All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 71
- Chapter 80
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Capítulo 71
Sira se mordió el labio y echó un vistazo hacia el baño antes de tomar el celular de César. Era un mensaje de Celia:"Ya estoy en casa de mis padres. ¿A qué hora llegas?"Un zumbido aturdidor llenó sus oídos. ¿Acaso su relación había avanzado hasta el punto de presentarse con la familia? ¡Jamás lo permitiría!Al escuchar pasos en el pasillo, Sira devolvió el celular a su lugar. César regresó.—César. —Le dijo Sira con una sonrisa forzada—, ¿podrías llevarnos de vuelta a casa?Él tomó su celular y vio el mensaje, mientras Sira estaba observando cada uno de sus movimientos. Él no respondió el mensaje y guardó el dispositivo.—Tengo asuntos que hacer. Mi chofer los llevará a casa.Sira palideció. Bajo la mesa, apretó con fuerza los puños. ¡Seguramente su supuesto "asunto" era una cita con esa maldita zorra!—Entonces... mejor manejo yo misma. —lo rechazó, ocultando el odio en sus ojos—. No molestemos al chofer.César asintió.—Como prefieras.Al terminar el almuerzo, él se despidió de Sir
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Capítulo 72
César permaneció inmóvil unos instantes antes de separar a Sira, sosteniéndola por los hombros.—Estás lesionada. Deberías estar en reposo. —le dijo.Sira se tensó ante el rechazo. Bajó la mirada y murmuró:—Es que... estaba preocupada por Osqui...—Tío César... —la voz temblorosa del niño rompió el ambiente incómodo. Óscar se había despertado, sus ojos reflejando un miedo profundo.César se acercó a la cama y tomó su pequeña mano, consolándolo.—No tengas miedo. Estoy aquí.—¿Te quedarás conmigo hoy? —le preguntó el niño con esperanza.Después de una larga pausa, César asintió ante su mirada.—Claro. Me quedaré.Óscar aferró su mano con fuerza. Con su tío a su lado, las pesadillas no vendrían y su mamá no se atrevería a golpearlo...Sira, indiferente al estado de su hijo, ocultó su sonrisa triunfal al oír que César se quedaría. ¡Su plan había funcionado!***En la casa de los Sánchez, la comida se enfriaba.—¿No dijiste que vendría el ilustre yerno? ¿Dónde está? —preguntó Mara. Su pac
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Capítulo 73
En el pasillo de la clínica, Sira le envió a Celia una foto de con Óscar, acompañada de un mensaje provocador."Celia, César está con nosotros. No irá a verte. No pierdas más tiempo esperándolo."Ella no le respondió, pero a Sira no le importó. Al menos su plan había funcionado y había logrado su objetivo: retener a César.De pronto, escuchó unos sonidos. La puerta de la habitación se abrió. Sira guardó el celular y se le acercó a César con una sonrisa.—¿Óscar sigue durmiendo? —le preguntó.—Sí. Quédate con él. Tengo asuntos pendientes. —le dijo en tono neutro.La sonrisa de Sira se desvaneció al instante. Antes de que pudiera irse, lo tomó del brazo.—¡César!Sabía adónde iría, y eso la inquietó. Había regresado del extranjero después de seis años, pero aún no había recuperado su lugar en la vida de él, tampoco había obtenido lo que quería. No permitiría que otra mujer se lo quitara.César se volvió a mirarla, confundido.—¿Qué ocurre?—Me preocupa que Osqui se asuste si despierta y
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Capítulo 74
Para ser honesta, Celia no pudo ocultar su sorpresa cuando vio al hombre que llegó con retraso.Él se detuvo frente a ellos. Su mirada pasó por encima de Celia y se posó en Carlos.—No traje regalo, pero esto es para compensar mi ausencia. —le dijo, entregándole un sobre.Aunque parecía delgado, Celia sabía que contenía algo más valioso que dinero en efectivo.—No necesito compensaciones. La fiesta ya terminó. —lo rechazó Carlos.Celia lo miró asombrada. ¿Cuándo Carlos se había vuelto tan serio? El Carlos de antes jamás habría rechazado los regalos de él.Al ver su negativa, César no insistió.—Como quieras. Cuando cambies de opinión, avísame.Dicho esto, tomó la muñeca de Celia y la llevó hacia el auto antes de que ella pudiera reaccionar.Carlos los observó marcharse con expresión sombría. En su mente seguían pensando en la foto y los mensajes de esa mujer llamada Sira.Su esposo la engañó… Ahora entendía por qué Celia quería divorciarse...Para protegerla, había borrado aquella conv
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Capítulo 75
Sin esperar la reacción de Margarita, ella salió de casa y se alejó.En el pasado, si César le daba sus tarjetas, ella se habría emocionado muchísimo, interpretándolo como la muestra de su amor. Pero ahora ya no era tan ingenua.Celia quedó con Alfredo en un restaurante musical. Al llegar, él ya esperaba sentado en la mesa.Al verla, bromeó:—Celia, tienes muy buen gusto para elegir restaurantes. Es muy romántico.Ella tomó asiento.—No puedo permitirme lugares caros, y los muy baratos no son dignos de tu posición, así que escogí uno término medio.—Gracias por el halago. —sonrió él.—No es halago. Lo digo con sinceridad.Pidieron cuatro platos y una botella de vino. Mientras comían y conversaban, ella sentía una ligereza que nunca antes había experimentado. En sus seis años de matrimonio, casi no había socializado. Había perdido contacto con sus viejos amigos. Solo trabajaba y esperaba a César en casa. Así había perdido su vida personal. Por suerte, si ponía fin a esto, aún estaba a
