All Chapters of REY DE ESPADAS. La novia forzada: Chapter 111
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REY DE OROS. CAPÍTULO 20. Un regalo de bodas
REY DE OROS. CAPÍTULO 20. Un regalo de bodasCostanza no podía creer lo que veía. El garaje de Alaric parecía salido de un sueño de nerd millonario con obsesión por la velocidad. Había autos deportivos de todos los colores, algunos con puertas que se abrían como alas de murciélago, otros con llantas tan enormes que parecían ruedas de avión en miniatura. Y las motos… ¡aaaaaay, las motos! Estaban alineadas como soldados perfectamente formados, cada una más impresionante que la anterior: Ducati, Kawasaki, Yamaha, algunas con carenados que brillaban como si fueran espejos de discoteca, y otras que parecían más máquinas de ciencia ficción que vehículos reales. El olor a cuero nuevo y aceite mezclado con un perfume extraño de lujo casi le hizo girar la cabeza.¡Bragas mojadas en un segundo! ¡Eso era el garaje de Alaric para Costanza! ¡Bragas mojadas viendo aquellas veintiséis motos mientras las contaba!—Alaric… —preguntó, intentando sonar casual, pero sus ojos brillaban como linternas en
REY DE OROS. CAPÍTULO 21. Un jefe tacaño
REY DE OROS. CAPÍTULO 21. Un jefe tacañoHabía una cosa llamada pudor, otra llamada decoro y el resto de los sinónimos también se les habían olvidado, porque no había forma de que ninguno de los dos pensara mucho cuando estaban uno contra el otro, tratando de abrazarse y de arrancarse la ropa a la misma vez.Alaric levantó a Costanza como si no pesara más que un suspiro y la acomodó sobre el capó de un deportivo negro, de esos que parecía que iban a arrancar solos solo por la tensión del ambiente. Ella, sin pensarlo dos veces, enredó las piernas alrededor de su cintura y ahogó un jadeo de sorpresa cuando el choque le demostró que aquel hombre estaba más que listo.A ver, había sido casi monja, pero no era santa. Que jamás hubiera visto a un hombre desnudo antes en vivo, no significaba que no supiera anatomía… o que no supiera buscar porno por internet como cualquier adolescente curioso.¡Y de que la curiosidad iba a matarla… pues sí!Sentía el frío del metal bajo sus muslos y el calor
REY DE OROS. CAPÍTULO 22. Despacito
REY DE OROS. CAPÍTULO 22. DespacitoAlaric tragó saliva con pesadez, notando cómo aquella presión ardiente descendía hasta su entrepierna y tensaba cada fibra de su cuerpo como si lo preparara para un combate. No necesitaba demasiada reflexión para comprender lo que le estaba ocurriendo: su excitación era evidente, brutal, y Costanza era la causa inmediata, la chispa que lo encendía en cuestión de segundos.Su mano descendió por la curvatura de su espalda hasta alcanzar el broche del sujetador. Un gesto rápido, decidido, y la prenda cedió como si nunca hubiera existido. El cuerpo de Costanza reaccionó al instante, arqueándose con un gemido involuntario que se le escapó de la garganta justo cuando él se inclinó para apresar con sus labios uno de sus pezones duros y sensibles.Cada terminación nerviosa de su pecho se encendió con violencia, como descargas eléctricas que viajaban hasta su vientre, estallando finalmente en ese punto íntimo que la hacía estremecer de deseo y de miedo. Sent
REY DE OROS. CAPÍTULO 23. Lo que usted mande
REY DE OROS. CAPÍTULO 23. Lo que usted mandeLa boca de Alaric se estrelló contra la de ella en un beso posesivo, y sus caderas iniciaron un ritmo feroz.—Tú sí puedes con esto, nena. Sí puedes ¿verdad?Sus dedos se entrelazaron con los de Costanza, y su miembro se deslizó de nuevo en su interior, topando con su final antes de empezar a embestirla con una fuerza despiadada. Cada músculo de su esposa reaccionó con violencia, sus jadeos se apagaban bajo su boca mientras él cerraba los ojos, perdido en un placer nuevo, infinito.Sus amigos solían decir que él no sentía nada, que simplemente era demasiado pragmático… bueno, al parecer la mujer debajo de él no podía creer eso, o era ella la que lo hacía distinto, solo sabía que el sexo de pronto no era solo un camino lineal y ascendente hasta llegar al orgasmo. Estaba lleno de besos desesperados, de gritos genuinos y de un placer que solo crecía a cada segundo.Sus movimientos se intensificaron, cargados de necesidad contenida; y sus labio
REY DE OROS. CAPÍTULO 24. Chiquita
REY DE OROS. CAPÍTULO 24. Chiquita—¡Eso me encanta! —sonrió Costanza y enterró la nariz en el cuello de Alaric, aspirando aquel aroma delicioso a madera y a bosque de noche—. ¡Uff, qué rico hueles! Me gusta mucho. Dan ganas de comerte.Alaric puso los ojos en blanco pero definitivamente no iba a protestar por eso.—Para ti todo es un espectáculo ¿verdad? —sonrió mientras la sentaba cuidadosamente en la barra. Sus pies colgaban y ella no podía evitar balancearse, girando un pie en el aire—. Me encanta tenerte aquí.—Y a mí me gusta estar aquí. Tu cocina es… increíble —dijo Costanza, mirando a su alrededor como si estuviera explorando un museo de electrodomésticos y luces cálidas—. Todo es tan grande, tan limpio… y tú, perdido entre ollas y sartenes, ¡qué sexy te ves!Alaric soltó una carcajada. —Ni idea de dónde está nada, pero… al menos te encuentro a ti —dijo, inclinándose un poco para rozarle la mejilla con los labios con un gesto breve—. Eso es lo único que importa.Ella rió y le
