All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 101
- Chapter 110
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REY DE OROS. CAPÍTULO 10. Sunshine
REY DE OROS. CAPÍTULO 10. SunshineAlaric ni siquiera sabía qué decir. Tenía la boca entreabierta, los ojos clavados en la línea de salida y la mandíbula dura como piedra. Era como si su cerebro hubiera entrado en huelga justo en el peor momento. Rowan, que notaba perfectamente cómo le hervía la sangre, le dio una palmada en el pecho con gesto paternal y dijo con tono burlón, como si intentara consolarlo de verdad:—No es tan malo… está en la línea de salida, ¡pero sin enseñar el trasero!Y Alaric se le quedó mirando con expresión asesina, como si pensara en la cantidad de maneras posibles de estrangularlo sin dejar huellas. Pero antes de que pudiera abrir la boca, el tipo que parecía ser el animador oficial del lugar levantó el micrófono y atrajo la atención de todos.—¡Señoras y señores! —gritó, señalando unas pantallas gigantes colocadas alrededor del terreno—. ¡Como siempre, tenemos cámaras a lo largo del circuito, hasta la rotonda, donde deberán dar la vuelta! ¡Recuerden, la lín
REY DE OROS. CAPÍTULO 11. Casada con el vampiro
REY DE OROS. CAPÍTULO 11. Casada con el vampiroCostanza miró fijamente al chico que acababa de tener semejante exabrupto emocional. Conocía a Fede desde hacía más de un año, pertenecía al grupo exactamente como todos los chicos y chicas, pero jamás había sido de su completo agrado.Lo observó como si no entendiera bien qué clase de neurona defectuosa lo había llevado a abrir la boca en ese momento. Y con calma, aunque con un destello de picardía en la mirada, se cruzó de brazos y replicó:—¿Por qué tiene que ser mentira? Me casé y punto.El chico, que hasta ese instante parecía hinchado de orgullo por su victoria en la carrera, frunció el ceño y soltó con una mezcla de frustración y despecho:—¡Porque yo nunca intenté nada contigo por respeto a todo ese rollo de la iglesia! —gruñó sin contenerse—. ¿Y ahora resulta que estás casada?Costanza arqueó una ceja con esa tranquilidad que solo ella podía fingir cuando en realidad estaba a punto de estallar en carcajadas.—Eso no tiene nada q
REY DE OROS. CAPÍTULO 12. El resto de una noche interesante
REY DE OROS. CAPÍTULO 12. El resto de una noche interesanteCostanza no tenía ni la menor idea de que Alaric la había estado observando desde la carrera, así que incluso después de que él se hubiera ido, ella seguía muy tranquila charlando con los chicos como si nada, riéndose de cualquier broma y bebiendo cerveza sin medir demasiado. Para Costanza la noche todavía estaba viva, pero inevitablemente con las horas se fue apagando y cerca de las cuatro de la madrugada, decidieron que era hora de regresar.Lorenzo la llevó de vuelta a la mansión, con la moto rugiendo tranquila debajo de ellos, como si también supiera que ya no quedaba más por correr esa noche.Al llegar, Costanza se bajó y le dio una palmada cariñosa en el hombro. No sabía que dentro de la mansión, pegados a la tableta, los cuatro amigos tenían los ojos bien abiertos pegados a las cámaras y escuchaban hasta cuando ella estornudaba.—Gracias por todo, en serio. —Costanza sacó un sobre arrugado y lo puso en la mano de Loren
REY DE OROS. CAPÍTULO 13. Un par con sentido del humor
REY DE OROS. CAPÍTULO 13. Un par con sentido del humorAlaric no dijo nada más. Caminó hacia ella, y antes de que Costanza pudiera protestar, la levantó en brazos como si no pesara nada. La escuchó soltar un jadeo ahogado, tan sorprendido que parecía salido de una comedia, y de inmediato se agarró con ambas manos a su cuello.—¡Pero ¿qué haces?! —balbuceó, con los ojos muy abiertos.Alaric reprimió una sonrisa. Le encantaba esa mezcla de susto y confianza que ella mostraba al mismo tiempo. La sensación de tenerla contra su cuerpo lo desarmaba de una forma extraña, como si se hubiera preparado para la boda y no para todo lo que venía después. Caminó hasta la cama y la sentó en el borde con cuidado, casi como si fuera una ceremonia.—Tienes una rodilla lastimada —dijo con seriedad señalando la sangre en el pantalón de su pijama—. Voy a curarte.Costanza alzó las manos, sacudiéndolas como si fueran abanicos.—¡No es necesario, en serio!... ¡Es solo un raspón!—Costanza, soy tu esposo —re
REY DE OROS. CAPÍTULO 14. La parte divertida
REY DE OROS. CAPÍTULO 14. La parte divertidaAlaric no pudo contenerse. Se rió a carcajadas, de esas que hacen eco en un sitio elegante y que los vendedores fingen no escuchar para no perder la compostura. Parecía Spiderman tratando de agarrarse de aquella pared, y la “genuinidad” ya se le empezaba a salir por más que tratara de disimularla. ¿Que lo había engañado soberanamente haciéndolo creer que no mataba ni una mosca? Eso era cierto. Como también era cierto que ahora veía la prisa del cardenal por alejarla. Y como también era cierto que ella había hecho lo que tenía que hacer para no enclaustrarse si eso no era lo que quería. ¡Pero vamos! ¡Le había reacomodado el esqueleto a un manisuelto con una palanca, especificándole fervientemente que era una mujer casada! Así que Alaric se sentía como si hubiera pasado de hacer una penitencia a llevarse un premio.Y encima era tan tierna: “No sabe la loca que se lleva”, recordó sus palabras. Bueno… ella tampoco sabía muy bien con quién se h
