All Chapters of Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró: Chapter 81
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Capítulo 81
El jefe de la comisaría, Mateo Díaz, salió con gesto serio, haciendo señas al joven policía para que entrara primero.La mujer intercambió una mirada con su esposo, aun sin comprender la gravedad de la situación.—Señor Díaz, ¿qué quiere decir con eso? ¡Siempre nos ha ayudado por respeto a nuestra relación con nuestro respaldo! Además, usted bien conoce la situación de nuestro hijo, ¿no es así?Mateo palideció de ira.—¿Acaso solo yo lo conozco? Y ustedes, como sus padres, ¿no lo saben? Con su situación mental, ¿por qué no lo supervisaron? ¿Cuántas veces ha ocurrido lo mismo? ¡Siempre soy yo quien los saca de este tipo de líos!La pareja se quedó muda ante sus palabras.Mateo hizo un gesto de disgusto y giró, dándoles la espalda. —Esta vez, no es que no quiera ayudar. Es que su hijo se metió con quien no debía. Si intervengo, ¡me costará el puesto!—¡No me importa! Mi hijo está enfermo. ¡Veremos quién es esta persona que "no debía ofender"!Al ver la actitud ignorante y arrogante de l
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Capítulo 82
Las palabras de César desenterraron los recuerdos que Celia había sellado por once años…Eran principios de primavera en Monte Corriente. En esta época ocurrió un terrible y muy conocido secuestro de niños. Entre los seis niños secuestrados, estaban ella... y él. Ella siempre lo recordó, pero él ya la había olvidado…Celia apretó las sábanas con más fuerza, pero al final, las soltó y apartó la mirada.—No, nunca nos vimos antes.César quedó mucho más confundido.—En serio, ¿no? —No.Al instante, sus dedos le sujetaron el mentón, obligándola a mirarlo.—¿De verdad no? —lo repitió.Celia sostuvo su mirada fingiendo calma.—Señor Herrera, si fuera cierto, ¿cómo es que usted no me recuerda?Él quedó momentáneamente inmóvil, sin responderle.—Voy a dormir —le dijo Celia y apartó su mano—. Si insiste en quedarse, pida otra cama.César, sin hacer caso a sus palabras, se acomodó en la de ella.—Las camas de acompañante son incómodas.Ella no pudo evitar reír, sintiéndose entre enfadada y dive
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Capítulo 83
—¡Dios mío! ¡Qué fuerte es eso!—¿No la vieron hace unos días viviendo en Villa Serenidad? ¿Cómo va a ser mentira?—Todos en neurocirugía saben que el señor Herrera reconoció públicamente a Sira como su novia. Ahora Celia… ¿Es la amante queriendo convertirse en la esposa?Las voces de las dos enfermeras resonaban por el pasillo. Eran tan altas que incluso Celia, dentro de la habitación, las escuchó claramente. Obviamente, lo decían a propósito.Celia no dejó escapar una risita burlona. ¿Amante? ¿Quién era realmente la amante en esta relación? De todos modos, los rumores ya no le importaban.Pero... Carlos se sintió completamente diferente.***Carlos estaba sentado dentro de un auto estacionado en el estacionamiento de la clínica. Su mirada sombría se fijó en Sira, quien se bajó de otro auto a lo lejos. Con una llave inglesa escondida en la manga, él salió del vehículo.Sira se acercó al ascensor cuando recibió una llamada.—¿Qué dices? —su expresión se alteró de golpe—. ¿César intervi
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Capítulo 84
Sira fue llevada a un edificio abandonado en las afueras. Con el paso de las horas, ella solo sentía un miedo que la consumía poco a poco. El temor de que Carlos realmente acabara con su vida la tenía al borde del colapso.Debido a los forcejeos, sus muñecas fueron lastimadas por la cuerda que la ataba. Ahora le ardían y sentía un dolor agudo.¡Tenía que encontrar la manera de escapar!De pronto, su mirada se posó en un fragmento de vidrio afilado en un rincón. Aprovechando que Carlos no estaba, intentó acercarse poco a poco para alcanzarlo. Justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, él regresó. Ella palideció al instante.Carlos notó que se había movido y, al seguir su mirada, descubrió el vidrio. Caminó hacia ella. Sira temblaba violentamente, con sus gemidos ahogados por la cinta en la boca.Él recogió el fragmento y, de repente, un charco de líquido apareció en el suelo. Se quedó quieto un segundo, comprendiendo que Sira, presa del pánico, se había orinado. Una sonrisa apareció en
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Capítulo 85
Las palabras de Sira dejaron a Carlos estupefacto. Cuando reaccionó, una ola de furia lo inundó. Se liberó del agarre de Celia y se lanzó hacia Sira, con los ojos llenos de rabia.—¡Maldita mentirosa! ¡Tú eres la que lastimó a mi hermana! ¡Y prometiste disculparte públicamente con ella! ¿¡Ahora te atreves a echarte para atrás!?—¡Carlos, no! —Celia intentó detenerlo, pero era demasiado tarde.Antes de que Carlos pudiera tocar a Sira, César lo derribó con una patada brutal. Nicole hizo un gesto y dos guardaespaldas lo inmovilizaron contra el suelo.—¡Suéltenme! ¡No hice nada malo! —Carlos forcejeó, la voz quebrada por la indignación—. ¡Si no fuera por ella, Celia no habría sufrido ese ataque de gas pimienta! ¡Tengo la grabación que lo prueba!César giró hacia Sira mirándola con cara interrogativa. Ella negó frenéticamente, y las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas.—¡No es cierto, César! ¡Me obligó a decir esas cosas! ¡Si no lo hacía, me habría matado!—Señorita Núñez, reconozco