REY DE OROS. CAPÍTULO 25. La nueva dueña
REY DE OROS. CAPÍTULO 25. La nueva dueñaAlaric y Costanza caminaban por la ciudad bajo un sol que parecía no tomarse demasiado en serio su trabajo. Él la llevaba a su paso lento y calculado, como si la ciudad fuera un tablero de ajedrez y ellos las piezas más importantes, y Costanza, a su lado, no dejaba de mirar escaparates con la curiosidad de un gato que hubiera descubierto la magia de los humanos.—Entonces… —dijo Costanza mientras fruncía la nariz, señalando una farmacia con el cartel un poco descolorido—, ¿y si hacemos una parada estratégica?Alaric miró en aquella dirección y le sonrió con un guiño antes de tirar de su mano.—Sí —respondió, con un suspiro que mezclaba alivio y más ocupación que preocupación—. La píldora del día después. Vamos a comprarla de una vez y listo. Costanza rodó los ojos, pero no dijo nada. Sabía que cualquier comentario se toparía con la mirada de “soy serio y estoy concentrado” que Alaric podía lanzar a la velocidad de un rayo. Entraron en la farma
REY DE OROS. CAPÍTULO 26. Casado contigo
REY DE OROS. CAPÍTULO 26. Casado contigoAlaric se quedó petrificado detrás de su escritorio, con una expresión que mezclaba confusión, incredulidad y una pizca de miedo. Costanza estaba sobre sus piernas con una sonrisa triunfante, mostrando el anillo como si fuera la bandera de un ejército conquistador. Sybel, por su parte, permanecía parada a menos de un metro a su izquierda, con un aire retenido de indignación que casi podía cortarse con cuchillo.—Connie… ¿qué está pasando? —preguntó él frunciendo el ceño mientras sus ojos recorrían a Costanza y luego a Sybel, como si esperara que alguna de los dos estallara en carcajadas y dijera “es broma”.—Bueno… —dijo Costanza, con la serenidad de alguien que está a punto de soltar un bombazo y ya lo disfruta—. La señora Sterling aquí presente, me acaba de decir que está convencida de que, como se acuesta contigo, pronto formalizarán su relación y será la nueva dueña de la empresa.Alaric se levantó de un brinco, tan sobresaltado que casi se
REY DE OROS. CAPÍTULO 27. Confidencialidad alumno-profesor
REY DE OROS. CAPÍTULO 27. Confidencialidad alumno-profesorLos días siguientes se pasaron como si fueran un sueño. Costanza y Alaric vivían aquella luna de miel improvisada en la que él parecía olvidar el mundo de los negocios y ella parecía olvidar que alguna vez casi casi había sido monjita. Paseaban por la ciudad, probaban cafés ridículamente caros, dormían hasta tarde y, sobre todo, discutían por tonterías que terminaban en besos apasionados.Era una rutina rara, pero a ella le encantaba. Alaric, que normalmente era una estatua de mármol en traje, se dejaba arrastrar a cosas como comer helado en la calle o escuchar a un saxofonista en una esquina. Y lo peor (o lo mejor) era que lo disfrutaba.Pero todo lo bueno tenía un final, y al siguiente lunes gris Alaric apareció con su traje de diseñador y un gesto serio que le arruinó la ilusión a Costanza apenas abrió los ojos.—¿Ya se acabó la luna de miel? —preguntó con un puchero mientras él se ajustaba la corbata.—No, pero los emplead
REY DE OROS. CAPÍTULO 28. Cosas para no contar jamás
REY DE OROS. CAPÍTULO 28. Cosas para no contar jamásCedric levantó las cejas con teatralidad, como si acabara de descubrir un chisme digno de portada, y Alaric permaneció un momento en silencio, evaluando las palabras de Frank como quien evalúa una inversión de riesgo.—Está bien… Lo pensaré —sentenció por fin—. Por ahora tienes vía libre para ir metiéndola en el mundo de las carreras, ya sabes… con cuidado. No quiero que nada le pase.—No le va a faltar el casco, jefe…—¡Y rodilleras…! ¡Asegúrate de que use rodilleras! —suspiró Alaric, que si la hubiera podido envolver en algún material antichoques definitivamente lo habría hecho.Frank sonrió satisfecho y se marchó; y en cuanto salió, Cedric se acomodó en la silla de cuero y cruzó una pierna con elegancia exagerada—¿Estás seguro de lo que haces? —preguntó, dejando que la frase flotara en el aire.—¿Por qué lo dices? Cedric se inclinó hacia adelante, con la mirada brillante y el tono de un hermano mayor fastidioso.—Porque esa mon
REY DE OROS. CAPÍTULO 29. Un vampiro tacaño
REY DE OROS. CAPÍTULO 29. Un vampiro tacañoLos días empezaron a pasar con una rapidez casi absurda. Para Alaric, la rutina del trabajo lo arrastraba entre documentos, reuniones y llamadas interminables. Para Costanza, en cambio, cada día era una aventura en el circuito. Frank la recogía puntual, y ella regresaba con la cara enrojecida por el sol, con el cabello alborotado y una sonrisa que no se le borraba ni con agua caliente.Con cada jornada, su confianza en la moto crecía. Las curvas eran desafíos emocionantes, y el rugido del motor volvía a sonar como música en sus oídos. Un martes cualquiera, después de que ella completara una serie de vueltas perfectas, Frank la llamó a un costado del circuito.—Ya pasaste todos los exámenes —le anunció con aire triunfal, mostrándole los documentos—. Felicidades, oficialmente tienes tu licencia de conducción para motos.Ella pegó un pequeño salto, literalmente, como si fuera una adolescente que acababa de aprobar matemáticas sin estudiar.—¡L