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Capítulo 76
Celia no quería causarle molestias. Justo cuando intentaba rechazarlo educadamente, él parecía leer sus pensamientos.—No te sientas incómoda porque vamos en la misma dirección. Además, encontrar conductor designado de día es más difícil que de noche. ¿Por qué no dejas que mi chofer lleve tu auto a casa? En cuanto al pago, puedes darme la tarifa normal. Así no te sentirás incómoda, ¿qué te parece?Ella dudó, porque ya le debía muchos favores, pero sus palabras la hicieron sentir más tranquila. Así que aceptó la oferta.***Alfredo la dejó en la Villa Serenidad. Estacionó frente a la entrada principal.—¿Te dejo aquí? —le preguntó.Ella asintió, le transfirió la tarifa y bajó del auto después de confirmar que él recibiera el pago.Después de que Celia entrara, él no se quedó ahí más. Ordenó al chofer que arrancara el auto.En ese momento, lo que ninguno notó fue que Sira estaba en un Audi blanco estacionado a lo lejos. Ella presenció toda la escena, apretando el volante con fuerza.Reco
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Capítulo 77
—¡Suéltame ahora mismo! —gritó ella.Al percibir su resistencia, dudó. La expresión resignada le resultaba molesta. Con un movimiento brusco, la giró y la obligó a inclinarse sobre la fría superficie de mármol del bar.Su voz contenía un pánico.—¡César Herrera! —¡Cállate! —ordenó él mientras sus besos ardientes se posaban en la sensible piel de su nuca.Un temblor incontrolable recorrió el cuerpo de Celia. Cuanta más fuerza empleaba él, más se endurecía su resistencia.Él la obligó a mirarlo a los ojos.—Si Alfredo puede, ¿por qué yo no puedo?La desconfianza contenida en la frase le causó un dolor punzante en el corazón.¡Paf!Ella le dio una cachetada con toda la fuerza y su apuesto rostro se giró al otro lado. La palma de Celia ardía. Con los ojos enrojecidos, sollozó.—¿Nunca te cansarás de malentenderme? Sé perfectamente que me desprecias... ¡Podrías seguir ignorándome como antes! ¿Por qué tienes que humillarme? Si quieres tanto que le ceda mi espacio a Sira, no hace falta que m
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Capítulo 78
Celia regresó a su oficina. Al sentarse, un hombre apareció en la puerta con las manos en la espalda.—¿Eres la doctora Sánchez?—Sí. ¿Es usted familiar de algún paciente o…? —le respondió poniéndose de pie con una sonrisa.Antes de que pudiera terminar la frase, el hombre le arrojó un líquido al rostro. Celia, tomada por sorpresa, no pudo esquivar el ataque. Un grito desgarrador escapó de sus labios, atrayendo la atención del personal fuera de la oficina.—¡Doctora Sánchez!Ana corrió hacia el lugar justo cuando el agresor intentaba huir, chocando contra ella. Lo sujetó del brazo con fuerza mientras gritaba:—¡Ayuda!El hombre amenazó gritando con ferocidad:—¡Suéltame o te mato!Dos médicos y más personal acudieron al llamado, solicitando de inmediato a seguridad. En menos de un minuto, el sujeto estaba inmovilizado en el piso mientras alguien contactaba a la policía.Dentro de la oficina, Celia se encontraba en el suelo con los ojos cerrados por el dolor abrasador. Lágrimas ardiente
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Capítulo 79
Cuando Margarita llegó al hospital y vio los ojos inflamados de Celia, casi gritó del susto y la preocupación.—¡Señorita! ¿¡Qué le pasó!?Celia podía entreabrir los párpados con dificultad, pero aún sentía un ardor punzante en los ojos.—Me lanzaron gas pimienta a los ojos. Con reposo me mejoraré.—Pero ¿cómo ocurrió eso? —Margarita se sentó en la silla de visitas—. ¿Lo sabe el señor? Le llamaré ahora mismo...—¡No! —Celia extendió la mano para detenerla—. Está ocupado. No quiero molestarlo. Ahora solo confío en ti, Margarita.Las palabras conmovieron a Margarita, quien aceptó cuidarla.Ella estuvo hospitalizada dos días. Para el tercero, aunque seguía con leve hinchazón, ya abría los ojos con normalidad. Margarita le traía las tres comidas del día, atendiéndola con esmero.Ese mediodía, cuando Margarita salió, Sira apareció en la puerta de la habitación.—Celia, supe que estabas hospitalizada. Vine a verte.Recostada en la cama, la miró con indiferencia.—¿De verdad viniste a visitar
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Capítulo 80
Al día siguiente, Margarita trajo, como de costumbre, el desayuno para Celia. Al llegar a la clínica, reconoció el Rolls-Royce parado frente a la entrada. Un guardaespaldas le abrió la puerta y César salió del vehículo, abrochándose el saco.—Buenos días, señor. —lo saludó Margarita con una leve inclinación.La mirada de César se posó en el termo que llevaba.—¿Desayuno para quién? —le preguntó el hombre—Es... para la señorita. —respondió ella, algo avergonzada. Le había prometido no revelarle nada, pero ¿cómo negarse si este le preguntaba de frente?César guardó silencio por un momento, luego le preguntó:—¿Qué le ocurrió?Ella le dirigió una mirada de culpa. ¿Este hombre no sabía que su esposa estaba hospitalizada? Mientras pensaba, creía la compasión hacia Celia. No sabía qué ocurrió entre la joven pareja: ella le ocultó su situación mientras él no tenía ninguna prisa.—Está hospitalizada. Le traje el desayuno.—¿Está hospitalizada? —César se puso serio—. ¿Desde cuándo?—Desde hace
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