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Capítulo 86
Al ver a Carlos en ese estado, el corazón de Celia se partió en mil pedazos. Se le acercó y lo ayudó a levantarse, pero los guardias los separaron de inmediato. Ella dio un sobresalto y luego le dirigió a César una mirada llena de pánico.—¿Qué vas a hacer? ¡Dijiste que si Sira estaba a salvo, no lo meterías en problemas!Cuando le había contado a César sobre el secuestro, le aseguró que Carlos jamás lastimaría a Sira.¡Y él había accedido sus condiciones!César observó la palidez de Celia, impasible.—¿No ves la herida en su frente? ¿A esto le llamas "estar a salvo"?Celia quedó aturdida. Solo entonces notó el rastro de sangre en la frente de Sira.—Dije que no lo metería en problemas, pero nunca dije que lo dejaría ir tan fácilmente —le respondió con voz profunda, luego ordenó a Nicole—: Llévenlo a la comisaría. Secuestro es secuestro. Que la ley decida.Nicole asintió, y los guardias llevaron a Carlos fuera del edificio.César rodeó los hombros de Sira y se la llevó, pasando junto a
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Capítulo 87
—¿Y dónde está él? —le preguntó Celia.—Se fue, dijo que tenía prisa —le respondió la señora—. Ah, pero pagó tu tratamiento. Es un joven muy amable.Celia bajó la mirada. ¿Quién sería ese desconocido que la había llevado a la clínica? Ahora tenía una deuda de gratitud que quizás nunca podría pagar...***Por la tarde, César regresó al apartamento de Celia. Abrió la puerta de la habitación, pero no vio a nadie. Solo entonces notó que ella aún no había vuelto. Marcó su número con el celular, pero el dispositivo estaba apagado.De repente, recordó lo remoto de aquella zona y era difícil conseguir un taxi ahí. Una inexplicable sensación le oprimió el pecho. Tomó su chaqueta y salió de nuevo.Al salir al patio, una figura solitaria y delgada apareció, acercándose. Su piel pálida, teñida ahora por la luz dorada del atardecer, brillaba con una frágil belleza.Los músculos tensos de César se relajaron levemente. Caminó hacia ella y la tomó bruscamente de la muñeca, arrastrándola hacia sí, hast
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Capítulo 88
César se había ido sin que Celia se diera cuenta. Cuando ella recobró la compostura, solo podía sentir el silencio que se apoderaba de la habitación.Las palabras como "no eres digna" y "con qué derecho" seguían resonando en sus oídos. Cada sílaba le causaba constante dolor en el corazón. Creía que su corazón lleno de cicatrices se había acostumbrado a las palabras hirientes, pero resultaba que todavía podía sentir dolor por eso… A él no le importaba quién fuera su esposa… Si realmente no le importaba, ¿por qué la trataba así?Se deslizó lentamente por la pared hasta quedar agachada en el suelo. Por primera vez en su vida, se sintió completamente impotente.***Dos días después, Fabio y Rosa recibieron la noticia de que su hijo estaba detenido por secuestro, enfrentando una posible sentencia de prisión. Al enterarse de eso, se quedaron inmóviles por el impacto. Solo al ver a Carlos en la comisaría, confirmaron el hecho de que él había secuestrado a una persona: la amante de César.Esa
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Capítulo 89
Celia abrió la puerta de la habitación, donde solo vio a Sira, quien la miraba con recelo.—¿Qué haces aquí? —le preguntó Sira.Celia se detuvo junto a la cama, tomó el aire y luego habló con calma:—Puedo dejar atrás todo lo ocurrido en el pasado. Solo tengo una petición: no interfieras en el juicio de Carlos.Sira rio con desdén, mirándola con desprecio.—¿Dejarás atrás todo lo ocurrido en el pasado? ¿Qué te hice? ¿Acaso tienes pruebas? Además, tu hermano me secuestró y me amenazó. ¿Por qué no puedo interferir en su sentencia? ¿Acaso quieres que lo deje en paz?Celia también le respondió con una sonrisa indiferente.—No hay nadie más aquí. No estoy grabando. Ambas sabemos la verdad. Deja de fingir.Sira no admitió lo que había hecho.—No sé de qué hablas. Soy la víctima. ¿Me estás amenazando?Celia apretó los puños, conteniéndose unos segundos antes de responder.—No es una amenaza. Sé que quieres casarte con César, pero su abuela nunca lo permitirá.Sira palideció visiblemente por s
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Capítulo 90
Celia se levantó, enfrentando la mirada de César.—Carlos es mi hermano. Incluso si va a prisión, deseo que pueda pasar esos años a salvo. Solo pido justicia. ¿Incluso esta petición es demasiado para ti?—¿Justicia? —César avanzó hacia ella, mirándola—. Fue un secuestro premeditado. Sin importar si haya causado daños físicos o no, un crimen es un crimen. ¿Hablas de justicia conmigo?—La ley permite reducción de pena sin víctimas físicas. ¿Pero tú permitirías que se la concedieran?La respuesta fue un hachazo sin vacilación.—No.El corazón de Celia se encogió por el rotundo rechazo y palideció.—Entonces, ¿no debería pedir justicia?—Podría haber secuestrado a cualquiera. Pero no a ella.Sus palabras, descaradamente parciales, destrozaron la última esperanza que Celia albergaba.Había creído en la razón. Pero, qué ingenua. Con el poder de la familia Herrera y la crueldad de César, ¿cómo era posible que él cumpliera sus deseos?—Escucha, no quiero que vuelvas a molestar a Sira por Carl
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