REY DE OROS. CAPÍTULO 15. Dos adultos honestos
REY DE OROS. CAPÍTULO 15. Dos adultos honestosCostanza se estremeció al escuchar la voz grave de Alaric en su oído, tan cerca que podía sentir el aliento acariciándole la nuca. La fuerza de sus manos era un peligro metafórico y literal, y ella solo imaginaba que iba a dejar las marcas de sus palmas en el espejo de lo mucho que le sudaban en ese momento.Pasó saliva tratanto de enfocarse, pero podía sentirlo contra su trasero, no tan descarado, no tan vulgar, ¡pero de que el vampiro no era impotente, Diosito era testigo de que no lo era!—¿Y… piensas sacar... todo ese cordón? —preguntó con la voz un poco temblorosa—. ¿O vas a usar directamente una tijera?Alaric se rio, bajo y divertido, como si le acabaran de dar la mejor de las ideas. Tiró suavemente de ella hacia atrás hasta pegarla completamente contra su cuerpo, y la miró a través del espejo.—Todavía estoy averiguando de cuántas maneras quiero quitártelo —susurró con picardía y Costanza carraspeó con fuerza, como si eso pudiera
REY DE OROS. CAPITULO 16. Un favor
REY DE OROS. CAPITULO 16. Un favorAlaric se inclinó hacia ella con una sonrisa traviesa.—Entonces, ¿tú crees que lo de la paloma fue una señal divina o algo así? —le preguntó, pero si esperaba que ella se riera o hiciera algún chiste, la verdad fue que se quedó esperando, porque el rostro de la muchacha se ensombreció de pronto.—Sí, un poco drástica tal vez, pero fue la mejor señal del mundo, una muy clara para mí —aseguró la muchacha y Alaric ladeó la caebza intentando comprender—. Tú intentaste limpiarme con una servilleta y, aunque yo tenía literalmente mierd@ sobre la cabeza, jamás hiciste un gesto de asco.Alaric se quedó mudo por un instante, como si le hubieran dado un golpe seco en el estómago. No supo qué contestar de inmediato, para él no había sido nada importante, solo un gesto más, un gesto cualquiera. La observó, desconcertado, como si de pronto estuviera descubriendo algo en ella que había pasado por alto.—¿Y por qué eso es importante? —preguntó finalmente, con la v
REY DE OROS. CAPÍTULO 17. Complicidad.
REY DE OROS. CAPÍTULO 17. Complicidad.Costanza despertó a media noche con un rugido en el estómago tan dramático que casi pensó que había un oso metido bajo la cama. Se incorporó confundida, estirando los brazos como una gata perezosa, y se dio cuenta de dos cosas a la vez: primero, no tenía la menor idea de dónde quedaba la cocina en esa mansión que parecía no terminar nunca; segundo, Alaric no estaba a su lado. “Wow, dos días casados y este hombre no ha hecho ni el primer intento”, murmuró frotándose los ojos.Se levantó tambaleante y salió al pasillo medio dormida, con el cabello enmarañado y los pies arrastrándose, como un fantasma en pijama. El silencio de la mansión era tan solemne que hasta el crujido de la madera bajo sus pasos le pareció un trueno. Estaba convencida de que iba a encontrar la cocina por instinto —total, la comida siempre la llamaba como faro en la oscuridad— hasta que, de repente, un sonido la despabiló de golpe: gemidos. Claros, intensos, inequívocos. Pro
REY DE OROS. CAPÍTULO 18. Recién casados.
REY DE OROS. CAPÍTULO 18. Recién casados. A Costanza se le cayó la cuchara del helado de la mano cuando Alaric la jaló de la cintura. Fue un movimiento tan natural, tan seguro, que apenas si tuvo tiempo de pensar. Sus labios se encontraron y de golpe todo lo demás pasó a segundo plano. Sintió que el aire le faltaba, que el corazón le quería salir por la boca… Bueno, no por ahí no, porque esa estaba ocupada… ¡con la lengua de su esposo! ¿Era posible que un beso tuviera más voltaje que una pistola de esas de choque? No lo sabía, solo era evidente que para los dos las cosas estaban muy descontroladas. Alaric exploró su boca y cuando la escuchó exhalar el primer gemido involuntario, sus labios se deslizaron por la línea suave de su mandíbula, por su garganta… bajando por su cuello y regando su aliento mientras la sentía estremecerse. Costanza cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba sin planearlo, y soltó una risita nerviosa. —No puede ser que estemos haciendo
REY DE OROS. CAPÍTULO 19. La nueva jaula
REY DE OROS. CAPÍTULO 19. La nueva jaulaAlaric y Costanza llegaron puntuales a la casa del cardenal, y en la entrada los recibió un mayordomo con guantes blancos que parecía tragarse su propio aburrimiento con la misma seriedad con que abría la puerta. La mansión era solemne, antigua, llena de cuadros de santos que parecían mirarlos con ojos acusadores. Costanza tragó saliva, era la primera vez que entraba ahí en calidad de “señora casada”, y no quería imaginar que su tío le soltara ninguna lección enfrente de Alaric, pero por desgracia imaginaba que así sería.La cena comenzó como en un oasis de paz, con una mesa larga cubierta de manteles de lino y candelabros que daban un aire casi teatral. Y el cardenal Pietro los miró con curiosidad.—¿Te has sentido bien, Costanza? —preguntó con u tono sereno que a ella le atornilló una sonrisa en el rostro de inmediato.—Sí, tío, muy bien —contestó sin siquiera pensar—. Alaric me deja comer helado a las tres de la mañana, así que estoy bastan