All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 1
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CAPÍTULO 1. Traición y memoria
CAPÍTULO 1. Traición y memoriaEl pitido de las máquinas era lo único que rompía el silencio, regular, monótono, acompañado de un leve zumbido en los oídos que parecía venir de otro mundo. Raven parpadeó, aturdida. Sentía el cuerpo como si la hubiera atropellado un camión y le dolía hasta el alma.Sobre ella había un techo blanco, una luz demasiado fuerte, y su nariz la invadía el olor inconfundible de hospital.“¡Joder, el camión fue real!” —gimió internamente, intentando ordenar sus pensamientos.La boda. El vestido. La limusina. Luego… un golpe seco. ¿Un accidente? Sí. Algo había pasado justo cuando iba camino a su boda, un camión los había chocado. Tragó saliva y movió lentamente los dedos de los pies. Uno, dos, tres… Los sentía. Las piernas también. Dolían, pero estaban allí.—Gracias a Dios —susurró, apenas consciente de que lo había dicho en voz alta.Trató de girar la cabeza y abrió los ojos. A su lado había alguien sentado pero solo era una silueta borrosa y el rostro era una
CAPÍTULO 2. Mentiras y puñales
CAPÍTULO 2. Mentiras y puñalesEl pasillo del hospital estaba en penumbra, iluminado apenas por la luz amarillenta de un par de lámparas de emergencia. Ulises caminaba de un lado a otro, con las manos metidas en los bolsillos y el ceño fruncido, mientras su madre, Aurora, lo observaba con esa mezcla de cansancio y dureza que solo dan los años y las preocupaciones.—Mira, hijo —trató de disuadirlo la mujer con voz pausada, casi como si hablara para no alterar su propio pulso—. Esto de casarte con Raven fue un acuerdo entre tu abuelo y su abuela. Un acuerdo para mantener el apellido y la fortuna bien asegurados. Así lo dejó tu abuelo en su testamento y hay que cumplirlo te guste o no. ¡Y, siendo honestos, es una suerte que la muchacha se haya enamorado tanto de ti!Ulises bufó, molesto, y se dejó caer en una silla al lado de la pared, mirando hacia el suelo.—Si para ti eso es suerte, para mí fue una maldición —respondió con sarcasmo—. ¡Raven es la mujer más aburrida del mundo, sosa, mo
CAPÍTULO 3. Planes y sospechas
CAPÍTULO 3. Planes y sospechasRaven sentía que estaba viviendo una pesadilla con los ojos abiertos. Cada segundo en esa habitación de hospital era una mezcla de confusión, miedo y un dolor profundo que no venía solo del cuerpo maltrecho, sino del alma rota. Sabía que si quería salir viva de allí, tenía que seguir actuando.Fingir. Fingir para sobrevivir.Ya no tenía idea de qué hacer ni en quién confiar, así que solo podía mantenerse en el personaje de la chica amnésica y vulnerable, porque de momento esa era su única defensa.—¿Y… mi prometido? —preguntó con voz baja horas después, porque sabía que sería extraño no preguntar—. ¿Por qué no ha venido a verme?Aurora, sentada en el sillón junto a la cama, sonrió con una dulzura falsa que a Raven le revolvió el estómago.—¡Oh, querida! Es lógico que no te acuerdes, pero Rowan está un poco delicado. Pronto iremos a casa. Cuando lo veas… lo entenderás —respondió, dándole unas palmaditas en la mano."Lo entenderás". Esa frase se le quedó d
CAPÍTULO 4. Ataque y defensa
CAPÍTULO 4. Ataque y defensaEl alta médica llegó más pronto de lo que Raven hubiera querido. Aunque su cuerpo seguía dolorido, lo que realmente la enfermaba era el pánico de tener que convivir con quienes deseaban verla muerta… pero de momento estaba tan débil que no podía hacer más que seguir con aquel engaño.Le habían dicho la verdad en lo básico: era huérfana desde niña, heredera de la familia Crown, su abuela ya fallecida había concertado un matrimonio con los Harrelson. Todo lo demás era una mentira tras otra, capa tras capa de falsedades y ella fingía que se las tragaba todas.Cuando el doctor le dijo que podía marcharse, Ulises y Rosela fueron los encargados de pasar por ella. Aparecieron en la puerta del hospital con una sonrisa más falsa que las nalgas de un elefante, ambos vestidos con ropas costosas, como si acabaran de salir de un desfile de moda y no de un intento de asesinato frustrado.—¿Lista para ir a casa? —preguntó Rosela con entusiasmo excesivo, mientras le entre
CAPÍTULO 5. Promesas y espadas
CAPÍTULO 5. Promesas y espadasRaven lo miró con sorpresa. Tenía los ojos húmedos, pero se tragó las lágrimas. Había estado tan aterrada en los últimos dos días que lo que menos había esperado era un defensor. Pero en silla de ruedas o sin ella, tal parecía que Rowan Harrelson era capaz de hacer arder el mundo con una mirada.—Bien hecho —dijo aclarándose la garganta mientras lo miraba a los ojos—. No me gustan los términos medios.Rowan sonrió con una satisfacción silenciosa y la cena continuó con más tensión de la que se esperaba. Raven se sentía observada desde todos los ángulos, pero al parecer la incomodidad que el jefe de la casa había puesto sobre todos era la verdadera protagonista. No hablaban mucho, pero había una comunicación muda que empezaba a gestarse. Él la estudiaba, y ella también a él. Y ninguno de los dos tenía idea de por qué el otro estaba aceptando aquella situación.Cuando terminaron, los sirvientes comenzaron a levantar la mesa. Raven se sentía agotada, física
