seguía. En cuanto, los tres se fueron, Joaquín y los herederos explotaron: —¿Qué está pasando? ¿A él de verdad le gusta Valentina? —Pero ella aún no se ha divorciado de Mateo —señaló Joaquín—. ¿Acaso será engañado por su esposa y su mejor amigo? Apenas terminó de hablar, Mateo le lanzó una mirada asesina. Joaquín se calló inmediatamente. Mateo, cansado de toda la situación, tomó sus llaves: —Sigan divirtiéndose, me voy primero. Cerca de él, Mariana jalaba desesperadamente la manga de
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Capítulo 29
Un grito agudo atravesó la cabina del auto. Obligando a Mateo a frenar. Entonces, el Rolls-Royce se detuvo. Luciana jadeaba, aterrorizada: —¿Por qué conducías tan rápido? El rostro de Mateo seguía con esa extraña expresión. Levantó la mirada y vio que el Lamborghini, al que casi habían alcanzado, había aprovechado su parada para desaparecer. Él solo apretó los labios: —¿Estás bien? Luciana asintió con la cabeza: —Estoy bien —y continuó—: Quién diría que Valentina es del gusto de Luis. La viste bailando así en la pista... Creció en el campo y dejó la escuela a los 16, por lo que solo aprendió trucos para seducir hombres. ¡Se ha degradado tanto, no tiene amor propio! El cuerpo de Mateo se tensó al recordar cómo se movía seductoramente en medio de la pista. Efectivamente, solo había aprendido trucos para seducir hombres; Luciana no la estaba difamando. Incluso Luis, con sus altos estándares, había caído en sus redes. —Mateo, ¿hoy firmaste el divorcio? —Todavía no. Ella se sorpre
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Capítulo 30
El "tut-tut" del teléfono le indicó que Valentina había colgado. Todo quedó en silencio. ¡Maldita mujer, ahora se atrevía a colgarle! Para entonces, el mayordomo Fausto se había acercado, y Mateo le ordenó con firmeza: —Llama a la señora Figueroa y dile que la abuela no se siente bien, ¡que regrese inmediatamente! El mayordomo se sorprendió: —Pero, señor, doña Dolores tomó la sopa medicinal que la señora Figueroa le recetó y ahora está durmiendo, se encuentra perfectamente. —¿Comprendes lo que es mentir? Fausto volvió a sorprenderse: —Señor, ¿no está mal mentirle a la señora Figueroa? En estos tres años ha estado cuidando tanto de usted como de doña Dolores, ha sido una labor ardua. No tiene nada de malo que se relaje un poco por la noche. —Fausto... ¿vas a llamar o no? Quizás fue la mirada de Mateo, demasiado severa para su gusto, porque Fausto inmediatamente sacó su teléfono: —¡Sí, señor, voy a llamar! Mateo, con las manos en la cintura y la frente palpitante, pensó que la c
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