All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 21
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Capítulo 21
—Haré que Nicole te lleve a casa.César apartó su mano y se fue caminando a pasos largos. Mirando cómo se alejaba, Sira apretó con furia la pulsera en su mano, y su mirada se tornó dura y feroz.¡Maldita sea Celia! ¡Cómo se atrevió a competir con ella por César!Pensando, sacó su celular y marcó un número.***Celia llegó al aparcamiento, sorprendida al ver que Alfredo la seguía. Se volvió con sorpresa.—¿Alfredo?Él se encogió de hombros, despreocupado.—Yo sí te creo, Celi. No eres una persona así.Ella se sorprendió.—Pero… ¿Por qué?—Confío en el señor Gómez —le explicó—. Nunca se equivoca al juzgar a las personas. Y yo tampoco... Soy bastante bueno detectando a las mujeres falsas, como sabes.Alfredo tenía mucha experiencia tratando con mujeres. De hecho, era conocido en su círculo como un "sabio" en lo que respecta a ellas. Como había tratado con todo tipo de personalidades, cualquier artimaña resultaba fácil de descubrir a sus ojos.Celia volvió a sonreír.—Estoy muy agradecida.
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Capítulo 22
¿Dijo que ella debía mantenerse lejos de Sira? ¡Qué broma tan ridícula! No obstante, ella no tenía mucho que decir en ese momento. Por más que se justificara, él estaría del lado de Sira. Sin importar si era culpable o no, ella no sería la que ganara su confianza.Con intensa amargura en la garganta, Celia apartó su mano.—Vaya a quedarse con su amor.Al terminar, se dio la vuelta y se fue.Fijándose en la figura que se alejaba, la expresión de César se tornó sombría. Celia había sido extremadamente obediente durante los últimos seis años, pero ahora ella era tan rebelde… El cambio le desagradó. Era una sensación de que algo se estaba escapando de su control.***Al día siguiente, Celia asistió al trabajo como siempre. Sin embargo, debido a lo sucedido ayer, el peso de las miradas la incomodó. Aunque nadie le decía nada abiertamente, los murmullos se escuchaban por todas partes a su espalda.Ella no tenía intención de defenderse ante esos malentendidos. Ya había solicitado su traslado.
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Capítulo 23
Al atardecer, Celia terminó su trabajo y estaba por salir de la oficina. En ese momento, Sira apareció y tocó con suavidad a la puerta.—Celia.Ella levantó la mirada y la miró con calma.—Dime.—La Clínica tiene el proyecto de establecer un centro de medicina del sueño. Esta noche hay una cena con la parte del gobierno. Ve a la cena.Dicho esto, dejó un documento sobre el escritorio.Celia echó un vistazo al documento y no pudo evitar reír.—¿Por qué no vas tú misma? ¿Por qué me encargas esto?—¿Me sigues guardando rencor por lo que pasó antes? —le respondió Sira con una sonrisa—. Somos colegas y tengo mucha confianza en tus habilidades. No tendré preocupaciones si te encargas del proyecto.Ante el posible rechazo de Celia, añadió:—Además, es orden de César. Él decidió que me encargaría de tus obligaciones, y ahora te doy esta tarea… No puedes rechazarme.Celia apretó los puños instintivamente. Al principio, su trabajo y el de Sira no tenían ninguna relación, pero la orden de César e
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Capítulo 24
¡Bang!Tras el estruendo, el hombre se agarró la cabeza, que sangraba, y retrocedió del dolor.—¡Hija de puta! ¡Cómo te atreviste a golearme!Antes de que los hombres reaccionaran, Celia aprovechó el momento y salió disparada del privado, dejando atrás el celular en el suelo. Corrió desesperadamente por los pasillos, con los hombres siguiéndola de cerca. No se atrevió a detenerse; no podía arriesgarse a quedar atrapada.De pronto, sintió como si algo le bloqueara el aire y todo el mundo frente a sus ojos empezó a girar. Perdió el control del cuerpo y cayó al suelo, pero siguió gritando.—¡Ayuda!No obstante, ningún empleado del club se atrevió a ayudarla. La desesperación la inundó. ¡Y una mano le agarró el pelo desde atrás mientras que otra le tapaba la boca! —¡Perra!El tipo la arrastraba de vuelta al infierno. Ella forcejeó, hundiendo los dientes en la mano que la silenciaba. Esa acción avivó la furia del hombre, ¡y levantó la mano para golpearla!—¡Suéltala!Una voz rompió la tens
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Capítulo 25
Un joven alto se apoyaba contra el auto mientras fumaba. El humo difuminaba sus rasgos, y su mirada se posó en el saco masculino que la envolvía. Un destello de hostilidad pasó por el fondo de sus ojos.Alfredo miró instintivamente a Celia y luego a César.—Señor Herrera, ¿está esperando a alguien?¿Él estaba esperando? Sira había salido del trabajo hacía mucho. ¿A quién estaba esperando? ¿A ella?Cuando ella tenía ese tipo de pensamientos, le parecían muy absurdos.César exhaló humo antes de apagar la colilla con el zapato. Su mirada se tornó gélida y se posó en Alfredo.—Señor Suárez, ¿le encanta meterse en asuntos ajenos?Asuntos ajenos… Esas palabras fueron como un cuchillo atravesándole el corazón. El dolor la puso pálida.Entonces, ¿lo de hoy había sucedido con su permiso? Al pensar en eso, la decepción la inundó.Alfredo notó su reacción y entrecerró ligeramente los ojos. Luego, miró a César.—Salvé a una mujer bella. No creo que me haya metido en asuntos sin importancia.César