CAPÍTULO 6. La bestia y la zorra
CAPÍTULO 6. La bestia y la zorraRaven despertó con la cabeza revuelta y el cuerpo aún algo adolorido. Por un instante se quedó tendida, mirando el techo desconocido de la lujosa habitación que ahora debía considerar suya. La alfombra gruesa y la suave luz matinal que se colaba entre las cortinas le daban una falsa sensación de tranquilidad, Pero apenas giró la cabeza hacia el tocador, el recuerdo de todo volvió de golpe.Se obligó a levantarse, Caminó al baño privado, se despojó de la ropa con movimientos lentos y se metió bajo la ducha caliente. El agua le corrió por el cuello y la espalda, y por primera vez en días pudo respirar sin que se le oprimiera el pecho.Se quedó un buen rato bajo el chorro, como si el agua pudiera borrarle la traición, pero eso era imposible, porque lo peor de todo era que Ulises se había encargado de envolverla hasta quitarle todo rastro de poder incluso en su propia empresa.En el último año, todo en su vida había girado alrededor de Ulises. Le había con
CAPÍTULO 7. Reclamos y lecciones
CAPÍTULO 7. Reclamos y leccionesLos ojos de Ulises la escaneaban como si estuviera buscando una excusa para explotarle encima.—¿Cómo te atreves a hablar así? —escupió con la voz cargada de veneno—. ¿"Una bestia"? ¡¿Desde cuándo hablas como si fueras una puta?!Raven sintió un vuelco incómodo en el estómago, no por la palabra en sí, sino por la intensidad de la frustración que vio en su rostro. ¿Cómo era posible que alguna vez hubiese estado enamorada de él? Pero no podía permitirse caer en provocaciones que pudieran delatarla.Frunció ligeramente el ceño, como si no entendiera del todo, y se cruzó de brazos con fingida inocencia.—¿Y eso qué tiene de malo? —preguntó encogiéndose de hombros—. ¿No soy su prometida? Si voy a casarme con Rowan, ¿qué tiene de raro que lo desee? ¿No estoy enamorada de él? Que yo no me acuerde de nada no significa que no me haya acostado con él antes ¿verdad? —Y miró a Zulma con un gesto sugerente—. Supongo que ahora tendré el placer doble de… redescubrirl
CAPÍTULO 8. Vínculos y recuerdos.
CAPÍTULO 8. Vínculos y recuerdos.Raven volvió a la mansión con el corazón latiéndole con fuerza. Desde la escena de la mañana con Ulises y su maldit@ furia, todo le parecía más turbio de lo que ya era. ¿No que ella era sosa, mojigata y lo aburría? ¿No había sido su idea entregársela a su tío? ¿Entonces a qué venía aquel supuesto ataque de celos?Sin embargo tenía que empezar a solucionar sus problemas, porque si seguía esperando de alguna forma perdería su empresa y toda aquella mentira no serviría de nada.La mansión se alzó ante ella como un castillo gótico: elegante, frío, y plagado de secretos. Dejó sus bolsas de compras en la habitación y se dirigió al despacho de Rowan con pasos silenciosos pero decididos. No estaba segura de lo que haría, pero sabía que tenía que empezar a jugar el juego a su manera.—¿Rowan? —preguntó, golpeando suavemente la puerta entreabierta, y asomando la cabeza.Él estaba frente a la ventana, con la luz del sol perfilando su silueta inmóvil. El despacho
CAPÍTULO 9. Enemigos y sorpresas
CAPÍTULO 9. Enemigos y sorpresasRaven se quedó inmóvil, con los labios a menos de dos milímetros de los de Rowan; y la puerta del despacho se cerró de golpe detrás de Aurora, cuya silueta recortada contra la luz del pasillo tenía el dramatismo de una actriz de tragedia griega. La mujer clavó los ojos en ella como si acabara de verla sacar un cuchillo y se adelantó en el despacho.—¿Se puede saber qué estás haciendo? —soltó medio indignada y medio nerviosa.Raven, que aún tenía el corazón a mil, giró hacia ella con la mayor expresión de desconcierto que pudo reunir.—¿Cómo que qué estoy haciendo? Estaba besando a mi prometido —murmuró—. Aunque por tu cara parece como si me hubieras encontrado robándole a un anciano.—¡Oye! —Se quejó Rowan y ella se mordió el labio inferior, pero la verdad era que estaba más exasperado que divertido porque alguien le había arruinado el puto momento.—Bueno, es que… es un poco inapropiado… —comenzó a decir Aurora inquieta, rascándose un brazo como si es
CAPÍTULO 10. Bipolaridad y compromiso
CAPÍTULO 10. Bipolaridad y compromisoLa tarde había sido larga, y el regreso a la mansión fue silencioso. Raven fingía cansancio, aunque por dentro no dejaba de repasar cada paso, cada gesto y cada mirada que había intercambiado con Rowan.Y por supuesto, todos la observaban con una atención que se empeñaban en disimular.Aurora solo hablaba de su marido que pronto regresaría de un viaje de negocios, y Ulises le metía la lengua a Rosela hasta la garganta delante de todos. A Raven le había dolido, no se engañaba negándolo, pero la rabia superaba al despecho por mucho.Esa noche en la cena nadie se atrevió a decirle qué comer, y todo transcurría en una paz muy bien orquestada, hasta que Ulises no se pudo contener y lanzó aquella afirmación.—Me contaron que estuviste por la empresa —dijo sin mirarla, pero Raven levantó la vista, frunciendo el ceño.—¿Y por qué alguien te diría algo sobre mí? —preguntó poniendo a todos incómodos—. Fui a mi empresa. ¿Qué tiene mi empresa que ver contigo?