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Capítulo 26
Ella se detuvo bruscamente y se tensó por el tema. Al ver que ella no se volvió a mirarlo, César se rio con desdén y cortó con su última esperanza.—Si quieres pedirle ayuda a Alfredo, será imposible. La familia Suárez no tiene influencia sobre mis decisiones.Celia se derrumbó emocionalmente. Con la voz ronca y entrecortada, le preguntó, desesperada.—¡César Herrera! ¿Qué pretendes en realidad?Él arrojó con desprecio la chaqueta de Alfredo a la basura y se quitó la suya, luego se acercó a ella. Ella apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la tela la cubrió. Él la tomó del hombro con firmeza y la llevó de vuelta al auto, ignorando su renuencia.Nicole, la conductora, la saludó con un gesto desde la parte delantera.—Señorita Sánchez.Celia tenía una sensación de irrealidad, pero apartó la mirada, mirando hacia afuera por la ventana. En sus ojos, solo se percibía el entumecimiento. César le echó un vistazo y luego le hizo una seña a Nicole para que arrancara el auto.Cuando llegaron a
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Capítulo 27
—Me mandaste a esa cena con el número equivocado del privado, ¡hasta les pagaste para que me emborracharan y me drogaran! —Celia la acusó con calma—. Señorita Núñez, tus artimañas son tan sucias.Las enfermeras cuchicheaban, sin poder creer lo que Celia estaba diciendo.Sira palideció ligeramente.—¡No es cierto! Mira, todos los funcionarios pueden confirmar que no te vieron…—¡Porque me diste mal el número del privado!—¡No lo hice!Celia le mostró su celular con el mensaje que Sira le había enviado la noche anterior.—¿Quieres que vaya a confirmarlo con ellos?Sira se puso rígida de golpe. ¡Había olvidado el mensaje!En ese momento, divisó una figura familiar entre la multitud y, de inmediato, agarró la mano de Celia y la guio hacia su propia cara, mientras sollozaba.—Me malentendiste… Sí, fue mi culpa… Me equivoqué con el número del privado. Pégame si quieres. Te puse en peligro… ¡Me merezco todos los castigos!Celia intentó soltarse, pero en ese instante, Sira rodó escaleras abajo
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Capítulo 28
César se acomodó en la silla de acompañante, con las largas piernas cruzadas. Alto y de espalda ancha, se adoptaba muy bien a todos los trajes de diferentes estilos. Además, su cara también estaba perfectamente esculpida. En sus días de universidad, era el hombre más deslumbrante y más popular del campus.Para Sira, ese mismo hombre había sido su novio durante tres años, ¡y casi llegaron a la iglesia! Cada vez que lo recordaba, la resignación y el arrepentimiento en su corazón se intensificaban.—Dime lo que ocurrió anoche —preguntó él, de repente.Sira no esperaba esa pregunta. Se sobresaltó ligeramente antes de forzar unas lágrimas.—Fue mi culpa... Me equivoqué con el número del privado y la puse en peligro... Aceptaré cualquier castigo por eso.César guardó silencio, con una expresión impenetrable. Ese mutismo la puso nerviosa.—¿No me crees…?—No malinterpretes mis palabras —respondió él, tras una pausa—. No le des tantas vueltas.Aliviada por su respuesta, Sira se inclinó hacia é
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Capítulo 29
Sira se quedó un poco tiesa ante esas palabras. ¿Qué demonios quiso decir esa maldita? ¿Cómo se atrevía a burlarse de ella?Al escuchar ruidos en el pasillo, Sira dejó el celular donde estaba y se apartó. Entraron a la oficina César y Nicole. Él la miró de reojo y frunció el ceño.—¿Ya te dieron de alta del hospital?—Sí, el médico dijo que no era nada grave. Con unos días de reposo estaré bien —le respondió mientras se le acercaba. Al ver que él iba a revisar su celular, cambió abruptamente de tema—. Hace mucho que Osqui no te ve. ¿Por qué no almorzamos juntos?Él no revisó el historial de llamadas, solo echó un vistazo al grupo de chat de la empresa.—Claro —asintió brevemente.Ella casi brincaba de la alegría.Mientras tanto, poco después de la llamada, Celia se reunió con Alfredo en un restaurante. Al ver que ya la esperaba en la mesa, apuró el paso.—Perdón por hacerte esperar, ¿llegaste hace mucho?—No, solo unos minutos, no te preocupes —le dijo él dejando la taza de café. Le pa
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Capítulo 30
Mirando la pantalla, Celia dudó en responderle. Pronto, sonó su celular. La nota "Amor" que aún no había cambiado en la pantalla, la dejó aturdida por un instante.El César de antes jamás la contactaba primero. Pero ¿cuándo había empezado a mandarle mensajes y hasta hacerle llamadas?Vacilando, ella llevó el celular a sus oídos y respondió en tono distante.—Señor Herrera, ¿en qué puedo ayudarle?Del otro lado se escuchó el chasquido de un encendedor. Parecía estar fumando. Su voz sonaba relajada. —Te dije que vinieras al estacionamiento. ¿No viste mi mensaje?—¿Con Sira a su lado? Cualquier asunto puede tratarlo con ella —le dijo Celia con indiferencia.Cuando iba a colgar, escuchó su despreocupada risita burlona.—¿Ahora te sientes muy valiente con Alfredo como tu protector?Ella frunció el ceño.—¿Qué quiere decir?—En su significado literal —dijo él, apoyado en su auto, jugueteando con el encendedor—. Mi paciencia tiene límites.Celia colgó sin agregar nada más. Al llegar al estac
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